Animación, aliento de vida del dibujo

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Ciertamente hay una mezcla de satisfacción en el rostro de Guillermo Ochoa, director de animación de la película Meñique, al saber que entregó todo o casi todo por ver ese filme convertido en una realidad. Hace seis años atrás era una quimera, un deseo que levantaba dudas, pero que al final fructificó.

Imagen: La Jiribilla

Vuelve sobre el tiempo y lo considera increíble, “¡al fin tenemos a Meñique!” Fueron días, horas, meses y años trabajando denodadamente para concretar un proyecto nacido, prácticamente, de la casualidad, por no tener a manos los recursos necesarios para emprender el vuelo.

Pero para él, como para el resto del colectivo de jóvenes que dirigió en la creación de la primera película de animados cubanos en la técnica 3D, es un hecho que queda para la historia y abre un nuevo camino en la cinematografía de animados de la Isla. Mientras nuestro diálogo fluye, Guillermo repasa momentos que, de no ser por la voluntad y el amor al trabajo que cada uno le puso, la historia de Meñique sería otra cosa.

Con una vasta experiencia en la especialidad confiesa a modo de definición: “La animación tiene características muy particulares, a algunos personas les llama la atención, pero generalmente cuando vienen se defraudan, porque es  una actividad muy anónima.

“Estos estudios (Estudios de Animación del ICAIC) se nutren de egresados del Instituto Superior de Diseño, de San Alejandro o el Instituto Superior de Arte y generalmente los artistas de la plástica buscan reconocimientos sociales y aquí van a dibujar mucho, a trabajar diariamente y no lo tendrán, al menos no como ellos esperan. Además, esta especialidad no consiste solo en dibujar, sino que se necesita tener habilidades para descubrir los procesos claves de una acción y el tiempo en que debe transcurrir”.

¿Cómo se concibió el proceso de trabajo de animación en 3D para la película Meñique?

Sucedió algo curioso. En un principio fue un proyecto que no se realizaría en 3D, se pensó en un largometraje convencional, pero sufrió muchos cambios en su concepción inicial. El diseño fue transformado varias veces. Entonces a alguien se le ocurrió hacer un diseño en 3D y otra persona dijo que era mejor hacer la película completa con esa técnica.

Sin embargo, teníamos el inconveniente que entre nosotros nadie sabía nada de informática, de software, salvo lo necesario para manipular una máquina, así que nos arriesgamos sin experiencia para hacer un proyecto tan ambicioso.

¿Cómo entonces lograron hacer la película?

Salimos a buscar muchachos que hacen cosas interesantes por su cuenta, que les dedican horas a estar frente a una computadora,  gente que trabajaba freelancer, y que obviamente tienen dominio de esta tecnología o al menos se aventuran; ni siquiera sabíamos que en Cuba teníamos esos talentos. Sin embargo, ninguno se había involucrado en un proyecto tan grande, ellos se crecieron y al mismo tiempo sirvieron de profesores en el curso de animación 3D que organizamos en las instalaciones de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) para nuestro personal. Hoy algunos de esos jóvenes están con nosotros.

De ese intensivo egresamos todos. Nos formamos sobre la marcha, los especialistas empezaron a animar la película así. En la medida que aprendíamos en el aula trabajábamos en el filme, esas fueron las prácticas. No esperamos a terminar el curso, el cual abarcó a todas las especialidades. Un proyecto como Meñique involucra a mucha gente.

Por otra parte, aquí no teníamos condiciones para una labor de tal magnitud. Solo cinco computadores personales sin los soportes idóneos, pero con esas trabajamos el proceso hasta que llegaron las restantes, que demoramos tres años para tenerlas.

¿La falta de recursos incidió que transcurrieran seis años para terminar la película?

No precisamente, la falta de infraestructuras necesarias para hacer un proyecto de este tipo incidió en otras cosas, no en el tiempo. No obstante, la técnica en 3D demora, no es una rareza que en seis años la termináramos, porque es un proceso engorroso.

Además, seis años es un tiempo idóneo. Los estudios Pixar, comprados por Disney, que están bien equipados y su objetivo es el trabajo en 3D, demoran alrededor de cinco años en la producción de un filme, claro, ellos tienen una cadena y cada año estrenan una o dos películas, por lo que no se advierte la demora.

¿Cómo se logró articular el trabajo de un equipo tan diverso y con tantos integrantes sobre la base de una misma idea?

Este equipo fluctuó mucho. Meñique por su envergadura de trabajo contó con una dirección de animación general que estuvo bajo mi responsabilidad y con un grupo de directores por secuencias, que lo integraban entre cinco y seis personas.

Era una forma de organizar y distribuir el trabajo de los animadores, así podíamos explicar la intención de lo que se quería en cada plano, señalar correcciones y supervisarlo todo.

Uno de los mayores logros de Meñique fue la conformación de un equipo fogueado para trabajar la animación 3D en Cuba. Hoy en día esa técnica es una asignatura obligada para cualquier estudio en el mundo, porque ahorra recursos y agiliza el proceso. Además, el campo es vastísimo.

Como resultado tenemos ofertas de servicios para el extranjero y para la elaboración de video juegos.  También, programamos un curso sobre 3D para todos los animadores del centro.

Imagen: La Jiribilla

¿Es la dirección de animación el corazón de una película de dibujos animados?

Una película es resultado de muchos procesos y todos son importantes. Ciertamente en esta especialidad se concentra una de las partes más fuertes, porque es donde se define un gran por ciento del proyecto.

Aquí intervienen muchos artistas, cada uno tiene su propio sentido del tiempo. Un animador viene a ser el equivalente a un actor en un filme de ficción, porque debe trasmitir, a ese dibujo, las emociones y acciones del personaje. Por eso intervienen varios animadores, pero tiene que haber una persona que unifique el trabajo de los demás y que el resultado de la película parezca que fue hecho por una sola persona.

¿Los Estudios de Animación del ICAIC tienen en proyecto otros filmes que correrán la misma suerte que Meñique, por ejemplo, Elpidio Valdés, Fernanda o el Capitán Plin?

Sí, a raíz de Meñique se habla de diversificar las producciones en 3D, y uno de ellos es, precisamente, Elpidio Valdés.  Hay que asumir los cambios y a eso ni yo ni este joven colectivo le tenemos miedo. Esta tecnología no es más que una herramienta en manos de un grupo de especialistas, pero no define el argumento de las historias.

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