Entrevista con Carlos Fundora

Un humorista tras bambalinas

Ana Lidia García • La Habana, Cuba
Fotos:

Fotos: Nadia Herrada

Oh, mon Dieu ! C´est la trahison!
¿Y La  Décima Françesa
que vibró en La Marsellesa,
en Roland y su chanson?

Écoute: François Villon
ici en les Champs-Élysées,
hizo décimas después
sobre unos versos d'Astérix,
que compuso pour Obélix,
en françañol y españès.

 

Imagen: La Jiribilla

A Carlos Fundora no lo hemos visto improvisando ni entonando décimas en público; sin embargo, las que leímos anteriormente son de su autoría, forman parte de un conjunto que indaga, de manera desenfada y singular, en los orígenes de este género poético. Tampoco lo hemos visto sobre un escenario haciendo humor; sin embargo, es artífice de guiones humorísticos de radio, televisión y teatro. En realidad, este filólogo de profesión, fundador del grupo villaclareño La Leña del Humor, prefiere escribir —ha publicado libros como Mitos y leyendas de la antigua gracia (Reina del mar, 2001); Tres comedias en busca del autor (Capiro, 2001); Leña del árbol caído (Sed de belleza, 2004); Cuentos residuales (Reina del mar, 2006); Humor, plagio y otros vicios (Ediciones Liber, 2011); Argonautas (Alarcos, 2013), entre otros —, asesorar, dirigir, evaluar.

Desde hace algunos años, por ejemplo, trabaja como especialista de asesoría en la Sección de Humor de la División de Programas Dramatizados de la Televisión Cubana. Teniendo como base su experiencia, afirma que actualmente el género atraviesa una situación difícil en la pequeña pantalla: “Tenemos poquísimas propuestas, aunque siempre hemos querido que exista al menos una para cada día de la semana porque las personas tienen gustos diferentes y debemos satisfacer las exigencias de la mayor parte del público. De manera general, el género tiene altibajos, hay momentos en que algunas manifestaciones avanzan y otras retroceden. No obstante, vale resaltar que la directiva del Centro Promotor del Humor, con acciones precisas como el rescate de los pre-Aquelarre —un primer filtro que permite que al evento lleguen realmente las obras de calidad y que los humoristas preparen espectáculos completos y de alta factura —, ha logrado imprimirle un nuevo sentido a la producción artística y eso se observa en lo que finalmente llega al Festival”.

Este 2014, además, Fundora integró el jurado de literatura del Aquelarre junto a Josefa Quintana y Eduardo del Llano. Confiesa sentirse asombrado por la gran cantidad de autores que presentan obras en este certamen, aun cuando el Centro Promotor del Humor no garantiza publicación de los trabajos galardonados ni otorga premio en metálico. A pesar de todas esas carencias —acentúa — “cada año evaluamos creaciones de gran calidad artística. Esta vez, incluso, estuvo en la competencia un guion de radio que alcanzó mención. Ello demuestra que la gente sí escribe; son las condiciones materiales las que impiden socializar la creación y la causa de que contemos con escasas opciones literarias. La Editorial José Martí nos ha ayudado mucho en ese sentido, con ella se han publicado varios libros. Recientemente concluimos una antología de narrativa, específicamente de cuentos de humor de los últimos 20 años, pero aún no ha sido posible concretar el proyecto de publicación. Próximamente, debe salir también una antología de los grupos de la región oriental de Cuba que lleva por título Humor del cercano Oriente.

Volviendo a su labor como asesor de televisión, ¿podría explicar en qué consiste, cuáles son las pautas que sigue…?

Es un trabajo bastante complicado porque tiene que ver con la censura. Un asesor tiene que saber cómo tratar determinadas temáticas en la televisión, analizar de qué forma pueden insertarse las ideas sin que parezcan chocantes, agresivas. Hay que estar muy atento a las problemáticas que puedan surgir en el momento, pues un tema que hoy puede ser abordado, mañana pudiera ser inadecuado debido a alguna situación específica. Además, es nuestro deber ayudar a los especialistas, al director, a los actores a entender lo que van a hacer y aportarles nuevas visiones. En el caso del humor, tenemos que orientarlos para que sean más graciosos, para que encuentren la manera de sacarle más partido a un chiste. En ocasiones los directores están tan concentrados en las cuestiones técnicas que los agobian tanto, que dejan a un lado cuestiones importantes de contenido y entonces en esos casos debes alertarlos, guiarlos. La televisión es un medio masivo por lo cual te ven millones de personas y cada una interpreta según sus experiencias; todas tienen el derecho de escribir, quejarse, y tienes que responder. Sin embargo, es una labor que se diluye en la programación, no es algo que el espectador percibe. Lo más importante en este trabajo es la experiencia, porque no existe cartilla que te guíe.

¿Cómo definiría el rol social del humor?

El humor es una herramienta importante en muchos sentidos. Según estudios científicos, resulta beneficioso para la salud humana, pues ayuda a aliviar el estrés, tiene un efecto relajante. Por otro lado, es el látigo con cascabel del que hablaba José Martí, es una saeta sobre los males sociales. ¿Qué mejor forma para hacer alusión a las problemáticas de cualquier sector de la sociedad que a través del humor? De igual forma, ayuda a derribar barreras; no es lo mismo hacer una crítica de una forma seca, directa, que enmascarada con los recursos del humor.

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, en su obra destacan los libros que tienen referentes literarios y en sus guiones para radio y televisión se aprecia un gusto por la utilización de juegos de palabras como recurso para entretener. ¿No le gusta hacer humor de crítica social?

Pienso que el humor que tiene como base la crítica social es importante, pero muy transitorio, efímero. Me parece que en la literatura queda mayor sedimento. Como escritor me interesa que la obra pueda comprenderse aun con el paso de los años. Por eso, disfruto más trabajar con referentes literarios: las parodias de clásicos me fascinan. En el libro Argonautas, por ejemplo, contextualizo un mito que es muy conocido; es un trabajo contemporáneo pero que se sustenta en una historia que existe desde los albores de la humanidad. Intento que la creación perdure en el tiempo. Por eso, hay quien dice que yo conozco más la antigua Grecia que mi natal Quemado de Güines.

¿Considera que el humor de chistes es un arte menor?

Creo que debe existir humor para todos los públicos. El humor de chistes tiene que existir, la gente lo disfruta. La dinámica del chiste lo hace muy popular. También tiene que haber humor de cabaret. Lo que sí me parece incorrecto en cualquiera de los casos es la agresión hacia los espectadores. Las personas asisten a estos centros nocturnos para disfrutar y no hay razón para abochornarlas ni agredirlas. No creo que esté bien utilizado tampoco el regodeo en las groserías, porque además de ser una actitud vulgar, resulta un recurso facilista desde el punto de vista artístico.

En un artículo de su autoría, publicado en nuestra revista, llama la atención acerca de la diferencia entre los espectáculos humorísticos conformados a partir de sketchs del repertorio de los artistas, y los espectáculos humorísticos teatrales que rebasan el conjunto de microhistorias, los cuales resultan una comedia que responde a la estructura clásica de introducción, nudo y desenlace. ¿Piensa que en la actualidad existen artistas que logran llevar a las tablas propuestas más complejas como los espectáculos humorísticos teatrales?

La realidad es que en la práctica diaria de los grupos se escriben muy pocos espectáculos de principio a fin. Generalmente se van integrando sketchs y luego se buscan los pretextos para unirlos. Recuerdo que el año 1993, cuando se hizo el primer Aquelarre, Telo-Salamanca presentó un espectáculo de ese tipo que se llamaba Tardes grises. En ese caso, las diferentes partes de la obra se unían a partir de una canción con notable coherencia; estuvo sin duda muy bien logrado.

En esta edición del Festival disfrutamos de algunos espectáculos que se proponían la mencionada progresión dramática. En otros, se apreciaba la intención, pero el resultado no era exitoso. Eso depende de muchos factores, incluso de que en el teatro existan todas las condiciones necesarias y en un evento de este tipo, las propias dinámicas de presentaciones constituyen un obstáculo.

¿Cómo valora la imbricación del humor cubano en la actualidad con otras manifestaciones artísticas y con las nuevas tecnologías?

Las rutinas de los grupos humorísticos que existen en Cuba actualmente limitan mucho la creación de espectáculos en los cuales se fusionen las diversas manifestaciones. Las dificultades para el traslado, la imposibilidad de contar con más recursos humanos, lleva a buscar apoyo en materiales audiovisuales cuando lo ideal sería utilizar actores. Yo tuve propuestas en las que utilizábamos hasta coros griegos; ya no puedes hacerlo porque los grupos tienen pocos miembros. La escenografía, por ejemplo, es un estorbo a la hora de viajar de una provincia a otra, entonces deciden prescindir de ella. Algo que siempre le he envidiado al Ballet Nacional es la puesta en escena, sus vestuarios, escenografías; pienso que sería fabuloso poder hacer un espectáculo humorístico con todos esos elementos. Hemos tenido ejemplos más o menos recientes pero muy escasos. Reír es cosa muy seria (Premio Aquelarre 2012) —obra escrita por Iván Camejo y en la que actuó junto con Kike Quiñones, Alina Molina, el grupo Pagola la Paga y la orquesta del ICRT—, resultó un admirable ejemplo en ese sentido. En los tiempos en los que dirigía siempre intenté que el espectáculo teatral tuviera música, vestuario, maquillaje, escenografía, pero esa es una práctica que cada día vamos perdiendo.

Usted es filólogo y entre los humoristas cubanos existen muchos arquitectos, ingenieros, etc. ¿Cómo debe ser la formación académica de una persona que desee incursionar en este género?

Pienso que mientras más formación académica tenga un humorista mejor. A mí me ayudaron mucho los cursos de verano de voz y dicción, actuación, dirección que impartían Corina Mestre, Carmen Fragoso, Armando Suárez. El humor va más allá de cualquier manifestación artística; así que si vas a dedicarte a la literatura necesitas tener conocimientos de gramática y redacción; si vas a trabajar en la escena y sabes de música y canto, mucho mejor. El humorista es aquella persona que trata de ver los diferentes matices de la vida, esos que el resto no alcanza a ver; por eso debe ser alguien muy preparado profesionalmente para saber transmitir sus visiones con claridad e ingeniosidad.

¿Qué ha significado en su carrera el programa televisivo El Selecto Club de la Neurona Intranquila, al cual ha estado vinculado desde hace varios años?

Confieso que fui uno de los que rechazó esta idea cuando su director Gustavo Fernández-Larrea la presentó. Sin embargo, el éxito del espacio nos fue sorprendiendo a todos los miembros del equipo de realización. Se pensó dirigido a un sector de la población, a los universitarios sobre todo, y esa idea primigenia ha ido superándose. En estos momentos recibimos correos de los más diversos grupos sociales. Se ha logrado un gran alcance. Con este programa hemos logrado rescatar los juegos de palabras que hacíamos en los años 80 y que poco a poco se habían ido perdiendo. El público ha visto en los últimos años el humor como crítica social principalmente, cuando también tiene un importante sentido de divertimento. Creo que la Neurona…, como la que conoce el público, ha ayudado a recordarnos que el humor es más que crítica: es una vía para divertirse con todos los elementos que nos rodean.

¿Cómo ve el futuro del humor en Cuba?

Tenemos muchas personas de mi generación que se mantienen creando y también hay talentos jóvenes, por lo cual el humor seguirá estando presente, aunque con sus momentos de avance y retroceso. Igual creo que seguirá conviviendo el chiste simple con los espectáculos más creativos.

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