Artes Plásticas

“Todo se puede cambiar para mejor”,
dice Víctor Mora

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del artista
 

El pintor y diseñador gráfico cubano Víctor Mora —quien en los últimos tres años comparte su vida entre La Habana y Madrid— acaba de exponer una muestra titulada Réquiem para un amigo, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y Diseño, institución que pertenece a la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Imagen: La Jiribilla

La exposición, vista en la popularmente conocida galería de Luz y Oficios, incluyó 17 piezas (cartulinas) y está dedicada a Gerard Moial, “un amigo francés recientemente fallecido que fue un gran promotor de la pintura naif y quien, además, contribuyó a dar a conocer en Europa la obra de muchos jóvenes artistas cubanos”, afirmó Mora en conversación con estas páginas digitales.

Con Mora abordamos varios temas que fueron desde su más reciente muestra, hasta su estrecha relación con Muraleando, proyecto que hace unos 15 años se desarrolla en la bulliciosa barriada habanera de Lawton y que tiene un impacto social muy marcado.

Imagen: La Jiribilla

¿Tuvo Réquiem para un amigo alguna particularidad?

No, es la continuidad de mi obra y no se aprecian saltos, giros, ni rompimientos, pero siempre tratando de buscar y de encontrar la poesía y la fantasía; en uno de los cuadros puse a mi amigo Gerard Moial a volar, porque, entre otras cosas, él nos enseñó a soñar y todo desde una perspectiva muy tierna para que la gente pudiera disfrutar a plenitud. En esta ocasión trabajé sobre cartulina por razones de orden práctico, pero no tengo predilección ni prejuicio por un soporte u otro.

En estos momentos reside entre La Habana y Madrid, ¿continúa allá, al igual que aquí, trabajando con niños?

En Madrid hay una comunidad grande de cubanos y un grupo de creadores ideamos el proyecto Cuba-marfil e impartimos talleres múltiples como el de encuadernación, por ejemplo, que ha sido coordinado por la embajada nuestra en España.

Esa idea la queremos extender a otras provincias españolas, en las que también hay muchos artistas cubanos. Con esta iniciativa aspiramos a que nuestro arte se dé a conocer, pero también queremos contribuir con la espiritualidad porque en los últimos tiempos la situación económica en España se ha vuelto muy difícil y socialmente ha habido un resquebrajamiento impresionante. Pretendemos —a través del arte— animar a la gente y, sobre todo, a los niños que es uno de los segmentos sociales más afectados por la crisis.

Imagen: La Jiribilla

¿Por qué le interesa el mundo lúdico-infantil que va desde su representación pictórica hasta lo personal?

Tuve una infancia muy hermosa y no quiero que desaparezca: trato de no matar mi niñez. Hay algo que respeto de los niños y es que ¡jamás mienten! Y eso para mí es de las cualidades más importantes. Los niños dicen siempre la verdad, por dura que sea y eso me gusta. La sinceridad es uno de los rasgos más lindos de la infancia. Cuando un niño te dice ‘te quiero’ es porque verdaderamente te quiere, pero cuando te dice ‘no te quiero’, con total naturalidad, es porque no te quiere. Los niños —ya sean cubanos, españoles o de cualquier parte del mundo—, no mienten y eso siempre me ha conmovido.

Ha dedicado gran parte de su tiempo a la ilustración que, lamentablemente, para algunos no es tomada muy en serio, ¿por qué tanta ilustración para textos infantiles?

Uno tiene que hacer en la vida lo que siente. Le digo a mis amigos que el camino es para todos, pero hay un aspecto muy importante: uno no puede pintar para complacer a los demás sino para disfrutar, para sentirse feliz y, por supuesto, cumplir un rol. Hay que vivir lo que se hace con intensidad y placer. Esa es, quizá, una de las razones por las que gozo mucho la ilustración.

Imagen: La Jiribilla

Es poseedor de una estética muy propia que, a su vez, está muy ligada al diseño.

Solamente a la escritora y narradora oral Elvia Pérez, le he ilustrado cinco libros. Haciendo ese trabajo fue que surgió mi imaginario y empecé a jugar con ellos porque para mí la pintura es el más entretenido de los juegos; es una necesidad que uno tiene espiritualmente, pero a la vez es un ejercicio lúdico. Todo lo que aprendí de corte y rasgado lo continúo aplicando y cuando lo hago siempre me acuerdo de los excelentes profesores que tuve en Santiago de Cuba —aunque nací en La Habana, me crié en oriente. Entre los años 1979-1980 había una escuela elemental de artes plásticas en la emblemática calle Heredia de Santiago y ahí fue donde aprendí el ABC de la profesión y del arte. Todo lo que me enseñó esa gente linda es lo que aplico hoy.

Posee una marcada vocación pedagógica, ¿por qué?

Es que disfruto mucho enseñando a los niños. Lo que uno sabe tiene la responsabilidad de compartirlo con otros porque ¿qué sentido tiene llevarnos los conocimientos? Hay que preparar el futuro y contribuir con el relevo. A veces, en la distancia uno comienza a entender mejor las cosas; por ejemplo, desde que vivo en España me he dado verdaderamente cuenta de la gran fortaleza del arte cubano y muchas veces eso no lo calculamos debidamente.

Tenemos artistas excelentes que pueden medirse de tú a tú con cualquiera que haya sido formado en las mejores academias europeas. Siento una gran dicha cuando me percato que tenemos el relevo garantizado, pero me gustaría que hubiera más promoción y mayores posibilidades para que todas las maravillas que se están gestando en la Isla sean conocidas por todo el mundo.

En Cuba sucede un fenómeno muy particular: tenemos una excelente cantera de artistas graduados de las distintas academias que están dispersas en todo el país, pero también hay un grupo grande de creadores autodidactos que están haciendo una obra maravillosa y eso tiene que ver con la amplia cultura que, a nivel de pueblo, se ha ido forjando a lo largo de los años; aquí tenemos una mezcla impresionante… el Caribe nos aporta energía y eso es decisivo.

Con toda sinceridad y respeto afirmo que en España —a pesar del estar en el llamado primer mundo—, el arte está estancado, como detenido en un tiempo pasado y eso hace que a nivel personal no me nutra: vivo en Madrid desde hace unos tres años, pero tengo que venir a Cuba para recargarme porque de lo contrario siento que me seco.

Imagen: La Jiribilla

Tiene una relación muy estrecha con Muraleando, que dirige el pintor y diseñador Manuel Díaz Baldrich, ¿cómo es su vínculo con este proyecto?

Muraleando me ha aportado mucho y siento que tiene un impacto tremendo en esa comunidad que, lamentablemente, posee serios problemas sociales. El proyecto ha contribuido a que la gente tenga una mirada diferente hacia su entorno e, incluso, hacia la manera de ver la vida. Antes, los solares yermos se convertían inmediatamente en basureros y ahora todos esos sitios han devenido instalaciones dedicadas, por ejemplo, a los héroes Camilo Cienfuegos y Che Guevara, otra al Héroe Nacional, José Martí, y una tercera en homenaje al pintor de Iberoamérica, el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. También le dedicamos una suerte de santuario a la Patrona de Cuba, la virgen de la Caridad del Cobre, que es muy apreciado. Esos lugares, que antes eran una vergüenza y un abandono, los estamos convirtiendo en obras de arte para la comunidad y, por supuesto, para la ciudad.

En la loma de Lawton había un tanque inmenso para colectar el agua que estaba subutilizado…

El tanque tiene 100 años y hacía más de 30 no se utilizaba porque se convirtió en algo obsoleto. Estaba un poco bajo tierra y solamente un metro —más o menos— emergía hacia la superficie: justamente allí —luego de excavar y sacar mucha tierra— hicimos nuestra galería, que funciona y que se llama El tanque. Actualmente en ese sitio se imparten para los niños talleres de pintura, de cerámica, de grabado y para los adultos mayores los hay de bordado, de tejido, de muñequería y de otras manualidades. En breve comenzaré uno de encuadernación para enseñarles a los niños cómo hacer sus propios libros.

Muraleando ha tenido un impacto grande a nivel de comunidad e incluso hace poco —durante el recién concluido Encuentro Internacional de Narración Oral— nos visitaron artistas de varios países y quedaron impresionados con el trabajo, pero sobre todo con los resultados. Se llama, precisamente, Muraleando porque queremos convertir a Lawton en un barrio de murales en los que el arte esté en las paredes y al alcance de cualquiera que transite por esa zona de la capital cubana.

Imagen: La Jiribilla

Otra de las características es que lo estamos haciendo con esfuerzos propios: si hay que abrir un hueco, agarramos el pico y la pala y si hay que levantar una pared, igual los ladrillos y el cemento pasan por nuestras manos. Debo de aclarar que Muraleando agrupa a un número importante de artistas que residen en la comunidad, pero también hay otros muchos —como yo que vivo en el reparto Antonio Guiteras, más conocido como Bahía— que formamos parte de él.

En lo personal considero que este proyecto nos humaniza a todos y creo que vinimos al mundo para tratar de mejorarlo: todo se puede cambiar para mejor. Eso es lo que hacemos.

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