Chico Simoes cuenta lo que pasa
por su cabeza

Blanca Felipe Rivero • La Habana, Cuba

El mamulenguero Chico Simoes es de los que llevan consigo la memoria profunda de la tradición. Posee una gracia particular, un don que asume con responsabilidad ante sus maestros, los espectadores y el imaginario de su cultura. En el año 2008, la brasileña Isabela Costa Brochado nos trajo  en una exposición de títeres y fotos las primeras argumentaciones en Cuba del Mamulengo.

Chico, líder y núcleo del grupo Mamulengo Presepada, creado en 1983, en el noreste de su país, zona originaria de la tradición con más de dos décadas de existencia, trajo al XI Taller Internacional de Títeres de Matanzas (TITIM 2014), el Romance del vaquero Benedito, una historia típica del  títere popular brasileño, construido con el árbol del “mulungo”.

Imagen: La Jiribilla

El retablillo para un solo ejecutante, con cenefas y colgantes que brillan amontonados, parece una farola de feria.  El payaso Mateus entra y dialoga con el público, luego baila al ritmo de “Forro on Frevo”. Es muy parecido al bottler de la saga de los Punch y Polichinelas, personaje que narra e interactúa con los títeres y el público, para convertirse posteriormente en el que anima las figuras y comparte con nosotros algo muy cercano.

Antes de que comience la historia llegan los personajes danzantes, muñecos heredados del maestro Solon Alves, de Pernambuco. El sabichoso Benedito  es un héroe negro, lo que denota la clara presencia de la herencia africana. Representa al hombre común, alegre y amoroso que cuida de su familia.  Lucha contra el capitán hasta salvarlo de su propio animal domesticado, una  anaconda que nuestro héroe vence con astucia.

La madera de los títeres choca, suena y danza en dinámicas y voces caracterizadas en técnicas de guantes, marotes y varillas. Son figuras que en su libertad anatómica se distorsionan y combinan con la broma, expresando una ejecutoria que tiene el sabor de los títeres tradicionales de cualquier lugar del mundo, pura expresión del jolgorio teatral, de la fiesta comunitaria.

Imagen: La Jiribilla

La historia cuenta que el joven esclavo Benedito Bendito Grito, faltó al trabajo un día porque su mujer parió y que por ello el capitán le pegó terriblemente. Benedito, que estaba debajo de un árbol del mulungo, coge un trozo de madera y comienza a tallar. Para su sorpresa le sale la cara del capitán, por lo que su sabia madre le dice: “Lo que estás haciendo ahora está dentro de tu cabeza, anda a contar lo que pasa por su cabeza a todos”. Así nacieron las historias del mamulengo.

Por esa razón, aún en el siglo XXI, Chico sigue contando historias de vencedores que hablan de la alegría de vivir, leyendas que enlazan con hilo fino y fuerte el espacio en que nos reconocemos. Las fábulas se suceden simultáneamente, mientras  se establece un juego de tiempo y prestidigitación que incluye manos y mente. Todo lo que pasa por la cabeza de un titiritero que para decir la verdad miente.

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