Periodistas robots:
la “rebelión de las máquinas”

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

El acta de defunción del periodismo como profesión ha pasado por varias versiones. La expansión de las Nuevas Tecnologías (TIC), la multiplicación de blogs y redes sociales que reforzaron la reconfiguración de los roles del proceso comunicativo, la crisis del modelo de negocio de los medios que dejó en la calle a miles, fueron argumentos que, poco a poco, quedaron inscritos en el “acta”. Ahora acaba de incorporarse un nuevo “argumento”: los periodistas podrían ser sustituidos por robots en las redacciones de los medios. Parece ciencia ficción; pero es muy real.

La agencia de noticias Associated Press (AP) anunció que comenzará a utilizar muy pronto robots, que son capaces de producir breves artículos sobre resultados trimestrales de las empresas que cotizan en la Bolsa de Valores. Este era un trabajo que solían hacer los humanos periodistas; sin embargo, su productividad no era la esperada por los dueños del medio.

Lou Ferrara, vicepresidente y director gerente de AP, explicó que sus profesionales podían producir, manualmente, cerca de 300 historias trimestrales; mientras los robots —que no cobran nada, ni protestan, ni reciben pensiones— se acercarían a las 4 500 notas, en el mismo período de tiempo. La matemática es infalible: la diferencia es enorme.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo funcionarían estos “nuevos trabajadores”? Los robots en la AP, que son en realidad programas informáticos, trabajarían con la tecnología de la empresa Automated Insights, combinada con datos de la firma Zacks Investment Researchy producirían notas cortas, entre 150 y 300 palabras, por ahora solo sobre resultados económicos de las compañías.

Zacks actualiza los datos sobre las ganancias empresariales cuando se publican los informes. Automated Insights tiene algoritmos que generan historias en segundos con esos datos”, aseveró Ferrara. Un humano tardaría el mismo tiempo en producir una historia de esta extensión; pero en algún momento del día tendría que descansar y —ya sabemos— no sucede igual con una máquina.

AP trabajó con Automated Insights para que los contenidos elaborados por los robots se ajustaran al manual de estilo de la agencia. Además, el medio identificará las notas que hayan generado las máquinas.

La incorporación de estos “colegas” en las salas de redacción de seguro no será bien vista por los periodistas. Tienen serias razones para dudar sobre las “buenas intenciones” de los empleadores, porque detrás de todo esto podría existir —¿cómo dudarlo?— una estrategia para “disminuir los gastos” de los medios y aumentar el ya amplísimo número de periodistas desempleados.

Ante esta inquietud y quizá para calmar los ánimos en la AP, Ferrara aseguró, en un comunicado publicado en el sitio oficial de ese medio, que la introducción de los robots no provocará una ola de despidos, sino que las máquinas serán beneficiosas, porque le permitirán a los periodistas ampliar sus fuentes y centrarse en elaborar materiales de mayor profundidad, en lugar de escribir simples notas. Algo así como “más periodismo y menos procesamiento de datos”. Desde esta visión, los robots serían un complemento para los periodistas. Por ahora…

En marzo de 2014, los “robots periodistas” tuvieron su primera prueba de fuego cuando uno de ellos, “ubicado” en el periódico Los Ángeles Times, “redactó” y publicó primero que nadie una nota sobre un temblor de tierra en California. Este robot trabajó con un algoritmo diseñado por Ken Schwencke que puede obtener información en tiempo real del Servicio Geológico de EE.UU. cuando se produce un sismo y con estos datos “escribe” una nota en la que se incluye la hora, magnitud, epicentro y los últimos temblores en la región.

Las TIC se han introducido en todas las rutinas de trabajo de los periodistas; pero tal vez pocos imaginaron que, en tan corto tiempo, los sistemas automatizados llegarían hasta contar historias, un terreno que parecía intocable. No obstante, quedan cosas que los robots no pueden hacer, porque los algoritmos son incapaces de trabajar con el lenguaje para que una crónica emocione o que un reportaje conmueva o alerte. La rebelión de las máquinas todavía no ha llegado hasta allí.

En un futuro ya no tan lejano, probablemente los sistemas automatizados podrán lidiar con el qué, dónde, quién y cuándo de una noticia; pero seguirá siendo trabajo del periodista el responder el cómo y el porqué.

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