Premios Nacionales en nuevos títulos del sello Artecubano

Espiral de las artes visuales cubanas

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba

La publicación en la colección Espiral, de cuatro nuevas monografías dedicadas a creadores que merecieron el Premio Nacional de las Artes Plásticas viene a confirmar el compromiso de la editorial Artecubano por situar al alcance de profesores, estudiantes y público en general, obras y referencias imprescindibles que dan cuenta de nuestro devenir en un campo donde las jerarquías se establecen mediante dilatadas observaciones no siempre a disposición de todos.

Imagen: La Jiribilla

Esto es así debido a que para seguir la trayectoria y aquilatar el valor de este o aquel artista hay que rastrearlos en museos, galerías o espacios públicos, y cuando no en colecciones privadas. De ahí que las ediciones de libros de arte o catálogos razonados sean cada vez más necesarias.

Con la colección Espiral se va logrando en nuestro medio, la existencia de ediciones accesibles por su costo y formato, y al mismo tiempo lo más fieles posibles a los originales reproducidos y lo más representativas posibles de la imagen del artista.

Tres de los creadores que se suman a la colección ya no están entre nosotros, es decir, que se presentan aquí a partir de ciclos vitales cerrados que forman parte del mainstream de las artes plásticas cubanas de resonancia universal. Hablamos de Julio Girona, Raúl Martínez y Rita Longa.

A Julio Girona (Manzanillo, 1914 – La Habana, 2002) se le debe reconocer su inserción en el desarrollo del expresionismo abstracto, en el país de este hemisferio donde se manifestó con mayor fuerza esa tendencia, EE.UU., pero también deslumbra por su trazo figurativo, esencial, despojado de ornamentos.

Su trayectoria en el breviario de la colección es valorada por la historiadora del arte Elsa Vega Dopico y el crítico Orlando Hernández, y aparecen reproducciones tanto de sus obras abstractas, realizadas hacia la medianía del siglo —escasamente representadas debido a que una parte de esa cosecha se halla en colecciones privadas norteamericanas— como del muy abundante repertorio que desde los 80 y hasta su muerte creó en La Habana, en gran medida atesorado por el Museo Nacional de Bellas Artes, con el añadido de que puede accederse a una serie de dibujos que Girona trajo consigo siempre, los apuntes de la guerra, esbozos de gran valor testimonial y artístico que datan de su participación en la lucha contra el nazismo.

El volumen dedicado a Rita Longa (La Habana 1912 – 2000) permite repasar de conjunto, la impronta de esta creadora en el desarrollo de la escultura monumentaria y religiosa en la Isla, y a la vez apreciar algunos ejemplos de cómo en pequeño formato también tuvo logros que no pueden obviarse.

El estudio introductorio de la profesora y ensayista María de los Ángeles Pereira resume cómo desde su iniciación en la década del 30, “la audaz trayectoria de la artista reedita la temprana vocación de cambio y actualización que alentó a los creadores cubanos, al tiempo que describe la titánica y veloz trayectoria de nuestra vanguardia artística”.

Imagen: La Jiribilla

La multiplicidad expresiva y el rigor con que se movió en diversos ámbitos de la visualidad, se refleja en la monografía de Raúl Martínez (Ciego de Ávila, 1927 – La Habana, 1995). Ciertamente su obra pop es la más reconocida socialmente por haberse reproducido en carteles, vallas y otros soportes de uso público; sin embargo, ahí está su aporte fundacional a la abstracción cubana —perteneció al grupo de Los Once—, su cruda y deslumbrante zona expresionista, su trabajo renovador con la fotografía y su huella en el diseño de libros, facetas valoradas por el profesor Jorge R. Bermúdez al presentar el volumen.

En plena actividad aún, afortunadamente y dándole continuidad a su muy característico sello creativo, identificable a primera vista, Alfredo Sosabravo (Sagua la Grande, 1930) nos regala un repertorio de imágenes que dan fe de una incesante saga visual, que va del grabado a la pintura, de la cerámica al trabajo con el vidrio.

Además de incluir valoraciones del crítico italiano Luciano Caprile y su colega cubano José Veigas, el libro contiene un breve pero enjundioso ensayo de Alejandro G. Alonso, quien con agudeza y constancia ha seguido la trayectoria del maestro.

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