Festival del Caribe

Santiago, la calle Aguilera y el desfile
de la serpiente

Jorge Sariol • La Habana, Cuba
Fotos: Jorge Sariol

Santiago de Cuba está de gloria. Celebran allí el XXXIV Festival del Caribe “Fiesta del Fuego” —dedicado esta vez a Suriname— y la ciudad se desborda.

Imagen: La Jiribilla

De las muchas acciones culturales que suceden habitualmente en estas festividades sobresale —por la impronta conceptual que supone— un coloquio llamado El Caribe que nos une. Sin embargo, otras dos particularmente llaman la atención: la quema del Diablo, irrevocable  liturgia popular en buena parte del mundo y que cierra el jolgorio, porque con fuego purificador arden los demonios y así se va lo malo y se anuncia un próximo Festival.

La segunda  simboliza, con mucho, los festejos por el Caribe que une y por el fuego que ilumina y ayuda a vivir. La llaman el desfile de la serpiente y como un ofidio con colores y sonidos de la región, ondula desde la celebérrima Plaza de Marte hasta el parque Céspedes, donde será el delirio, justo frente a la Casa del Gobierno Provincial.

El desfile de la Serpiente, como ceremonial es memoria viva. Como tradición es retrato de lo que hemos sido. Ambas virtudes merecen el elogio de la cordura. Es puente tendido a santiagueros, a cubanos de toda la isla, a caribeños, y ya también a  invitados de medio mundo, porque la Fiesta del Fuego trae a quienes van con su cultura llena de “África negra, la culta Europa y el sabio Oriente”.Cuando esta crónica de la Memoria emerja al ciberespacio aún el pasacalle de esta edición no habrá salido.

Los toques de los Tambores de Fundamento no anuncian todavía la caminata de los grupos que recorrerán con júbilo los cerca de 800 metros de travesía.

El largo escenario de peregrinación es la calle Aguilera (Francisco Vicente Aguilera); tomará cuerpo a un costado de la pequeña, casi íntima Plaza Dolores, se estremecerá en la esquina de Calvario y cuando llegue a Hartman va caliente-caliente, lista para desembocar en General Lacret.

Imagen: La Jiribilla

La calle Aguilera corre paralela a la archiconocida Enramada, pero no le cede protagonismo en animación. Nace al este, al borde de la bahía santiaguera, en una punta de la bella Alameda; termina con sus más de tres kilómetros al oeste, en la avenida Puyol, pero los santiagueros más recalcitrantes reconocen como la auténtica solo el tramo “Plazaèmarte-parquecépede”. Nadie monte en cólera. Yo soy de zona.

El entorno verá deslizarse la parada. Serán testigos el nuevo y flamante Iris Jazz Club, la sede de CMCK Radio Revolución, la excelente sala de conciertos —antigua iglesia— Dolores, el folclórico café La Isabelica, el clásico Museo Emilio Bacardí y el viejo club San Carlos. Lo verán en la distancia el Arcángel Anunciador, encaramado en el frontispicio de la Catedral y las celosías de la casa del conquistador Diego Velázquez.

Tal vez abran la procesión los amantes de las motos Harley-Davidson; quizá esté otra vez la conga de Los Ripiaos, precedida del esperpento La Muerte Encueros y el Encantador de Majaes. Andarán por ella amigos de otras partes del mundo con su música y trajes típicos. Seguramente cerrará la frenética conga del barrio de San Pedrito.

Imagen: La Jiribilla

De todas las acciones de la Fiesta del Fuego prefiero el desfile de la serpiente porque es vivaz demostración de pasado y presente, de alegría con la sensación de tener los pies en la tierra.

Este proyecto de indagación y promoción de nuestra nacionalidad, cubanía y cultura, nació hace 33 años. Entonces un grupo de visionarios, encabezados por Joel James Figarola (1942-2006) intentaron fomentar el “espacio común, donde todas las manifestaciones que durante siglos se integraron y conformaron nuestra identidad, se mostraran y fueran apreciadas en todo su esplendor demostrando su peso en la cultura nacional”.

Imagen: La Jiribilla

“Mientras exista cultura popular tradicional en la articulación entre grupos portadores y comunidades, la patria cubana continuará existiendo”, dejó escrito Joel James. Por tal razón Santiago de Cuba —próximo a cumplir sus 500 años, dicho sea de paso — explota de gloria.

Desde una pared de La Casa de Las Tradiciones, una foto de quien se dedicó a forjar un pensamiento caribeño, nos ofrece una declaración personal. La frase bien puede alimentar la idea de hacer inmortal la calle Aguilera, el desfile de la serpiente y la Fiesta del Fuego.

Comentarios

Bueno por Santiago, por la Casa del Caribe ( con Joel James a la cabeza),y su obra de rescate y vida de las tradiciones culturales. Rafael Quevedo ( Santiaguero, desde Argentina)

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