Carta abierta a Tony Ávila

Irma González Salanueva • La Habana, Cuba

Acabo de ver el fragmento del programa televisivo donde intentaron acusarte de violentar a las “Damas de Blanco” y no pude evitar recordar el asedio que sufrió mi familia en septiembre de 1998 cuando arrestaron a mi padre.

Aquellos sucesos dejaron en mí una impronta que por tan dolorosa, de ella pocas veces hablo. Sin embargo, al ver tú rostro notablemente sorprendido por un inesperado ataque de ofensas y mentiras no pude evitar vivir una vez más el odio del que una vez fuimos víctimas. Por eso te escribo estas letras.

Yo tenía tan solo 14 años cuando Ninoska Pérez, quien en estos momentos te está llenando de improperios de los cuales es mejor no hacerse eco, llamaba a mi mamá por teléfono para ofenderla. El FBI acababa prácticamente de llevarse de nuestra casa a su esposo, mi padre, y estábamos solas las dos junto a mi hermanita de cuatro meses, sumidas en una gran angustia que se hacía más insoportable cuando sonaba el teléfono y la voz de aquella señora la interrogaba en vivo: ¿Qué se siente al