Conversación con Enrique Plá

Apóstatas en el templo de Orfeo

Fotos: Cortesía de Producciones Colibrí
 

“Había que venir a estudiar a La Habana, no había otra opción”. Con estas palabras inició su intervención Enrique Plá —villaclareño de cuna— mientras sintonizaba un partido de fútbol en la sala de su casa correspondiente a las transmisiones del mundial. “Los giros de nosotros tienen más movilidad en la capital”— proseguía en interludio.

A la vista teníamos una conversación que como pegada de balón, o platillos en un drums, movía las acciones comunicativas de un lado a otro. A un baterista nunca le faltan acompasados desplazamientos entre anécdotas y aprendizajes pasados. Menos a Plá que ha ejercido la docencia y la música por tantos años. De su más reciente incursión también nos conversa. Para ello prefiere divertirse con el límite entre lo sacro y lo profano y así, consumar el Sacrilegio.

Imagen: La Jiribilla

Plá, háblenos de sus inicios cuando, en medio de su servicio militar obligatorio, se convierte en uno de los fundadores de Irakere y desde ya, dota a la emblemática agrupación de un sello inigualable en la percusión.

Soy de la Orquesta Cubana de Música Moderna, donde va seleccionado Paquito, Chucho, Oscar, Sandoval, Varona… Qué pasa, en esa orquesta trabajamos juntos, pero se hicieron pequeños grupos, cuartetos, tríos de jazz, quintetos, octetos, y esos grupos funcionaban dentro de la orquesta para hacer música solo y acompañamiento en algunos casos. En los tres años en que estoy en el servicio militar obligatorio, con Sandoval, es que ellos deciden hacer Irakere como tal. Ahí es cuando llaman a Bernardo García que es fundador de la agrupación. El que trabajaba con ellos era yo, pero estaba en el servicio. Por eso es que Bernardo García es el fundador de Irakere. Yo no estaba en la orquesta en ese momento. Pero no importa. Pasó y todo fue muy bueno.

Con Irakere se trató de hacer una percusión diferente, siempre tratando de elaborar cosas de nuestras raíces y de la influencia de la música internacional como el jazz, el rock. Se trató siempre de mantener una línea donde se uniera todo pero que a la vez fuera diferente, cubana. Una intención de llevar los instrumentos folclóricos, que solo se usaban con motivos religiosos, a la música popular pero mezclados con este instrumento que toco, que es la batería. Para poder mezclarlos se debe conocer algo de percusión cubana. Ese es el trabajo que nosotros realizamos.

A mí me gusta mucho el jazz y el rock. Básicamente soy un baterista jazzista. Aunque también toco la música popular cubana y aprendí a hacer la ritmática cubana. Eso me dio mucho bagaje para poder utilizar elementos sonoros de la percusión cubana, sin perder la cubanía, con un instrumento como la batería que no es cubano. Sin embargo, cuando tú le das la connotación y la intención del sabor de la fraseología con la que se hace la música cubana y la percusión, sientes algo diferente. Eso es lo que hemos hecho nosotros: Changuito, Blas Egües, Emilio del Monte (padre) y ya después todas las generaciones que han venido detrás y, por supuesto, yo ahí entre ellos. Siempre con un aporte porque es la cosa de la juventud.

El primer corte fue mezclar lo cubano con el estilo norteamericano e internacional, pero después yo tuve que hacer concesiones a lo cubano porque si no, no se fusionaba bien. Entonces tuve que incorporarle a mi batería las campanas, pero las campanas como si hubiera un bongosero, un percusionista, o sea, poner las campanas a mi izquierda y tocar con la derecha la batería. Se fueron haciendo cosas que el trabajo pidió. Fui probando hasta ir conformando las sonoridades. Y esos son los estilos que se van creando de una agrupación y cuando viene un suplente a hacer tu trabajo, tiene que hacerlo igual que tú. Después él le va poniendo sus aportes, pero si de primera el suplente quiere cambiarlo, ya ahí no funciona la cosa. Como pasó una vez que pusieron a un baterista joven muy calificado, pero que no fue capaz de interpretar adecuadamente. A lo mejor viene otro que lo hace mucho mejor que uno, pero siempre existe la primicia de la intención de cómo hacerlo. Esto es muy importante.

Entonces qué pasa con el Sacrilegio. La batería es un instrumento acompañante y toma su connotación de solista cuando tú eres capaz de introducirla dentro de la música que está sonando, cualquiera que sea la música, pero que tú estés en tu nivel, nunca por encima del solista, ni de los otros instrumentos. Tú incorporado a esos instrumentos. Esa es la facilidad que he logrado a partir de las experiencias, y por gustarme he hecho este trabajo de Sacrilegio, que también lo han hecho Ramsés Rodríguez y Ruy Adrián López-Nussa. Cada cual con su estilo, ha contribuido en Sacrilegio a incorporar la batería dentro de una connotación medio clásica, popular, pero siempre respetando las sonoridades y los niveles de matices que son muy difíciles de interpretar en la batería. La batería tiene tendencia a tocar muy fuerte normalmente y para tocarla piano, hay que controlarla bien. Hay que controlar las baquetas con la que tocas para que no se te vaya la mano ni la sonoridad. Este es el secreto de un trabajo que me encanta y hago con mucho gusto.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuándo se produce entonces la inserción suya dentro del trío que dirige Ernán?

Bueno, Ernán hace el trío inicialmente con Carlos Emilio en la guitarra y con Yanni en el bajo. Después Carlos no quiso seguir. Ernán habló conmigo y entré. Hicimos Pas de trois que es el álbum anterior que fue premiado. Y entonces Sacrilegio es algo que él tenía en mente. Como él lo ha explicado en varios medios, incluso en el DVD también lo menciona: que él tenía esas inquietudes, pero por el rigor que tiene la música clásica —y más que su madre tocaba ese tipo de música— le exigía mucho. Ya reconoce que tiene edad para hacerlo. Entonces empezó a probarse y nosotros lo ayudamos.

¿Pudiera describir brevemente el proceso de grabación del álbum?

Se ensayó. A veces hacías una grabación que pensabas que estaba bien y después Ernán se la llevaba y la escuchaba, y en muchos casos repitió números. Regresábamos al estudio porque es muy importante que en un trío haya unión de los tres instrumentistas, como si fuéramos uno. Es pensar cada cual en el instrumento que le corresponde y con el nivel de acompañamiento que lleva cada uno. Hay que pensar de esa forma para que suene como un instrumento. Ya después se le adicionan otras cosas, como el batá, las voces… y yo estoy muy contento con este premio que ganamos y además con el trabajo realizado.

¿Cómo se siente a propósito de ser laureado en un certamen que muchas veces lo tiene como jurado?

Bueno sentí que no participé. No sabía nada, pero en el Festival del Tambor que yo estaba de jurado me dicen la gente del Cubadisco lo bueno que estaba lo que presentó Ernán (Sacrilegio). Y les respondo: “Ah, salió el disco. Se hizo con amor”. Eso fue por el mes de marzo y el álbum ha venido cogiendo fuerza porque está muy bien hecho el trabajo: muy fino musicalmente, con los matices. Y le decía a Ernán que sin planearlo nos salió una cosa como lo que nos estaban pidiendo: cultural, con nivel. Nos quedó bien, por lo menos en el aspecto de la música de concierto con el corte popular.

¿Cuál ha sido la fórmula para mezclar componentes que pudieran decirse contradictorios —aunque solo en apariencia— para producir un resultado tan refinado como Sacrilegio?

Los puntos de encuentro son muy importantes. Bueno, en el caso mío, toco cuando está la música. Cuando se va haciendo la música él (Ernán) me dice: “Mira, aquí yo quiero esto”. Él pide muchas cosas con una lógica por ese talento que tiene de director musical y pianista. Entonces me comenta: “¿Qué te parece esto? Vamos a poner un platillo aquí”. Te ayuda mucho a trabajar, y también puedes aportar. Este es un trabajo de colectivo: el director tiene la visión y el compositor, por supuesto, es el que tiene la última palabra.

El trío presume de tres experiencias (la mía que tengo 65, Ernán que tiene 53 y Gastón con 25 años) y del gusto por la música —la bien hecha— con nivel de improvisación y de rigor musical. Eso nos une. Tanto el rigor que uno tiene que tener musicalmente para las interpretaciones y concepciones técnicas, como el nivel de improvisación y de creatividad. Son cosas que van muy acopladas.

Traje una crítica de Santa Clara, donde dice la periodista que lo que más le impresionó fue el nivel de los instrumentistas y la intención de no opacarse unos a otros. Eso está muy bien logrado. Cuando él está improvisando y hace un matiz, yo que lo estoy acompañando no puedo estar ajeno a eso: tengo que musicalmente sensibilizarme y saber por dónde va él. Cuando va a “pianar” ya yo tengo que venir piano. No puedo darme cuenta en ese momento. Son detalles muy importantes. En la percusión eso es muy difícil, pero se logra, con experiencia y escuchando. La sugerencia mía para los jóvenes es que hay que escuchar muy bien la música que uno está tocando y darse cuenta de los detalles que hay, y lo que le piden los compañeros que están tocando con uno: los músicos, el bajista. Todos siempre te dicen algo. Así se va conformando un nivel de expresión muy complejo y muy musical. Yo lo veo de esa manera.

Ernán ha publicado en su sitio oficial bajo el título “Lo sacro se divierte”, sus fuentes motivacionales al momento de hacer Sacrilegio. Para él cuenta de muy significativa la proximidad que tiene el ejercicio al “juego con el límite entre lo sagrado y lo profano” ¿Cómo se integra Plá a esta experiencia, a esta sensibilidad?

Me voy integrando por la música. El punto mío es la música, de cómo él la hace, de cómo él la expresa. Si lo hace piano, si lo hace fuerte, si lo hace con el estilo romántico, con el estilo clásico. Entonces me voy dando cuenta porque la música es lo más importante. En este caso el punto de comunicación mío con Ernán, es la música. No sé el de Gastón pero debe ser el mismo. Con esa sensibilidad tú tienes que familiarizarte. Cuando yo trabajaba con Chucho, llegué a pensar como Chucho, siempre sabiendo las cosas que a él no le gustaban para no hacerlas. Por ahí no se puede pasar. Y eso hace el trabajo del percusionista más riguroso.

Siempre digo que mi instrumento es como un elefante dentro de una cristalería. Tienes que aprender a caminar por esa cristalería sin que se rompa ningún cristal. Y lo más importante: “hacer la música, proyectar la música —como dice Ernán— para que salga orgánica”. Cuando la música en un trío o en una orquesta sale orgánica que sientes que suena agradable, olvídese, lo mismo puede ser reggaetón o lo que sea. Lo que pasa es que, por supuesto, en la música de concierto, la clásica, la sinfónica y en este tipo de inclusión que hemos hecho nosotros, es muy importante tener los patrones bien definidos de estas tipologías musicales para saber hasta dónde puedes llegar y hasta dónde no debes de llegar.

¿Por qué su Santa Clara natal fue escogida una de las tres plazas primadas donde se llevó el álbum?

Me da la impresión que siempre se pensó en las provincias centrales: Cienfuegos, Santa Clara, Sancti Spíritus. Según manifestó Ernán en una entrevista, le llama la atención Santa Clara por el nivel de las artes que tiene en general, siempre muy definido. O sea, hay un buen movimiento en cuanto a los músicos, al teatro. De allí han salido muchos actores y humoristas buenísimos. Yo estaba viendo una reseña que habla de los percusionistas y bateristas, y unos cuantos son de Santa Clara.

Imagen: La Jiribilla

¿Se trabaja en estos momentos en un nuevo álbum?

Ernán sí tiene hecho dos discos más con su familia. Creo que salen para el próximo año. Hay que entrevistarlo a él, que es el que puede dar más detalles sobre eso.

¿Cuál es —según usted— el mejor regalo que se puede llevar el público nacional con Sacrilegio?

Pienso que aunque es algo que se ha hecho en otros estilos, con la música clásica, aquí lo que encuentras es una concentración de lo clásico donde hay cosas de jazz, afro… rumba, danzones. O sea, que está presente en todos los temas una influencia improvisativa, melódica y ritmática de la música cubana.

Es un trío de jazz con los diferentes integrantes en este caso. Es la música clásica con las influencias de nosotros. Un trío de jazz, pero cubano. Ese mismo trío fue el que tocó en casa de Sting. En mayo del año pasado nosotros fuimos a un evento del vino y el almuerzo final él lo dio en su casa en Florencia. Allí tocamos más de 45 minutos todas esas cosas diferentes. Al final la gente se quedó sorprendida y dijeron que nunca habían visto unos músicos tan completos. Es un trabajo que lo hemos hecho con gusto.

Cuando veas el DVD íntegramente te vas a dar cuenta de los detallitos. María Felicia cantando una cosa clásica, Kelvis Ochoa que hizo unas letras dentro de lo clásico y termina en una rumba. Esas son ideas de Ernán, que como él dice se le ocurrían, pero no se podían hacer. Por eso le pone Sacrilegio.

En palabras del maestro Leo Brouwer: “Ernán López-Nussa vuelve a sorprendernos con “ejercicios de estilo” de un acabado artístico tan creativo como grande. ¿Cuánta tradición hay en Cuba en estos “ejercicios” y cuál ha sido la singularidad de Sacrilegio dentro de ellos?

A Leo Brouwer le gustó mucho por el trabajo que se hizo y a Silvio también, pero lo que hicieron con el boceto de Leo está estelar. Está muy bien hecho… Eso es algo que tiene la música cuando los músicos se compenetran, cuando son músicos con calidad y compenetración de improvisación. Entonces se logran esas cosas. He hecho cosas similares con Frank Fernández y con él de igual forma me sucede porque es muy talentoso en ello.

Aquí siempre ha existido esa tradición. Nosotros lo hicimos en Irakere con Beethoven, Mozart, Lecuona. Dentro del trabajo de conciertos de Irakere está todo eso. Lo que pasa es que este álbum de Ernán está muy original. A lo mejor no trasciende tanto, pero creemos que sí porque está hecho con gusto, con ganas y mucha musicalidad. Esperemos que se recuerde siempre como algo que se trató de hacer, no tanto como nuevo, pero sí con diferentes matices que no se habían hecho antes. Con Sacrilegio se hizo una mezcla de todo y eso lo hace muy interesante.

Si no llevara el nombre de Sacrilegio, ¿Cómo usted cree que podría llamarse lo que han hecho con este álbum?

Bueno, yo no sé. Honestamente tendrías que preguntárselo a Ernán. Podría ser un Sacrilegio de un Sacrilegio o no, pero no se me ocurre nada. Eso sí, tendría que hacerse como se pensó este disco: con los temas más conocidos de la música clásica, como hicimos nosotros, para que ya cuando la gente empiece a escuchar las cosas clásicas conocidas, les preste mayor atención.

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