Vuelos Prohibidos

Nueva película cubana y sus singularidades

Después de un período en el que puso acento y empeño en impulsar la Muestra Itinerante del Cine del Caribe, el realizador Rigoberto López  (Yo soy del son a la salsa y Roble olor, entre otras muchas producciones), regresa a la pantalla grande: esta vez con el largometraje de ficción Vuelos prohibidos.

Imagen: La Jiribilla

La cinta —de una hora y 28 minutos, aproximadamente— se encuentra en estos momentos en fase de posproducción y, según dijo López, en conversación exclusiva con La Jiribilla, “estará lista para ser exhibida a finales del presente 2014”. También adelantó que se trata de una historia de amor que reflexiona sobre la realidad cubana actual, una mirada sincera, equilibrada y justa y que tiene “algunas singularidades como experiencia de trabajo, por ejemplo, el guión lo compartí con un muy importante economista y profesor universitario , el doctor Julio Carranza, un hombre de pensamiento con una obra muy reconocida en el campo de las ciencias sociales”.

En diversas oportunidades se ha auxiliado de otras manos para escribir los guiones de sus proyectos, pero han sido creadores muy ligados a la cultura. Sin embargo, ahora se apoya en un especialista del campo de las ciencias económicas, ¿por qué?

Apoyarme en Carranza me ha servido de mucho. Pienso que el concepto del intelectual, del hombre de pensamiento, no puede ser reducido y restrictivo en espacios estancos. Creo que alguien como Carranza en el que concurren, por una parte, la densidad de pensamiento —como cientista social que es—, pero al que  también lo asiste una sensibilidad que lo inclina hacia la literatura y al arte en general, prueba en los diálogos y situaciones escénicas de la película su aptitud para la narración cinematográfica, en este caso para el filme que he querido realizar.

En esta experiencia conjunta no encontramos ningún aspecto en el que diferimos, todo lo contrario, muchos de los diálogos le deben a su impronta; fue excelente la química entre ambos y, creo, realizamos un trabajo a dúo del que, sinceramente, me siento muy satisfecho.

Con todo respeto: los académicos tienen una visión, quizá, un poco densa de la realidad,  ¿cómo fue el proceso de captar sus ideas y sugerencias —que vienen de las ciencias sociales— y llevarlo a un lenguaje cinematográfico?

Es una pregunta atinada porque se trata de un guión en el que está involucrado un especialista en ciencias sociales, sin antecedentes en la ficción, lo que de algún modo justifica tu pregunta; y el desafío ha sido precisamente que conceptos, ideas, reflexiones de una cierta densidad, sólo fueran el soporte para las exigencias del lenguaje cinematográfico  y los requerimientos narrativos que entraña el cine en sí mismo.

Creo que de algún modo,  intentamos lograr lo que de alguna manera decía Ernest Hemingway con respecto a la literatura y su comparación con el iceberg; del que se ve un octavo en la superficie, porque hay siete octavos  bajo del agua. Creo que por ahí va el guión de Vuelos prohibidos.

No es una historia en género de comedia, o de farsa, o satirizando zonas de nuestra vida, lo que sabemos es igualmente válido y legítimo, y en particular ha venido probando su capacidad de comunicación y reconocimiento por nuestro público. 

Imagen: La Jiribilla

Vuelos prohibidos es una historia de amor y, ¿cuánto puede ser reveladora de la realidad y la vida una historia de amor? (si es inteligente)…. ¿no te parece?

 ¿Es una coproducción?

No exactamente. La película está producida por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) con la colaboración de nuestro Ministerio de Cultura, pero también ha contado con la imprescindible colaboración de la Fundación Global “Democracia y Desarrollo”, que preside el expresidente dominicano Leonel Fernández.

En República Dominicana hay la intención de desarrollar un polo cinematográfico importante en la región y eso los lleva a estrechar vínculos de colaboración con otras cinematografías del Caribe. Esa es la razón por la que nuestro proyecto fuera de interés para la dirección de la mencionada Fundación; ellos no son los productores ejecutivos de la película, pero sí hicieron una contribución importante para poder cubrir ciertos costos. La historia acontece entre París y La Habana y había que cubrir algunos costos en Francia por eso es que, insisto, esta colaboración fue imprescindible, aunque debo de aclarar que todo se hizo con muy bajo presupuesto.

Hay actores cubanos, pero también hay otros que son franceses…  

Si, la película descansa sobre todo en las actuaciones y en el valor  que atribuimos a los diálogos. Es una cinta que se sostiene sobre la peripecia de una joven francesa (la actriz  Sanâa  Alaou) —hija de madre francesa y un padre cubano—; su madre visitó Cuba en los 60, años épicos de la revolución, un momento en que el mundo tenía los ojos puestos en esta Isla. Su mamá, que entonces era una joven estudiante universitaria en París viajó a Cuba —como tantos franceses de izquierda en aquel momento— y aquí tuvo un romance del que resultó esa niña, que nació en Francia.

Imagen: La Jiribilla

Luego de 37 años aquella niña, obviamente ya una mujer, viene a La Habana. Esta muchacha creció entre la versión que contaba su madre de Cuba y su revolución y, por otra parte, un padre cubano a quien nunca conoció. Cuando ella decide viajar a la Isla, coincide con un cubano que está haciendo su tránsito de África hacia La Habana y que es corresponsal de prensa, un  fotógrafo.  Este encuentro  desencadena la historia.

El actor que encarna este personaje, la considerarás otra singularidad: se trata de Paulo Fernández Gallo —más conocido entre nosotros como Paulito FG, quien como sabemos es un excelente intérprete de nuestra música popular, y debuta como actor y ¡muy bien! Esta película no es un musical ni Paulito canta;  actúa,  de manera muy convincente.

¿Otros actores?

Aparte de  la actriz protagónica Sanâa Aloui  y otros tres actores franceses ( Marc Lernaudie, Marianne Borgo, Nesta Liazid), he tenido la feliz oportunidad de contar en actuaciones especiales con tres grandes actores del cine acubano:  Daisy Granados, Mario Balmaseda y Manuel Porto. Aquí  aparece otra singularidad: en la historia del cine cubano, dos de los actores de mayor trayectoria —Daisy  y Mario— nunca habían trabajado juntos y en este filme comparten roles.

Imagen: La Jiribilla

¿Y la música?  

Es del experimentado Miguel Núñez, quien es el director musical del grupo de nuestro Pablo Milanés; Miguelito, como le decimos cariñosamente, es un excelente pianista, compositor y arreglista;  a su cargo está la composición de la banda sonora de toda la película que, de alguna manera, también es un personaje.

¿Alguna expectativa  en particular?

No.  Solo quisimos  respetar la inteligencia, sensibilidad y agudeza de una parte importante del público cubano.  Confío en que la película sea bien recibida.

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