Cantores...

Carlos Gardel: mi shot de enamorado acaba
de hacer gol

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser,
bajo el ala del sombrero
cuántas veces embozada
una lágrima asomada
yo no pude contener.

Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego,
solo quiero que comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.

23 de junio de 1935: la emisora La voz de Víctor, de Bogotá, presenta un programa especial con el cantor más famoso del mundo en ese instante, Carlos Gardel. De gira por Colombia ha inspirado un estado de euforia popular. Canta en el programa los tangos “Cuesta Abajo”, “Insomnio”, “El Carretero”, “No te engañes corazón”, “Tengo miedo” y antes de cerrar con “Tomo y obligo” se despide del pueblo que lo ha mimado ante los micrófonos; sería su última intervención pública:

 “Antes de cantar mi última canción, quiero decir que he sentido grandes emociones en Colombia. Gracias por su amabilidad tanta. Encuentro en las sonrisas de los niños, las miradas de las mujeres y la bondad de los colombianos un cariñoso afecto para mí. Me voy con la impresión de quedarme dentro del corazón de los bogotanos. Voy a ver a “mi vieja”, pronto. No sé si volveré, porque el hombre propone y Dios dispone. Pero es tal el encanto de esta tierra que me recibió y me despide como si fuera su hijo propio, que no puedo deciros adiós, sino hasta siempre”.

Imagen: La Jiribilla

Tomo y obligo, mándese un trago;
de las mujeres mejor no hay que hablar,
todas, amigo, dan muy mal pago
y hoy mi experiencia lo puede afirmar.
Siga un consejo, no se enamore
y si una vuelta le toca hocicar,
fuerza, canejo, sufra y no llore
que un hombre macho no debe llorar.

Su voz, como flotando en el viento, estremece las almas para quedarse en ellas…está a punto de producirse la tragedia, que tejería la mayor leyenda de la cultura musical latinoamericana.

24 de junio de 1935, 14:58 horas, un avión F31 recibe la orden de salida del aeropuerto de Medellín, en él viaja Gardel con sus guitarristas, Ángel Riverol, Guillermo Barbieri y José Águila, algunos empresarios de cine, y amigos. El avión emprende recorrido por la pista en la cabecera sur, situándose en pista 36 hacia el norte. En la cabecera opuesta el señalero levanta la bandera a cuadros blancos y negros y baja la bandera roja dando con ello la señal de “pista libre”. El F31 acelera sus motores y suelta frenos. Otro avión, comienza su carreteo lento hacia la misma cabecera en donde está decolando el F31. Gardel y sus guitarristas bromean, dentro de la lógica tensión de alzar vuelo; cuando va a despegar ladea, y se estrella contra el otro avión, en segundos un gran incendio, sirenas, bomberos, la multitud lanza un gran gemido, el pánico se expande como explosión. Pocos minutos después la noticia inunda al mundo, muchos no lo creerían nunca. Casi 80 años después siguen latentes disímiles historias de su nacimiento y muerte, su vida está envuelta en la bruma de la leyenda: no hay muerte para Carlos Gardel.

"Yo me siento muy feliz y satisfecho con el homenaje del pueblo. Porque es mi pueblo. Es el pueblo que sufre y ríe conmigo, y que me aplaude. El pueblo que ha formado el pedestal de mi prestigio y mi gloria".

Había dicho Gardel en Bogotá, apenas diez días antes de morir, el 14 de junio de 1935 y en sus palabras están las razones por las cuales ha sobrevivido al tiempo: ese sentirse parte del pueblo, y no sobre él. No se dejó entrampar por la cúspide social, a la cual llegó, pero sin olvidar de dónde provenía; de ahí que no se sentara nunca sobre su fama y sostuviera el sentido humanitario y solidario con los humildes. En una ocasión expresó:  “La gente de distintas partes del mundo podrá tener diferentes costumbres, idiomas extraños. Pero hay algo más hondo en común: la afinidad que nos da saber que todos somos miembros de la familia humana. Todos somos hermanos”.

Silencio en la noche.
Ya todo está en calma.
El músculo duerme,
la ambición trabaja.

Un clarín se oye.
Peligra la Patria.
Y al grito de guerra
los hombres se matan
cubriendo de sangre
los campos de Francia.

Su voz se alza contra la Primera Guerra Mundial, ya para entonces empieza a ser un cantor reconocido. Argentino, porque él lo quiso más allá de su origen tan discutido; aún en la actualidad, Francia y Uruguay lo reclaman como natural de sus tierras. La versión más documentada da a Charles Romuald Gardes, nacido el 11 de diciembre de 1890 a las 2:00 a.m., en el hospital Saint Joseph de la Grave, en Tolouse, Francia. El acta de nacimiento lo declara hijo de padre desconocido y su madre Marie Berthe Gardes, nacida también en Tolouse.

El 11 de marzo de 1893, con dos años y medio llega el niñito Charles a Buenos Aires en brazos de su madre en el vapor “Dom Pedro”, procedente de Burdeos. Entre las grandes necesidades de su vida en solares y mataperreando por los alrededores del gran mercado del Abasto, surgiría el Morocho.  

Imagen: La Jiribilla

Cuando la suerte qu’esgrela
Fayando y fayando
Te largue parao...
Cuando estés bien en la vía,
Sin rumbo, desesperao...
Cuando no tengas ni fe,
Ni yerba de ayer
Secándose al sol...

Cuando rajés los tamangos
Buscando este mango
Que te haga morfar...
La indiferencia del mundo
Que es sordo y es mudo
Recién sentirás.

Carlitos, casi niño, se metía, en los teatros como mandadero o tramoyista, donde zarzuelas y cantos italianos encantaban espíritus; rondaba los circos y bares donde empinaban sus cantos improvisados los payadores… era la Buenos Aires de inicios del siglo XX que empezaba a ser cosmopolita, floreciendo con el empuje de los emigrantes; músicas diversas confluían en el alma de Gardel.

Viejo café cincuentón
Que por la Boca existía,
Allá por Olavarría
Esquina Almirante Brown.
Se estremeció de emoción
Tu despacho de bebidas,
Con las milongas sentidas
De Gabino y de Cazón.

En tus mesas escucharon
Los reseros de Tablada
Provocativas payadas
Que en cien duelos terminaron.

Este tango de Enrique Cadícamo y Ángel D´Agostino, recoge la atmósfera de aquellos días, un joven que aprende a tocar la guitarra, Carlos (Gardes, por entonces), empieza a adquirir cierta “familla” de cantar bien, en el barrio del Abasto.

Histórico bodegón
Del “Priorato” y del “Trinchieri”
Donde una noche Cafieri
Entró a copar la reunión.
Traía un dúo de cantores
Y haciendo, orgulloso, punta,
Dijo: “Aquí traigo una yunta
que cantando hace primores”.

Era costumbre por entonces echar a “pelear” a los payadores, como en las controversias cubanas, a improvisar cantos; precisamente este tango recoge el encuentro que abriría las puertas del canto a Carlitos, cuando entra en un mano a mano con José Razzano en 1911.

Imagen: La Jiribilla

Y con acento cordial
Fue diciendo medio chocho:
“Este mozo es el Morocho
y éste, Pepe, el Oriental”.

Un aplauso general
Al dúo fue saludando,
Y el Morocho iba templando
Lo mismo que el Oriental.
Templaron con alegría
Sus instrumentos a fondo,
Y el silencio era tan hondo
Que ni las moscas se oían.

Y entre aplausos, vino y chopes
Y “esta vuelta yo la pago”,
Iba corriendo el halago
Tendido a todo galope.
“A mi madre”, “La pastora”,
“El moro” y otras canciones,
Golpeaban los corazones
Con voces conmovedoras.

¡Ah! Café de aquel entonces
De la Calle Olavarría,
Donde de noche caía
Allá por el año once...
De cuando yo, en mi arrabal
De bravo tuve cartel,
Y el Morocho era Gardel
Y Razzano, el Oriental.

Es por esta época que Carlos adapta su nombre al español cambiando su Gardes por Gardel. Realiza la primera gira por el interior de la provincia de Buenos Aires, junto a un amigo también guitarrero y cantor, Francisco Martino, luego se incorporan José Razzano y Saúl Salinas. Emprenden una nueva gira por el interior, pero antes de finalizarla, el cuarteto sufre la baja de Salinas. Continúan con el nombre de “Terceto Nacional”, pero al poco tiempo se desvincula Martino. Gardel y Razzano regresan alicaídos a Buenos Aires, pensando que no habían nacido para artistas. El 18 de junio de 1915, el dúo debuta en Montevideo, en el Teatro Royal, y luego se presenta en Brasil. Durante el viaje a Río de Janeiro, conocen al gran tenor italiano Enrico Caruso quien elogia la voz de Gardel.

El 11 de diciembre de ese año, el día que cumplía 25 años, Gardel recibe un balazo en un pulmón durante una reyerta en el Palais de Glace, en Buenos Aires. No tuvo graves consecuencias pero el cantor llevó ese proyectil de por vida.

En 1912 registra sus primeras 15 grabaciones para el sello “Columbia” acompañándose él mismo con su guitarra, siendo el primero de los temas "Sos mi tirador plateado" que compuso, con letra de Óscar Orozco. Esta pieza la regrabaría en 1933 con el título de "El tirador”:

Sos el tirador plateado
Que a mi chiripá sujeta
Sos eje de mi carreta,
Sos tuses de mi tostao.
Sos el pañuelo bordao
De un pobre gaucho cantor,
Sos la prienda más mejor,
De mi chapeao de paseo,
Sos yapa de mi sobeo,
Sostrienza de mi arriador.

Por aquellos tiempos el tango era solo una música para bailar, instrumental, y mal mirada, había estado incluso prohibida por ser considerada inmoral. En 1917 Gardel grabó el primer tango cantando “Mi noche triste”, originalmente era un tema musical compuesto por Samuel Castriota titulado "Lita" al que Pascual Contursi le puso letra:

Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida,
Dejándome el alma herida y espina en el corazón,
Sabiendo que te quería, que vos eras mi alegría
Y mi sueño abrasador,
Para mí ya no hay consuelo y por eso me encurdelo,
Pa olvidarme de tu amor.

Giras, sobre todo, por la Argentina y Uruguay, van expandiendo la popularidad del dúo Gardel-Razzano, en una época en que solo el contacto directo con el público te daba a conocer, pues apenas la radio y las grabaciones de discos comienzan. José Razzano presenta serios problemas con la voz y tiene que dejar de cantar, aunque siguió con Gardel atendiendo las giras y negocios.  

Imagen: La Jiribilla

Carlos Gardel fue uno de los que más canciones grabó en los inicios, prácticamente, del mundo discográfico. Estuvo muy pendiente, y fue parte de las mejoras tecnológicas de entonces. El repertorio de los comienzos de El zorzal criollo (como también le llamaron) estaba compuesto básicamente por canciones camperas; milongas, valses, criollas, vidalitas, piezas de los payadores que depuraba. Compuso, especialmente música con textos de otros, aunque muchas letras las pulía; sus mejores creaciones se deben a su dúo autoral con Alfredo Le Pera que incluye títulos como: “Cuando tú no estás”, “Cuesta abajo”, “El día que me quieras”, “Sus ojos se cerraron”, “Volver” y “Melodía de arrabal”.

Barrio... barrio...
Que tenés el alma inquieta
de un gorrión sentimental.
Penas... ruegos...
Es todo el barrio malevo
melodía de arrabal.

Mucho se ha escrito de la fama que adquirió Carlos Gardel, hasta convertirse en el ídolo latinoamericano ante los ojos del mundo, pues conquistó Europa, especialmente Francia y España, los EE.UU. y claro que nuestro continente. La imagen de cantor elegante, mujeriego, le acompaña. Se sabe que visitaba, desde muy joven, casa de citas de mujeres (prostíbulos), pero en cuanto a las féminas con quienes estuvo casado o sostuvo relaciones estables, fue bien reservado.

Era un apasionado amante a las carreras de caballos, el jinete Maschio Leguizamo estuvo entre los amigos cercanos de Carlos Gardel, y compitió muchas veces  montando su caballo Lunático, con el cual consiguió muchas victorias. Tangos como “Por una cabeza” describen esta pasión, y otra canción en la que el morocho le canta a su amigo Leguizamo y en la que describe una carrera con lujo de detalles:

Alzan las cintas; parten los tungos
como saetas al viento veloz...
Detrás va el Pulpo, alta la testa
la mano experta y el ojo avizor.
Siguen corriendo; doblan el codo,
ya se acomoda, ya entra en acción...
Es el maestro el que se arrima
y explota un grito ensordecedor.

"Leguizamo solo!..."
gritan los nenes de la popular.
"Leguizamo solo!..."
fuerte repiten los de la oficial.
"Leguizamo solo!..."
ya está el puntero del Pulpo a la par.
"Leguisamo al trote!..."
y el Pulpo cruza el disco triunfal.

No hay duda alguna, es la muñeca,
es su sereno y gran corazón
los que triunfan por la cabeza
en gran estilo y con precisión.
Lleva los pingos a la victoria
con tal dominio de su profesión
que lo distinguen como una gloria,
mezcla de asombro y de admiración.

Como es de suponer, un argentino arrabalero como Gardel, habrá jugado fútbol desde pequeño. Ya siendo un cantor reconocido, acompañó a equipos en grandes eventos.

Cuenta el escritor Eduardo Galeano que “en la final de la Olimpiada del 28, en Ámsterdam, Uruguay iba a disputar esa final contra Argentina. El día anterior, Carlos Gardel había cantado para los jugadores argentinos en el hotel donde se hospedaban. Para darles suerte, había estrenado un tango llamado “Dandy”. Dos años después, se repitió la historia: Gardel volvió a cantar “Dandy” deseando éxito a la selección argentina. Esa segunda vez fue en vísperas de la final del Mundial del 30, que también ganó Uruguay.

Muchos juran que la intención estaba fuera de toda sospecha, pero más de uno cree que ahí tenemos la prueba de que Gardel era uruguayo”.

Imagen: La Jiribilla

Después de esas dos finales comenzó la rivalidad futbolística que llega hasta el día de hoy. Carlos Gardel organizó tiempo después en París, un recital para ambas selecciones intentando terminar con ese rencor, pero todo finalizó en una gran pelea. Se dice que el jugador argentino Raimundo Orsi se defendió del ataque del uruguayo Leandro Andrada pegándole con un violín Stradivarius de uno de los músicos de la orquesta.

Por otra parte, Gardel también era admirador del club Barcelona y amigo personal de los jugadores José Samitier y Ricardo Zamora, a quienes había acompañado y alentado en una durísima final contra el Real Madrid. Luego estando en París también fue a verlos en un partido que disputaron contra los ingleses.

Para terminar, les cuento que el morocho era hincha fanático de Racing, y admirador del jugador Pedro Ochoa, a quien quiso inmortalizar con un tango titulado “Patadura”. El título obviamente no se refería a él, pues más bien se burla de un mal jugador, pero sí le hace un homenaje nombrándolo en algunos versos que dicen “ser como Ochoíta / el crack de la afición…” y “hacer como Ochoíta / de media cancha un gol”.

Volveré, en próximo artículo sobre Carlos Gardel, ahora aprovecho estos días de mundial, en los que la América nuestra, y Nueva, está de fiesta, para brindar con este tango futbolístico que inmortalizó la voz de Carlitos. Celebremos también la llegada de Telesur, y el encuentro diario de Diego Armando Maradona y Víctor Hugo Morales, con ese programazo en que los latinoamericanos somos un solo pueblo, como soñaran Bolívar y Martí y como empezaron a cumplir Fidel, el Che, Chávez, Evo, los Kischner, Ortega, Mujica, Correa, Lula, Maduro y otros muchos líderes que van surgiendo empinados por nuestros pueblos que han despertado y echado a andar.

 

Patadura

Música: José López Ares
Letra: Enrique Carrera Sotelo

 

Piantáte de la cancha, dejále el puesto a otro
de puro patadura estás siempre en orsay;
jamás cachás pelota, la vas de figurita
y no servís siquiera para patear un hands.
Querés jugar de forward y ser como Seoane
y hacer como Tarasca de media cancha gol.
Burlar a la defensa con pases y gambetas
y ser como Ochoíta el crack de la afición.

Chingás a la pelota,
chingás en el cariño,
el corazón de Monti
te falta, che, chambón.
Pateando a la ventura
no se consiguen goles.
Con juego y picardías
se altera el marcador.

Piantáte de la cancha que hacés mala figura
confouls y brusquedades te pueden lastimar
te falta tecnicismo, colgá los piparulos
de linesman hay puesto, si es que querés jugar...
El juego no es pa' otarios, tenélo por consejo
hay que saber cortarse y ser buen shoteador...
En el arco que cuida la dama de tus sueños
mi shot de enamorado acaba de hacer gol.

Sacáte los infundios,
vos no tenés más chance.
Ya ni tocás pelota,
la vas de puro aubol,
te pasa así en el campo
de amor, donde jugamos:
mientras corrés la liebre
te gano un corazón.

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