Opiniones

La Jiribilla • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Mostrar esas otras historias
Simón Njami
(Curador y crítico de arte francés)

Está la historia, de la que hablaba Walter Benjamin, escrita por lo vencedores y hay otras historias que nunca se contaron. Me parece que el primer proyecto que se logró en la Bienal de La Habana fue mostrar, precisamente, esas otras historias y que no estuvieran en contradicción con la que había sido erigida por los vencedores, lo digo entre comillas […] Para que el mundo sea mundo y que haya una universalidad efectiva, todas esas voces eran necesarias para generar el debate y una oposición intelectual que permitiera a un americano, a un cubano, concebir el mundo no solo desde el lugar donde vive, sino desde la Humanidad toda.

La Bienal de La Habana es la única en el mundo que cuando uno está un poco agitado, tomamos el boleto con mucho placer. Por eso cuando asisto cumpliendo con la invitación es para contribuir de manera efectiva.

Partimos de la historia de aquellos que habitan en los países de América, África, Asia y que tuvieron que luchar para ser libres. De ahí que los términos bienal, arte contemporáneo e internacionalidad se entrecruzan y aun cuando partimos de cosas inalterables e inevitables debemos ir a la esencia. Por ejemplo, la palabra bienal se refiere a un acontecimiento que se realiza cada dos años. Hoy estamos celebrando los 30 años de la Bienal de La Habana y nos damos cuenta que es un evento que no se ha realizado con esa periodicidad. Por tanto, estamos hablando de un concepto que sobrepasa la eventualidad. Es la forma de mostrar cosas, de presentar algo. Sobre el arte contemporáneo creemos conocer mucho y no es más que una herramienta que puede variar de un momento a otro, es una definición técnica de arte que ocurre aquí y ahora, donde existen afinidades colectivas. Pienso que hay contemporaneidad colectiva y selectiva. La primera, es la que responde a la definición básica, es lo que ocurre al mismo tiempo y la segunda, es la que hace que las personas se reconozcan. De esta manera cuando nos referimos a lo contemporáneo, tendría sentido solo si lo cargamos de conocimiento, de información. El tercer concepto es lo internacional. Nosotros cuando asistimos a varios países nos damos cuenta que hay un sector destinado a los artistas extranjeros. Para crear un evento internacional se supone que es suficiente tener creadores de distintos lugares, lo que significa que este concepto también se ha desviado. […] La Bienal de La Habana es un evento internacional en la medida en que, por una parte, reúne a artistas de diferentes partes y por otra, en que tiene una repercusión internacional.

 

 

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Una inyección de creatividad
Rachel Weiss
(Profesora del Instituto de Arte de Chicago. (EE.UU.))

Debería empezar confesando mis parcialidades aquí porque tengo varias. En primer lugar, mi interés en la Bienal comenzó a causa del modo en que en los primeros años, ella enlazaba la ciudad, sus habitantes y los artistas que venían a mostrar su obra aquí. Ese compromiso con tener un impacto y un significado que estaban situados muy específicamente, era algo que yo admiraba y a causa de eso he sido crítica del modo en que el proyecto más tarde le dio la espalda a sus vecinos. La otra cosa que me impactó enormemente en ese entonces fue el espíritu aventurero de la Bienal, la buena gana de curar a través de la experimentación sin conocer de antemano, exactamente, cómo iban a resultar las cosas.

La Bienal siempre ha tenido un par de tareas o para formularlo de otro modo, ella mira en un par de direcciones diferentes. Una tarea es de presentación, mirar hacia afuera. Esa está considerablemente bien definida y es lo que ha hecho internacionalmente visible al arte cubano. La otra tarea tiene que ver con el impacto local de la Bienal. El contexto local es, obviamente, múltiple e incluye no solo a artistas, sino también a los muchos públicos de la ciudad.

Para los artistas el encuentro con obras de otras partes es un recurso fundamental, como lo es la experiencia de abrirle paso a la traducción y autotraducción de su propia obra en ese contexto más amplio. Especialmente en los años iniciales eso fue clave, Cuba estaba todavía relativamente aislada y la experiencia de mostrar su obra más allá de los confines de la escena artística habanera era aparentemente una revelación para los artistas jóvenes. […] Esa experiencia, la de ser visto por un ojo que pertenecía a alguien de afuera, pero era no obstante un ojo que comprendía, era probablemente uno de los mayores impactos de la Bienal en sus primeros años.

Para la ciudad y sus habitantes la Bienal es o puede ser un regalo, una inyección de creatividad, lo que es una necesidad no menos fundamental. Cuando ha funcionado de la mejor manera, la Bienal ha trabajado como una especie de tejido conectivo entre esas entidades diferentes, entre los artistas locales y los curadores, coleccionistas y artistas visitantes. Pero también en la circulación con la vida de la gente de la ciudad. Esto fue un logro temprano, importante, y no solo su efecto de popularidad sobre el público, sino también por el modo en que remodeló la órbita del arte contemporáneo, insistiendo en su justo lugar en la vida diaria. Esto, dicho sea de paso, es algo que más recientemente muchos realizadores de exposiciones han puesto en el centro de su práctica, infundir en sus proyectos el tipo de juego dinámico y el surgimiento no predeterminado que eran típicos de la Bienal, remodelar la galería como laboratorio y sitio de debate donde el lenguaje de la cultura visual y sus instituciones se vuelven parte de una evolución de términos que continúa.

 

 

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Si hay movimiento es arte vivo
Richard Martel
(Artista y curador de Canadá)

Cuando fui invitado para la celebración de este aniversario recordé cómo fue que conocí de la existencia de la Bienal de La Habana. Yo quería participar y me comuniqué con los organizadores e hice mi solicitud. Ahora traje una carta del señor Nelson Herrera Ysla del 2 de abril del 91, él me respondió que era imposible porque yo vivo en un país del Primer Mundo, que es Canadá. Pero mi amigo Cisneros que había hecho la selección de los artistas amerindios que participarían en la Bienal, me propuso si quería venir con ellos. Finalmente vine ese año e hice un performance en el Castillo de la Fuerza.

En el 94 participé otra vez en la Bienal. En lo personal pensaba que el arte en Cuba tenía una mayor proyección social, pero me doy cuenta que estaba muy orientado hacia el mercado de arte. No entendía por qué, nosotros pretendíamos cambiar el sentido del arte y de la institución. Yo he organizado un festival de performance que ya tiene 18 certámenes y nunca he necesitado de la institución, solo ha sido cuando esta me ha invitado. Después dejé de participar por diez años y regreso en el 2003 cuando la Bienal tenía el tema de la relación del arte con la vida y pienso que es un buen momento para el performance, porque si es vida, hay movimiento y si hay movimiento es arte vivo.

Envié un proyecto a los organizadores para hacer un festival de performance en La Habana y me dicen que sí y vinieron unos doce artistas […] Después la revista Arte cubano publicó un artículo sobre nuestra participación en la Bienal […] En el 2006 hice una conferencia sobre el arte en el contexto e hice un taller en el Instituto Superior de Arte del que salieron dos acciones con mis alumnos, una en La Habana Vieja y otra en el Pabellón Cuba […].  

Después en el 2007 y 2008 hicimos unos excelentes intercambios entre artistas cubanos y de Quebec […] A los temas de las Bienales del 2009 y 2012 le dedicamos números especiales de nuestra revista.

 

Fragmentos de las intervenciones en el panel “Bienal de La Habana y contextos locales”, Museo Nacional de Bellas Artes,  del 22 al 24 de mayo de 2014. Transcripción a cargo de Ramón F. Cala. Artecubano Ediciones, Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

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