Un paso largo al cine

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

No tiene miedo a aventurarse, es una actriz y como tal dice asumir los riesgos con disciplina, sin importar el medio, pues lo que le gusta es actuar. Claudia Álvarez es muy joven, tanto, que aún está a medio camino de recibirse como licenciada en Artes Escénicas por la Universidad de las Artes. Pero ello no ha impedido que ya haya abrazado con éxitos las tablas, la televisión y ahora el cine; aunque advierte, que todo lo realizado ha sido paso a paso, sin premura, lo demás ha sido suerte.

Imagen: La Jiribilla

De la caprichosa Paula en la telenovela Aquí estamos, a Catalina o la prima, de la película Boccaccerías Habaneras, de Arturo Sotto, la joven en poco tiempo ha experimentado ser una actriz que transita por los diferentes medios.

Su primer asombro fue llegar a la película con el pie derecho, un protagónico, un personaje sobre el cual giran los demás y que al mismo tiempo es la hija, la novia, por lo tanto también, si se quiere, es la boda resultado de infinitas peripecias que tienen como testigo el ambiente citadino habanero. Claudia se siente, por lo tanto, premiada, pero aún no sale del susto por haber compartido escenas con grandes del cine cubano.

A pesar que anteriormente con Teatro El Público, dirigido por Carlos Díaz, subió a las tablas con Sueño de una noche de verano y Noche de reyes, en el segundo interpretando a Viola, también un protagónico; lo del cine le resulta una prueba de la cual salió ilesa, pero no satisfecha.

¿Cómo llegas a la película Boccaccerías Habaneras de Arturo Sotto?

Me llamaron del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Allí me informan sobre un proceso de casting para la película, buscaban una muchacha para hacer un personaje pequeño. Entonces voy y me presento, pero cuando Arturo Sotto, el director, me vio físicamente me propone otro de mayor peso, el de Catalina, la prima.

El primer encuentro con Arturo fue una entrevista que parecía una conversación. Él buscaba físicamente a los actores, porque los tenía perfilados de esa manera. Hubo un segundo llamado que consistió en hacer escenas con otros artistas, en mi caso fue la de los primos.

Fue un proceso de rigor y al mismo tiempo divertido. Arturo hizo un casting en el cual demostró que tiene formación como actor. Él estaba muy preocupado por nosotros, porque sabe que es una prueba muy tormentosa, los actores siempre estamos a prueba, incluso, los más experimentados. Sin embargo, con él no nos sentíamos nerviosos, ni tensos, había complicidad. Arturo, aunque exigente, es al mismo tiempo una persona muy suave, educada, uno siente que habla con un amigo.

Imagen: La Jiribilla

Eres una actriz muy joven y ya has debutado en el cine con un protagónico, ¿cómo asumes ese privilegio?

Estoy muy agradecida, ha sido una gran responsabilidad, una suerte y obviamente un privilegio que cargo con orgullo y humildad. Tengo experiencias en la televisión y el teatro, incluso como conductora, pero comenzar de esta manera en el cine, con un personaje de peso y con Sotto, quien tiene muy claro y bien concebidos los objetivos de su trabajo, ha sido una de las mejores dichas como artista. Se traduce en un salto de enriquecimiento profesional necesario para cualquier joven actor.

Hablemos de Catalina

Es un buen personaje, tiene gran peso en la historia del primer cuento, “Los primos”. Los conflictos se mueven alrededor de Catalina, son las peripecias de su boda. Es una comedia de situaciones. La prima se casa con un hombre trabajador de un agro, Alexis, interpretado por Yadier Fernández, es adinerado y por eso dicen que lo hace por dinero; pero en realidad ella está enamorada de su primo, que encarna el actor Raúl Bravo, quien es mi pareja en la vida real hace siete años.

El día de la boda transcurren muchas vicisitudes a partir de los preparativos que hacen sus padres para la celebración. Los incidentes abordan costuras de la vida cubana, porque los obstáculos para llegar a la fiesta provocan risa, aunque no dejan de ser reales también, por muy imaginativos que nos resulten. Es una historia ajustada a la realidad, no tiene nada del Decamerón de Giovanni Boccaccio. Tengo entendido que Arturo escribió este primer cuento sin remitirse a la obra literaria.

Compartes roles con un nutrido grupo de actores y actrices de renombre en los medios cubanos, ¿qué significa y cómo has interiorizado lo aprendido?

Félix Beatón, quien hace de mi padre en la película y anteriormente lo hizo también en el teleplay Fotos, me dio mucha seguridad, por esa manera tan natural de interpretar. Beatón es muy divertido, muy talentoso, tiene mucha cubanía y lo transmite sin estridencia, sin forzarlo, es muy orgánico y eso creo que lo atrapé.

Igualmente me sucedió con Zulema Cruz, actriz que reside en EE.UU. y quien hace de mi madre, trabajar con ella fue una de las mejores experiencias que me llevo de la película.

En sentido  general, a pesar de la cantidad de artistas que trabajamos, nos convertimos en familia por la manera en que  compartíamos cada espacio, los camerinos, el set... Sotto ya había trabajado con algunos, pero su capacidad organizativa, su manera de dirigir contribuyó mucho a esa empatía que surgió entre nosotros; algo muy especial que yo defino como respeto y profesionalidad, al punto que los actores experimentados y los no tanto logramos estar casi al mismo nivel. Hubo mucho tacto, incluso, para sugerir algún detalle, eso lo aprendí y considero que Boccaccerías Habaneras fue una gran lección de actuación.

¿Te sentiste cómoda al asumir el lenguaje cinematográfico cuyos códigos difieren del teatro y de la televisión?

Sí, el cine tiene unos códigos que buscan mucho la naturalidad del actor, simular ser tú mismo. A veces me ponía nerviosa, recuerdo un día que empezamos a grabar una escena y yo estaba ensayando, Arturo me vio y me dijo: “yo lo quiero así, hazlo así, no te pongas nerviosa cuando encienda la cámara. Estás más sensual sin la cámara que cuando la pongo”.

Era la escena en la que estoy provocando a mi primo, él está estudiando, y me dice que no me case…, en fin.

Me gusta mucho hacer teatro, vives el hecho de tener al público ahí, cada cosa es efímera, tienes que tener capacidad de improvisación, más agilidad, y ver cómo reaccionan las personas; hay más empatía, todo lo que haces, las reacciones de la gente, definen tu actuación.

La televisión, por su parte, es de mucha premura, es agotadora, en un día haces demasiadas escenas, algunas en situaciones de tiempos distintos y sobre momentos diferentes; haces una escena del primer capítulo y otra del 50, tienes que transitar por diversas emociones en momentos. Sin embargo, al igual que en el cine, exige naturalidad y eso es lo más difícil, porque en este caso una vez que empiezas no alcanzan las horas.

El cine, por su parte, brinda la posibilidad para que los actores tengan más tiempo, se graba con menos premura, las personas que te rodean son muy cuidadosas. Ambos medios tienen en común la naturalidad, pero los separan las dinámicas y económicamente son distintos.

Imagen: La Jiribilla

Se dice que el cine lanza a un actor o actriz al estrellato, que se ha convertido en el arte por excelencia, ¿hasta qué punto lo valoras así y sientes que esta experiencia te pueda abrir las puertas con otros directores?

Tengo mucho miedo con la película, es algo nuevo para mí, no sé por dónde andarán las críticas sobre el personaje, porque nunca había hecho cine, apenas conozco los códigos, y en la cinta hay actores de un altísimo nivel que sí han hecho cine como Luis Alberto García, Patricio Wood, Mario Guerra, Jorge Perugorría, Omar Franco, todos con un dominio y una comicidad increíbles.

Cuando me senté a ver el filme, lo analicé desde todas las perspectivas y me di cuenta que ellos tienen una experiencia evidente, son gente de cine, manejan bien los códigos de la comedia y del séptimo arte. Hacer comedia es muy difícil y esta fue mi primera experiencia tanto en el género como en el cine.

Los actores somos inconformes, siento que pude hacer más cosas, es notable la experiencia, pero la actuación es eso, arriesgarse, ir paso a paso, perfeccionando cada vez el trabajo. Espero que la película sí me abra las puertas para otras propuestas.

Hablemos de vivencias, ¿es difícil ser dirigida por Arturo Sotto?

Me gustaría volver a trabajar con Sotto, si no vuelvo hacerlo, el recuerdo que guardo es muy agradable. Los actores siempre somos “chicharrones”. No nos conocemos más íntimamente, no ha pasado de ser el director y la actriz de una de sus películas; sin embargo, durante ese tiempo, advertí que su personalidad transmite ser una persona buena, noble, incansable, trabajador, culto…

Además, tiene una manera de trabajar con los actores que se agradece, es muy respetuoso y concreto. Los personajes los tiene muy claros, quizá porque es el guionista, está bien perfilado lo que pasa con ellos. Al mismo tiempo nos dio libertades, aunque había puntos que él necesitaba que se hicieran de manera muy específica, pero uno como actor no lo sentía como una nota de un director, te reitero, habla como un amigo.

A pesar de su referente literario Boccaccerías Habaneras es una película anclada en la idiosincrasia cubana, ¿cómo fue tu encuentro con esa manera de contar una historia a lo Arturo Sotto?

Si ves sus películas anteriores, Pon tu pensamiento en mí de 1997 y Amor vertical de 2003 y ves esta te percatarás que no se parecen. Me sorprendió el resultado, conociendo lo que él había hecho antes. Este nuevo enfoque, de una obra del siglo XIV ajustada a nuestra realidad de manera audaz demuestra el potencial creativo de Arturo Sotto.

En mi modesta opinión es un realizador prometedor para el cine cubano. Esta obra es el trabajo de un director que tiene conocimiento, con muchas lecturas, y cuya cultura se constata. Es muy estudioso, insaciable para buscar aquí y allá, es inquieto; y eso él te lo contagia, te insta a no quedarte donde estás, a  ir más allá como artistas. Cuando leí el guión me reí mucho, me parecía muy simpático, pero lo logrado por los actores bajo su dirección fue excelente.

¿Eres de las que asumes la actuación como un todo, sin establecer fronteras entre un medio u otro?

Lo asumes como un todo, a partir de la sinceridad. Actuar es eso, ser sincero, honesto con lo que haces y dejarte guiar, sin importar el medio. Tienes que creer en lo que haces aunque cambien los códigos.

Siempre tenemos referentes a la hora de asumir nuestros oficios y el cine es una gran constelación de estrellas cubanas y a nivel internacional, ¿qué artistas del séptimo arte admiras?

Me gusta mucho el trabajo de Steve Buscemi, quien es muy natural en sus interpretaciones y de Bryan Cranston, actor de la serie Breaking Bad y quien trabajó con Spielberg en la película Rescatando al soldado Ryan, a pesar de estos personajes él hace comedia también. En Cuba, admiro a Luis Alberto García, por esa manera que tiene de asumir la actuación. No sientes que actúa, no fuerza nada y de eso se trata, ser muy natural y hacer parecer que no actúas.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato