Conversación con Yudith Castillo

María del Carmen o la verdadera actuación

Rosana Berjaga • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del ICAIC

En televisión parece más alta, también más seria, a veces mayor; pero Yudith Castillo tiene no más de 25 años y acaba de descubrir que su carrera como actriz recién comienza, a pesar de haber sido incluida entre los protagónicos de una novela y una teleserie coral. 

Aquí estamos, producción proyectada en el horario estelar del canal Cubavisión, bajo la dirección de Hugo Reyes, fue el primer trabajo para la pequeña pantalla al que se enfrentó Yudith. Luego llegaría el teleseriado SOS Academia, un trabajo de actuación coral que recibiría no menos críticas y donde ella interpretaba uno de los estudiantes atrapados en la trama. El salto a la televisión, confiesa la actriz, se produjo de manera inesperada y constituyó un proceso difícil, “sobre todo porque la técnica que se aprende en la escuela es totalmente basada en el escenario teatral. Es el método Stanislavski. Por lo que cuando llegamos a la pantalla hay que asumir otras maneras de proyectarse a la hora de decir un texto. La forma y el tiempo para prepararse son completamente diferentes”.

Imagen: La Jiribilla

Con el resultado de tales propuestas en sus manos, recibe, un tiempo después, la llamada para presentarse al casting de la más reciente producción del cineasta cubano Arturo Sotto, Boccaccerías habaneras; otro acontecimiento inesperado, pero del que asegura haber sacado los mejores frutos de su carrera hasta el momento.

“El casting ni siquiera era para el papel que finalmente obtengo, pero lo cierto es que no pensé tener la oportunidad de estar en el cine tan rápido. Comencé por un personaje pequeño, pero a la semana, Arturo me da el personaje de María del Carmen, protagónico del tercer y último cuento que integra la película, para probar y ver qué tal nos iba. Al mes me da respuesta y me dice que sí, que el papel es mío.

“Fue un placer para mí trabajar con Arturo porque aprendí mucho y siento que me muevo más cómoda en el cine, porque se entiende mejor el personaje, hay un trabajo de mesa que se toma más tiempo, con más profundidad. La televisión es mucho más rápida y con esto también estoy diciendo que hay que tener mucha preparación para incursionar en ella. La televisión es muy a contra tiempo y a veces a nosotros los actores nos perjudica eso. Los años y la experiencia es lo que te da esa capacidad de entrar y salir de una novela, una teleserie, sin que eso te afecte. Por ahora, para mí el cine una experiencia valiosísima”.

María del Carmen es una muchacha que estudió Español Literatura, pero siente que en la Cuba de estos tiempos, debe abrirse camino para lograr vivir mejor. Su amiga, Concha, interpretada por la actriz Yerlín Pérez, es una muchacha sin estudios, acostumbrada a “luchar” para vivir. Es esta amiga quien introduce a María del Carmen en lo que será el eje central del cuento: un escritor que paga a la gente por convertir sus historias en novelas.

“María del Carmen es una mujer muy optimista, que cuando quiere algo lucha hasta conseguirlo. Es muy fuerte y toda la película la pasa observando lo que sucede y no está conforme con lo que le habían pagado a su amiga por la historia que contó. Entonces decide que a ella no solo le iban a pagar más, sino que se iba a llevar un cuadro valioso que tenía el escritor en su casa.

“A partir de eso, crea un relato que nombra «La historia del tabaco» y que no es más que uno de los cuentos del Decamerón, de Giovanni Boccaccio. Para cuando el escritor se da cuenta de que ha sido engañado, ya María del Carmen está saliendo con su premio.

“Fue aproximadamente un mes de trabajo, porque Patricio Wood, mi contraparte en el cuento, estaba enfermo previo a la filmación. En lo que se incorporaba, Arturo hizo hincapié en ensayar mi personaje, que le preocupaba por ser uno de los caracteres femeninos con más complejidad dentro de la película.

“Es un personaje con otros puntos de giro, es una muchacha introvertida. Pasa casi todo el tiempo del cuento en silencio orgánico para lograr al final lo que quiere. Ningún espectador se espera lo que finalmente sucede con este personaje. Tenía que lograr bien mi subtexto, tener bien claro lo que yo quería y por qué, para así lograr mi objetivo.

“En este tiempo de preparación nunca me faltaron las llamadas telefónicas de Arturo. Nunca hubo reparos de su parte en aclararme alguna duda respecto a mi trabajo y, más allá de un director, fue mi amigo”.

Imagen: La Jiribilla

Pocas veces se encuentra un actor con esta dualidad tan singular como importante en el desarrollo de un proyecto común; y para Yudith, la posibilidad de edificar un personaje sin violentar las ideas que tienen de este tanto director como actor, está en saber negociar.

“No aparece siempre un director que te escuche, que esté dispuesto a aceptar nuevos puntos de vista. Arturo sabía muy bien lo que quería. La seguridad que él proyectaba en el set de grabación era impresionante. En muchas cosas yo tenía dudas, por ejemplo en el último parlamento de la película, cuando María del Carmen se despide y sale victoriosa de la historia. Tenía dudas con ese texto final y Arturo solo me decía que lo acomodara a mí. Me quedé fría, porque era ¡el texto final de la película! y él me daba luz verde para transformarlo a mi manera. Y al final me sentí muy contenta porque podía cambiar cosas sin perder el orden lógico de lo que quería el director en la escena.

“Ojalá en mis próximos trabajos tuviera la oportunidad de encontrarme a otro director que me brinde la posibilidad siempre de poder negociar. Un director que tenga confianza en el actor. Yo creo que Arturo siempre estuvo seguro de mí, a pesar de que yo estaba muy nerviosa porque era un personaje con un peso que antes no había tenido.

“Había muchas expectativas. Algunas se han cumplido, otras están por llegar. La participación en esta película me valió la nominación a Mejor actriz, en los premios Caricato y me siento muy contenta por eso”.

Imagen: La Jiribilla

Siempre es una presión para los jóvenes, compartir escena con otros profesionales que han logrado adquirir cierto prestigio y reconocimiento en su ámbito, ¿sentiste sobre ti este compromiso?

Cuando supe que Patricio Wood iba a ser mi contraparte en esta película; porque tenía otras escenas, pero pequeñas con Jorge Perugorría, Yerlín Pérez, a quien considero una excelente actriz, muy orgánica, muy rápida en el set de grabación; lejos de convertirse en una presión, me gustó. Pensé siempre que estaban allí para apoyarme, porque estos actores consagrados tienen la imprescindible función de halar a los actores nuevos. Las dudas que yo tenía en el set de grabación, Patricio me las resolvía en instantes. Era como mi papá, mi maestro en el set y eso me daba mucha confianza. Ya había trabajado con Irela Bravo en SOS Academia; en este filme ella actúa como secretaria del dueño de la fábrica; así que no éramos desconocidas. Todo se convierte en una especie de acuerdo y es muy satisfactorio trabajar con buenos actores, porque te obliga a darlo todo.

Sin embargo, cuando no tienes esa suerte es complicado, porque hay que trabajar el doble para que la escena salga bien. Aquí no: yo hacía mi parte y Patricio Wood se encargaba prácticamente del tono de la escena, en el cual yo me montaba. Es muy bueno trabajar con personas con experiencia y con ganas de ayudar. A mí no me ha pasado encontrarme con actores que solo les importe su parte. En el set me preocupé por ser muy profesional y siento que hubo muy buena energía en la película.

Todo el staff en función de que el trabajo saliera bien y Alejandro Pérez, encargado de la fotografía, fue un elemento esencial. Alejandro es un fotógrafo maravilloso, me cuidó a cada momento, para que todo saliera perfecto. Me hizo sentir muy segura y no podía pedir más porque lo tenía a él frente a mí, a Arturo detrás del monitor, supervisando todo y a Patricio a mi lado.

Patricio es un hombre con un sentido del humor envidiable. Hace bromas todo el tiempo. También me enseñó mucho. Me hizo ver que tenía una idea equivocada del trabajo. A la hora de coger el guion en las manos, uno tiende siempre a querer aprenderse los textos, propio de los estudios en la escuela. Él simplemente me decía: “No estudies tanto. Tuviste tu tiempo, no te desgastes y apréndete esto: el texto no es más que un pretexto”. Es una justificación para montar tu personaje y desarrollarlo.

Yo me quedé anonadada. No solo tiraba por tierra lo que aprendemos en la escuela, sino que me parecía demasiado sencillo. A partir de este momento esa es mi técnica y se lo debo a Patricio.

Imagen: La Jiribilla

La mayor parte de este cuento, titulado así: “La historia del tabaco”, se filmó en una tabaquería, una locación sui géneris y difícil para Yudith, quien debía poner todo su empeño para concentrarse en unas condiciones que parecerían adversas incluso para el actor más experimentado.

“Es muy difícil trabajar en una fábrica de tabaco, porque ellos tienen una producción que no para. Los ruidos de las máquinas, los radios puestos todo el tiempo. Estas personas son muy naturales, desinhibidas, y cuando entrábamos no paraban de meterse con nosotros, de chiflar, de decirnos cosas. A mí me tenían en un cuartico para que me preparara, para que estuviera alejada de todo ese bullicio. Pero la energía estaba allí, era bueno para la escena, aunque a veces también era complicado. No se podía mandar a parar a los tabaqueros solo para filmar, a fin de cuentas, nosotros estábamos en su espacio y ese es el ambiente de una tabaquería. Pero era difícil para mí: había más de 60 personas allí, atentas a todo lo que yo hacía.

Al principio pensé que no iba a poder hacerlo, pero luego toda esa molestia, esa energía de la que me fui cargando, esa incomodidad, me ayudó a que saliera la escena crucial de mi cuento. Nosotros fuimos los primeros en rodar, pese a ser el cuento que cierra la película, y ahí sí estaba tensa. Me recogían a las cinco y treinta de la mañana y a esa hora había que empezar a darlo todo. Por suerte, ya en el set estaban Irela y Patricio y nos decíamos chistes, lo que ayudaba a relajarse un poco.

El ser los primeros ponía presión no solo sobre mí, sino sobre todos los demás. Porque no teníamos un referente, porque son tres cuentos independientes que conforman una misma película y todo tiene que estar equilibrado. Nos sentíamos con la responsabilidad de crecernos. Luego, durante la proyección que se hizo en el Festival de Cine, me percato de que a lo largo del filme hubo personajes muy bien logrados, que no había personajes “chiquitos”; todos tienen un sentido. Casi puedo decir que es una obra coral en actuación. Hasta el silencio quedó maravilloso.

También tengo un desnudo que me tenía preocupada y nerviosa, porque nunca había hecho algo así. Solo lo hice porque al leer el guion me di cuenta de que estaba perfectamente justificado, que es lo que el actor casi siempre pide, no es solo pasar frente a la cámara sin que ello aporte nada en la historia. Se trataba de un pensamiento del dueño de la fábrica (Patricio Wood) que está tan obsesionado con esta muchacha, que la imagina desnuda.

Yo tuve que lograr seducir con los ojos, caminar de manera sensual; esta mujer hablaba de forma ralentizada como si saboreara todas las palabras que decía.

Imagen: La Jiribilla

Como actriz joven que se enfrenta a un mundo complejo e inestable, Yudith también tiene sus inquietudes y miedos, que busca aliviar en tanto da una mirada crítica a su generación y al contexto en que debe desarrollarse.

“Hay gran presión, sí. Somos muchos actores que salimos de la escuela. Creo que es un error el que la academia no ubique a los actores una vez se gradúan. Otras especialidades sí tienen esta posibilidad, pero con nosotros no sucede eso. Esta situación genera gran competencia, que puede beneficiar, pero que también nos crea frustraciones.

Yo me fui a buscar un grupo de teatro que se llama El círculo, bajo la dirección de Pedro Ángel Vera, quien me dio la oportunidad de hacer Makarov. Tenía mis dudas de dónde y cómo buscar trabajo, y yo quería trabajar, quería una evaluación, quería ir haciéndome mi historia. El círculo no era una compañía de gran reconocimiento, pero se hacían buenas puestas en escena.

Luego me llamaron para el casting de Aquí estamos, y bueno, después de salir en televisión, si uno trata de hacer un buen trabajo, hay más probabilidades de que te vean, te llamen para otras cosas, pero antes de eso, es difícil encontrar directores que confíen en nosotros, que nos tengan en cuenta.

Para esta película, Arturo demoró un mes en decidir si yo era María del Carmen o no. Cuando hablamos me dijo: “Ten claro que hay actrices de teatro, de televisión y de cine”. Yo no lo veía así y él me hizo darme cuenta de que hacer cine es diferente, es otra cadencia a la hora de realizar las acciones físicas del personaje, se trabaja más con los ojos, un subtexto muy claro, hay que cuidar mucho la dicción. Arturo fue capaz de aliviar y controlar todos los miedos y tensiones que yo traía, siempre bajo la premisa de que confiaba en mí y que lo lograría.

Imagen: La Jiribilla

En Cuba hay pocas oportunidades para hacer cine y somos muchos actores intentando lograr un mismo objetivo. Hay más posibilidades de hacer televisión, aunque también se vuelve muy complejo para los recién graduados.

Los directores de cine la mayoría de las veces trabajan con los mismos protagónicos, porque les conocen, porque les tienen confianza; tiene que aparecer un joven que sea muy bueno, o coincida con que ellos necesiten hacer un cambio, para tener la oportunidad de subir. O un golpe de suerte. No obstante, también están los que dan oportunidades, que es el caso de Arturo Sotto. Para él, si hiciste el casting y le gustó el resultado, hay probabilidades de que estés en su película. Depende de ti, de darlo todo. Al principio no creí que me fuera a dar el personaje, pero lo hizo y eso me ayudó a creer en él como la excelente persona que es y como director.

Yo creo que mi primer trabajo actoral se llama Bocaccerías Habaneras. No estoy para nada minimizando los proyectos anteriores, pero siento que aquí pasó algo conmigo, algo que me cambió. Aquí hubo un punto de giro, donde un director seleccionó mis características y trabajó con ellas en función de lograr un resultado. Un director que me vio de cerca y confió en mí. Creo que es mi primer trabajo real como actriz.

Ahora tengo otra película que empiezo a rodar en septiembre con Santana. Se llama Bailando con Margot, con Mirta Ibarra como protagonista. Llego a este proyecto más segura, mejor plantada y dispuesta a estudiar. A partir de ahora, siento que debo escoger mejor mis guiones, porque eso garantiza casi la mitad del trabajo, porque en el momento en que te encuentras un director que no tiene un buen guión, las cosas no fluyen bien.

Muchas de las obras que hice antes, creo que las hice por falta de trabajo, de experiencia, por ganas de lanzarme, porque como jóvenes necesitamos que se nos vea, que se nos escuche. Ahora me siento diferente. No es que crea que soy la mejor actriz, pero busco gente buena, que les guste trabajar y lo den todo”.

 

Comentarios

Vi la película Boccaccias Havaneras en VMO ,donde se puede ver mucho talento y muy buen humor de los cubanos....pero en tu aparición en el personaje de María Del Carmen ,te cuento....no sólo lo hiciste muy segura ,sino deslumbrante con tu hermosa figura de la típica mulata que irradia sensualidad y el tongoneo al caminar...una cara hermosa y fresca....y el desnudo ,super fenomenal....tienes algo muy natural....la picardía picante y sexy que deja loco a cualquiera.
Suerte nena hermosa,tu carrera apenas empieza...vas a llegar muy lejos....DIOS TE GUIE Y GUARDE CORAZON.

Me encantaría conocer a Yudith y apoyarla en todo lo que requiera, la felicito por el personaje y también al resto del staff de la película, simpática...diferente, original y necesaria para nuestro cine, Roberto rmg@consultandolex.com

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