En tiempos y al estilo de Ernán

Neris González Bello • La Habana, Cuba

El producto Sacrilegio es la más reciente producción discográfica de Ernán López-Nussa, realizada bajo el amparo de la casa discográfica Colibrí durante el año 2013. Se trata de un álbum doble, contentivo de ocho y 14 temas respectivamente, en el que se revisiten obras del repertorio clásico, cubano y universal, y son traídas al presente en un acercamiento original, sui generis e irreverente, logrando una efectiva conexión de estos códigos con el discurso del jazz y de la música cubana. A estos soportes sonoros se añade un DVD, que constituye la realización audiovisual de cada tema, a partir de imágenes registradas durante el proceso de grabación en el estudio 1 de Abdala, y de cuyo arte final es responsable Rolando Almirante.

Imagen: La Jiribilla

La realización de versiones es uno de los empeños más difíciles y osados del proceso creativo. Dependiendo del ingenio y originalidad de quien las produce, pueden resultar más o menos efectivas, y ser causa del éxito o el fracaso de un artista. Beber del inmenso caudal ofrecido por la música clásica universal para atraerlo al estilo individual de un intérprete o compositor no es nuevo en el panorama internacional. Sin embargo, utilizar este repertorio como pretexto para fusionarlo con el jazz o la música cubana, y generar de este intento el concepto que rija una obra de arte en su totalidad, es algo completamente inusitado en el contexto musical cubano.

En Cuba son múltiples los jazzistas que acceden a esta práctica, por disímiles vías. Valdría la pena citar casos como Chucho Valdés, Rolando Luna o Harold López-Nussa. Entre ellos, Ernán López-Nussa emerge como uno de los más representativos. Una mirada a su quehacer musical nos permite constatar que este constituye una de las prácticas más recurrentes en su repertorio, desde múltiples aproximaciones, ya sea como parodias, citas, alusiones, tópicos, o simplemente como covers, en el sentido de la reproducción lo más fiel posible al referente original. En muchos casos, estas conexiones se han establecido a partir de tributos a otros compositores, como el que le realiza a Frank Emilio utilizando elementos de su obra “Gandinga, Mondongo y Sandunga” para elaborar la suya propia, que lleva por título “Dinga, Dongo y Dunga”, y que evidentemente pretende ser una continuación de la pieza original en tiempos y al estilo de Ernán.

Sacrilegio es un producto excepcional, que pone una vez más a prueba los méritos de Ernán López-Nussa no solo como intérprete, compositor y arreglista para piano y formato de cámara, sino también como versionador, oficio en el que se proyecta con una creatividad sin límites, y logra desmarcarse por la mirada exótica y transgresora con la que asume la música clásica, y que en un proceso a la inversa, ha sido consecuente con el enfoque clásico que le imprime en otros productos a la música popular. En este empeño resaltan también: el buen gusto, el fraseo exquisito, el uso y explotación de matices, las melodías originales, el respeto por la tradición musical y el sumo cuidado de los códigos que aborda.

Todo ello es perceptible y es el concepto que rige los dos volúmenes sonoros que componen Sacrilegio: Rondó y Molto vivo, donde López-Nussa nos ofrece una nueva mirada de los clásicos. Obras de compositores como J.S. Bach, L. van Beethoven, José White, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona, Schumann, Domenico Scarlatti, Chopin o Leo Brouwer, son asumidas y devueltas desde su propio prisma “como arte de la variación”, —al decir del propio Brouwer, autor de las notas discográficas—, en lo que constituyen versiones ejemplares y verdaderos ejercicios de estilo.

A la maestría de López-Nussa como arreglista e intérprete, a su sensibilidad, buen gusto y talento, se unió una vasta competencia musical, y una noción cultural de amplios horizontes, que aquí se complementan y derivan en una atractiva transformación del repertorio seleccionado. En su rol de productor, Ernán se toma la libertad de jugar con algunas de aquellas piezas que formaron parte de los programas de estudio de piano clásico en nuestras academias durante su etapa de estudiante, y a partir de un divertido ejercicio de integración musical, transgrede los códigos originales y los acerca a los de la música cubana y el jazz, imprimiéndole a su producto un marcado carácter didáctico, que también ha sido tomado en cuenta por miembros del jurado del Cubadisco.

En su empeño, Ernán logra cautivar a las más disímiles audiencias y les ofrece a los estudiantes de música, una nueva lectura de los clásicos, más atractiva y amena, en estrecho vínculo con lo cubano y el jazz, y en buena medida, más cercana a su propia identidad e imaginario. En un proceso de toma y daca, es también efectivo el intento de interpelar otros públicos habitualmente consumidores del jazz, que a través de este producto entran en contacto directo con el ámbito clásico, aún cuando no haya sido ese su propósito expedito.

Musicalmente, Ernán articula dos o más discursos provenientes de áreas diferentes de expresión: el estilo barroco, clásico o romántico, con el lenguaje jazzístico y los géneros de la música cubana: son, rumba, danzón o la música afrocubana, entre los que se destaca el uso del “tumbao” como recurso para reafirmar o legitimar la idea o sentido de cubanidad.

Imagen: La Jiribilla

Sacrilegio es el resultado de un período de estudio, de búsqueda, de decantación y de minuciosa elaboración, así como el fruto de un trabajo consensuado en el que desempeñaron un rol esencial los integrantes del trío de jazz que le acompaña, y donde se destacó la maestría y experiencia de Enrique Plá en la batería y el virtuosismo y talento de Gastón Joya en el contrabajo, un joven que resume lo mejor de la tradición instrumental cubana, a los que se unen en ocasiones puntuales los percusionistas Ruy Adrián López-Nussa, Ramsés Rodríguez, José Luis Quintana, Changuito, Don Pancho Terry, Dreisser Durruty y Adel González, así como el flautista Orlando Valle, Maraca, la voz prístina de la soprano María Felicia Pérez y el cantautor Kelvis Ochoa —quien interviene en la que quizá resulte la más sacrílega de las versiones, poniendo texto a un vals de Chopin—, solo comparable al “Afroscarlatti”, donde confluye el discurso barroco con el imaginario afrocubano a través de los tambores batá y las invocaciones litúrgicas de origen yoruba, entrecruzadas con las del canto lírico de María Felicia.

En Ernán quizá lo más trascendente sea el acervo musical que atesora, en el que confluyen Europa y América como un todo. Su estilo interpretativo propone un cruzamiento entre ambos patrimonios, dando lugar a un producto muy contemporáneo, que deja claro sus orígenes. Por su filiación, hay en su obra un entramado en el que resaltan afluentes de una corriente europea, específicamente francesa —el marcado lirismo y la sutileza son algunos de los rasgos que lo denotan—, y que hereda por tradición familiar. Ernán lo integra y lo devuelve en un quehacer singularísimo que también incorpora elementos de las raíces nacionales.

Con el producto Sacrilegio estamos ante un nuevo ciclo de explotación de la obra. Sus versiones ponen en contacto a la nueva audiencia con un repertorio clásico, nacional y universal, no necesariamente consumido, o aceptado por ellos en su versión original, y al que se acercan desde el jazz, produciendo así nuevos sentidos de una misma matriz, en forma de cadena semiótica.Todo ello produce un efecto notable en una gama bastante amplia de receptores, que de un modo u otro son interpelados y logran una efectiva comunicación con el intérprete.

A la originalidad, el aporte cultural y los valores conceptuales del producto Sacrilegio se añaden la excelencia en la grabación y el sonido impecable de Alfonso Peña, así como la concepción gráfica de Idania del Río y Gilliam de la Torre, junto a la ingeniosa autoría del DVD de Rodolfo Delgado, Rodín. La agudeza perceptible en las notas de Leo Brouwer, considerado el músico cubano vivo más universal, constituyen una carta de presentación ineludible que indudablemente contribuye a la perfección del fonograma.

A esta producción discográfica, que solo tiene fortalezas, se suma una excelente dramaturgia que cuida los clímax y anticlímax a través de un ordenamiento lógico y coherente del repertorio, ya favorecido de antemano por los arreglos y orquestaciones. Tantos valores concentrados en un único producto, solo podían hacer de este el más premiado en el certamen Cubadisco del 2014 (obtuvo el galardón en cuatro categorías: jazz, antología de versiones, CD-DVD y grabación), condición que acuñó con el Gran Premio. Sacrilegio es, sin lugar a dudas, uno de los testimonios más valiosos y trascendentales en toda la historia de la discografía cubana.

Texto del informe sobre el CD-DVD Sacrilegio, de Ernán López-Nussa  presentado por el jurado de Cubadisco 2014.

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