Hélice. Hojas de arte nuevo

Cira Romero • La Habana, Cuba

La creación en La Habana del Grupo Minorista, a pesar de su carácter espontáneo e informal, libre de cualquier sistema organizativo preestablecido—careció de estatutos, de reuniones obligatorias, de pase de asistencia— irradió un notable poder de cohesión entre otros jóvenes artistas del momento, quienes, aunque no formaron parte de ese núcleo gestor, sí compartieron sus inquietudes. Desaparecido hacia 1927, sus ideales, expuestos en el conocido Manifiesto del Grupo Minorista de ese año, fueron asumidos por otros creadores y, en La Habana, en 1932, precisa recordarse el Grupo Maiakovski, activo gracias a la influencia de Pablo Le Riverend, Francisco (Paco) Pita Rodríguez, que devendría en reconocido periodista bajo el seudónimo Paco Pé en la sección “Farandulera” de Prensa Libre, y en las páginas de Bohemia, y Felipe Orlando, narrador y artista plástico. Este grupo, antes de crear su propio órgano, se expresó a través de las páginas que le cedía la revista obrera El Tranviario, que desde 1927 se encontraba en su segunda época.

En febrero del último año citado el Grupo Maiakovski fundó Hélice. Hoja de arte nuevo, y al ver la luz el segundo y último número, en marzo, se le agregó al subtítulo la palabra mensual. Su efímera vida de solo dos números no significa que esta publicación, que llevaba desde su título mismo el sello de la vanguardia, pueda desconocerse en ese momento de renovación artística. Allí publicaron composiciones —poemas, cuentos, críticas literarias y artículos sobre arte y política— figuras como Gerardo del Valle, José Zacarías Tallet, Félix Pita Rodríguez, en París desde 1929, pero desde allí remitía sus colaboraciones, ciudad donde se produce su encuentro con el movimiento surrealista, y María Villar Buceta, entre otros, jóvenes embargados del nuevo espíritu renovador.

Fue precisamente la poesía de Félix Pita Rodríguez la que con mayor fuerza llevó a esta revista las propuestas vanguardistas. A juicio de Roberto Fernández Retamar, sus composiciones de estos años de formación constituyen “expresión de una pura fluencia emocional, cercana al superrealismo, en el cual no hay acercamiento de dos realidades, de que da testimonio la metáfora, sino una nueva y arbitraria organización resultado de soltar las amarras de la razón”. Mientras, Juan Marinello vio en sus composiciones de entonces “el disparate puro”. En Hélice. Hoja de arte nuevo hay textos suyos plagados de incoherencias, que son el resultado de rechazar una línea que le sirviera de guía argumental, heredados, a su vez, de la poesía finisecular francesa.

El despropósito que caracterizó este momento poético inicial suyo es perceptible en versos como “Zodíaco de milagros”, donde se observa también una cadencia interna que logra, hasta cierto punto, nivelar y sosegar los versos:

Zodíaco de milagros
con plata de timones y motores,
de eléctricos marino y pilotos

en jaulas a envidiar por ruiseñores.
Blanca, la Virgen del Retorno Cierto,
cristalizada en aserrín de nieve
conjuga los naufragios con el puerto.
Arcángel de abanico, sin relieve,
cierra su sueño de fotografía

con dedos caramelos de colores
y luz copiada de un calcomanía
que copiaba la luz de las Azores [...]

Composiciones de este estilo hicieron presencia en las páginas de Hélice. Hoja de arte nuevo, y en cierto modo prefiguran lo que sería su libro Corcel de fuego (1948), el único libro de versos publicado por Félix Pita Rodríguez antes del año 1959.

Era esta una época, al decir de Raúl Roa al prologar la Órbita de la Revista de Avance, principal órgano de la vanguardia artística y literaria cubana, cuando “la piqueta revolucionaria”, es decir, la audacia y el inconformismo formaban parte del accionar diario. Y cuando muchos años después el periodista Ciro Bianchi entrevistó a Pita acerca de estos momentos, opinó el también cuentista:

“Tomábamos todo lo nuevo que llegaba de fuera. Nos nutríamos de lo que aparecía en la Gaceta Literaria de Madrid, de las antologías de poesía argentina, uruguaya y mexicana que se publicaban en aquellos días, de los primeros diarios soviéticos que se traducían en España. Fue un arribar de aire fresco a nuestro ambiente al que a menudo se le ha querido negar el pan y la sal. Nuestro vanguardismo tuvo una fuerza renovadora muy grande, fue una especie de escoba que barrió con mucha gente analfabeta que señoreaba entonces en el medio cultural [...]. Al tiempo que propugnábamos la renovación intelectual aspirábamos al saneamiento político del país”.

Y al reflexionar sobre nuestro vanguardismo Fernández Retamar lo juzga con esta afirmación:

Si medimos su altura mirando al trasplante o a la correspondencia de ismos europeos, su balance es menos que el de sus contemporáneos del continente; si en cambio atendemos a lo que quiso ser como renovación de entendimientos y perspectivas y como servicio a objetivos numerosos, luce notas de mayor alcance, en que deba ser absuelto de sus múltiples manquedades.

A Hélice. Hoja de arte nuevo, llevaron Félix Pita y sus colegas de entonces la impronta de una participación distinta en la vida sociocultural del período, y lo asumido por ellos como arte forma parte de las preocupaciones de aquel momento histórico que también conllevó un análisis crítico de las circunstancias de la nación. “El aporte más positivo que me hace el surrealismo —expresó Pita Rodríguez— es la gran libertad que despertó en mí. El surrealismo me dotó de un camino que me permitió bucear en mi interior, y me hizo comprender además, que las palabras pueden ser ellas mismas, que tienen un significado oculto, secreto, que nos es ajeno y aunque a veces, por tanto, no aceptamos”.

María Villar Buceta, mediante composiciones breves y ágiles, llevó a esta revista un conjunto de sensaciones hijas de una artista de garra. Versos “enigmáticos”, como ella misma los cataloga, desconcertantes a veces, autobiográficos en ocasiones, también contribuyeron a enriquecer las dos escasas apariciones que tuvo la revista. Dice la poetisa:

                                       Paz
Un filósofo ha dicho que la mujer no es más
que el reflejo del hombre que encuentra en su camino.
¡He aquí una profunda exégesis!...
                                                     Jamás
descubriste, ¡oh mi dulce corazón femenino!,
al Hombre entre los hombres..., y es por eso que estás
como un niño dormido en la paz de un camino.

Las revistas de vanguardia, que a excepción, quizás, de la Revista de Avance, tuvieron vida más o menos efímera, tienen, sin embargo, en la breve de Hélice. Hoja de arte nuevo una brecha que dio cabida a figuras que, como la de Félix Pita Rodríguez, alcanzarían cotas muy altas en la vida intelectual cubana.

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