Diálogo con Yerlín Pérez

Boccaccerías de Concha: una mujer
que lo sabe todo

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del ICAIC

 

“El personaje de Concha es muy simpático: estridente, desenfadado, dice las cosas sin pensar, de forma espontánea, no importa que se trate de la barbaridad más grande del mundo. Ella no aplica la famosa filosofía de Sócrates “solo sé que no sé nada”, no: ella lo sabe todo”.

Así define Yerlín Pérez su más reciente caracterización cinematográfica, concebida para el filme Boccaccerías Habaneras, de Arturo Sotto.

Imagen: La Jiribilla

Los programas humorísticos Pateando la lata y Deja que yo te cuente, en el que dio vida al más popular de sus personajes, Arturita; así como  dramatizados de alto impacto entre los que vale destacar la telenovela La cara oculta de la luna y el teleplay Del otro lado del velo, dan fe de su sólida trayectoria artística dentro de la televisión cubana.

Con Boccaccerías Habaneras regresa al séptimo arte, luego de dos experiencias previas en los largometrajes de ficción El premio flaco, de Juan Carlos Cremata, y La película de Ana, de Daniel Díaz Torres. Para la actriz, el cine se diferencia de la televisión en muchos sentidos: todo es más grande, constituye un lenguaje distinto, implica mayores exigencias y se erige, además, como una obra de arte por su permanencia en el tiempo. De ahí que lo considere un medio especial y complejo del cual le resta mucho por aprender.

¿Cómo llega Yerlín a ser Concha en Boccaccerías Habaneras?

Arturo contactó conmigo y me dijo: “Estoy haciendo castings para una película y te quiero en ella. No sé ahora mismo qué personaje serás. Tengo complicaciones con las edades y los físicos, pero voy a ubicarte en algún lugar, porque quiero trabajar contigo”. Yo le contesté que estaba a su entera disposición. Entonces, me dio a leer una escena, la de los rolos, para probar si era ese el personaje. La leí, nos miramos, nos reímos al unísono y me confirmó: “Ese es tu personaje”.

Imagen: La Jiribilla

Una vez que conociste tu rol en el filme, ¿qué recursos empleaste para asumirlo?

En mi caso, después que concientizo cómo es el personaje, voy adquiriendo sus características. Durante los ensayos, antes de grabar, incorporo muchas cosas; debe ser porque lo tengo todo el tiempo en la cabeza.

La cuestión no es sentarse y estudiar con el libreto. Una vez que aprendo el guion, voy haciendo un ejercicio de pensar el personaje en todo momento. A veces, hasta hablo sola por la calle. La gente pensará que estoy loca, pero es que una va buscando cosas que puede tener el personaje. Vas mirando a todo el mundo para incorporarle ciertas características, no guiándote por alguien en específico, sino en sentido general. Al menos a mí me funciona así; a cada personaje que voy a interpretar, trato de hallarle los puntos en común conmigo y si no los tiene se los encuentro.

En ese sentido, ¿qué rasgos comparten Concha y Yerlín?

Ella es despistada y yo lo soy en extremo, creo que también espontánea, aunque llega un momento en que ya nosotros los actores ni sabemos como somos. Haces tantos personajes que te quedas con un poquito de cada uno. Pero, sobre todo en el tiempo de rodaje, trato de comportarme como el personaje para no salirme. Por ejemplo, el día que voy a hacer una escena extremadamente dramática y muy fuerte llego seria, me mantengo sola, y viceversa.

Con este personaje me divertí muchísimo y no paré de reírme junto a todas las personas que estuvieron cerca. Ellos también se rieron muchísimo conmigo, de todo lo que hacía, aunque no soy simpática, pero trato de mantenerme con el personaje y no lo dejo ni para ir a almorzar.

Imagen: La Jiribilla

Es la primera vez que trabajas con Arturo Sotto. ¿Cómo fue la experiencia a su lado y con los actores del elenco?

Con Arturo se trabaja muy cómodo. Es un hombre muy inteligente, lo admiro muchísimo y me encantó actuar a su lado, porque es una gente joven, extremadamente flexible y tenía su película completita en la cabeza,  sin ninguna duda.

Disfruté muchísimo las escenas en las que trabajé directamente con él, que hace del escritor. Salí feliz y complacida, porque sabía que así era la escena. Entre los dos hubo química y nos entendimos al momento. Le doy mil gracias y espero que haya quedado contento también.

Fue muy simpático compartir con él en su rol de actor porque nosotros, los actores, tendemos a relacionarnos siempre en las escenas, nos decimos “acuérdate de esto”, “ten cuidado con aquello”, y cuando le iba a decir algo me daba cuenta: “Ay, perdón, si es el director”, pero resultaba gracioso porque yo tuve montado el personaje de Concha durante el rodaje completo.

Con las otras actrices, Yudith y Yordanka, me fue muy bien. A Yudith la conocía de SOS Academia, donde habíamos trabajado juntas; a Yordanka no, solo de verla en el teatro. Con Patricio no tuve tanto vínculo, pero me acerqué a ver sus escenas y me divertí muchísimo. Fue así con la mayoría, porque conocía a casi todo el mundo. Hicimos un buen equipo, no solo entre los actores, sino en general. El trabajo fue cómodo porque todas las personas eran extremadamente agradables.

Imagen: La Jiribilla

En el proceso de filmación, ¿cuál fue la escena más difícil y la de mayor regocijo para ti?

La que más disfruté fue esa escena con Arturo, y la que me resultó más compleja fue la del balcón, porque tenía miedo de que me quedara una caricatura: los textos eran muy puntuales, no podías dejar de decir nada, había que manejar muchas cosas a la vez, debías tener en cuenta el ritmo y el momento en que ibas a hablar, no pasarte, las cosas que ibas diciendo… era una escena atípica, la que más tensa me tenía de toda la película.

El resto del rodaje fue muy placentero. La tabaquería me encantó, tuvimos un entrenamiento previo donde aprendí a hacer tabaco. Nos impregnamos de todo ese mundo, del olor; manejamos, sentimos e hicimos el tabaco. Muchos de los trabajadores de allí nos ayudaban a perfeccionarlo, pero llegué a hacer un tabaco que se podía fumar y eso fue genial, divino.

Cómo actriz del filme y, a la vez, espectadora, ¿cuál es tu criterio sobre esta adaptación de los cuentos del Decamerón a la realidad del contexto cubano?

Los cuentos del Decamerón son para toda la vida. Están escritos con un nivel de sensualidad y erotismo tremendo, y creo que en cualquier época en que los leamos van a causar el mismo efecto. Arturo fue muy cuidadoso y los supo trabajar muy bien. En el filme se respira ese ambiente, porque todo el tiempo hay un nivel de erotismo y éxtasis, está presente el equívoco, la farsa, los personajes embaucadores… Lo que más me gusta de Arturo, un hombre genial, es que al final siempre las mujeres somos vencedoras.

Vi la película y como espectadora el cuento que más me gustó fue el primero. No lo estoy valorando con ojos de especialista, ni haciendo grandes análisis de realización y actuación. Tal vez me gustó más porque no lo conocía; mi personaje no tenía nada que ver con esa historia, por eso no la había leído. No obstante, todos me gustaron y también me agradó cómo Arturo encontró la solución para engarzar las tres historias.

Imagen: La Jiribilla

Después de haber visto la película, ¿cambiarías algo de tu personaje? ¿Te sientes satisfecha con el resultado final?

Nosotros nunca quedamos satisfechos con lo que hacemos, sobre todo después que lo vemos, y más en el cine, que es más complicado y donde debes tener mucha experiencia, aunque uno siempre trata de estar a la altura.  

Boccaccerías… es una comedia y mi personaje bordea casi la caricatura, que era a donde no quería llegar. Le decía siempre a Arturo: “no dejes que me pase, mírame, si voy a tocar el límite me halas para acá”.

Solo vi la película una vez, con mucho susto, y no quedé complacida. Tengo que verla de nuevo. Le comenté a Arturo: “si estás contento y te gustó lo que quedó, yo estoy feliz también”.

No obstante, lo haría mejor. Imagínate que durante el doblaje yo quería hacer cambios y Arturo me dijo: “Pero es que quieres cambiar cosas de las que no te diste cuenta allí”. Creo que nosotros, los actores, estamos viéndonos y vamos diciendo: “¿Por qué hice esto así? Eso no era así”. Es que influyen muchas cosas cuando estás grabando: son los nervios, la impronta de lo que no has podido procesar en el tiempo que tuviste de preparación… Sé que cuando vuelva a ver la película voy a quedar inconforme conmigo misma, porque le encontraré siempre algo.

¿Qué expectativas tienes ante su proyección en las salas de cine de la Isla y la reacción del público?

A mí me gustó la película y creo que el pueblo la va a disfrutar muchísimo. El nivel de actuación está muy parejo. En sentido general, los tres cuentos se encuentran bien concebidos. La gente siempre va a preferir una historia o va a señalar: “qué bien estuvo fulano”, pero quien diga que hay una actuación mala, es mentira, porque la dirección de actores es excelente.

Yo espero correr con la suerte que he tenido siempre, que este personaje sea aceptado como los otros, y que Arturo pueda hacer muchas películas más donde me dé la oportunidad de trabajar.

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