“El humor pone a la vista
lo que la cotidianidad esconde”

Leandro Maceo • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del entrevistado

 

Para Luis Enrique Amador Quiñones (“Kike”) hablar de humor en buen cubano es hablar de un "humor que hace que el público se identifique con él de una manera respetuosa, inteligente y enriquecedora para ambos", donde la gente se "ríe y reflexiona" y el humorista "aprende" de ella todos los días.

El también director del Centro Promotor del Humor defiende el criterio de que a los cubanos nos resulta "muy difícil despegarnos" del costumbrismo, de ahí que el humor que se produce en la Isla parta de él.

Desde su condición de artista despeja algunas inquietudes para La Jiribilla  con una mirada más acabada del humor que se hace a lo interno de nuestras fronteras.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué humor se hace hoy en Cuba?

Existen tantas variantes como posibilidades desde el punto de vista creativo. Están los humoristas que cultivan más el género para espacios nocturnos o los llamados "cabaret". Hablamos de sitios que no tienen el mínimo de condiciones para hacer una propuesta de calidad y los espectáculos de este tipo de alguna manera precisan de una factura artística importante. Este espacio no existe al menos para el humor, pues se perdió en los años 80.

Están también los que explotan otras áreas alternativas como son las fiestas populares y los que trabajan el humor para espacios teatrales, quienes son mayoría. Estos son lugares donde el público se prepara para ir a ver un espectáculo y no donde este es un valor agregado.

En este momento hay un retorno a la elaboración teatral del humor. Una tradición que ha existido en Cuba durante muchos años. Heredada del teatro en sentido general. Hay curiosamente una tendencia al trabajo de los solistas, quienes en un momento determinado se pueden asociar en un grupo y montar un espectáculo, pero la disposición es al trabajo individual.

Sin duda, ha habido en los últimos tres o cuatro años un crecimiento, un aumento real de la calidad en cuanto a las propuestas. Y todo eso es parte de una estrategia intencionada del Centro Promotor del Humor como institución, de representar primeramente los proyectos que le interesan y segundo a partir de la calidad de los propios artistas y de cómo se relacionan con el público.

Hay todo un estudio que se ha ido llevando, además de la superación que brindamos a los humoristas desde el punto de vista creativo, la formación como actores, dirección, diseño, todo lo que pueda enriquecer su trabajo.

Imagen: La Jiribilla

¿Consideras que el llamado humor de cabaret supone jerarquizar el valor comercial sobre el artístico?

El artista es artista siempre y hay cuestiones éticas que uno no debe violentar aún cuando existan razones personales muy fuertes.

No obstante, en favor del humorista tengo que decir que es imposible que usted vaya a consumir un producto de vuelo artístico a un espacio donde la gente va a beber, a bailar y además a ver el cómico de la noche, como se maneja despectivamente el término.

No se puede hablar de un nivel de elaboración u artístico en un espacio donde el artista no tiene las condiciones reales para realizarlo. Aún así este tiene siempre que manejar con cuidado los diferentes resortes a partir del sitio donde está.

No acostumbro a trabajar en espacios nocturnos, lo he hecho de cierta manera, pero no me siento bien porque tengo otra visión de lo que quiero hacer y otra percepción del manejo del público. Soy de dialogar con la gente, no agredir ni hacer sentir mal a las personas. Se ha convertido en un hábito que el humorista moleste al auditorio, que le de chucho como se dice en buen cubano.

No se puede aspirar a encontrar en un espacio de ese tipo una propuesta de buena factura ni de nivel artístico. Quien piense eso y lo defienda se está engañando a sí mismo y a los demás. Tampoco vamos a pensar que el público que asiste a esos lugares va a ver un espectáculo, ese va al teatro y lo disfruta.

En estos ámbitos el cover determina. Si hay un artista que puede tener una propuesta muy buena, pero no recauda dinero ese no interesa. Entonces no podemos hablar de elaboración ni de espectáculo, tenemos que hablar de gente que es capaz de convocar y venir a descargar, una propuesta no ceñida a niveles de elaboración.

Recuerdo que antes los artistas trabajaban en un área que condicionaba a la gente para ver el espectáculo, las personas iban en busca de una propuesta artística con una coherencia, una dramaturgia…Eso en los centros nocturnos que tenemos hoy no ocurre, es imposible.

¿De qué hablamos exactamente cuando te refieres a la calidad de los humoristas y del humor cubano en general?

En todas las áreas de la creación hay cosas mejores, cosas no tan buenas y cosas desechables como pudiéramos decir en buen cubano. Lo que ocurre es que un movimiento no solo se puede juzgar por sus zonas oscuras. Dentro de todo hay muy buenos exponentes del género como te puedo decir que hay gente que no merece estar dentro del gremio.

El Centro fue creado por el Ministerio de Cultura para defender, desarrollar y proteger un género tan importante como es el humor, pero no es la única agencia que representa humoristas y esto muchas veces crea, digamos, precepciones equivocadas de lo que este representa como institución. Algunos de los humoristas más conocidos no son nuestros, pero si la mayoría de los que tienen calidad.

Con esta edición del Aquelarre que terminó hace unos días se vio en escena una calidad muy superior a la de dos años atrás. Se aprecia un salto realmente importante en comparación con 2012 y una preocupación de parte de los artistas por poner en práctica los conocimientos adquiridos en los talleres que impartimos. Vamos recogiendo el fruto de esa formación y se nota en la escena.

No ha habido una agencia que se preocupe más por darles un seguimiento real a los humoristas que el Centro. Nosotros de alguna manera hemos ido marcando una diferencia y exigimos el desarrollo a partir de proyectos, de producciones precisas y sobre todo tratando de elevar cada vez más la calidad del humor.

Imagen: La Jiribilla

¿Podemos hablar de un programa de formación de humoristas?

Los humoristas normalmente no vienen de las escuelas, nunca fue así. En los 80 y los 90 salimos de las universidades, por lo que te puedes encontrar en el gremio a filólogos, licenciados en educación, médicos, ingenieros… o gente que tiene 12 grado. No hay un programa de formación.

El humor también necesita un poco de ese nivel empírico. Ser simpático o no, no se aprende. Ser inteligente a la hora de manejar ciertos resortes que son los que te llevan al humor no se estudia. Sí se desarrolla y perfecciona con el ejercicio y con la superación constante. Es ahí donde el Centro entra a jugar un papel importante. Pero la manera de entrar al gremio a través de nuestra institución no es así. Normalmente lo que hacemos es conformar una junta artística integrada por humoristas de alto nivel, con diferentes maneras de hacer humor y visiones, con la que enriquecemos el trabajo de selección. Estas personas evalúan de conjunto con la dirección del Centro los proyectos y estos son curados, por decirlo de alguna manera, para luego ser producidos y presentados durante todo un año.

Los proyectos que asumimos tienen un seguimiento constante. Siempre buscamos darle un movimiento al humor que hacemos y condicionando la creatividad, porque no es que usted obligue al artista, pero si hay que estimularlo y tiene que sentir la necesidad de producir cosas nuevas continuamente.

¿Y de un humor profesional?

En Cuba podemos hablar hoy de un alto valor profesional en el humor. Primero porque estos 20 años del Centro han servido para profundizar desde el punto de vista investigativo. No se concibe ningún fenómeno social sin que haya un basamento científico detrás. En esto ayuda mucho el evento teórico del Aquelarre.

Tenemos un grupo de personas que se ha dedicado a estudiar el humor, a entrar en los vericuetos que nos va dando la propia dinámica de la creación y un basamento profesional del género.

Cuando ves nuestro catálogo te das cuenta de que desde el punto de vista profesional aunque no exista un diploma que te avale como tal, los humoristas cada vez ganan más espacios. Ten en cuenta que en el cine cubano actual hay unos cuantos nombres que no tienen formación académica como artistas, sin embargo, son actores y eso lo da precisamente el nivel profesional que se alcanza.

Por otra parte el movimiento teatral dramático también se sirve de un número importante de humoristas que se involucran desde el punto de vista creativo con obras dramáticas. Nos hemos ido vinculando a las instituciones culturales más importantes que dan muestra de ese nivel del que hablamos.

¿Crees que el humor nos ayuda a comprender quiénes somos? ¿En qué medida el que se hace hoy en Cuba responde a ello?

El humor es la manera más inteligente de mostrarnos tal como somos. En sentido general el humor que se hace en Cuba sí está en total correspondencia con el público, con el cubano de hoy. Por regla los humoristas respetan mucho el espacio del teatro.

Conozco muchos humoristas que llevan años trabajando en los centros nocturnos y les cuesta ir al teatro. No se sienten con valor de enfrentarse a ese público que es tan exigente, tan inteligente y que te está evaluando todo el tiempo. Siempre hay un mequetrefe que se sube y hace cualquier cosa en un escenario, pero por regla general no es así.

Ese estudio que uno hace incluso de manera visual cuando llega a un teatro y dice este público va por aquí, algo que, sin duda, lo da la experiencia, te va diciendo por dónde debes trabajar. Eso es lo que logra la identificación constante con la gente.

A partir del carácter crítico que define al género ¿crees que los humoristas cubanos asumen de alguna manera roles ajenos?

Eso no es privativo del humor cubano ni es de ahora. Me gusta parafrasear a Francisco López Sacha, quien dice que el humor representaba las bajas pasiones: beber, fornicar, comer, pero siempre a partir de la representación y ridiculización de un grupo de capaz sociales, sobre todo de las elites de poder.

En Cuba el humor de alguna manera señala los lunares de la sociedad y como siempre digo pone a la vista lo que la cotidianidad esconde. Se anticipa muchas veces a los fenómenos y en ocasiones al sobredimensionarlos los hace visibles. En ocasiones la gente dice “qué exagerados son, eso no funciona así, eso es mentira” y cuando sales a la calle la realidad te aplasta. El humor tiene eso, igual que la fotografía y la caricatura. Siempre pongo ese ejemplo porque es clásico. Ves un tipo muy feo y no tiene por qué darte risa, sin embargo, ese mismo rostro reflejado con los rasgos exagerados de una caricatura te puede provocar risa.

El humor escénico también hace eso, caricaturiza; en el buen sentido de la palabra, sobredimensiona todos los fenómenos y eso es lo que causa la risa, lo que sorprende a la gente, lo que te mueve el piso y te hace pensar también. Llama la atención y te hace reflexionar sobre diferentes temas  sobre los que no piensas en la dinámica cotidiana de vivir. También juega con códigos y elementos que hacen que el público quizá sienta que le estás tocando un punto medular, que le afecta en ese momento y entonces también reacciona cuando hay ingeniosidad detrás. Cuando se dice de una manera muy tajante, aunque tenga un impacto muy fuerte, la gente tiende a no reírse; incluso cuando se tratan algunos temas álgidos, la gente prefiere lo sugerido, el tratamiento periférico y llegar por sí mismos a la idea de lo que quiere trasmitir el humorista. Eso causa mucho mayor impacto que hacer un panfleto.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato