Dos décadas, dos orillas

Zoila Sablón • La Habana, Cuba

Historias de vida cruzadas con experiencias profesionales, centró una del centenar de mesas que acogió el recién concluido Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos  (LASA, por sus siglas en inglés) en Chicago, EE.UU. Al margen de intereses puramente académicos, LASA ha conseguido ser un espacio de encuentro real y humano. En ocasiones, ha sido este el condimento que ha salvado ciertos excesos escolásticos, inevitables en lobbys de este tipo.

Uno de esos paneles fue sin duda, el relacionado con las dos décadas de intercambio entre el teatro en la Isla y el teatro hecho por cubanos en EE.UU. Han pasado 20 años desde que Rine Leal publicara en La Gaceta de Cuba su texto definitorio que catapultó esfuerzos por imantar ambas orillas. Si en el caso de la literatura, Ambrosio Fornet es uno de sus pioneros del lado de acá, para el teatro, es Rine la persona que impulsó definitivamente ese arranque, quien ya tenía como fuerte antecedente Teatro Cubano Contemporáneo. Antología, publicado en 1992 por Carlos Espinosa. El grueso volumen, cuyo pie forzado fue el quinto centenario, nos permite leer, de una sentada, un intento por un teatro total e inclusivo.

Coordinada por la Dra. Lilian Manzor y con la participación de Alberto Sarraín, Ever Chávez y Pedro Monge, de una parte; y Maité Hernández-Lorenzo, Omar Valiño y Yohayna Hernández por otra, la mesa dio a conocer las vivencias y los esfuerzos por ampliar, literalmente, el escenario nacional.

Sarraín, director y pedagogo afincado en Miami desde hace algunos años, es, quizá, quien más ha trabajado en proyectos conjuntos, con elencos cruzados y con autores cubanos. De esos cruces, se recordaron allí los montajes presentados en Cuba de Parece Blanca, Morir del cuento, Los siete contra Tebas o El día que me quieras.

Un lugar cenital lo ocupó el Primer Festival del Monólogo de Miami, en el 2001, que fue ilustrativo de ese intercambio cuando una “delegación” de teatristas cubanos de la Isla arribó a esa ciudad y se produjo un encuentro afectivo y profesional sobre el que aún hoy se comenta. Aquel intercambio contribuyó a sedimentar años de intento por conciliar ambas miradas al teatro nacional y que habían fracasado hasta entonces.

A esas experiencias, se sumaron las muestras del catálogo de la Casa Editorial Tablas-Alarcos, presidida por Omar Valiño, que refleja, en igual medida, la voluntad por promocionar y dar a conocer entre lectores y aficionados cubanos la literatura dramática escrita en EE.UU. Surgió así Teatro Cubano Actual. Dramaturgia escrita en los Estados Unidos, selección y traducción de Sarraín y prologado por la Dra. Manzor. También la más reciente Dramaturgia de la Revolución (en tres tomos y bajo el cuidado de Valiño), es un compendio enciclopédico por reunir medio siglo de producción dramática de la Gran Cuba. Ha sido, por otra parte, esa Casa Editorial, copatrocinadora y auspiciadora de múltiples proyectos artísticos y pedagógicos que han incluido teatristas de “aquí y de allá”.

Por su parte, Ever Chávez, director y gestor de Fundarte, empresa artística con sede en Miami, relató la experiencia de esta fundación en los trueques más recientes, tales como el estreno de Ana en el trópico, de Nilo Cruz, durante el pasado Festival Internacional de Teatro de La Habana. Ever, quien también se ocupa de estas faenas en el campo de la música, ha sido un eje clave en el financiamiento, gestión y producción de esos intercambios. De alguna manera, esa práctica, igualmente creativa, ha incidido en la reconfiguración de una imagen cultural de esa ciudad ante nuestros ojos.

Pedro Monge y Yohayna Hernández relataron las experiencias de lecturas de obras de dramaturgos cubanos de ambas orillas, que tuvo lugar, de manera simultánea en el 2012 entre las ciudades de La Habana y Nueva York.

Auspiciado por la revista Ollantay y la Editorial Tablas-Alarcos, el ciclo de lectura Aquí, allá, ahora, agrupó la experiencia de leer a obras cubanas en contextos diferentes y con públicos diversos. Mientras en La Habana se escuchaban parlamentos de La fiesta, de José Triana; El súper, de Iván Acosta; Sanguivin en Union City, de Manuel Martín Jr.; Exilio, de Matías Montes Huidobro; Vida y mentira de Lila Ruiz, de José Corrales; La belleza del padre, de Nilo Cruz y Se ruega puntualidad, de Pedro R. Monge Rafuls; en Nueva York; por otra parte, los espectadores confrontaban las obras Adiós a Cuba, de Luis Enrique Valdés; Dos ríos, de Reinaldo Montero; Strip Tease, de Agnieska Hernández Díaz; Nevada, de Abel González Melo; Ignacio y María, de Nara Mansur; ¿Y por qué no?, de Rayder García Parajón y Una obra inconclusa, de Rogelio Orizondo.

En el debate afloraron otras experiencias como las de Repertorio Español y sus vínculos con la compañía Hubert de Blanck y Abelardo Estorino, el Festival Internacional de Teatro de Los Ángeles (FITLA) que desde esa ciudad organiza Jorge Folgueiras o los sucesivos intercambios de Teatro Buendía, Raquel Carrió y Flora Lauten con teatristas en EE.UU. Abundan, felizmente, los ejemplos de una apertura en ambas fronteras culturales y simbólicas que nos contienen a todos.

Además de compartir y socializar estas vivencias, la discusión también apuntó hacia otros sondeos no del todo profundiza