Intersecciones

Festuge por el medio siglo del Odin Teatret (II)

Omar Valiño • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet

Y el 22 de junio concluyó la Festuge. Con el festival, el cumpleaños 50 del Odin Teatret. Pero esa jornada sola fue tan larga como la fiesta misma. El jubileo solar confirmó su presencia con la enorme tela amarilla que cubrió la hierba del céntrico parque de Holstebro donde Eugenio Barba delimitó el espacio escénico de “Si el grano no muere”, el primer movimiento de Midiendo el tiempo.

Imagen: La Jiribilla

Gran ensamblador, Barba combina las muestras de cada una de las entidades participantes en la Festuge. Fusiona el ballet de adolescentes de Holstebro con sus pariguales kenianos. Hasta intercambian aditamentos de sus respectivos vestuarios y culminan en una rueda común. Los deslumbrantes trajes balineses se mezclan con los escultóricos cuerpos negros de Kenia. Los tambores brasileños con los salmos de la tradición danesa y, sin prejuicios, una conocida melodía de Madonna guía a los niños de la localidad en su tabla gimnástica.

También los balineses danzan junto a los kenianos. La banda toca Aida, de Verdi y los italianos se burlan de su estereotipo apegado a los espaguetis. Transcurre el tiempo entre escenas cómicas y escenas festivas, otras irónicas. Ilé Omolú saca a pasear, desde Salvador de Bahía, a Yemayá, Ochún y Shangó. Y un dragón balinés asoma por allí.

El Odin Teatret ofrece uno de sus conocidos performances para los espacios abiertos. Entre otros, el Oso, el Cazador, La Muerte ironizan sobre el amor, el matrimonio, la muerte, la maternidad… “We are de world”, cantan sus niños, aunque saben que La Muerte siempre los pesca. Por el contrario, la danza macabra de Mashkunt, con las máscaras de Déborah Hunt, asumidas por ella, Carolina Pizarro y Julia Varley concluye para sus criaturas que “ningún futuro se vende”. El canto maravilloso del sur de la India llega con Parvaty Baul, a quien se une Iben Nagel Rasmussen y el violín de Elena Floris.

Imagen: La Jiribilla

En fin, el concierto de tradiciones, saberes y experiencias culturales que alimenta y seguirá alimentando el quehacer del teatro. Y la confirmatoria presencia de África, América Latina y Asia en Europa como testimonio de la obsesión de Eugenio por encontrar, y hacer encontrar, de manera real, a la gente, a sus culturas, a los individuos de todo el mundo.

Así logró el Odin Teatret, y lo reitera en “Si el grano no muere”, que esa sociedad de Holstebro, antes relativamente aislada y cerrada, se abriera al conocimiento de otros, algo que buscan hoy en el planeta muchas políticas locales, nacionales o universales en aras de la integración social como frente contra cualquier discriminación.

Por otro lado, esa “reunión” de prácticas escénicas diversas le permitió postular su concepto de la antropología teatral, ciencia tan discutida, pero base fundamental en los últimos 35 años para profundizar en las culturas tradicionales del Oriente y en las no menos valiosas y sepultadas de Occidente.

El público allí, por miles, disfruta hasta el delirio. No cuesta trabajo percatarse de que se reconoce en esa participación junto a su grupo de teatro. Es el máximo a lograr por una agrupación artística: fundar un espacio entre los suyos, una tradición para compartir experiencias.

Comparte la presencia más directa de Cuba en el espectáculo. El actor Kai Bredholt, montado a caballo, declama, en español y danés, estrofas de los Versos sencillos, de Martí. De la larga relación trasatlántica, multiplicada en decenas de visitas desde finales de los años 80 —con dos giras del ensamble completo en 1994 y en 2002—, nace el conocimiento de versos martianos que resulta un símbolo de nuestra relación entre dos islas flotantes.

Bajo un inusitado sol, otro icono despide el espectáculo al mediodía. Reproducciones de la escultura que Alberto Giacometti que Holstebro compró en el mismo periodo que se instalaba allí el Odin, salen a volar tiradas por globos blancos. En el cuerpo delgado de esa mujer de Giacometti, Holstebro viaja por el mundo. Los espectadores cantan una canción de vieja melodía y texto nuevo. ODIN 50 se quema sobre el agua del río.

Imagen: La Jiribilla

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