Morir en Gaza

Max J. Castro • Estados Unidos
Jueves, 17 de Julio y 2014 (11:34 am)

Cuando el equipo alemán derrotó a Brasil 7-1 en la Copa Mundial la semana pasada, la paliza sumió al gigantesco país sudamericano en un verdadero estado de duelo. Y eso fue solo un juego de fútbol.

Mientras tanto, en el mundo real, se alcanzaba un resultado mucho más desigual: 204-1, hasta el momento de escribir este trabajo. Esa es la diferencia entre la cifra de muertes palestinas e israelíes como resultado del ataque israelí más reciente a Gaza y los cohetes lanzados contra Israel por militantes palestinos.

Eso no es una paliza, sino una masacre. Y en este caso la cifra no es de goles, sino de vidas, muchas de ellas de civiles, incluyendo a muchos niños.

Sin embargo, aún no he escuchado señales de duelo por parte de la gente que, en muy gran medida, ha suministrado las armas, los recursos monetarios y la cobertura diplomática que permiten a los israelíes aumentar la puntuación una y otra vez, en esta inenarrable competencia de carnicería.

Hablo del Congreso de EE.UU., de sucesivas administraciones, incluyendo la actual y, en última instancia, del pueblo norteamericano que de manera abrumadora, en forma pasiva o activa, consiente con su silencio o sus votos estas indignidades.

Lamentablemente, no hay mucha diferencia en la reacción de este presidente supuestamente progresista con la de su predecesor. En ambos casos existe el llamado ritual de EE.UU. a la moderación “de ambas partes”. Como si se tratara de dos naciones en un plano más o menos de igualdad, como los soviéticos y los nazis combatiendo en el Frente Oriental durante la 2da. Guerra Mundial, en vez de un pueblo sin estado, bloqueado por todas partes y de toda manera, carente de ejército, marina o fuera aérea, enfrentándose a una de las más poderosas e implacables potencias militares del mundo.

Y está también la clásica aseveración de que Israel tiene derecho a autodefenderse. No hay duda de eso. Pero me pregunto qué definición de autodefensa podría justificar el tipo de acción militar masiva que Israel realiza y la consiguiente alta cifra de bajas civiles. Se invoca la autodefensa cuando hay una inminente amenaza a la vida. Con el número de bajas ahora en 159-0, la justificación de autodefensa es absurda.

Cierto, los extremistas palestinos han realizado numerosos actos odiosos, incluyendo el reciente asesinato de tres adolescentes israelíes. Pero hay extremistas en ambos lados, como lo demuestra el más reciente asesinato e incineración del cadáver de un joven palestino como aparente venganza por la muerte de los tres adolescentes israelíes.

Por su parte, el presidente Obama pidió al primer ministro Benjamin Netanyahu no extender el conflicto. El resultado de esa acción por parte de Obama revela otro aspecto de la política exterior de EE.UU., además de su falsa imparcialidad: su ineficacia.

No hay duda de que el mensaje de Obama acerca de no extender el conflicto significó que Israel no debía enviar fuerzas terrestres a Gaza. Ese mensaje cayó en oídos sordos. Las tropas israelíes ya están en Gaza, lo que significa que las bajas palestinas probablemente aumenten. Netanyahu demostró ser un fiel discípulo de Ariel Sharon, quien ignoró la exigencia de George W. Bush de que Israel dejara de atacar el campo de refugiados palestinos de Jenin. No hubo consecuencias, ni siquiera un reprimenda verbal a Sharon por parte de Bush. La lección fue aprendida.

Los medios noticiosos del establishment norteamericano tampoco se quedan atrás cuando se trata de mostrar imparcialidad. Un titular típico: “Israel y Palestinos Continúan Intercambiando Ataques” (Los Angeles Times). Qué clase de intercambio. Una de las partes utiliza cohetes caseros mayormente ineficaces que provocan pocas bajas, si acaso provocan algunas. La otra usa los más modernos aviones y otras armas diseñadas para combatir a las fuerzas militares enemigas, con la capacidad de defenderse contra áreas urbanas en gran parte pobladas de civiles junto con un minúsculo grupo de combatientes de Hamas. Pero encontrar y matar a esos militantes usando golpes aéreos equivale a una forma letal de buscar una aguja en un pajar. La táctica no funciona y mata y hiere a muchas personas inocentes sin evitar que los cohetes sean lanzados. Ahora Israel ha invadido a Gaza para tratar de localizar la aguja –de cerca y personalmente.

La política norteamericana en el conflicto es tan parcializada e injusta que no puede hacer más que fracasar. Después de la misteriosa muerte de Arafat, EE.UU. vendió la democracia como una panacea. Los palestinos votaron en unas elecciones libres y justas y escogió a Hamas. En vez de ser reconocidos por haber realizado las primeras elecciones democráticas del mundo árabe, los palestinos fueron salvajemente castigados por Israel, Estados Unidos y otras potencias por haber escogido al partido equivocado.

Ecos de Allende: la democracia se tira por el balcón cuando el pueblo escoge al lado equivocado. Cara yo gano; cruz tú pierdes: los palestinos reciben una paliza ya sea que usen la urna o la bala. Mientras tanto, nadie pestañea cuando los israelíes votan por extremistas como Sharon y Netanyahu o cuando esos radicales primeros ministros invitan a formar parte de su gabinete a toda clase de fanáticos, incluyendo a exaltados religiosos, colonizadores intransigentes y, en ocasiones, a racistas descarados.

Los esfuerzos de EE.UU. también fracasan porque parecen ignorar la realidad evidente de que los líderes israelíes no tienen la intención de permitir a los palestinos tener una estado real y soberano basado en las fronteras internacionalmente reconocidas (1967), con intercambio justo de tierras que tomen en cuenta las nuevas realidades demográficas.

Esa ceguera de EE.UU. en relación con el verdadero plan de Israel es la razón por la que hace unos pocos meses yo pronostiqué que fracasarían los decididos esfuerzos del Secretario de Estado John Kerry por revivir “el proceso de paz”. A pesar del hecho de que el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas cambió su posición y acordó negociar, a pesar de que Israel estaba expandiendo sus asentamientos, Israel aplastó las conversaciones cuando la Autoridad Palestina y Hamas anunciaron un gobierno de unidad.

¿Con quién podría negociar Israel si la comunidad palestina está dividida en dos partidos? Para negociar de buena fe es necesario un solo interlocutor, pero dividir y vencer es mejor si uno no tiene intenciones de negociar de buena fe.

La razón última por qué la política de EE.UU. no puede funcionar –y aquí estoy en terreno peligroso, porque hay muchas personas dispuestas a tildar a cualquiera como antisemita si se atreve a criticar a Israel– es que obedece hasta un punto enfermizo a la política interna.

No, no existe una conspiración judía que controla el gobierno y ni siquiera un lobby judío como tal. Pero existe un lobby extremista pro Israel muy poderoso e intransigente. Ese lobby incluye a una minoría de la comunidad judía, además de muchos cristianos evangélicos, neoconservadores y halcones de la política exterior de varias filiaciones religiosas.

Para citar solo un ejemplo del poder de este complejo extremista pro Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu sabía que podía salirse con la suya dando una pataleta y reprendiendo públicamente en la Casa Blanca al presidente de EE.UU. (por reinstalar la política norteamericana de larga data relacionada con una paz basada en las fronteras de 1967). El complejo “Israel con razón o sin ella” lo apoyó.

Mientras continúe esta situación –y a pesar de los nobles esfuerzos de la Calle J por defender una política diferente que no hay indicios de que no vaya a hacer–Estados Unidos no puede servir de intermediario a ningún tipo de proceso de paz entre israelíes y palestinos.

Eso requeriría de una grande y duradera dosis de duro amor hacia Israel por parte de Estados Unidos. No sucederá mientras la vasta mayoría de los políticos norteamericanos estén aterrados del complejo y hasta el “líder del mundo libre” tenga sus manos atadas y tenga que aceptar ser regañado por un estado cliente.

Fuente: Progreso Semanal

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