Los sitios de memoria de La Ruta del Esclavo:

Resistencia, libertad y patrimonio en el Caribe insular

Jesús Guanche Pérez • La Habana, Cuba
Fotos: Yander Zamora

En relación con el resto del continente americano, el Caribe insular es un territorio relativamente pequeño y densamente poblado donde se observa un predominio lingüístico de las variantes nacionales del español, el francés y el inglés, así como una gran ocupación del territorio, especialmente en las islas más pequeñas. Estas características evidencian una rica diversidad cultural y todo un caleidoscopio de expresiones relacionadas con el legado de África a las culturas de esta región.

Imagen: La Jiribilla

En mayo de 2006, 25 expertos y funcionarios de Aruba, Cuba, República Dominicana y Haití, se reunieron para debatir la mejor manera de avanzar en los trabajos sobre la memoria y la investigación acerca de la esclavitud relacionados con el patrimonio en el Caribe. La reunión fue la ocasión de poner en marcha el proyecto piloto: Lugares de Memoria de la Ruta del Esclavo en el Caribe, un esfuerzo inspirado en las actividades del proyecto “La Ruta del Esclavo”.

La iniciativa fue presentada de conformidad con la nueva estrategia del proyecto “La Ruta del Esclavo” de la UNESCO, aprobado en febrero de 2006, con el objetivo de acrecentar la visibilidad del patrimonio cultural material e intangible (vivo) en relación con la trata de esclavos, que se ve así enriquecido con la singularidad cultural de la región del Caribe. Se centra en la noción de memoria, establece un vínculo entre el presente y el pasado. Sin embargo, su alcance va más allá de la mera dimensión histórica para abordar las cuestiones fundamentales del patrimonio hoy día relacionadas con la esclavitud, la diversidad cultural, el diálogo, el desarrollo y el patrimonio cultural y natural.

Posteriormente, la conferencia organizada en La Habana por la Oficina Regional de Cultura de la UNESCO para América Latina y el Caribe (en colaboración con el proyecto de la UNESCO “La Ruta del Esclavo”) sirvió de oportunidad para lanzar la fase piloto del proyecto “Lugares” de la memoria de la ruta del esclavo en el Caribe latino. Esta conferencia también permitió a los especialistas, definir con mayor detalle los criterios metodológicos sobre el modo de establecer un inventario de los lugares de la memoria en el Caribe (Haití, Cuba, República Dominicana y Aruba).

Esos objetivos e instrumentos metodológicos definidos durante la conferencia de La Habana, estuvieron destinados a fomentar la gestión a largo plazo del patrimonio histórico y las actividades en la región.

La primera fase estuvo comprendida por la conformación del listado de los lugares de la memoria, la sensibilización de las autoridades locales acerca de la importancia de salvaguardar los sitios y designar los seleccionados para su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial, la evaluación de las condiciones necesarias para la promoción de los sitios seleccionados, la supervisión de la preservación de los archivos, la recogida de las tradiciones orales, en el marco de las actividades de salvaguardia del patrimonio cultural intangible y el establecimiento de una estructura de trabajo para los esfuerzos de cooperación entre los investigadores de la sociedad civil en el Caribe.

Tras la propuesta de crear una Red Global de Sitios de Memoria como resultado de la reunión técnica en la UNESCO, París, en diciembre de 2012, dedicada al desarrollo de la guía y módulos de entrenamiento en el turismo de memoria, del proyecto “La Ruta del Esclavo”: resistencia, libertad y patrimonio; los principales resultados sobre las experiencias del Caribe insular con sitios de interés son:

En el Caribe insular anglohablante encontramos 24 sitios de memoria repartidos entre Antigua y Barbuda con su ingenio azucarero de Betty’s Hope, las mazmorras de esclavos "Rock Dungeon" y "Torturer“; Bahamas con  la “la Fiesta El Junkanoo”; en Barbados con el Centro histórico de Bridgetown y su guarnición militar, el “Congaline Festival” y el “Crop Over Festival”; en Bermudas (Reino Unido) con la Ciudad histórica de St. George y las fortificaciones asociadas; en Dominica con el Parque Nacional de Morne Trois Pitons, las ruinas del fuerte Shirley y “el carnaval de Dominica”; en Granada con la hacienda Río Antoine, la “Fiesta anual Mardi Gras” (Carnaval), “el Big Drum’”, las cuadrillas y el string bands de Carriacou y Petite Martinique; en Islas Turcas y Caicos con “el naufragio del Trouvadore”; en Islas Vírgenes Británicas (Reino Unido)  “el espacio cultural del «quimbombó»”: festividad, música y danza; en Jamaica, las tradiciones de los cimarrones de Moore Town, el Parque Nacional de las Montañas Azules, y la casa de Bob Marley y el reggae; en Saint Kitts y Nevis el Parque Nacional de la Fortaleza de Brimstone Hill y “El Carnaval de Bassetterre” ; en Santa Lucía la “Zona de gestión de los pitones”, y “el carnaval de Santa Lucía”; en Trinidad & Tobago “el carnaval de Trinidad y Tobago”; y el calipso y el steel-bands.

Por su parte, en el Caribe insular francohablante (34 sitios de memoria), encontramos a Haití con Camp Gérard, Guillon, la hacienda Poy-La-Génerale, la Citadelle, Ramiers et Sans Sousí, Santo, Jumécourt, el Museo del Panteón Nacional,  Môle Saint Nicolas - Fuertes de la Vallière y Saint-Charles; Guadalupe (Francia) la hacienda de Beausoleil, la Fortaleza Louis Delgrés, las haciendas Vanivel, La Grivelière, Mahaudière, Néron, Murat, Roussel–Trianon y La Mare au Punch. Las añilerías de la costa este de Marie-Galante y “A lanzar el bote”, la prisión de esclavos de la hacienda Belmont, el museo departamental Victor Schoelcher, la Fortaleza Fleur D´Épée, el monumento a la abolición de la esclavitud, el Canal de Rotours, el cementerio de esclavos de L´anse Sainte-Marguerite, la alfarería Fidelin, el Carnaval de Guadalupe; Martinica (Francia) la Casa de la Caña, el Ecomuseo de Martinica, el Museo Regional de Historia y Etnografía, el  Museo de las Artes y Tradiciones Populares, el Fondo Saint-Jacques, Memorial en homenaje a los esclavos que poblaron Martinica, y su carnaval.

En el Caribe insular hispanohablante (27 sitios de memoria), encontramos en Cuba el Valle de Viñales, el cafetal Angerona, el Centro Histórico Urbano de La Habana y su sistema de fortificaciones, el asentamiento poblacional de Regla-Guanabacoa, el Castillo de San Severino, el Centro Histórico Urbano de Cienfuegos, de Trinidad y su Valle de los Ingenios, el centro Histórico Urbano de Camagüey, las ruinas del ingenio La Demajagua, el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, el poblado y coto Minero de El Cobre, el Castillo San Pedro de la Roca en Santiago de Cuba, la Tumba Francesa, el paisaje arqueológico de las primeras plantaciones cafetaleras del sudeste de Cuba, y la Rumba.

En República Dominicana se distinguen la comunidad El Naranjo, los  ingenios de Cepi-Cepí, de Diego Caballero, y de Boca de Nigua, la ermita de San Gregorio Magno, el espacio cultural de la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella, la ciudad colonial de Santo Domingo,  la tradición del teatro bailado Cocolo, el Museo del Hombre, el Puerto de Boca de Yuma y el ingenio Azucarero de Sanate.

Mientras que en Puerto Rico (EE.UU.) hallamos la Fortaleza y el Sitio Histórico Nacional de San Juan, que incluye el Museo de Nuestra Raíz Africana -Casa de los Contrafuertes, una de las edificaciones más antiguas del Viejo San Juan.

Los cuatro sitios de memoria del Caribe insular holandés se ubican en Aruba: Huisje Wild, Fort Zoutmaman /Toren Willem III, Santa Cruz Asu/Sports Hall Site, Niewindtstraat 37 y el carnaval.

Imagen: La Jiribilla

El desarrollo del turismo de memoria

En el caso regional del Caribe insular, si consideramos cuál es la valoración en términos de dinámicas relacionadas con la promoción, el desarrollo y la difusión de la memoria de la esclavitud, podemos identificar que junto con la presencia de sitios (espacios relacionados con la historia de la esclavitud, la abolición, el legado cultural, entre otros) un lugar muy especial de la memoria y del imaginario social, lo ocupan otros espacios participativos relacionados con eventos (carnavales, fiestas populares, religiosidad, encuentros académicos, promoción cultural, trabajo comunitario) que como patrimonio cultural vivo, comparte o se complementa con los sitios identificables con el patrimonio edificado o los espacios naturales.

Todo depende de cómo y cuándo se logra combinar ambos tipos de actividades. En ellas ocupan un lugar muy importante, los museos y otras instituciones que no se limitan a la exhibición de colecciones, salas o piezas, sino que incluyen una programación capaz de atraer a personas, familias, grupos con otras actividades de interés según las edades. Estas instituciones pueden incluir actuaciones en vivo de grupos tradicionales y contemporáneos, así como visitas a otros sitios de memoria, relacionados con las áreas de interés.

En el caso de las ciudades y otros espacios patrimoniales de jerarquía mundial, la identificación al interior de determinado conjunto de sitios de memoria, puede dar lugar a recorridos que sean debidamente facilitados por guías, según programas de turismo cultural.

También se constata que el principal freno es la baja o nula capacidad de las instituciones, gestores, agencias y directivos de turismo para conocer adecuadamente y asumir las potencialidades que tiene este tipo de patrimonio para la promoción sustentable de turismo cultural de memoria.

Uno de los factores negativos es el grado de deterioro de los sitios históricos y su no inclusión en programas de conservación con vistas a su visibilidad patrimonial.

Al mismo tiempo, el principal fracaso es el bajo nivel de preparación especializada de los guías de turismo junto con la baja o nula motivación por promover este tipo de opción.

En la región no hay una voluntad política generalizada de incorporar la participación de las comunidades en la gestión del patrimonio en sus áreas de asentamiento, que faciliten acciones de sostenibilidad económica y mejoramiento del nivel de vida.

El tema del turismo de memoria también se encuentra muy relacionado con la necesaria articulación entre política cultural y política de turismo; si el patrimonio construido y el natural se vinculan con espacios de participación social (carnavales, fiestas populares, religiosidad, encuentros académicos, promoción cultural, trabajo comunitario), los sitios de memoria pasan a formar parte de la cotidianidad y de la pertenencia colectiva; no se distancian en el pasado, sino que se les apropia desde el presente; es decir, adquieren nuevas lecturas sin olvidar su significación histórica.

Esto se relaciona también con la jerarquización que cada uno de los países y territorios haga de los sitios: declaratorias locales, nacionales o mundiales; áreas protegidas, espacios de investigación, entre otras. Cuando no existe una sistemática intención de visibilidad y puesta en valor de los sitios de memoria, están condenados al fracaso y al olvido.

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