Cantores...

Carlos Gardel: El día que me quieras

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Mi buenos aires querido,
cuando yo te vuelva a ver,
no habrá más penas ni olvido.

El cine colocó a Carlos Gardel eternamente en la baranda de un barco, abrazando emocionado a su amigo, con la mirada perdida en el horizonte en el que se esboza su añorada ciudad. Se empina su cálida voz en la que vibra el alma que se reencuentra plena tras un largo vagar por el mundo; le canta a su Buenos Aires querido, y simboliza con ello a todo ser humano apegado a su terruño, a los colores, los olores, los cantos de su barrio, entre los que uno aprende a ser. Gardel le canta a los amigos de farras, al balconcito donde despidió a la moza enamorada, a las callecitas empedradas, se estremece apasionado de ese entramado de sensaciones y bendiciones que han tejido su espíritu y le hacen ser quien es, el eterno joven cantor de la barriada del mercado “El Morocho del Abasto”.

El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su inquieta lucecita yo la vi
a mi pebeta luminosa como un sol.

Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
oigo la queja de un bandoneón,
dentro del pecho pide rienda el corazón.

El 24 de junio de 1935, se expande como pólvora la noticia del accidente aéreo en Colombia, donde ha muerto Gardel; estaba en la cúspide de una fama que no había tenido antes cantor alguno; eran los inicios de las grabaciones discográficas y Gardel grababa casi a diario, los años iniciales de la radio, y del cine sonoro, y son varias las películas que filma en sus últimos meses de vida. Ha conquistado París, New York, Madrid, y está recorriendo América donde es un ídolo; el tango ha dejado de ser argentino, es parte ya del alma latinoamericana.

Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.

Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.

Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.

“Volver”, “Cuesta abajo”, “Mis buenos Aires querido”, “El día que me quieras” y muchas otras canciones que integraron sus películas dieron dimensión universal a Gardel y con él al tango. Con ello, una zona de la cultura latinoamericana se expande por todos nuestros pueblos del sur y buena parte de Europa, es quizá una de las primeras expresiones que se globaliza de uno de nuestros pueblos.

Imagen: La Jiribilla

Precisamente “El día que me quieras” es una de esas canciones compuestas por Carlos Gardel y Alfredo Le Pera que pertenecen a la memoria popular de nuestros pueblos. Lepera, escritor, periodista nacido en Brasil, aunque desde pequeño fue llevado a Buenos Aires, y luego recorrió buena parte del mundo en ambientes de teatro y el cine. Fue uno de los grandes amigos de Gardel, y además del binomio autoral de canciones, fue guionista de varias de sus películas. A propósito, tuvo Gardel una disparada carrera cinematográfica que comenzó en el cine mudo con Flor de durazno, filmada en Córdoba y Buenos Aires, en 1917, que nos muestra a un Gardel regordete. Luego, ya refinado, y con la ventaja de poder cantar con la llegada del cine sonoro, filma, con el sello Paramount, varias cintas en Francia y New York: Las luces de Buenos Aires (Francia, 1931). Espérame (Francia, 1932). La casa es seria (Francia, 1932) y las de más resonancia, filmadas en los dos últimos años de su vida: Cuesta abajo, El tango de Broadway, Cazadores de estrellas y El día que me quieras, quizá esta última la más famosa.

Esta película es un melodrama en el que Gardel resalta la amistad, el amor sincero, y el contraste de la vida pobre, humilde y las clases ricas. Se pasea por ambas sosteniendo siempre la solidaridad humana, frente a la avaricia, o la ambición de dinero. Le Pera tuvo mucho que ver con el espíritu y la trama de la cinta, donde resaltan momentos de alto dramatismo como en el que muere la esposa del personaje que encarna Gardel y le canta:

Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando
su boca, que era mía, ya no me besa más.
Se apagaron los ecos de su reír sonoro
y es cruel este silencio que me hace tanto mal.

Esta canción y el personaje central femenino de la película están inspirados en una bailarina, Aida Martínez, de la que Le Pera estuvo enamorado y que, precisamente muere por no querer dejar el baile a pesar de su delicada salud.

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
como limosna de alivio a mi tormenta,
todo es mentira, mentira ese lamento
hoy está solo mi corazón.

La película El día que me quieras, tiene además una secuencia histórica. En ella aparece actuando como canillitas (niño vendedor de periódicos) el mismísimo Astor Piazzola. Estaba Gardel de gira por los EE.UU., en la cumbre de su fama; Piazzola de unos diez años, ya tocaba muy bien el bandoneón. El padre, al saber que el gran cantor paraba cerca, talló una figura en madera y envió a Astor a que se la llevara como obsequio. Hicieron rápida amistad y cuando Gardel lo vio tocar el bandoneón quedó maravillado; se cuanta que tras una filmación, Gardel estuvo cantando toda una noche acompañado por el muchacho Piazzola al bandoneón, noche histórica sin duda, en que la música argentina tuvo juntos al más grande cantor y al genio que transformó el tango desde su virtuosismo, un par de décadas después. Queda como huella aquella secuencia del chiquillo vendedor de periódicos en la acera con el grupo de Gardel y sus amigos.

El entusiasmo de Gardel con Piazzola fue tal que quiso llevárselo a su gira por América, pero el padre se negó argumentando que era muy joven aún, gracias a lo cual salvó su vida pues habría estado en el avión la tarde del accidente fatal.

No cantaba Gardel cualquier cosa, fue un profundo estudioso y detallista, que supo siempre lo que quería decir y cómo. Si bien el cine afianzó la imagen del latino de tangos, melodramático, de tragedias amorosas, también cantó a la vida, a los emigrantes marginados en Europa, a la historia, a la paz, a los problemas sociales, en temas como “Cambalache” de Enrique Santos Discépolo, una pieza cardinal de la cultura latinoamericana que sigue integrando el repertorio de cantores en la actualidad:

Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseados.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor.
Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador.

Todo es igual,
nada es mejor,
lo mismo un burro
que un gran profesor.

Imagen: La Jiribilla

Carlos Gardel fue pionero de la radio, del proceso de grabaciones de discos, de los orígenes del cine sonoro. Estudió todos esos medios y fue parte de aquellos orígenes y sus primeras transformaciones. Trabajó incansablemente y, por ejemplo, en el cine, discutió mucho cada secuencia, buscando la autenticidad, y desafiando los moldes que la naciente industria le imponía.

Fue un hombre de gran cultura adquirida por conocer y tratar a grandes intelectuales, desde cantores como Caruso, o el Trío Matamoros, con quienes compartió al menos una noche en París, escritores y dramaturgos como Pirandello, o el gran genio del cine Charles Chaplin. En una entrevista a raíz de la muerte del cantor, Chaplin relató:

“Conocí al gran cantante en Niza, en marzo del año 1931. Un amigo común nos puso en comunicación. En una reunión íntima, Gardel comenzó a cantar y me impresionó hondamente. Tenía un don superior al de su voz y su figura, tenía una enorme simpatía personal que le ganaba de inmediato el afecto de todos. Tan honda era la simpatía que me inspiraba que recuerdo perfectamente bien que llegamos hasta las primeras luces de la madrugada, en una noche de alegría que difícilmente vuelva a repetirse.

En aquella velada conversaron sobre el cine, según contó luego Chaplin: “Pronostiqué a Gardel un triunfo categórico y le aconsejé que se dedicara al cine. Me informó que había hecho alguna tentativa y no estaba satisfecho de los resultados que su figura había producido en la pantalla. Con todo –me dijo- voy a intentar de nuevo. Supe después del éxito que había logrado en su primera producción seria.”

El 25 de marzo, la Casa de Víctor programa la que sería la última grabación radiofónica de Carlos Gardel. Fue la canción “Guitarra Mía” que Gardel cantó acompañado por Ángel Riverol, Guillermo Barbieri y José Aguilar.

Ese día habló luego por la radio hispana de Nueva York y anunció su viaje a Suramérica. Dirigió algunas palabras a los radioescuchas de Colombia y en especial a los de Barranquilla, ciudad que había incluido en su gira.

Les habla Carlos Gardel. Amigos de la América Latina, de mi tierra y de mi raza: la Casa Víctor quiere que les anuncie mi contrato con exclusividad con ella y yo lo hago muy gustoso porque sé que nuestras grabaciones serán cada día más perfectas y encontrarán en ustedes oyentes cordiales e interesados. Yo acabo de terminar dos nuevas películas Paramount, El día que me quieras y Tango Bar, y voy a comenzar una gira que comprenderá Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Cuba y Méjico. Luego visitaré los otros países de nuestra lengua, donde espero tener el gusto de saludarlos personalmente. Ahora estoy en los Estudios Víctor de Nueva York registrando las canciones de El día que me quieras, la película que quiero de todo corazón y que dedico a los amigos de España y de la América Latina…”.

Ese sentimiento de pertenecer a la América Latina, fue expresado por Carlos Gardel en la identidad que defendió con su canto, y enfrentando, hasta donde pudo, clichés y distorsiones que los empresarios cinematográficos hollywoodenses le intentaban imponer con fines comerciales en sus películas.

Gardel fue un cantor que preludia lo que luego con Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra, desembocaría en el movimiento de la llamada Nueva Canción Latinoamericana. Él en la Argentina y Sindo Garay en Cuba, son ejemplos que en los inicios del siglo XX, asumen su canto con un profundo sentido de identidad, de traducir sentimientos, dolores y sueños de la gente, con autenticidad.

Imagen: La Jiribilla

La patria, la Argentina, la del sueño bolivariano está presente en esta canción “El sol del 25”, compuesta por Domingo Lombardi y Santiago Rocca en 1910. Gardel la grabó en sus inicios con Razzano; se trata de una danza argentina, cuya letra hace referencia a los sucesos del 25 de mayo de 1810, cuando tuvo lugar la Revolución de Mayo.

Al blanco y al celeste
de tu bandera...
contemplo victorioso la cordillera...
contemplo victorioso la cordillera...

Para traerte laureles pasaron los Andes
San Martín, Las Heras, Soler y otros grandes...
Y ya paisanos... ¡fueron libres los pueblos americanos! 

El 24 de junio de 1935 el accidente aéreo en el aeropuerto de Medellín, desata una tragedia que estremece el mundo, en la cumbre de su fama muere Carlos Gardel. Sus restos llegaron a Buenos Aires el 5 de febrero de 1936, y descansan en el Cementerio de La Chacarita. Su tumba siempre está llena de pequeñas tarjas con frases de recuerdos y dedicatorias que han ido colocando amantes de todos los rincones del mundo, siempre hay flores y cigarrillos que le colocan en su estatua. Sin duda, el mejor homenaje, lo hacen cantores de disímiles lugares que, a casi 80 años de su muerte siguen entonando aquellas melodías que él popularizó.

El día que me quieras

Autores: Carlos Gardel y Alfredo Le Pera

 

Acaricia mi ensueño
el suave murmullo
de tu suspirar.
Como ríe la vida
si tus ojos negros
me quieren mirar.
Y si es mío el amparo
de tu risa leve
que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,

todo, todo se olvida.

El día que me quieras
la rosa que engalana,
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Y al viento las campanas
dirán que ya eres mía,
y locas las fontanas
se contarán su amor.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnagas curiosas que verán
que eres mi consuelo.

El día que me quieras
no habrá más que armonía.
Será clara la aurora
y alegre el manantial.
traerá quieta la brisa
rumor de melodía.
y nos darán las fuentes
su canto de cristal.

El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor.
Florecerá la vida
no existirá el dolor.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnagas curiosas que verán
que eres mi consuelo.

Comentarios

En el frío amanecer de mi ciudad natal, intentando recuperar calores, mientras la medicina va haciendo efecto, ingreso al ciberespacio y encuentro una excelente nota sobre el Morocho del Abasto, como le gustaba llamar a Gardel mi padre, que cuando se ponía melancólico - ¿quién sabe porqué?- me pedía poner el disco de Carlitos -otra cariñosa forma de llamarlo- y , sentado a la mesa, con un cigarrillo entre los dedos, en silencio que yo, pequeño asistente a esta conversación, respetaba escrupulosamente , mientras música y letra de cada canción iban inquietando mis ansias de conocer qué significaba "rechiflao en mi tristeza", "vida paria", y toda la bella palabrería popular, (jerga, le dicen en mi país) argentina ingresaba a mi diccionario personal. Corría entonces a ver a mamá, que preparaba los alimentos, mientras entonaba en voz baja las canciones y la vieja ponía un dedo ante sus labios pidièndome tiernamente que guardase silencio. Luego, le preguntaba por un tango en especial, "Yira", ante lo cual mi madre me decía que era una de las pocas cosas que nunca pudo saber del porqué de la preferencia de papá con aquel tango. Años más tarde, al avanzar en la vida, pude ir comprendiendo lo que debe haber sentido mi padre en esas noches de tango en casa. Gracias, Fidel Diaz Castro, por la excelente nota de quien puso el canto popular en el sitial que le corresponde.

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