Cantos de Cuquillo

Jorge Sariol • La Habana, Cuba

Dicen que era analfabeto. Y según afirman los que le conocieron, se encargaba en persona de difundir tales mementos. Algunos creen que fuera parte de la leyenda que él mismo se había creado tal vez para dar misterio y osadía a la poiesis1 que le acompañó.

Imagen: La Jiribilla

Porque Vito Gómez, o Manuel Jiménez Triana o Manuel Cuquillo, como en verdad se le conoció, era un poeta popular nacido en Islas Canarias y afincado en Cuba, que tendría por ambas razones una inevitable conexión con la versificación de diez octosílabos, de rima consonante, el primero, el cuarto y el quinto; el segundo con el tercero; el sexto, el séptimo y el décimo y, finalmente, el octavo con el noveno.

Pero no era la pasión del bardo, la espinela clásica española o la décima criolla escrita y repensada.

Manuel Cuquillo era sobre todo repentista, suerte de audacia y revelación en un mismo acto de malabarismo, que en vez de pelotas o aros, el ejecutante —en vivo y en directo— ensarta al instante palabras que después rebotan mágicas.

Cuentan que nació —15 de junio de 1880, Villa de Mazo— isla de La Palma, lugar donde la décima repentista tiene fundamentos venerables y donde muchos calculan la existencia de entre uno y dos poetas por cada mil habitantes.

Escrito está que “hubo un tiempo, a finales del siglo pasado y primer tercio de éste, en que se podía decir que en La Palma se hablaba en décimas”2.

De padre desconocido, fue criado por la madre llamada María y aseguran que a la familia la apodaban los Cuquillos en clara referencia a un “bicho” que se cernía sobre la vid para afectar sus frutos. En aquellas islas afortunadas —tierras de vino—, el cuquillo era para las uvas una plaga tan terrible como ofensa temible para un isleño. Tal vez no fuera tan grave insulto. Tal vez fuera epítome de viveza y empeño de una familia en desamparo.

A Cuba emigró Vito-Gómez-Manuel-Jiménez-Triana o sencillamente Manuel Cuquillo, aún muy joven.

En 1915 se instala en Cabaiguán, después de un «vagar errante y escurridizo por diferentes lugares de la mayor de las Antillas». Ya por entonces afirmaba llamarse Manuel Jiménez Triana y andaría a hombros del sobrenombre que lo haría conocido.

Allí, con 35 años, se casaría —María Luisa Castillo Gutiérrez se llamó la amada— y tendría un hijo, nacido el 24 de enero de 1918, llamado Feliciano de la Caridad.

En este lugar nacerían también mucha de sus mejores obras: “El Canario en Pró de su Patria”, “La estatua de Judas Martínez-Moles” (alcalde de Sancti Spíritus), “Al cementerio de Zaza del Medio” y “A los campos de Cuba”3.

Décimas de Cuquillo aparecieron en La Política Cómica, un semanario satírico ilustrado, dedicado a calibrar con humor la realidad nacional. Para algún estudioso quizá no descollara como un versador de altísimo vuelo, pues el repentista estuvo lejos en tiempo, espacio y donaire del Cucalambé y no tuvo conexión tampoco en las tres dimensiones con el Indio Naborí, otro grande de la décima cubana. Empero, como ambos cubanos compartió amores patrios en décimas de buena factura.

En Canarias fui nacido
entre la pera y la uva
y me trajeron a Cuba
en soldado convertido.
Muchos llanos he corrido
durmiendo en cualquier cabaña,
no hay serranía ni montaña
ni loma que yo no suba
amo, por amor, a Cuba
y por un deber a España.

Me place ver tus cascadas
callaos, ríos y montes,
me emocionan los sinsontes
cantando las alboradas.
Tus caricias deseadas
no hay un ser que las resuelva,
y yo al morir en tu selva
diré en brazos de la muerte:
¡Cuba, por volver a verte,
quién abrir mis ojos vuelva!

Ahogado por un cáncer en la garganta, aquel que viviera de su voz y su audacia, al enhebrar oraciones prodigiosas murió, dicen que en 1938, en un lugar llamado Palo Prieto.

Poco antes había compuesto, como un canto del cisne, unos versos de amarga seña y ríspida rima. El soneto recuerda un réquiem, tal vez no a la muerte sino a las ganas de vivir.

Quieres maligno hambriento, morar en mi garganta,
vivir en mis arterias, debilitar mi fuerza,
destruirle los labios a quien sublime versa
descuerdarle la lengua a quien divino canta.

Imagen: La Jiribilla

 

1. Poiesis, vocablo griego que significa creación, esencialmente en el «arte de expresar la belleza o los sentimientos por medio de la palabra, por lo general en verso, siguiendo procedimientos como el ritmo, la cadencia, la medida y figuras literarias. Por extensión de denomina así a la poesía.
2. Poetas de la isla de La Palma - Wikipedia, la enciclopedia ...
3. Mario Luis López Isla. Las Marcas en el otro.

 

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