A propósito de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe

Rigoberto López, caribeño en tanto cubano

Leandro Maceo • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del entrevistado

 

Para él la cultura no es sino “un modo de ser”, así como la identidad “no puede ser una especulación”, pues para que esta exista —asegura— “tiene que haber raíces, esencias y debemos saber quiénes somos”.

Quizá por ello Rigoberto López habla tan seguro y se reconoce caribeño en tanto cubano esencial.

“En la medida que siento una sensibilidad consciente hacia los ejes de lo cubano en términos históricos como culturales, ello me permite extenderlo a lo caribeño”.

Imagen: La Jiribilla

¿Por qué el Caribe renace una y otra vez como protagonista en su obra?

Esto viene de mis lecturas de Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, de mi devoción más que admiración por la pintura de Wifredo Lam y de lo que su obra me trasmite en términos de reflexión y de un sentido de conciencia por comprender de dónde vengo y quién soy, de la propia música nuestra. Ello fue conformando de manera inconsciente una vocación hacia el Caribe.

El Caribe como lo entiendo, o por lo menos el que me motiva e interesa es el que responde a un concepto cultural más que geográfico, no sujeto a un criterio reductivista.

Caminar hacia lo que define la cultura del Caribe en esa maravillosa complejidad y riqueza de diversidad y semejanzas que nos extiende en ocasiones hasta ámbitos que van más allá de las fronteras de la región geográficamente hablando, para encontrar vasos comunicantes y entender por qué Bahía en Brasil es caribeña como lo es la Luisiana en EE.UU., que un poco se fundamenta por la presencia de la huella de la africanía en esas culturas.

Luego la vida me permitió conocer el Caribe y vinieron documentales como Granada: el despegue de un sueño en el año 1983, El viaje más largo que trata de la emigración china a Cuba y como esta se mezcló con el resto de los grupos sociales y raciales cubanos o Yo soy del son a la salsa, que es el Caribe mismo porque es toda esa fusión en términos musicales.

En el año 1979 me acerqué de una manera particular a lo que conocemos como el ámbito Caribe y que denominó el destacado intelectual barbadense George Lamming como la civilización Caribe o como el complejo de raíces e identidades explicitado por el gran poeta y pensador de Martinica Édouard Glissant.

En ese año se realizó en La Habana el Carifesta y aprovechando que venían grupos danzarios de diversos países de la región junto a destacadas personalidades, quise hacer un documental que mostrara que la danza, el ritmo y la gestualidad son un lenguaje extraverbal en el Caribe y para nosotros los caribeños. Si se quiere ese fue un primer acercamiento concreto en mi trayectoria a los temas que tienen que ver con este concepto.

¿Cómo ve el cine caribeño hoy?

El cine del Caribe se ha encontrado al margen de las corrientes del mercado. Si mucho del cine de la periferia como es el latinoamericano, ese que alguien llamó “los que no somos Hollywood”, se ha encontrado limitado y necesita tanto esfuerzo para imponerse, qué decir del caribeño cuando viene de una región lamentablemente fragmentada, en ocasiones falta de encuentros y dispersa. Víctima de una manipulación históricamente colonial, geopolítica, que ha insistido en las barreras del idioma como si estas fueran realmente un impedimento, para que quienes estamos tan cerca y tenemos tanto en común no dialogáramos o nos reconociéramos los unos a los otros.

Asimismo el dominio de las salas de exhibición y de las cadenas de distribución está en lo fundamental bajo el poder de compañías que no son precisamente nacionales o que responden por convenios de representatividad a compañías extranjeras.

¿Cree que el panorama podría ser distinto?

Con referencia a períodos anteriores hay una mayor profusión de obras, junto a la emergencia de cineastas que en los países y en la diáspora caribeña están produciendo sus películas y en algunos casos existe un poco más de sensibilidad en las instituciones oficiales para ayudar al desarrollo del cine nacional.

Se están forjando polos de producción cinematográficos que se vienen tornando verdaderamente importantes, como es el caso de República Dominicana y Venezuela.

No podemos afirmar que haya un volumen de producción en el cine del Caribe como para que podamos hablar de una potencia de la industria cinematográfica. Es importante seguir potenciando variantes de mercado.

En general se aprecia un progreso, con festivales cada vez más fuertes. El panorama ha ido cambiando, pero queda mucho por hacer. Sin duda, el cine necesita además un mínimo de recursos no solo para producirlo, sino para lograr su promoción y distribución.

¿Por qué la Muestra Itinerante de Cine del Caribe?

La idea de desarrollar e impulsar un evento regional que le diera mayor visibilidad al cine que hacemos los creadores caribeños no fue algo extraño ni me pareció artificial o importado, se corresponde orgánicamente con mi obra y pasión hacia el Caribe.

La gran paradoja es que el cine que producimos se ve poco en el Caribe. La muestra intenta ir contra ello y nos hemos comprometido durante estos años.

No se trata de foros retóricos, sino de espacios reales de intercambio de dónde surjan iniciativas y posibilidades de colaboración e integración verdaderas en diversos planos. Intentamos demostrar que no es un acto voluntarista el querer que el público vaya a ver cine caribeño.

En el Caribe no hay grandes industrias de cine, pero si un gran movimiento de cineastas, de autores con obras y eso es lo que importa.

Nos ha preocupado poder llegar a los niños, por ser uno de los públicos más desprotegidos de la región y el más sometido a esa invasión de seudocultura y de elementos que incentivan la violencia, que deforman los valores éticos y crean patrones que nada tienen que ver con nosotros. Por eso ponemos tanto énfasis en el programa infantil de la Muestra.

Imagen: La Jiribilla
Durante la filmación de su nueva película Vuelos prohibidos.
 

¿Recompensas?

La mayor recompensa es ver cómo las audiencias regionales han podido conocer lo que hacemos los cineastas caribeños e incluso tener una proyección efectiva en otros ámbitos, con alcance en 31 países.

Todo ello ha permitido que una región del mundo también multilingüe y multicultural como es África, mirara hacia esta experiencia.

Una de las cinematografías emergentes más interesantes en términos estéticos, narrativos y de lenguaje como es la africana se desconoce en el Caribe y viceversa.

Es gratificante ver cómo hay universidades en la región que se interesan por los programas de la Muestra, en tanto constituyen herramientas académicas para establecer diálogos y reflexionar a partir de las propias historias que cuentan las películas.

Hoy el espacio se proyecta como algo más que una exhibición de filmes de variado carácter, género y nacionalidades. Resultó ser un espacio de reconocimiento para establecer nexos entre la cinematografía y los cineastas, así como con los que deben ser nuestros espectadores naturales.

La autoridad que da el resultado del trabajo durante estos años no es fácil de lograr. La Muestra ha concitado aprecio, respeto y reconocimiento. Se erige como una red entre los países del Caribe, como una acción antihegemónica y una experiencia concreta en defensa de la diversidad cultural.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato