Literatura

Breves palabras para la antología
Los que cuentan

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Como bien apunta Eduardo Heras León, fundador y profesor principal del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, en el prólogo a este primer libro de la Colección Dienteajo, (Editorial Cajachina), Los que cuentan no es una antología tradicional, sino el resultado de la selección que los autores y las autoras hicieron de sus propios textos. Egresados todos del Centro, desde los primeros cursos hasta algunos recientes, los escritores y las escritoras, cuyas edades fluctuaban entre los 25 y los 45 años en el momento en que vio la luz el volumen (2007), muestran, según sus criterios y exigencias, la que consideraron su mejor narración hasta ese instante.

Los 20 cuentos reunidos, comentados por dos estudiosos y protagonistas de la literatura, además del maestro Heras León: Maggie Mateo y López Sacha, contienen elementos más que suficientes para ser considerados ejemplares. Desde el uso del lenguaje (directo o metafórico; conciso o enjundioso; procaz o finamente elaborado) hasta la temática que abordan, en todos los textos se vislumbra la solidez y el afán de búsqueda de estilo propio, distintivo y particular de cada autor, de cada autora. La inmensa mayoría de las narraciones (excepto, quizás, una de ellas) se sitúa en el escenario cubano, lo cual otorga una multiplicidad de visiones que resulta muy interesante, para decir lo menos.

Así, desde distintas perspectivas que dependen no solo de la edad biológica y emocional de quien la describe, sino también del empeño por sobrevolar lo inmediato o, por el contrario, reflejarlo en toda su crudeza, emerge un país, un momento, una situación histórica determinada: el contexto cubano de las últimas décadas.

Varias son las problemáticas que encuentran espacio entre estos maduros o jóvenes narradores. La violencia, el absurdo, los límites sociales, la corrosiva batalla por la sobrevivencia, y una extraña solemnidad signa las más de 230 páginas del libro. No hay atisbos de humor en la literatura que escogieron estos autores, ni siquiera un veterano en las lides de humor literario como Francisco García (Historia sexual de la nación, ¿Qué quieren las mujeres?) escogió un cuento suyo de ese género para integrar Los que cuentan, demostrando así el carácter de seriedad y de trascendencia que cada uno, quiso destacar.

No sería adecuado ni útil detenernos en el comentario de los cuentos por separado, ya que además de desmembrar el conjunto al cual pertenecen, estaríamos restándole valor al hecho innegable de que aparecen reunidos no por azar ni por capricho de Heras León; sino porque constituyen un abanico (más que un muestrario) de los resultados del Centro de Formación Literaria que él preside. Resulta evidente que, en términos de instrucción, de facilidades para el acercamiento a la mejor literatura de todos los tiempos, y del aprendizaje de técnicas narrativas, el exigente taller que es el Centro, alcanza y supera los objetivos que seguramente se propusieron sus fundadores, hace ya varias décadas.

No puede dejar de admirarse el número y la magnitud de premios que han alcanzado los autores(as) de este libro. Cabe señalar que si se suma la cantidad de galardones literarios que ostentan estos narradores(as) se supera la misma cifra de los cuentos: 20, entre los que se destacan importantes certámenes que demandan madurez, como el Premio Casa de las Américas y el Premio Alejo Carpentier, así como aquellos que son dedicados a los inicios en el arte de la escritura, como el David, los Pinos Nuevos y los Premios Calendario. Los integrantes de esta colección han sido merecedores de estas y de otras distinciones, lo cual reafirma el carácter riguroso con el que estudian; el talento pedagógico de quienes les enseñan, y la combinatoria de aptitud con empeño que se necesita para lograr más que resultados meramente decorosos.

Los que cuentan complementa el panorama que ya siendo abarcador, presentó recientemente la investigadora Caridad Tamayo en la fabulosa selección Como raíles de punta (Ediciones Sed de belleza, 2013), cuyo cuestionamiento transcribimos en estas líneas: “¿Qué está ocurriendo con la más reciente narrativa de la Isla?” porque su respuesta está en estas páginas, y no en el viento. Precisamente el complemento que ambas antologías ofrecen (también) de la vitalidad del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso queda demostrado por la abrumadora cantidad de egresados que contiene Como raíles… (de 32 narraciones seleccionadas, 29 fueron escritas por exalumnos de dicho taller).

Definitivamente, no puede llevarse a cabo ningún análisis serio de la problemática de la escritura cubana actual, sin estudiar las propuestas que estas dos antologías ponen a nuestra disposición.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato