Erick Sánchez

Casa de cristal

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Si alguien me pidiese definir a Erick Sánchez, confieso que yo no tendría que pensar mucho para expresar que él resulta un trovador muy auténtico y dueño de una poética heredera de los postulados ideoestéticos de los años 80. Su cancionística es vivo ejemplo de la dosis de rebeldía que generalmente ha tipificado al arte de nuestro país. Así, con el quehacer de figuras como Erick Sánchez, de nuevo la canción se hace contingente y comienza un paulatino proceso de recuperación de una visión sociológica o demográfica.

Temas suyos como “Esperar”, “Cuando aparezca el petróleo” (pieza que fantasea con la solución a los problemas de Cuba el día que brote oro negro frente a nuestras costas), “No quiero que toquen en mi puerta” (visión rebelde del entorno, desde la voz de un personaje marginal y también marginado de procesos sociales colectivos) y “Mi amigo el ingeniero” (composición en la que se plasman las contradicciones entre sueños y realidad, entre ideales sociales y pautas económicas), al describir sin tapujos las diferencias sociales hoy existentes en el sistema sociopolítico en Cuba, asumen un carácter problémico, recogen el sentimiento colectivo de buena parte de la sociedad y lo codifican en versos cantados, cuyos receptores están en complicidad con el mensaje.

Aunque la anterior ha sido la tónica del trabajo de este trovador, su primer disco, Casa de cristal, no transmite ese espíritu de preocupación sociológica al que me he referido. Para su ópera prima, Sánchez prefirió agrupar varias de sus canciones más reposadas y dedicadas, en muchos casos, al tema de la relación de pareja, claro que desde la perspectiva de nuestros días. Aparecen aquí temas conocidos por los seguidores del cantautor, como son los casos de “Niurka y Salima”, “Talismán” (pieza que fuese uno de los premios en una emisión del concurso Adolfo Guzmán), “El Cristo de La Habana” y la que da nombre al fonograma, es decir, “Casa de cristal”, recordada por haber sido el tema de un otrora muy popular programa radial nocturno.

Otras piezas incluidas en la propuesta de Sánchez y que resultase nominada al Premio Cubadisco durante la emisión de 2013, son “Laura”, “Poco arte y mucha misa”, “La torpeza de mirar”, “La bruja burbuja”, “Amor en voz baja”, “Cecilia” y “Una vida pecadora”.

Con arreglos funcionales y que respetan la esencia de cada una de las composiciones recogidas en el álbum, este es un CD de grata escucha, más allá de que yo hubiese preferido que el primer disco de Erick Sánchez hubiese sido un poco más picante en su decir, a tono con lo que siempre él ha hecho como trovador.

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