Animar, manipular y operar

María Laura Germán • La Habana, Cuba

Primero

Siempre que presenciaba las tan acaloradas discusiones sobre “animar” o “manipular” venían a mi cabeza mil cosas:

¿Por qué se complican tanto?

¿Qué hay de malo en uno u otro término?

Un elefante azul con trompa articulada (ya en este punto me aburría demasiado)

¿Será realmente necesaria esta discusión eterna?

Y realmente creo que no. Sobre todo porque aquellos que mal utilizan el término “manipular” generalmente rectifican su error, o en el peor de los casos son enjuiciados por autodenominarse “manipuladores”. Cosa que considero altamente injusta.

Porque yo digo: me parece muy bien toda la metáfora de “animar” y otorgar vida, y relacionarla con el alma de los títeres. Yo también creo en eso. Pero de ahí a juzgar a quien se considere meramente un “manipulador”, ya es otro tema.

Imagen: La Jiribilla
Roman Paska
 

Como hemos abogado siempre los titiriteros porque todos deban ser buenos actores para ser buenos animadores, asimismo debemos respetar el hecho inequívoco de que hay quien en el mundo es un excelente manipulador de objetos. ¿Cómo no podría haberlo cuando ha existido Hitler? Capaz de arrastrar a millones de personas a la mayor masacre de la historia. ¿Cómo no podría si hay quienes creen en un Dios que mueve todos los hilos del presente y el futuro cuando aparentemente tenemos el don de la vida? ¿Cómo entonces podría no existir una persona que manipule tan perfectamente que te haga creer que según tus conceptos está animando?

Particularmente considero que existen ambas cosas. Lo triste es tener que reconocerlo. No creo que por muy pasionales que sean los titiriteros cubanos (y no cito otros gentilicios porque es este del que más conozco) todos sean animadores. Creo, porque he visto, que predominan los titiriteros que manipulan sus títeres, y a los que no salva el hecho de que yo deba suponer que el actor está metido en la obra. Y eso no quiere decir que todos sean malos. Hay actores fríos, e incluso no actores, que en determinado momento logran animar al títere, y esto tiene que ver, sencillamente, con la técnica escogida. Hay excelentes actores que no pueden vivificar a un elemento inanimado, no solo porque no crean en ello, sino porque la técnica requiere de una precisión y cercanía inminentes.  Hay apasionados titiriteros que nunca dan con la técnica adecuada, y patentizan el hecho de la animación.

Segundo

Tres definiciones perfectamente titiriteras:

Animar: Dar confianza, ánimo o fuerza moral. / Infundir valor o energía, estimular a una persona para una acción. / Dotar de movimiento a cosas inanimadas. / Hacer que una obra artística parezca dotada de vida.

Manipular: Trabajar una cosa con las manos o con un instrumento. / Trabajar demasiado una cosa, manosearla. / Influir en la opinión pública de forma interesada a través de los medios.

Operar: Realizar una intervención quirúrgica. / Producir un resultado con una acción o una intervención. / Hacer a una cosa el efecto previsto. / Realizar una persona diversas acciones con una finalidad. / Realizar una persona una acción con la ayuda de aparatos.

Imagen: La Jiribilla
The Nishikawa Koryu Troupe
 

Tercero

Cuando en el 11no Taller Internacional de Títeres, Eric Bass mencionó la palabra operar, se me abrieron los cielos. De repente, años y años de aburrirme olímpicamente en las citadas discusiones, tenían la solución perfecta para salir corriendo sin remordimiento alguno.

Y es que a pesar de la evolución inmensa que hemos vivido en el teatro de títeres, hay cosas que no cambian nunca, por sencillas que parezcan. Con tantos términos que podrían solucionar tales litigios, preferimos acalorarnos (quizá porque nos hace ver más comprometidos con el tema) y mantener una línea divisoria e intransigente entre los supuestos animadores y manipuladores, con la sola y frágil excusa de que está dañando nuestro ego profesional.

Hace tres años imparto clases de Actuación con títeres en la Escuela Nacional de Arte y por supuesto que alguna vez indiqué a mis estudiantes cuál era el término adecuado. Ahora, la verdad, me arrepiento. Creo que cada cual, con la misma seguridad que escoge el camino a recorrer en el teatro, o en el universo titiritero, debe saber reconocerse con la definición apropiada.

Imagen: La Jiribilla
Historia de burros, Teatro de Las Estaciones
 

Si le ofrecemos además el beneficio de la duda a la impronta que arrastran consigo los nuevos tiempos, los nuevos conocidos, los nuevos vocablos puede que la solución no sea una u otra palabra, sino la conjunción de todas. Entonces las fuerzas discursivas que podrían gastarse en distinguir, se ahorrarían en aunar y, estoy segura, de que la combinación “animar, manipular y operar”, podría volverse otra de esas triadas capitales del teatro de títeres.

Luego de aquella clase técnica y moral que me ofreció Eric Bass, no puedo más que brindar a mis colegas la posibilidad de la libre elección. Ya se encargarán otros, por los siglos de los siglos, de engavetarnos en axiomas que, muchas veces, desconoceremos.

Comentarios

Si me dejan opinar pienso que la joven está muy clara de lo que expresa, bueno claro es una muchacha muy talentosa, esa recomendación viene de alguien muy de cerca que la quiere mucho pero aun así es buena, gracias.

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