Literatura

Aquella larga entrevista de Luis Báez
a Luis Ortega Sierra

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

El famoso periodista Luis Ortega Sierra (La Habana, junio de 1916 - Miami, abril de 2011), considerado uno de los más brillantes y controversiales analistas de Cuba durante varias décadas, fue entrevistado durante muchos años por otro gran periodista, Luis Báez, quien reunió el resultado de sus encuentros en el libro Miami, donde el tiempo se detuvo. Revelaciones de Luis Ortega (Editorial de Ciencias Sociales, 2001). El tiempo transcurrido entre la publicación de este libro y el presente, y entre los años en que Luis Ortega contribuía a grandes polémicas, y su primera visita a Cuba en 1994 luego de un largo exilio; hacen de esta compilación una verdadera joya documental.

Imagen: La Jiribilla

Ortega, quien durante mucho tiempo firmara sus agudos reportajes con el pseudónimo SOL, desempeñó un importantísimo papel en la agitada vida política cubana que utilizaba la prensa como instrumento denunciatorio y provocativo. Hasta la década de los 50 su sección Pasquín, que se publicaba en el vespertino diario Prensa Libre era una de las más leídas del país, nos dice Báez en la “Advertencia” al libro. Por su parte, Aurelio Alonso, nuestro Premio Nacional de Ciencias Sociales más reciente, en un texto que, junto a otro de Max Lesnick, actúa a manera de prólogo, señala: “A Luis Ortega, quien abandonó la Isla en 1959 cuando era ya un periodista consagrado, lo recordamos, sobre todo en Cuba —donde es evidente que la memoria reciente es ejercitada con más frecuencia que la remota—, por sus artículos lúcidos de los años 90 en el diario La Prensa, en Nueva York, y reproducido en la revista Contrapunto, editada en Miami”.

Lesnick, por su parte, abunda en la importancia del testimonio del entrevistado desde la perspectiva de su valor histórico y su honestidad: “Ortega no ha sido nunca un radical. Sin embargo, asistió y contribuyó mucho como periodista a que dos hombres de la vida pública cubana—calificados de radicales— ganaran espacio en la prensa de su época. Uno fue Eduardo Chibás, quien primero como líder del Partido Auténtico y después como senador y aspirante presidencial ortodoxo contó con un Ortega siempre dispuesto a cederle un titular de primera plana para sus denuncias contra la corrupción política de la época. El otro fue Fidel Castro”.

En este punto, cabe añadir que Newton Briones Montoto destaca el vínculo entre Chibás y Luis Ortega Sierra en su libro Dinero maldito, asalto a un banco: “A Chibás le interesaba aparecer en los periódicos y más si era condenando una arbitrariedad. Había nexos entre Prensa Libre, Chibás y Bohemia. Y ellos tres juntos se transformaban en una excesiva carga de pólvora. […] El periódico Prensa Libre y su editor Luis Ortega intervinieron y comentaron sobre los sucesos más importantes de la época de Grau, entre ellos el robo del brillante del Capitolio, el gansterismo y la batalla del reparto Orfila”. (p.220)

Miami, donde el tiempo se detuvo permite un acercamiento convincente al universo miamense en todas sus aristas, observadas (podría decirse “sufridas”) por un experimentado periodista, que valora desde la Historia, de cuyo contenido es profundo conocedor, las relaciones entre Cuba y EE.UU. En varias de las 200 páginas del libro, declara abiertamente su condición de no revolucionario, pero sí de arraigado en la tradición cubana independentista. Con frecuentes alusiones a José Martí, se declara partidario de la soberanía de Cuba, al margen de su filiación a algún Partido, y describe el dolor del emigrado: “No hay nada fuera de la patria que pueda servir de consuelo al desterrado que se queda con las raíces al aire. La tierra del asilo no es la libertad”. (p.54)

Agrupadas según temáticas, las entrevistas (que más bien es una sola, abarcadora), Luis Báez secciona en 15 acápites las revelaciones de su colega y maestro Luis Ortega Sierra, de forma que el lector pueda asomarse a un complicado  panorama que empieza en la década de los años 30 en Cuba, y llega hasta la elección de George W. Bush como presidente de EE.UU. Es de destacar la habilidad con la cual Báez indaga en la vida del reconocido periodista, sin emitir juicios ni tomar partido por una postura determinada, lo que no solo impregna de objetividad a las declaraciones del entrevistado, sino que facilita un diálogo fluido, ameno, alejado de criterios preconcebidos. El sentido del humor criollo es otro aspecto que se manifiesta con creces cuando leemos las opiniones de Ortega. Rozando el desenfado, demuestra que el humor cubano se mantiene intacto a pesar de la distancia y del tiempo. Aunque debajo de su mueca burlona se note la terrible añoranza del desterrado, en más de un momento resulta hilarante la lectura de Miami, donde el tiempo se detuvo.

Como muestra de buen periodismo, como ejemplo de un mano a mano cuyo resultado es espléndidamente educativo, y, sobre todo, por la profunda y raigal cubanía que rezuma este libro, sugerimos rediciones, y su lectura analítica entre los lectores más jóvenes.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato