“Todo comenzó por aquellos años 80”

Francisco Jarauta • La Habana, Cuba

Personalmente me gustan los tiempos y los lugares en los que las ideas y la amistad se dan la mano y hacen posible la construcción de una forma de la fraternidad, en la que convergemos, nos reconocemos, nos encontramos y hasta nos atrevemos a pensar el futuro. No es solo un ejercicio de memoria por revolucionaria que sea la memoria, siempre lo fue –decía Benjamin–, sino que al mismo tiempo queremos contar lo que podríamos llamar El viaje que nos espera […] nosotros los que ya tenemos algunos años, creo que podemos describir el relato de nuestro territorio interior donde estarán las pasiones, los deseos, el compromiso de cualquier tipo, esa difícil construcción de la verdad a la que nos exponemos siempre por el simple hecho de vivir en compañía, juntos.

Imagen: La Jiribilla

[…]¡Qué lejos, pero qué lejos quedan los años 80! […] Cuando nos miramos en ese escenario de los 80 definitivamente, aunque lo viviéramos con entusiasmo, queda lejos, muy lejos, demasiado lejos y a veces dudamos de que realmente existió. […] Nosotros hemos sido, afortunadamente, sujetos activos, no diré protagonistas —me parece retórico— de una historia que ha cambiado velocísimamente; de forma que los referentes culturales a los cuales hoy nos remitimos, poco o nada tiene que ver con aquellos que vivimos hace tres décadas. Por qué han cambiado tanto las cosas, una cuestión que la dejo libre, no la respondo. Pero nosotros mismos hemos sufrido esa acelerada forma de vivir y de pensar. […] Todo acontece velozmente. Desde las experiencias más personales, a las experiencias políticas [...].

Artes Plásticas, Bienal de La Habana, Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Arte contemporáneo, Museo Nacional de Bellas Artes, Arte y Cultura[…] Quiero plantear como un registro metodológico de esa distancia; una distancia que nos permite pensar de hacia atrás, que nos permite plantear dos cuestiones que serán tres. […] ¿Cómo eran los años 80? ¿Qué nos interesa recordar de los años 80? Siempre remitiéndonos a lo que significó la Bienal de La Habana y, por lo tanto, lo que implicó una Bienal que en aquel momento se inscribía en un contexto en el que las bienales estaban contadas. La primera Bienal la conocemos, la de Venecia; la segunda, la de Sao Paulo y la tercera, la de La Habana. Hoy en el censo de bienales hay ochenta y seis. Es decir, que el concepto mismo ha sido profundamente inflacionario y componen en su conjunto un ritual de representaciones varias, de dramaturgias varias, que hace cada vez más complicado mantener una autoría, una libertad de conceptos, una corrección política y no se puede trabajar por superposiciones varias, porque si no caeremos en esos que se ha llamado el “museo del deja vu. […]»

Primer escenario. Por una parte es la historia de una dramaturgia, así de claro. […] el conflicto estará servido en dos dimensiones, la primera es la construcción de una fase avanzada de lo que se llamó las sociedades postindustriales. […] Aparece una nueva organización de lo social, de lo político, un nivel avanzado del capitalismo, que va a producir algo que es rigurosamente novedoso, que no existe en los cincuenta, en los sesenta, se pone en juego una potentísima industria cultural. Parte de un teorema que lo va a verificar y legitimar permanentemente. Esto ocurre en los 70, pero los 80 es el momento expansivo de este modelo. Arte y Modernidad forman parte de la misma estrategia. No hay modernización que no pase por el arte y el arte comienza a producir los códigos que atraviesa todos los estándares de la vida, hasta los nuevos estilos de vida. Hay un fetichismo nuevo, asociado a lo que sería el triunfo de la mercancía, que en este caso se apodera del arte. Nunca como en los años 80, había tantos museos de arte moderno; nunca como en los 80 hubo tantos artistas; nunca como en los 80 creció tanto el circuito de las galerías, nunca hubo tantos críticos, asistimos al triunfo de la institución del arte. […] Pero hay que tener en cuenta que este proceso está arrastrando también dos aspectos complementarios —también característica de los 80— por una parte el arte no es un plus, el arte pasa a ser estructuralmente pertinente a los procesos económicos y sociales. El arte tiene un precio, entra en el circuito de la mercancía, se cumple la profecía de Baudelaire: todo se convierte en mercancía [...] Pero sucede algo curioso, el surgimiento de un contradiscurso y quiero situar la aparición de la Bienal de La Habana en la línea de ese contradiscurso contra el modelo que permite de alguna forma reivindicar la dimensión territorial del espacio cultural. Fundamental en este caso y que tendrá una expansión a partir de los 80, casi épica, solamente en lo que respecta al Caribe, América Latina, con procesos extraordinarios.

El segundo escenario, está sugerido ya por el anterior. Es en este contexto que se produce un crecimiento hipertrofiado de la institución del arte. […] El arte ocupa un lugar fundamental en el espacio de lo que podríamos llamar el sistema simbólico de las sociedades contemporáneas. Hipertrofia, subrayo el concepto. El arte comienza a crecer y a crecer y hoy asistimos a un momento de deflación del arte; hoy muchas de las instituciones se han convertido en elefantes blancos. No hay financiación para nada, hay que trabajar con mínimos, se trabaja circunstancialmente, porque no se considera rentable la inversión en arte. […] Esa hipertrofia de la institución de arte hace todavía más importante el esfuerzo inicial para que una operación como la Bienal de La Habana del 84 y sus secuencias, vuelvan a resituarse en un contexto en el que es necesario recuperar una voz, una presencia, una dialéctica de contrapropuesta […].

Imagen: La Jiribilla

Tercer escenario. Si la crítica comienza a construir los dispositivos y los instrumentos para una nueva lectura e interpretación del arte, paralelamente la parte más inteligente de los Estudios Culturales, comienzan a generar otro tipo de complejidad, otro tipo de geografía cultural, otro tipo de mapa, de cartografía cultural en el que los desarrollos se convierten en procesos más complicados y que los recuperamos más allá de lo que fue el positivismo filológico anterior. […] Aquello que en el 84 comenzaba a ser solamente una especie de comienzo de un viaje invade el territorio total de la reflexión sobre el arte, las voces se legitiman, los rituales dan su código y la obra de arte comienza a ser ella misma algo definitivamente con un contenido que la crítica, la historia y la lectura debe interpretar. Aquí nos encontramos con un momento absolutamente nuevo, aparecen las nuevas geografías, Caribe, América Latina […].

 […] Todo comenzó por aquellos años 80 y la Bienal de La Habana fue un capítulo fundamental, decisivo, en un proceso de configuraciones estratégicas, de reflexiones y de crítica que es situar el arte en el proceso de una compleja experiencia que ya va a ser el motivo de la próxima Bienal, de una experiencia que solamente podemos tratar no formalmente ni abstractamente, sino en los contextos que definen cada una de las situaciones […].

 

Fragmento de la intervención en el panel “Contexto ideológico nacional e internacional en que surge la Bienal de La Habana”, Museo Nacional de Bellas Artes,  del 22 al 24 de mayo de 2014. Transcripción a cargo de Ramón F. Cala. Artecubano Ediciones, Consejo Nacional de las Artes Plásticas

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