El cubano se ríe más de lo que debiera

Osvaldo Doimeadios • La Habana, Cuba

Sí, el cubano actual se ríe más de lo que debiera. Con toda certeza lo digo. Se ha hablado muchísimo del choteo y de lo que es este como sentido evasivo de la realidad. Quizá las compuertas de la sociedad hacia el diálogo constante entre todos los actores de la misma, y la solución de esos problemas ha llegado a tal nivel de absurdo, que el cubano opta más por reír que por discutir o solucionar. Pero el público, u otras zonas del público, merecen reír también de otras cosas.

Imagen: La Jiribilla

Entre el cabaret y el teatro existen diferencias en las condiciones en que se halla el receptor. Por ejemplo, no es lo mismo un público sentado en el teatro con total sobriedad, y con un acceso, digamos más democrático, por los precios y por los horarios; al público que pueda asistir a determinado espacio donde muchas veces algunos precios son prohibitivos para la mayoría, o por lo menos para los segmentos de público que le interesan al humor. Ya desde ahí empieza el problema, eso ha degenerado en muchísimas otras cosas como actitudes deformadas desde el humor y desde los que lo reciben.

La similitud entre el quehacer humorístico en cabaret y teatro estriba mucho en quien haga el espectáculo. Esto depende más del emisor y de lo que uno pueda tener como pauta para el trabajo; o sea, si desde el nacimiento se concibe un espectáculo deformado, algo ahí anda mal.

¿Quién vino primero: el humorista o la formación?

La formación dota al actor de otros instrumentales a la hora de pararse en un escenario; ya sea  para el humor o para otro tipo ejercicio actoral. En cuanto al dominio del chiste o a las condiciones específicas del humor, las cosas son bien diferentes. Puede que una persona que no haya recibido entrenamiento tenga toda la facilidad de comunicarse con el auditorio y conseguir resultados tan efectivos como el que pasó por una academia. Eso puede ser y no ser.

Existe una gran confusión entre lo que se refiere al chiste, al humor y lo cómico; basado en que todo lo cómico no es humorístico y en que todo lo humorístico no es cómico. A veces un espectáculo teatral apela sencillamente a la ironía o la sonrisa y no precisamente a la descarga compulsiva de risa, por la que muchos optan. De base, hay una diferenciación conceptual entre el humor, el hecho cómico y el espectáculo.

Sería fundamental para la preservación y la buena salud del humor actual, el trabajo con los guionistas y articular un proceso de revitalización y actualización de esta figura, especialmente en lo referente al humor que se hace en la televisión, la radio y el teatro.

Imagen: La Jiribilla

Actuar y pensar en el humor. Un Centro

El Centro Promotor del Humor cumple 20 años de creado con todos los parámetros legales, pero ya desde el año 1989 venía naciendo la idea de Alejandro García (Virulo), pues se fundó un centro en el Cine Teatro Acapulco. Esta idea colapsó ante la ceguedad de las autoridades del momento, quienes estaban relacionadas con un proyecto como este.

Tiempo después, se retomó el proyecto y surgió el actual Centro que nació en 1994, amparado por el Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas. Desde un principio, lo que se perseguía con esa institución era que el humor que se gestaba y promovía desde las artes escénicas tendiera puentes hacia otras manifestaciones como la música, las artes plásticas, el cine, la literatura; porque lo humorístico no es privativo de un grupo de artistas de una manifestación, es algo que se da en todo. No obstante, esa línea central estar por momentos más difusa,  creo que hacia ahí debe ir el humor, a promover lo mejor que se haga en el país y tratar de traer hacia la Isla las mejores cosas que se hagan fuera, en cualquier manifestación. Por supuesto, haciendo hincapié en las artes escénicas, por cuanto la mayor parte de los humoristas están asociados a ellas, aunque existen algunos espectáculos musicales, además de la literatura.

El Centro participa en los salones de caricaturistas que se organizan en el país, lo que contribuye a verlo en su más amplia gama. Desde su propia creación se gestaron eventos de pensamiento, los cuales en un momento dejaron de hacerse, pero hace dos años se han retomado. Creo importante que el humor se piense así mismo, pero no se detenga ahí. En nuestra sociedad hoy se piensa demasiado y no se acciona lo suficiente. Estamos enfermos de pensamiento, pero no de acción. Hacen falta acciones concretas y de esto no escapa el humor, por supuesto.

Cualquier espectáculo que uno haga hoy, tiene que tener un anclaje fuerte en la realidad y en nuestro momento. Tiene que ser un espectáculo inclusivo, y tiene que movilizar también el pensamiento de las personas que participen en él y que vayan a verlo.

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