Entrevista con Mario Picayo Rivera

Invertir en libros, es invertir en futuro

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Nos visita por estos días, para presentar su primer libro publicado en Cuba por la Editorial Gente Nueva, Mario Picayo Rivera, cubano residente en Nueva York, fundador de Editorial Campana y Campanita y activo editor de la mejor literatura del Caribe en todo el ámbito de las islas anglófonas y entusiasta promotor de la mejor literatura.

Imagen: La Jiribilla

Mario nació un 12 de octubre 1957 en La Habana, luego vivió con su familia en las Islas Vírgenes, Puerto Rico y entre su obra publicada destacan: A Caribbean Journey from A to Y (Read and Discover What Happened to the Z) Un viaje por el caribe de la A a la Y (lee y descubre que le sucedió a la Z); Una gata muy inteligente / A Very Smart Cat (edición bilingüe); Four Wishes for Robbie (Cuatro deseos para Robbie); Fun, Fun, One Crab on the Run (¡Que divertido! un cangrejo va corriendo); The Shark and the Parrotfish and Other Caribbean Fables; El tiburón y el pez loro y otras fábulas caribeñas. Con excepción de Una gata muy inteligente, todos los demás títulos han sido seleccionados para los programas de literatura infantil del gobierno de las Islas Vírgenes EE.UU. El Caribbean Journey es uno de los libros de mayor venta en el caribe anglófono habiendo sobrepasado los 100 mil ejemplares.

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¿Qué te hizo acercarte al mundo de la literatura?

Nací rodeado de libros. En mi casa había dos lectoras ávidas, mi mamá (Sonia Rivera Valdés) y mi abuela (Ángela Valdés). Mi abuela, de Güines, era huérfana, fue a la escuela hasta el tercer grado, pero gracias a la tabaquería, donde trabajó desde los 13 años, y a otras circunstancias durante su niñez, desarrolló una gran pasión por la lectura. Dice mi mamá que cuando era niña nunca había dinero en la casa, pero libros sí. Mi abuelo, que era tabaquero, a veces compraba los libros del lector una vez terminaba de leérselos a los obreros. Entonces, esa relación casi orgánica con los libros la desarrollé muy temprano. Aprendí a leer, y descubrí en los libros una fuente interminable de conocimiento, de aventuras y de amigos. Era increíble para mí que preguntas que le hacía a mi mamá o a las maestras y que no me podían contestar, los libros, como por arte de magia proporcionaban las respuestas. Era eso, magia. Leía y leía, y sigo leyendo mucho. En la Universidad de Kent State, en Ohio, empecé estudiando Biología con una segunda especialización en Literatura y fui de los fundadores de Punto de vista, la revista del departamento de lenguas romances. Casi terminé la licenciatura en biología pero me quedé corto por unos créditos de química que no terminé, así que mi título universitario es en Literatura. Mi interés en la ciencia lo canalicé por la fotografía, pero esa es otra historia, y ahora con los libros infantiles donde los temas de ciencia, sobre todo de biología, me interesan mucho.

¿Puedes hablar para los lectores cubanos del proyecto de Campana y Campanita?

Fui miembro fundador, en 1999, de LART (Latino Artists Round Table), Mesa Redonda de Artistas Latinos, una organización cultural sin fines de lucro con sede en Nueva York. Fue a través de nuestras experiencias como gestores culturales con LART, creando eventos literarios, teatrales, de artes visuales, de música, que entendimos la necesidad de publicar una literatura escrita desde otra perspectiva y con otra visión del mundo. Campana surge como respuesta a esa necesidad de darles a los escritores latinos, y luego también a todos los caribeños, un espacio donde publicar obras de obvia calidad literaria, pero que por razones de temática, prejuicios sociales, políticos, raciales o por no atenerse a los patrones canónicos, o a la literatura de moda, no se publicaban. En 2003 doy los primeros pasos con Editorial Campana con la publicación de Historias de mujeres grandes y chiquitas de Sonia Rivera Valdés y Escenas para turistas de Jacqueline Herranz-Brooks. Después de esos dos libros, me tomó cinco años armar la editorial. En 2007 nace oficialmente Editorial Campana y Campanita Books. Ya con las novedades de 2007 iniciamos también las ediciones simultáneas en español e inglés y lanzamos los libros infantiles bilingües.

Ese fue otro factor importante que nos llevó a crear la editorial, la necesidad de libros bilingües y de libros en ediciones en ambos idiomas (inglés y español). En 2009 presentamos el sello editorial Little Bell Caribbean (Campanita Caribe) que con una línea editorial similar, también se impone la tarea de ayudar al Caribe, sobre todo a las Antillas menores anglófonas, a crear una literatura infantil autóctona, con temas locales y escrita por escritores e ilustradores nativos.

Te conozco como un asiduo visitante del Caribe, un promotor de su cultura y raíces de una isla a otra. ¿Podrías hablarnos de este trabajo?

Viví por muchos años en Santo Tomas, las Islas Vírgenes norteamericanas y, anteriormente, de los ocho a los 17 años, en Puerto Rico. Comencé a visitar las Antillas menores y la República Dominicana como fotógrafo en la época en que vivía en Santo Tomás. Desde ese entonces ya me interesaba la literatura. Daba muchas charlas y presentaciones audiovisuales en las escuelas de las diferentes islas y veía las condiciones de las bibliotecas, la temática de los libros disponibles y la necesidad obvia de obras que reflejaran la realidad histórica y sociocultural de esos pequeños lectores. Esa se convirtió en la labor del sello Little Bell Caribbean.

Sigo ofreciendo charlas, dando talleres de escritura y haciendo presentaciones a los ministerios de educación, haciendo énfasis en la necesidad imperiosa de que el imaginario de los niños debe tener raíces en su propia tierra y no en naciones lejanas. También insistimos, como editorial, en que esta literatura autóctona, donde los niños ven su entorno, su cultura, su lenguaje y sus propios rostros plasmados en las páginas de libros, son vitales para desarrollar la autoestima y evitar, o al menos combatir el racismo internalizado que se va desarrollando cuando todo lo que es “cultura y educación” viene de afuera, y lo nuestro, lo que para nosotros es cotidiano y normal siempre parece ser de segunda clase. Y ese es el panorama que encontramos en muchas islas del arco antillano.

En 2008, y por conocer yo bastante bien las Islas Vírgenes, decidimos trabajar en un proyecto, que este año cumple su sexto aniversario, basado en los principios detallados anteriormente. Hicimos un acuerdo con el gobierno de las Islas Vírgenes para implementar este programa de crear libros por autores e ilustradores nacidos o residentes allí. El primer año publicamos un libro y este año se publicarán seis, igual que en el 2013. El éxito del programa convenció al gobierno no solo a apoyarlo sino también a pagar por las tiradas completas para poderles obsequiar los libros a los niños, desde Kindergarten hasta cuarto grado. En estos años hemos publicado más de 25 títulos para esta iniciativa y regalado unos 80 mil  ejemplares. Todos los niños no reciben el mismo libro pues tienen diferentes niveles de lectura. Estamos hablando de un territorio con una población total de unos 100 mil habitantes y siete mil niños en los grados mencionados.

Hemos expandido el programa adaptándonos a las necesidades económicas de cada nación y a las características culturales, sociales y literarias, y siempre intentando que los libros les lleguen gratis o a muy bajo costo a los niños. Estamos trabajando con Granada, Barbados, las Islas Vírgenes de los EE.UU., Dominica, y en marzo de 2015 presentaremos nuestro primer libro co-publicado con la editorial Charuba, en Aruba. Este libro lo haremos en holandés, español, inglés y papiamento.

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Nuestro primer libro con Dominica, titulado Yo soy Dominica / Mwen sé Donmnik (2013) es el primer libro infantil producido en la Isla en inglés y creole. Otra misión importante de la iniciativa es que la literatura caribeña infantil se conozca en toda la región y más allá de la Antillas. Ahora con la publicación de El Tiburón y el pez loro y otras fábulas caribeñas, en Cuba, el lector cubano conocerá el trabajo artístico de Cherise Ward de Barbados y el mío como escritor. Ahora también tenemos Los hombres del pensamiento azul, versión bilingüe, en español e inglés, de Enrique Pérez Díaz e ilustrado por Anabel Alfonso, ambos cubanos residentes en la Isla, y que será distribuido por todo el Caribe. Cada libro es un abrazo de escritores e ilustradores caribeños a los niños de todo el caribe, y del mundo.

¿Existe para ti una literatura infantil?, una LITERATURA o simplemente una literatura para personas?

Existen buenas lecturas, lecturas no tan buenas y lecturas malas y esto es muy subjetivo, por supuesto. Creo que hay libros para diferentes edades y lectores por razones de madurez, conocimiento, experiencias de vida, nivel escolar, interés personal y sensibilidad, entre otros factores.

Un adulto puede sentirse más cómodo leyendo libros que consideramos para adolescentes, quizá por el lenguaje, quizá por la temática, y hay niños y jóvenes que leen libros “serios” desde muy temprana edad. Es difícil, por no decir imposible, medir la verdadera calidad de una obra, si se toma en cuenta la opinión de todos los lectores y no solamente la de la crítica, y aún en ese caso también puede haber gran diferencia de opinión. En las artes los expertos nos pueden indicar todas las razones por la que tal libro o pintura es una obra maestra, y con todo y eso puede no gustarnos, no inspirarnos.

Lo que expliqué anteriormente acerca de la misión de las editoriales Campana y Campanita tiene una relación directa con esta pregunta de qué es literatura. Debemos tener un criterio muy amplio y tomar en consideración al lector y las características culturales y sociales del medio en el que el escritor y el lector se desarrollan, viven y se han criado para empezar a entender esto de qué es un buen libro. El canon ha impuesto unos parámetros burgueses para definir la buena literatura que poco tienen que ver con el lector.

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En tu concepto ¿los niñ@s leen hoy día más o menos que antes?

Los niños en los países que conozco leen y escriben muchísimo, pero más que nada lo que leen y escriben son mensajes en texto en sus teléfonos o en el famoso Facebook. Si se trata de literatura, leen mucho menos. En los EE. UU. las estadísticas son atroces. Los padres, sin embargo, siguen creyendo en la importancia de la lectura y los libros infantiles, sobre todo los ilustrados se siguen vendiendo bien. Si los niños en el Caribe no leen más es a veces por la falta de librerías y bibliotecas, y segundo por lo caro que son los libros en la mayoría de las Antillas. La universidad es la razón principal por la que muchos adultos continúan leyendo, al menos en los EE.UU. y Puerto Rico, pero una vez se gradúan o dejan la Universidad, dejan de leer libros. La narrativa pierde lectores a diario y las librerías cierran semanalmente. Desde que visité la Feria del libro en La Habana en 2011 me quedé maravillado con la cantidad de niños interesados en la lectura. Cuba, dentro de los países que visito, incluyendo en el que resido, los EE.UU., es el país donde encuentro el mayor interés entre los niños en la lectura de libros. Veo también como se venden los libros infantojuveniles en la feria y es impresionante. Cuba es un oasis dentro de este panorama.

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niñ@s?

El tono tiene que estar al servicio del contenido. Si funciona, soy muy abierto tanto a lo clásico como a nuevas ideas y a lo poco convencional. Lo que no soporto, ni publico es libros de tono condescendiente o añoñado.

¿Cuáles fueron tus lecturas de niño? ¿Qué libros recomendarías a los niños?

De niño mi lectura favorita eran los comics (tebeos, muñequitos). Fueron los que me abrieron el apetito por la lectura de ficción. Me gustaba que no tuviera que cuidarlos tanto como a los libros, que podía doblarlos, y llevarlos a todas partes, o quedarme dormido con ellos en la cama. Eran también muy baratos, pero además de todas las razones prácticas mencionadas, sencillamente me encantaban las historias, y los personajes. Titanes Planetarios, Tarzán, Superman, Cuentos Insólitos, Lorenzo y Pepita, Vidas Ilustres, La Liga de la Justicia… a los nueve años todos los viernes iba y compraba mis comics por diez centavos. Casi siempre mis padres me daban dinero para cinco. Eso era ya viviendo en Puerto Rico, pero en Cuba con seis o siete años fue cuando empecé a leerlos. Los conseguía a través de otros muchachos del barrio, mayores que yo, que una vez los terminaban no los querían más. Tuve una serie de libritos miniatura con cuentos como Pulgarcito y otros clásicos de Perrault, Grimm y Andersen. Mi papá nos los traía a mis hermanos y a mí, porque mi abuelo paterno era el distribuidor. Distribuía artículos de novedades y entre ellos tenía la distribución de varios sellos españoles de libros infantiles. “El patico feo”, “La caperucita roja”… lo que todavía publica Gente Nueva con el nombre de Había una vez... Recuerdo haber leído una versión infantil de Las Mil y Una Noches que me gustó mucho y me encantaba todo lo que tuviera que ver con mitología y leyendas, lo sobrenatural, lo mágico, y eso de tener poderes. De piratas no leí aunque me encantaban, pero fue más por el cine. La poesía la descubrí como tantos niños cubanos con Martí: “Los dos príncipes”, “Los zapaticos de rosa”.

¿Recomendar? Hay tantos. Creo que lo más importante es buscar libros al nivel intelectual y de lector del niño y de temas que le gusten. Es la mejor manera de que se enamore de leer y eso para mí es lo esencial, que desarrollen el hábito de la lectura por placer.

¿Quién es tu héroe de ficción? ¿Quién, tu villano?

Mis héroes vinieron del cine más que de la literatura. De niño mis películas favoritas eran las de piratas y corsarios de Errol Flyn y su Robin Hood. También el Zorro de la serie cubana de televisión Aventuras (1965 más o menos). Películas y programas que muchos niños cubanos de mi generación disfrutaron. No tengo un archi-villano que recuerde con tal impacto. Errol Flyn y el Zorro hasta cuando le tumbaban la espada de la mano a su contrincante en medio de un duelo, se la devolvían para seguir peleando “limpio”, así que siempre actuaban caballerosamente. Recuerdo eso, el valor y el sentido del honor de los héroes, pero a los malos no les hacía demasiado caso, además de que aprendí a muy temprana edad que al final iban a perder. Por malos.

¿Qué atributos morales piensas que debe portar consigo un buen libro infantil?

Me gusta que los libros infantiles conecten los puntos y que haya una lógica interna, que lleve al joven lector en un viaje de descubrimiento no solo de lo que sucede en la historia, sino también en un viaje de auto descubrimiento. Nos identificamos con los héroes de los libros por tener cualidades admirables, que hasta un pequeño lector instintivamente reconoce: es mejor dar de comer al que tiene hambre que quitarle la comida, darle ropa al que tiene frío, defender al débil, arriesgarse por salvar a los amigos, etcétera. Lo que definimos como hacer el bien. Deseamos instintivamente el final feliz.

Entonces los atributos morales que me gusta ver en los libros infantiles son los que me gusta ver en la gente: generosidad, valor, solidaridad, respeto, comprensión, lealtad, sinceridad, honestidad, firmeza de principios.

Me gusta que los personajes buenos, sean buenos, y me cuesta un trabajo enorme escribir personajes malos. La verdad es que todavía no he creado uno solo. En mis libros con personajes de animales, como el de las fábulas caribeñas, evito que se juzgue el comportamiento animal con demasiada severidad aunque esté representando cualidades humanas. Esos libros donde la zorra, la serpiente o el cuervo se presentan como animales “malos” (cobardes, traicioneros, engañadores) han creado prejuicios contra esas especies, a las que tratamos como si de verdad fueran villanos. Entiendo que son cuentos antropomórficos, pero el lector mantiene la imagen del animal mencionado con las cualidades humanas que se le atribuyeron en la narración.  En mi cuento de “La rana, el escorpión y la tortuga” (El tiburón y el pez loro y otras fábulas caribeñas, Editorial Gente Nueva, 2014.), hasta el alacrán explica su razón para actuar de manera tan aparentemente vil. Me gustaría que los escritores infantiles, sobre todo los que escriben libros de ficción con animales como protagonistas, tuvieran un poco más de conocimiento acerca del comportamiento animal y la relación entre los seres vivientes. En ese mismo libro al final de cada fabula, incluyo una sección de ciencia (datos curiosos) para poner en contexto la fábula. Todos los animales en esas fábulas pueden tener encuentros en la vida real similares a los que aparecen en el libro, aunque por razones diferentes, y restándole la parte antropomórfica, por supuesto.

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Aparte de tu profesión actual, ¿qué otra cosa te hubiera gustado ejercer? ¿Acaso músico?

Mi profesión es narrador con un acompañante de promotor cultural. Todos mis trabajos, ya sea con cámaras, pluma y papel, teclas o como editor, tienen como propósito contar historias, ya sean mías o de otras personas. He tenido mucha suerte en ese sentido, y no me imagino otra carrera, pues de haber sido músico me hubiera dedicado al jazz, y de seguro hubiese intentado narrar con un saxofón, un piano o una guitarra, o compositor de boleros, y de nuevo hubiera contado historias. De haber sido médico, tarde o temprano hubiera escrito un libro o hubiera buscado una manera de compartir mis experiencias con el mayor número de gente posible. A mi manera y con mis modestos recursos, intento que la gente se entienda mejor y que entienda mejor al mundo que lo rodea.

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

Primero te contesto acerca de mi doble labor como editor y autor. Me gustan ambas labores, pero la de editor me lleva demasiado tiempo y no escribo tanto como me gustaría. La parte empresarial del trabajo es inagotable, desde las finanzas hasta mercadeo y distribución. Contestar correos y llamadas es ya un trabajo casi de tiempo completo, y el sentido del deber me lleva a dejar lo mío... para último y priorizar todo lo demás. Trabajo con muchos autores nuevos, y con algunos con mucha experiencia. Mi trabajo es ayudarlos a que publiquemos el mejor libro posible. A veces el autor sabe lo que quiere decir, pero necesita dirección o no está consciente de todos los significados implícitos y explícitos que tiene la palabra o se le escapan detalles que le restan valor y calidad a la obra. Como editor sugiero, comento, opino, y dejo que el autor o autora vaya descubriendo y experimentando con su propia voz y puliendo la obra hasta que llegamos al libro que ambos queremos.

Es interesante también cuanto he aprendido trabajando en la iniciativa de libros caribeños en las Antillas menores donde la tradición oral predomina por razones socio-culturales, y económicas. Te doy un ejemplo: publiqué un libro que no me gustó como manuscrito hasta el punto de que no lo publicamos el año que debía salir, porque mi equipo editorial y yo teníamos serias objeciones al texto. Enviamos nuestros comentarios editoriales, el autor le hizo muchísimos cambios, y el libro aunque ya no era ofensivo —a esos extremos llegaba la situación— seguía sin gustarme, pero a esas alturas ya era una cuestión de gusto. Pues bien, lanzamos el libro, se le regaló a miles de niños, y fue un tremendísimo éxito en la Isla y para el público para el que se produjo. Sobre todo, los padres y los maestros expresaron cuánto les gustaba. Sigue siendo uno de los que menos me gusta de entre los que hemos publicado, y en los EE.UU. no se vende nada bien, por no decir que no se vende nada, pero en el Caribe anglófono tiene sus “fans”, está en casi todas las bibliotecas públicas de la región y también en muchísimas escuelas. Por eso tomo mucho en consideración a qué público va dirigido el libro. Obviamente lo mejor es que la obra sea universalmente reconocida como buena, pero a veces es necesario darles a las comunidades el libro que quieren, el que necesitan y en el que ven reflejada su vida, sus costumbres y su idiosincrasia, aun cuando este no sea el libro que como editorial hubiésemos publicado.

Si tuvieras que salvar solamente diez libros de un naufragio, ¿cuáles escogerías?

Soy un pensador pragmático. Voy a imaginarme una larga estadía quizá en una isla a lo Robinson Crusoe: “Como sobrevivir un naufragio. Guía esencial”;  “Enciclopedia completa de plantas y animales comestibles y medicinales del mundo”. Edición ilustrada y a todo color; “Diccionario enciclopédico de todos los idiomas del mundo, incluyendo guía práctica de pronunciación”; “Atlas Mundi.” El más completo y detallado jamás creado;  “Como construir cualquier cosa con materia orgánica y sin necesidad de herramientas”; “Como cocinar todo lo comestible, las mejores recetas desde almiquí hasta zunzún”; “Su salud: guía médica ilustrada y completa”; Una buena antología literaria: cuentos, novelas, poesía. (Tengo una antología de literatura norteamericana en “papel de Biblia” de 2430 páginas, una como esa); Un libro de Mircea Eliade que se titula Essential Sacred Writtings from Around the World (Textos Sagrados Esenciales del mundo), otras 650 páginas; y Cuadernos en blanco, con ocho bolígrafos para escribir mi aventura de náufrago o lo que se me ocurra.

¿Qué significa para ti publicar en Cuba y por Gente Nueva?

Un sueño realizado. Me alegra sobremanera compartir estas fábulas caribeñas con los niños cubanos de los que, no olvidemos, fui uno. Pongo a Cuba y a los esfuerzos por promover la lectura, la escritura y la cultura en general como el modelo a emular en todas las charlas que doy sobre literatura infantil en nuestro Caribe. Cada vez que el argumento con miembros de un ministerio, en una escuela o durante una lectura, gravita hacia “no tenemos dinero, no hay presupuesto” yo riposto con el ejemplo cubano, y diciendo que lo primero que hay que tener es voluntad para hacerlo, y verle a la educación el valor que esta se merece. Se necesita voluntad y la convicción de que invertir en libros y, sobre todo, en una iniciativa nacional como la que intentamos promover es una inversión en el futuro. Luego los fondos aparecen, sobre todo en países donde sabemos que hay mucho dinero, pero mal distribuido.

Ahora, con este intercambio, los niños del Caribe conocerán a Enrique Pérez Díaz y a Anabel Alfonso, con la edición bilingüe de Los hombres del pensamiento azul, y los niños cubanos conocerán mis fábulas caribeñas y las ilustraciones de Cherise Ward, de Barbados. Espero que este sea el primer intercambio de muchos por venir.

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Algo que desees agregar…

Un deseo que tengo es el de visitar la escuela Ramón Pol Machado del barrio Mañana en Guanabacoa, mi primera escuela y en la que estudié hasta el tercer grado, para regalarle copias de mis libros, conocer a los estudiantes y a los maestros, compartir con ellos las fábulas y otros libros, como Los hombres del pensamiento azul, leerles, y conversar acerca de esta labor de narrador que escogí o que me escogió. Con todo lo que he viajado y con todos los lugares en los que he vivido, no me cabe la menor duda que las raíces de mi imaginario son cubanas, así que este viaje a mi vieja escuela es una manera de darle las gracias. Pero para cumplirlo voy a tener que esperar hasta que vuelvan a empezar las clases.

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