Revista de Oriente y Aventura en Mal Tiempo. Papel Proteico

Dos publicaciones de notable relevancia

Cira Romero • La Habana, Cuba

Bajo el lema “Abierta a toda noble manifestación del espíritu”, vio la luz en Santiago de Cuba, en julio de 1928, la Revista de Oriente, “Arte Ciencias Letras Actualidad / Inquietudes intelectuales / Cuaderno mensual”, dirigida por Primitivo Cordero Leyva, abogado, periodista y poeta nacido en Baracoa en 1898 y radicado en Santiago de Cuba en 1927. En 1923 participó en la Protesta de los Trece, liderada por Rubén Martínez Villena, la cual constituyó una reacción revolucionaria contra los desafueros del gobierno de Alfredo Zayas; y fue miembro del Grupo Minorista, cuya labor de depuración y de reforma, tanto literaria y artística, como política y social, alcanzó repercusiones continentales y dejó sentir su influencia y acción en España. Por su compromiso con ese grupo, la revista puede verse como un eco de este, pues su director la orientó hacia el centro mismo de la literatura cubana, tanto desde el punto de vista de las creaciones como en el orden valorativo. Mediante su sección “Motivos e idearios” expresó su director sus preocupaciones ideo-estéticas, imbuidas de fuerte contenido nacional, de lo cual son expresión, algunos de los títulos de los trabajos presentes en sus páginas: “Arte y nacionalismo”, “Cubanidad artística y literaria”, “La descubanización en el Arte y la Literatura”. Hija del espíritu de combate y solidaridad de ese momento histórico, se refirió también a la construcción del socialismo en la desaparecida Unión Soviética, a la lucha de Augusto César Sandino en Nicaragua en contra de la ocupación norteamericana, a los nacionalistas chinos y a la vigencia del pensamiento martiano, que fue uno de los rasgos distintivos de las principales revistas culturales del momento.

Revista de Oriente, con el tiempo, se subtituló “Cuaderno de literatura cubana” y una nota en el manchón expresaba: “El texto de esta revista es rigurosamente inédito”. Sus páginas, dedicadas casi por entero a la literatura, publicaron también artículos sobre arte, música, deportes y crónicas sociales de la ciudad y del resto de la provincia.

Su nómina de colaboradores se nutrió de intelectuales de la zona oriental como Regino E. Boti, Héctor Poveda, Luis Felipe Rodríguez, pero también estuvieron presentes figuras como Emilio Ballagas, Julio Le Riverend, Raimundo Lazo y Dulce María Loynaz, entre otros.

La entrevista que el narrador Luis Felipe Rodríguez concedió al novelista uruguayo Vicente A. Salaverri, y que sirviera de prólogo al libro de cuentos del primero, La pascua de la tierra natal. Narraciones del campo y de la ciudad (1928) fue también publicada en la Revista de Oriente. A la pregunta “¿Qué idea tiene usted del arte y, sobre todo, de la literatura en América?” respondió, entre otras consideraciones, con estos asertos:

Pienso que está llegando el momento en que el arte, y sobre todo, la literatura, para que sea algo sustancialmente más adecuado a la conciencia nuestra, que poco a poco se va elaborando, tendrá que ser necesariamente la fuerza espiritual que abarque y exprese lo inexpresado de nuestro Nuevo Mundo.

Los pueblos de América, tributarios del espíritu descubridor creador de civilizaciones seculares que nos precedieron en el espacio y el tiempo, tienen, no obstante, su modo íntimo y vital que le es propio, y esas modalidades que son el reflejo de nuestro medio, para tornarse en el verdadero espíritu de la tierra nativa, necesitan su vital sentido de expresión. Necesitan la voz definitiva que, ante los pueblos que nos negaron su lengua y su espíritu, dé el testimonio integral del alma y el corazón de América.

Si nuestra literatura no tiende a ser el “espejo del cielo natal”, al propio tiempo que sea el vasto espejo de la vida unánime, aunque resulte un reflejo del alma humana, no nos pertenecerá tan íntegramente en el relativo círculo físico, espiritual y moral, donde se genera la conciencia social y nacional de los pueblos.

 

Uno de los números más relevantes de la Revista de Oriente fue el correspondiente a enero de 1931, dedicado a la memoria de José Manuel Poveda, fallecido en enero de 1926. En él aparecieron firmas como la de Regino E. Boti: “José Manuel Poveda y yo. Nuevas memorias”, de Carlos Castellanos: “José Manuel Poveda y la poesía francesa” y Gerardo del Valle: “Poveda y sus Versos precursores”. Al parecer, la revista desapareció hacia febrero de 1932.

Pero casi de inmediato Primitivo Cordero Leyva, inspirado en el mismo espíritu que animó a la anterior, comenzó a publicar un “tabloide literario” titulado Aventura en Mal Tiempo: Papel Proteico. En el primer número, de los dos que se han localizado, se señala:

En plena época de crisis económica, social y política, surgen a la vida del espíritu estas hojas, presas de las más notables inquietudes estéticas, sociales y científicas. Ofreceremos colaboraciones vernáculas y foráneas de firmas destacadas; y dentro de nuestro ideario, que es amplio y comprensivo, aspiramos a ser heraldos de cultura y solidaridad humana.

El segundo ejemplar anota que: “Se ha demorado lamentablemente la salida de este número debido a la revolución y a las huelgas”, en alusión a los sucesos ocurridos en torno a la dictadura de Gerardo Machado en agosto de 1933.

Se destaca esta revista —de tan escasos números aparecidos, apenas dos— por las firmas de sus colaboradores: Alejo Carpentier, Regino E. Boti, Féliz Pita Rodríguez, Emilio Ballagas, José de la Luz León y Enrique de la Hoza [sic]. En el segundo número de la revista, Alejo Carpentier publicó algunos fragmentos de su novela Écue-Yamba-O, que se publicaría en España en el año 1933. Novela surgida en 1927, mientras el autor guardaba prisión en la cárcel de La Habana, su primera variante, como ha señalado Rafael Rodríguez Beltrán al publicar en el 2012 su edición crítica, se escribió allí entre el primero y el 9 de agosto, en tanto que la definitiva surgió entre los meses de enero y agosto de 1933, en París. El fragmento ahora publicado, fechado en octubre de 1933, recoge la casi totalidad de los capítulos 2 “Paisaje”, 8, 9 y 10 “Temporal”, y el 27 “Política”. Tiene una ilustración de inspiración afrocubana debida a Cristina Larcade. Los capítulos incluidos en Aventura reflejan algunas diferencias con relación a la edición definitiva. Publicar estos fragmentos en la apenas conocida revista nos advierte  de algunos de los signos de modernidad que la caracterizaron, que se avenían con los mismos que iba adquiriendo la literatura cubana al calor del movimiento de vanguardia, en tanto que el año de su publicación definitiva es coincidente con el de la aparición de otras novelas cubanas significativas, como la “biografía novelada” Pedro Blanco, el Negrero, de Lino Novás Calvo, y El laberinto de sí mismo, de Enrique Labrador Ruiz. De este modo la novelística cubana se movía hacia otros derroteros alejados del criollismo, de la reiteración de los contextos dramáticos, del recurrente personaje del guajiro y hasta de ciertas posturas miméticas, para así avanzar, con fuerza, desde la vanguardia literaria, hacia los terrenos prometedores de una expresión más abierta y expansiva. Asimismo, sobre todo Carpentier y Novás Calvo se encaminaron con sus respectivas obras hacia el reconocimiento de motivos etnológicos y folclóricos, con especial énfasis en los motivos del sincretismo religioso. Estas nuevas tendencias condujeron a la narrativa cubana al tratamiento de asuntos identitarios que, aunque no exentos de cierto tremendismo, fueron intensa y convincentemente tratados, como también sucedió, pocos años antes, en poesía con obras como Motivos de son (1930), de Nicolás Guillén, expresión convincente de poesía negra de vanguardia.

Revista de Oriente y Aventura en Mal Tiempo: Papel Proteico se inscriben en el cuerpo de otras muchas —y sin duda, más importantes revistas literarias cubanas adscritas a la vanguardia y a los propósitos emanados del minorismo—, pero en ambas, aunque de manera discreta, confluye un nuevo ánimo renovador, que en la provincia de Oriente había estado presente desde que Regino E. Boti y José Manuel Poveda decidieron, al unísono, a comienzos de siglo XX, quebrar los trillados caminos por los que transitaba la literatura cubana. Junto a estos dos nombres debe agregarse el de Primitivo Cordero Leyva, que, sin la resonancia de los anteriores, tuvo la perspicacia de abrir espacios culturales a un fenómeno inédito en la literatura cubana: el del arte moderno, de firme raigambre nacional, pero imantado por aires europeos sin falsos mimetismos.

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