De goles, dramas, victorias y…

José F. Reinoso • La Habana, Cuba

Una vez más la Copa Mundial de Fútbol se erige en espectáculo de significación universal para la humanidad por su poder de convocatoria, la pasión e identidad entre protagonistas y espectadores, y la influencia de los medios masivos de comunicación.

Brasil 2014 es sin duda, más allá que el vigésimo campeonato de la Federación Internacional de Fútbol Asociación, FIFA,  un acontecimiento deportivo, social y cultural, a través de una organización sólida, con excelente factura para llamar la atención del orbe durante más de 30 días desde su jornada inaugural el pasado doce de junio.

Imagen: La Jiribilla

La nueva versión de la Copa FIFA ha tenido el escenario ideal, más oportuno para continuar la promoción y publicidad del deporte más practicado en el mundo de hoy  porque el futbol motiva pasión en el gigante sudamericano y en toda América Latina.

Esa nación, única que ha participado en todos los mundiales, disputados desde 1930 hasta la fecha, ha dado brillantes futbolistas como Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, Garrincha, Didí, Vavá, Zizinho, Ronaldo el fenómeno, Ronaldhino, Kaká, Zico, Sócrates, Rivelino y muchos otros que ha llevado a la vitrina de la Confederacion Brasileña de Fútbol, CBF, cinco títulos mundiales para liderar a los demás países del orbe,

Además, Brasil exhibe una rica tradición cultural con hermosos paisajes, costumbres diversas, ritmos musicales contagiosos, ciudades cosmopolitas, favelas impresionantes, ríos majestuosos, modernas carreteras, playas, sistema de transporte, red hotelera, aeropuertos, estadios de última generación y hombres, mujeres, niñas, niños, adolecentes, jóvenes y mayores que aman y disfrutan el fútbol y los valores de este deporte

Valores del fútbol

En ocasión de tal  manifestación deportiva, que lleva en esta oportunidad hasta Brasil, a decenas de miles de aficionados de distintas latitudes del universo para respaldar a sus respectivos representantes  nacionales, resulta apropiado reseñar algunos de los valores de este juego colectivo.

Condicionado el protagonismo de las figuras por las 17 reglas de juego, aprobadas en la Internacional Football Association Board (IFAB) y válidas en todo el orbe, el fútbol posee tantos matices y situaciones impredecibles  e  inimaginables que lo convierten  en el deporte más popular del mundo entre todos los juegos de equipo.

Ejerce la disciplina efecto educativo que inspira a sus practicantes a desarrollar la instrucción  y enriquecer la fantasía  y la plasticidad sobre el rectángulo durante el enfrentamiento  de las individualidades con sus respectivas  ideas en función del equipo.

Rara vez los y las artistas del balón en los pies ejecutan dos veces las mismas soluciones en un partido  porque la competencia, las variantes en ataque y defensa reclaman de manera involuntaria la aplicación de imágenes renovadoras en fracciones de segundo.

Unido a esas características del deporte está la necesidad de la pronta y rápida orientación, la visión integral para precisar la ubicación del rival, de los miembros de su escuadra, y para tomar de la decisión  de qué hacer, con prontitud.

Muchas personas indagan en las causas de la popularidad del fútbol, las motivaciones de  la afición en llenar  continuamente las grandes instalaciones, la pasión  y el entusiasmo que despierta en jóvenes, féminas y adolescentes, y en el interés  de los mayores al observar a niñas y niños jugando con un balón en las calles.

Tal fenómeno se explica en la variedad y amenidad del deporte pues tanto en un campo de juego relativamente grande como en uno pequeño para infantiles existen innumerables posibilidades para el accionar  y las emociones se suscitan en jugadores y espectadores.

El dominio del balón con las extremidades menos diestra, la cabeza y otras partes del cuerpo, menos con las manos,  excepto el portero, le dan al fútbol un atractivo singular.

Esos movimientos elegantes en la recepción, el pase, la finta, el dribling con los pies suscitan admiración por la pericia y las habilidades a través de los miembros más torpes del organismo humano.

En otros órdenes, la disciplina influye muy positivamente en los jóvenes,  debido a que ofrecen probabilidades de medir su fuerza  ante el adversario, con lo que aumenta las cualidades volitivas, la combatividad, la resistencia, la capacidad física y la valentía, lo que incide en el quehacer de la vida cotidiana.

También contribuye a fomentar la educación colectiva mediante los entrenamientos y los enfrentamientos porque no obstante la presencia de individuales en cada equipo, el éxito y la victoria se fundamenta en la relación y el esfuerzo de todas y todos.

Fortalece el fútbol el dominio de sí mismos en los protagonistas pues en su propia esencia, el deporte exige un comportamiento abnegado, resistencia a las cargas y a las fatigas musculares durante los partidos, al vencimiento de los fracasos momentáneos para crecer en la fuerza de voluntad.

Sin duda, son muchos los valores de este juego, practicado en más de 200 países en el mundo y uno de los más divulgados por su connotación social, económica y deportiva, pero la grandeza radica en su sencillez y su poco costo para la masividad ya que los niños y las niñas se contentan con una balón que pique y un arco que pueda definirse con una prenda u objeto, para generar algarabía, entusiasmo, alegría y pasión.

Imagen: La Jiribilla

Apuntes para la historia

La Copa Jules Rimet representó el primer símbolo de la supremacía  futbolística de los más destacados jugadores en el orbe y de figuras anónimas que por amor a la camiseta defendieron con hidalguía sus sueños y esperanzas.

Instituida en 1930 con motivo del  Mundial de Fútbol en Uruguay,  devino en el más preciado trofeo deportivo disputado hasta 1970 cuando lo ganó Brasil en propiedad por su tercer título.

La estatuilla femenina  cancelada en oro macizo por el orfebre francés Abel Lafleur, de 39 centímetros de altura, representaba una victoria alada que sostenía en sus brazos una copa.

El peso en oro de la escultura era de 1800 gramos y el total del trofeo, contando la peana (base) de mármol, estaba calculado en cuatro kilogramos. Había costado en su época 50 mil de los antiguos francos franceses.

Llevaba el nombre de Jules Rimet, el hombre galo a quien el fútbol mundial debe eterno agradecimiento por romper moldes arcaicos e impulsar el apasionante deporte al clímax de la popularidad, fomentando los campeonatos mundiales para futbolistas profesionales y aficionados.

En el reglamento se estipuló que la nación ganadora de cada certamen guardaría la Copa en depósito hasta la celebración del torneo siguiente, cuatro años más tarde, y que el trofeo pasaría a ser propiedad de la nación que alcanzara el título en tres oportunidades.

Cuatro décadas de goles, dramas, victorias y…

Por la Copa Jules Rimet comenzó una efervescencia desde la lid inicial, disputada con la participación de 13 equipos invitados y algunos años después fue necesario efectuar eliminatorias zonales en distintas partes del mundo debido al creciente número de naciones inscritas.

Millones de personas estaban al tanto de lo que acontecía en cada edición porque para el país triunfador significaba extraordinaria carta de presentación durante  un cuatrienio, la posesión de la Copa.

Y en torno al preciado pergamino, el fútbol fue experimentado su evolución táctica. El desarrollo de los certámenes Jules Rimet se convertía en la gran pasión de las multitudes. La llegada del trofeo a las diferentes sedes centraba tanta atención como los pormenores de los equipos contendientes.

Cuando la II Guerra Mundial la Copa fue enterrada en un lugar secreto para que no cayera en manos de los fascistas. La estatuilla estuvo bien protegida y se rescató luego de finalizada la contienda bélica para reanudar las actividades del más universal de los deportes.

Inmensa conmoción provocó la misteriosa pérdida de la Copa Jules Rimet unos días antes de comenzar en Inglaterra el Mundial de 1966. El hecho turbó la tranquilidad de los organizadores de la competencia y de los aficionados hasta que fue encontrada por un perro en el jardín de un tal David Corbett, quien se aseguró imprevistamente un lugar en la historia del apasionante juego al igual que su canino.

Ese campeonato tuvo como los anteriores un final feliz  para  los vencedores y los monarcas ingleses bajo la tutela del técnico Alf Ramsey dieron la vuelta “olímpica” en el ancestral estadio Wembley. La euforia también la habían experimentado los uruguayos en 1930 y 1950, los italianos en 1934 y 1938, los alemanes en 1954 y los brasileños en 1958 y 1962.

Importantes victorias registraban los anales de la Copa con el comportamiento de la garra charrúa, la eficacia del calcio italiano, la zamba brasileña, el hermetismo inglés y la fortaleza y disciplina táctica de Alemania.

También dramas como el maracanazo,  de los celestes uruguayos  a los locales durante la final del Mundial 50 en el estadio Maracaná de Río de Janeiro y el inesperado revés del maravilloso equipo húngaro frente a los alemanes en Suiza-54.

Así, entre goles, dramas, victorias, reveses  y figuras de la talla de Pelé, Puskas, Yashin, Muller, Fontaine, Garrincha, Kopa y tantísimas más creció simbólicamente la Copa Jules Rimet durante cuatro décadas, ya que en 1970 la obtuvo definitivamente Brasil en la IX edición, efectuada en México.

Desde el Mundial-74, un nuevo trofeo comenzó a disputarse, La Copa de la Federación Internacional de Fútbol, denominada FIFA World Cup; la obra es de oro macizo, pesa cinco kilogramos y representa a dos deportistas estilizados en el esfuerzo sosteniendo un globo terrestre. Costó 20 mil dólares. A diferencia de la Jules Rimet, es propiedad de la máxima entidad futbolística y a cada vencedor se le entrega una copia de oro.

Imagen: La Jiribilla

Incalculable valor y asombro final

Resulta imposible tratar en esta reseña todo el significado de la escultura, pero, sin duda, de que es incalculable el valor de la Copa Jules Rimet, no por la cuantía del precioso metal, sino por el esfuerzo, la dedicación, la entrega, el pundonor deportivo de los protagonistas y las vivencias de los seguidores del multicolor espectáculo, sintetizados a través de los años en el pequeño trofeo.

Sin embargo, ese simbolismo, catalizador de voluntades, fue deshecho de golpe y porrazo por la sed aurífera de ladrones que sustrajeron la estatuilla de la sede de la Confederación  Brasileña de Fútbol en Río de Janeiro con la finalidad de fundirla en lingotes y comercializarla.

La deformación social de seres enajenados  acabó caprichosamente con la vida física de la Copa Jules Rimet que podía considerarse como un patrimonio futbolístico de la humanidad.

Tras la consternación que causó el robo, aunque se  realizaron múltiples investigaciones  nadie resultó preso y sí quedó  en el ambiente la seguridad de que la Copa fue derretida y vendida en barras por unos 25 mil dólares en una de las muchas oficinas de compra y venta de metales preciosos de Río, según reflejaron entonces  fuentes informativas.

Lamentable final para la Jules Rimet, trofeo de inapreciable valía por la que lucharon generaciones de futbolistas de distintas latitudes durante cuatro décadas.

La copa FIFA y sus 40 años

Mucho ha evolucionado el fútbol tras el influjo de la Copa FIFA, instaurada en el Mundial de 1974,  año  en  el que triunfó Alemania,  nación que volvió a  encumbrarse en el 2006; Argentina lo hizo en 1978 y 1986; Italia, en 1982 y 1994; Brasil en 1990 y en el 2002; Francia en 1998 y España, último monarca en el Mundial del 2010, en Sudáfrica.

En esos 40 años han surgido nuevas figuras como el argentino Diego Armando Maradona con su zurda prodigiosa, para muchos el mejor de todos los tiempos junto a Pelé, los italianos Rossi y Bufón, el holandés Cruiff, el alemán Bekenbauer, el francés Platiní, el brasileño Romario, el portugués Ronaldo, el argentino Leonel Messi y los españoles Casillas, Alonso, Piqué y Ramos, entre  muchísimas de calidad.

Hoy el fútbol es mucho más dinámico, se juega a altísima velocidad, lo que requiere  mucha precisión en las entregas por los jugadores así como de pensamiento  táctico y de dominio  preciso de los gestos técnicos en las distintas jugadas.

Pero al igual que en el ayer, el fútbol sigue paulatinamente creciendo  en aceptación  y manteniendo sus tradiciones como el reciente recorrido  por el mundo de la Copa hasta arribar a la sede brasileña en medio de la euforia, el clamor, los sueños y las expectativas de naturales y foráneos que desean fervorosamente que sus respectivos ídolos la levanten en el encuentro final, previsto para el 13 de julio, en el majestuoso estadio Maracaná, renovado para la gran fiesta.

El máximo ganador

Tras un largo proceso eliminatorio, 32 selecciones ganaron el derecho de estar en Brasil-2014 y distribuidas en ocho grupos de cuatro integrantes cada uno se han enfrentado con miras a concretar sus aspiraciones.

Veintitrés jugadores en cada equipo para un total de 736 seis, cuyos corazones  y mentes se entregan identificados con las estrategias y tácticas de sus respectivos entrenadores en aras de cumplir sus metas y sueños.

Mientras varios onces confirman los pronósticos  precompetitivos, otros protagonizan sorpresas y algunos decepcionan, lo cual es propio de este tipo de evento que continúa siendo matizado por la entrega de sus protagonistas y el colorido, calor y ambiente de los espectadores.

Las imágenes televisivas son fieles testimonios del espectáculo deportivo y cultural que en torno a la fiesta del más universal de los deportes colectivos se viene escenificando en Brasil con la  vigésima Copa Mundial.

Por una parte las banderas  nacionales, los atuendos típicos de los indios Aztecas, el uso de los sombreros Mariachi, los colores verde-amarillo de Brasil,  blanco y  negro de Alemania,  azul de Italia, rojo de Chile y España o el amarillo de Colombia, los rostros  pintados de aficionados y aficionadas, y el dramatismo que se vive en las gradas, con gestos de euforia o de frustración como respuesta a la actuación de sus preferidos.

Por otra, el performance de los equipos de Alemania, Holanda, Chile, Italia, México, Colombia, Costa Rica, entre los más destacados de las primeras jornadas, y de figuras como el brasileño Neymar, el alemán Muller, el portero mexicano Memo Ochoa, entre tantos, así como el cabello  de los jugadores con cortes y colores de mucho simbolismo, lo que tiene su incidencia en las modas de las nuevas generaciones.

Al concluir el evento se habrán disputado 64 partidos, de ellos 48 en la ronda eliminatoria, ocho correspondientes a octavos de final, cuatro en cuartos de final, dos en la Semifinal, uno por el tercer y cuarto lugares y el decisivo por la venerada Copa FIFA en la gran final del Maracaná.

No obstante, con independencia del once que obtenga la réplica de la Copa FIFA en su vigésima edición, debido a las vivencias de seres humanos en grandes y pequeñas naciones de más de dos centenas de países, los sentimientos diversos, la extraordinaria convocatoria y la teleaudiencia de miles de millones, el máximo ganador ha sido el fútbol.

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