El Médico a palos o la irresistible incontinencia política de Manuel González

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Manolín viene y va. De La Habana a Miami y de Miami a La Habana. Estando aquí quiso estar allá. Luego llegó allá y no se adaptó a la maquinaria de una industria del espectáculo que exige obsecuentes posiciones anticubanas para ser aceptado. Entonces asumió una aparente voz discordante, mientras girovagó por el mundo con brújula incierta, hasta que regresó.

Sin mencionar el santo, aunque sí la seña, escribí el año pasado en La Jiribilla, a propósito de  este y otros inesperados retornos, un comentario en el que fijé el contexto de lo que era una novedosa situación: “La flexibilización de las leyes migratorias cubanas, reflejo de la consolidación y madurez del proyecto social, hará cada vez más frecuentes y normales las idas y venidas, los viajes y regresos, de los artistas de la isla, y por supuesto, la reinserción en la vida cultural de quienes así lo deseen”.

Y añadí: “Esta última, para poner las cartas sobre la mesa, no estará, en todos los casos por ahora, exenta de aristas problemáticas. Algunos de los que retornan, en su momento, emitieron juicios políticos en escenarios hostiles e hirieron la sensibilidad de muchos que aquí los apreciaban. Y esos muchos tienen memoria”.

En mi memoria no olvido cómo El Médico de la Salsa se fabricó en La Habana un expediente a base de intempestivos coros en medio de la celebración de un aniversario de NG la Banda en el Salón Rosado Benny Moré, de La Tropical, como queriendo aguarle la fiesta a El Tosco y los bailadores.

Sin embargo, esas y otras expresiones de El Médico registradas durante los días en que se congraciaba con los patrones miamenses que al cabo lo ningunearon, no impidieron que las instituciones culturales cubanas  encargadas de la gestión promocional de la música le dieran espacio y oportunidad entre nosotros.

Nadie le pidió que se retractara ni hiciera votos de adhesión a un proyecto social que evidentemente no comparte. Nadie le exigió una definición política a favor; simplemente una actitud decente, un respeto mínimo.

Quizá el salsero creyó que se lo merecía todo. Que el público que alguna vez conquistó —más allá de coyunturas favorables y sin entrar en consideraciones estéticas que alguna vez habrá seriamente que ventilar— lo recibiría como un héroe. Un amigo común, músico de gran prestigio, hizo lo indecible por recolocarlo en el gusto de la actual generación de bailadores.

Solo una fuerte dosis de megalomanía y una mayor de oportunismo y de miseria moral explican la aparentemente renovada vocación política de Manuel González, en sus recientes declaraciones autopublicadas en su perfil de Facebook y, por supuesto, amplificadas por medios de comunicación al servicio de la subversión pagada por agencias gubernamentales de EE.UU..

Al lanzar invectivas contra los líderes históricos y actuales del estado cubano e instarlos a la rendición, El Médico ni siquiera es original —el título de su mensaje “No es personal, es la ley de la vida” mezcla una frase tomada del léxico de una popular película sobre la mafia con una verdad de Perogrullo—, en tanto replica de manera pobre y balbuceante los intentos por introducir una fractura generacional y un factor de discontinuidad en el proceso revolucionario.

No creo que este Médico lance palos a ciegas. Es demasiado calculada su actitud como para concederle el crédito de la honestidad. En sus palabras aparecen las costuras de un discurso que pretende asumir en el campo de la política el protagonismo que debería encontrar en el campo de la música, pero los acordes no pueden ser más burdos ni ofensivos ni irrespetuosos. No caben otros calificativos para alguien que dice: "No puede ser que ustedes decreten que quien tenga otras ideas es un traidor, y que la traición se paga con la vida, eso es un disparate, eso es matar al país en cuerpo y alma, eso es neutralizar el progreso, eso es amarrar al país de pies y manos para que no pueda avanzar, eso es darle un tiro en la sien a la nación cubana".

En lo que sí tiene razón el salsero es en lo que escribe hacia el final de su diatriba: “… por encima del país no puede estar nadie…” Eso precisamente lo ha olvidado Manuel González, quien en su papel de presunto consejero político se ha quedado  muy por debajo de la bola.

 

Comentarios

Muy bien por Pedro de la Hoz.

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