Casa plural del arte contemporáneo en Cuba

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Hace una década la aparente modestia de una casona ecléctica del vedado se resistía a ser un lugar lúgubre, silencioso y preterido; de súbito en su interior todo fue cambiando para ser habitada por el arte. Su espacio se fue configurando, la estructura interna adquirió magníficas condiciones a partir de un diseño dinámico que buscaba adecuarse a todas las manifestaciones de las artes visuales y las distintas estrategias de montaje. La muestra colectiva titulada 10…, un concierto plural que agrupa un grupo de autores que radican dentro y fuera de la Isla, abre las puertas de la galería para la celebración.

Villa Manuela, tal es el nombre con el cual fue bautizada, es actualmente uno de los recintos galerísticos de más importancia en La Habana y en el país. Para cualquier creador, establecido, novel o desconocido, exhibir en ella es un testimonio fehaciente de que su obra transita por buen camino, pero, sobre todo, es un salto al reconocimiento y una manera de validar su ruta artística.

Imagen: La Jiribilla

Especializada en arte cubano contemporáneo, su existencia obedeció en un primer momento a la necesidad imperiosa de los creadores de las artes plásticas miembros de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de tener un recinto propio para exponer sus obras y que los representara.

Hasta la fecha en la galería han expuesto 198 artistas de diferentes tendencias, géneros, estilos y coordenadas geográficas, lo que convierte a Villa Manuela, no solo es uno de los más importantes salones expositivos de la plástica, sino en uno de los más activos y concurridos por los artistas y los públicos, por la posibilidad de exhibir muestras que defienden discursos provocativos, sugerentes o contestarios, pero, sobre todo, con calidad probada gracias una inteligente y acertada labor curatorial que va más allá del mero montaje de piezas, y habla en bien de la preparación del equipo de especialistas.

Cuando todo comenzó

En uno de los salones del no muy amplio recinto, pero que revela lo bien optimizado del espacio, convido a Antonio Fernández Seone, crítico, curador y primer director de Villa Manuela, a relatar aquellos primeros momentos, a fin de que devele pasajes que nos ayuden a recordar como sucedió todo hace diez años.

Confiesa que la primera muestra fue resultado de cientos de disquisiciones entre los especialistas para definir cuál sería el artista y la exposición que dejaría inaugurada la galería. Así, discurrieron propuestas de nombres, pero el temor de herir sensibilidades propició una profunda búsqueda de soluciones que dejaron el camino libre a lo que sería la mejor de las ideas: convocar y hacer coincidir a los premios nacionales de Artes Plásticas hasta entonces conocidos.

“Expusimos las obras desde Raúl Martínez, primer Premio de Artes Plásticas, en 1994, hasta Oneldo García, quien por entonces había sido el último en obtenerlo. Era julio de 1994. Sin duda, resultó una feliz idea que no se ha vuelto a repetir, al menos, en Villa Manuela. Aquello fue un suceso, pues la sucesión de obras devino en un concierto de géneros, formas, temas y tendencias, sustento y revelación de lo que sucedía en la manifestación en el país. Recuerdo que lo titulamos Recuento de un premio.

“Con una exposición colectiva de esa magnitud, en la que se concentraron tanta gente validada y establecida por la cultura y el arte en el país; era necesario empinar el vuelo con una muestra personal y es entonces que entre las propuestas más urgentes estaba la de Agustín Bejarano, un artista cuya forma de hacer convocaba y provocaba la mirada de atención de la crítica. Se llamó Meditaciones

“Pero como necesitábamos continuar con los premios nacionales, convinimos en la importancia de que cada uno hiciera también una expo personal, ciclo que iniciamos con Ernesto Fernández. Por qué él —señala hacia el creador allí presente,  y lo convida a formar parte del diálogo— y no otro, precisamente, porque es fotógrafo y cuando se mencionaba, los únicos referentes era su actividad como fotorreportero, sobre todo en la gesta de Girón. Era una manera de ir demostrando el trabajo ecuménico en cuanto a formas, estilos y géneros que comenzaba a preconizar  Villa Manuela”.

Ernesto  Fernández, Premio Nacional de Artes Plásticas 2011, no encuentra alternativas y se suma, no sin antes permitirse unos exabruptos, que dejan al descubierto su humildad: “Soy poco conversador, de lo que sé es sobre fotografía, eso es lo mío, que continúe él detallando cada momento. No obstante, la muestra fue titulada Con la magia de tu arte, dedicada a Alicia Alonso, vista en tres tiempos; una de las series, narra el primer ensayo del Ballet Nacional de Cuba cuando radicaba en la calle 11; imagínate, Loipa Araújo era una jovencita; las otras las nombré Alicia Carmen y Alicia Giselle”.

A lo largo de esta década, en Villa Manuela se han realizado 95 exposiciones, aproximadamente diez por año, entre personales y colectivas, de artistas que radican fuera de la capital y del país. La intención ha sido cumplir uno de los propósitos de la institución: promover y representar a los creadores de la UNEAC, independientemente que en la actualidad se ha ampliado su objetivo y se ha abierto a los más jóvenes exponentes, incluso, a recién graduados de academias como San Alejandro y del Instituto Superior de Arte (ISA).

El pinareño, Elvis Cellez González, es el único artista proveniente de provincia que aparece en 10…,  la muestra colectiva del aniversario: “Insertarme desde mi territorio en el circuito expositivo habanero, específicamente en Villa Manuela, ha sido, sin duda, un elogio a mi creación y a mi persona. Primero participé en una dedicada a pintores pinareños, 2 + 2 no es paisaje, con la que tratamos de desmontar la visión de que en Pinar del Río solo abordamos esa temática. Tal oportunidad me abrió las puertas para realizar una muestra personal en este mismo lugar”.  

Imagen: La Jiribilla

El privilegio de ser Villa Manuela

Cuando se habla de plástica, la voz de Lesbia Vent Dumois, presidenta de la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC, merece toda la atención, por su dominio y conocimiento del desarrollo de esa manifestación en Cuba y lo avisada en el manejo de las diferentes zonas por la cual transita el arte contemporáneo en el país.

Un instante de diálogo con ella es, sin duda, un momento de amena conversación, pues conoce al detalle lo más mínimo que se mueve en la plástica cubana pero, sobre todo, hace hincapié en lo que sucede en Villa Manuela, institución que dirigió por varios años.

“La galería cumple diez años y me parece que fue ayer cuando inaugurábamos. Más que un espacio solicitado desde muchos años atrás por los miembros de la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC, apreciaba en aquella ocasión el hermoso y funcional complejo concebido por el arquitecto José Antonio Choy y una inteligente exposición que mostraba con orgullo los primeros premios nacionales otorgados por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas. Este vínculo con las instituciones y con las más diversas expresiones y artistas del quehacer plástico contemporáneo cubano ha caracterizado  este espacio que los creadores, teóricos y críticos han considerado como suyo, participando en los debates culturales, presentaciones de catálogos y libros, conferencias, discusiones de tesis de grado y haciendo uso de  un taller que ofrece servicios necesarios a la presentación de las obras y un incipiente, pero prometedor mercado del arte”. 

Su voz pausada y las expresiones de su rostro al hablar develan su apego a la casona-galería y su compromiso con el desarrollo ascendente de la manifestación en la Isla: “Contar con especialistas estables y con sentido de pertenencia, así como la participación activa  de la Asociación de Artes Plásticas en su programación, garantiza que aspiremos a cumplir muchos años, con las nueva generaciones”. 

Esa misma visión revela David Mateo, un crítico persistente, curador tenaz, artista que desde la perspectiva de un espectador siempre avisado, ha sido uno de los que más ha contribuido a establecer a Villa Manuela como una galería de referencia nacional.

Entre 2009 y 2010 se desempeñó como director del salón, del cual, asegura, ha sido el mejor lugar donde ha desarrollado el trabajo curatorial.

“En Villa Manuela se han preocupado en defender un concepto de curaduría, que consiste en ver los procesos y la producción de las exposiciones. Es un sitio que desde que abrió ha sabido manejar los montajes y el trabajo de promoción: edición de catálogos y plegables a color, spots televisivos, pero también es un recinto para la disertación teórica, en momentos en los que esas prácticas apenas tenían cobertura en los ámbitos oficiales”.

La tesis que la institución ha sido concebida para promover el arte contemporáneo cubano, no debe ser óbice para que se proyecte más allá de las fronteras nacionales, según vislumbra Mateo.

“Eso debe llegar en cualquier momento, hoy Villa Manuela está representada en ferias, eventos y bienales de trascendencia en la región latinoamericana, principalmente, y lo hace para buscar visibilidad y posicionamiento internacional, para atraer, en el tiempo que sea necesario, también a artistas que irrumpan en nuestros salones”.

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