Entrevista con Krisia López-Nussa

Ernán, siempre urgido de sonidos nuevos

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de la familia López-Nussa

 

El destacado dibujante, pintor, grabador, escritor y crítico de arte Leonel López-Nussa (1916-2004) fue un creador de prolífera y múltiple obra en el mundo de las artes visuales, cuya huella prevalece en el tiempo.

Imagen: La Jiribilla

Leonel López-Nussa junto a su esposa Wanda Lekszycki
 

Su talento artístico siempre encontró motivos de inspiración en la música, y quizá esta constante búsqueda en el mundo sonoro fue la causa de que dos de sus hijos (Ernán y Ruy) y dos de sus nietos (Ruy Adrián, batería, y Harold, piano) clasifiquen entre los más destacados músicos del contexto contemporáneo cubano.

Krisia López-Nussa —la única mujer entre los hijos del pintor— quien durante años se dedicó a colaborar con su padre en la catalogación de sus archivos y, también, en la organización de diversas exposiciones, tuvo la amabilidad de conversar en exclusiva con La Jiribilla, sobre diversos temas. Uno de ellos, obviamente, fue el interés remarcado del artista por representar el mundo de la música —hablan por él exposiciones como Músicos y música, Guitarras, Los músicos de López-Nussa, El danzón, La clave y el pincel, La impúdica es la guitarra y Música y familia, entre muchas otras—. Pero, esa mezcla de imágenes y sonido, ¿cómo influyó en sus hijos?

Imagen: La Jiribilla

De izquierda a derecha Ruy, Ernán, Pablo y Krisia; los hermanos López-Nussa
 

“Mi padre era un melómano empedernido y la música que se escuchaba en mi casa era, básicamente, la llamada clásica. Como dice mi hermano Ernán, ‘la música popular cubana le entraba por las ventanas’. Por otra parte mi mamá era músico —aunque no profesional—; ella tocaba muy bien el piano e incluso la guitarra en algunos momentos que por situaciones económicas no había piano. Mi tía, hermana de mi papá, tocaba la guitarra y estaba casada con un pianista, o sea de alguna manera la música formaba parte de la familia y en varios sentidos era protagonista: desde muy jóvenes mi tía y mi papá escuchaban música, casi como adicción. Mi padre no tenía ninguna dote musical, pero sí influyó en que mis hermanos Ruy y Ernán se inscribieran en el Conservatorio, que estaba inaugurándose en el país. Desde el año 1949 mi padre en su obra representaba a músicos e instrumentos y tal vez tanta música en las paredes de mi casa influyó en mis hermanos o al revés. Creo que, de alguna manera, el hecho de que dos de sus hijos se convirtieran en grandes músicos lo inspiró a él a continuar trabajando e indagando en ese tema”.

Imagen: La Jiribilla

Dibujo de Leonel López-Nussa
 

El quehacer musical de Ernán ha sido reconocido con mucha justeza, ¿cómo era de niño?

Tanto a Ruy como a Ernán los inscribieron muy tempranamente en el Conservatorio, pero hay que reconocer que de niños eran muy activos y retozones, pero a la par estudiaban, entre otras razones, porque mi mamá los presionaba mucho. Ruy y Ernán son los dos más jóvenes —antes estamos Pablo y yo— y desde el principio ellos estuvieron muy conectados con la música, pero no obsesivamente: eran niños que jugaban a la pelota igual que todos los demás y ambos eran muy malditos… aún en el barrio los recuerdan.

Imagen: La Jiribilla

Ernán y Ruy en la década de los 70

Mi mamá sí insistía mucho, sobre todo con Ernán porque se inclinó por el piano, que era su instrumento. Siempre recuerdo algo muy gracioso que, quizá, es el antecedente de Sacrilegio y que acompaña a Ernán desde sus años de estudiante: cuando tenía más o menos ocho años de edad y estudiaba las piezas clásicas obligatorias que exigía el Conservatorio al final, siempre, en algún momento él realizaba alguna digresión hacia el jazz y mi mamá le decía: ‘¡Ernán, sacrilegio!‘. Con el paso de los años me doy cuenta que ese sentido y necesidad de la mezcla ya estaba en él. Siempre tuvo una urgencia por retomar sonoridades y renovarlas. Ese espíritu está en el disco premiado recientemente.

¿El título del disco viene, entonces, por esa anécdota familiar que nos cuenta?

Ya él hacía el ‘sacrilegio’ desde hace muchos años atrás y seguramente el significado de esa palabra ni siquiera la conocía cuando era muy joven. Sacrilegio es un término fuerte; quizá podría haberse llamado Variaciones o algo así, pero creo que en el fondo el quiso darle esa connotación.

Imagen: La Jiribilla

Pintura de Leonel López-Nussa
 

¿Se discute de música cuando la familia López-Nussa se reúne?

Cuando estamos en familia se habla bastante de música, pero no desde el punto de vista teórico; se anecdotiza, se conversa sobre las intervenciones de otros músicos. Sí recuerdo que mi mamá y Ernán hablaban mucho de música; en sus conversaciones le dedicaban tiempo a este tema… dialogaban sobre partituras, sobre jazz, en torno a la música clásica. Mi mamá —muy crítica— siempre tenía opiniones que aportar. Realmente, en las reuniones familiares cuando ella tenía la oportunidad de hacer su aparte con ellos, sí conversaban de música.

Y como hermana, ¿qué es lo que más aprecias o valoras de Ernán?

Me sorprende y emociona su talento, me siento muy orgullosa de Ernán y de Ruy, pero por sobre todo valoro la gran calidad humana de ambos. Soy muy feliz de ser la hermana de ambos y la hija de Leonel y Wanda Lekszycki.

Imagen: La Jiribilla

Pintura de Leonel López-Nussa

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