Una gala danzaria para la amistad

Roberto Méndez Martínez • La Habana, Cuba

Una gala destinada a honrar la amistad entre Cuba y China tuvo lugar el 23 de julio en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba. En ella participaron el Ballet Nacional de Cuba y seis miembros del Ballet Nacional de China que viajaron especialmente a la Isla, acompañados por la directora de la agrupación, Fen Ying.

En China existe una milenaria tradición en la danza, pero el ballet solo llegó a ella muy avanzado el siglo XX. En las últimas décadas se ha desarrollado allí la enseñanza académica del género, tomando como base la escuela rusa y muy pronto han podido mostrar al mundo que si bien no han llegado a definir un estilo específico, tienen bailarines que desempeñan su arte con rasgos muy particulares, entre los que están: la minuciosidad en la ejecución de las secuencias de pasos coreográficas, el entrenamiento físico que no excluye determinados elementos gimnásticos y un tratamiento en la interpretación de roles clásicos marcado por la delicadeza y la gentileza, aunque a veces se perciba que no les comunican esa efusión sentimental que caracteriza, por ejemplo, a la escuela cubana.

Los asistentes a la gala pudimos apreciar el desempeño de la primera bailarina Zhang Jian en las escenas del segundo acto de Giselle, en las que tuvo como partenaire al cubano Dani Hernández. No puede negarse que ella supo acometer el pas de deux —que es una de las cimas del romanticismo danzario— con corrección y elegancia. Desde el punto de vista interpretativo no puso el énfasis en el amor que la aldeana devenida espíritu siente por Albrecht, sino en la condición desencarnada, flotante, de su personaje, ya más willi que mujer.

Imagen: La Jiribilla

Wang Ye y Sun Ruichen tuvieron a su cargo la interpretación del pas de deux de Esmeralda, una coreografía de Ben Stevenson sobre la original de Jules Perrot. Se trata de una pieza que habitualmente sirve como tour de force en los concursos internacionales de ballet. No se puede negar que estos bailarines conocen la obra a fondo, dominan sus secuencias de pasos, pero falta en ellos cultivar la psicología de los personajes, para comunicarles auténtica vida, lo que ocasionó, por ejemplo, que la variación femenina no tuviera el vigor que reclama esa gitana ferviente y transgresora imaginada por Víctor Hugo y por otra parte deben trabajar más las posibilidades de lucimiento técnico que la pieza encierra. Daba la impresión que los artistas, preocupados por la corrección académica que debían mostrar no llegaran a asumir de modo personal la obra.

Imagen: La Jiribilla

Una grata sorpresa fue la presentación de Sacrificio, pas de deux creado por el joven coréografo Fei Bo sobre música de Sainkho Namtchylak. Fue la única obra contemporánea en el programa y resultó muy atractiva, en tanto fue posible percibir como en el Ballet Nacional de China va gestándose una corriente capaz de fusionar sus tradiciones con el arte danzario occidental. La obra, que posee elementos no solo de ballet contemporáneo sino de danza moderna, está trabajada con una sobriedad muy elocuente y sus ejecutantes nos convencen lo mismo con ciertas complejidades de desempeño físico, como por la fuerza interpretativa que emana del breve diálogo entre el hombre y la mujer. Una historia de amor, sacrificio y lejanía nos es contada en pocos minutos con gran carga simbólica. Tanto la joven danzarina Qiu Yunting como Zhang Yao, encuentran un espacio muy especial para demostrar sus dotes artísticas.

Imagen: La Jiribilla

La velada incluyó también el dúo de amor de Espartaco con Anette Delgado y Camilo Ramos en los roles de Frigia y el legendario gladiador rebelde; el pas de deux El Corsario, a cargo de Amaya Rodríguez y Víctor Estévez y el divertimento Danzantes creado por Alicia Alonso, a partir de dos pequeñas obras musicales de China: “Nubes persiguen la luna” de Ren Guang y “Flores que abren en luna llena” de Huang Yijung.

Imagen: La Jiribilla

La velada cerró con escenas de otro clásico: Don Quijote, en versión cubana a partir del original de Marius Petipa revisado por Alexander Gorski, estas incluían el pas de deux de Mercedes y Espada en el primer acto y el grand pas de deux de Kitri y Basilio en el tercero. Este último fue desempeñado por Viengsay Valdés y Ma Xiaodong. El público ovacionó la interpretación del bailarín invitado, cuyo desempeño técnico tanto en su variación como en la coda tuvo ciertos rasgos de virtuosismo unidos a una apreciable naturalidad y desenvoltura en su personaje que comunicaba sencillez y gracia al público sin traslucir las dificultades que estaba venciendo. Como partenaire resultó correcto y fluido, aunque tal cosa no debió resultarle difícil en tanto tenía el apoyo de una bailarina talentosa y experimentada como Viengsay quien puso de pie al teatro no sólo por la célebre secuencia de fouettés de la coda sino por la maestría artística que infundió a su personaje en cada uno de sus pasos y gestos.

Imagen: La Jiribilla

Las prolongadas salvas de aplausos que al final acompañaron a los saludos de los artistas en la escena, encabezados por Alicia Alonso y Fen Ying demostraban que encuentros como estos resultan muy valiosos, tanto para las compañías que participan en ellos como para el público que puede presenciarlos. La formación de una cultura del espectador no debe limitarse al conocimiento de la escuela propia, sino a la apreciación de otros estilos y tendencias, con un carácter crítico. Descubrir los misterios del ballet que se gesta en China y va ganando aprecio creciente en el mundo ha sido verdaderamente gratificante y nos hace esperar por otros frutos del intercambio entre las dos naciones en terrenos como la música, el teatro dramático, las artes plásticas y la literatura, donde seguramente nos aguardan otras sorpresas.

 

Esta gala fue similar a la presentada el día anterior, que contó con la presencia de los presidentes de Cuba y China, Raúl Castro y Xi Jinping.

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