Las muchas cuerdas
de un gigante antillano

Fotos: Cortesía de los Estudios de Animación del ICAIC

 

En el número 472 de esta publicación, con fecha de mayo de 2010, el colega Salvador Salazar hacía una entrevista que, develada a la luz de estos tiempos, es toda grandeza. En aquella ocasión Salazar ponía el ojo de periodista en la prolífica vida del actor de doblaje Frank Fernández. Sin duda, el más pleno de los criollos en este campo.

Confieso que retumbó la respuesta de insurrecto-pillo-manigüero —epíteto aportado por el andaluz a Elpidio Valdés— ante una de las últimas inquietudes de su entrevistador. Se había liberado la pregunta-catalejo sobre el futuro del doblaje en nuestro país. Y las debilidades convergían, dentro de la formación de actores en ese terreno, en la dirección de doblaje.

“Hace un tiempo, cuando yo me formé, había directores de gran experiencia. Ahora se están formando gente que está empezando, el doblaje es un género que necesita mucha asesoría porque es un tanto especial. No es lo mismo el actor cuando trabaja con su material, que es él mismo, su cuerpo, que cuando tiene que utilizar una voz para incorporar otro personaje, otro ser humano. Esto no se estudia, se forma en la práctica, se da a fuerza de mucho entrenamiento. Por eso, repito que no es fácil, y que la dirección de doblaje es fundamental, son quienes te señalan los detalles, aspectos muy específicos de la especialidad que dominan los directores. Pero creo que sí, que hay actores que actualmente se están desarrollando bastante bien”.

Imagen: La Jiribilla

Rastreando la experiencia y cultura de doblaje, pero en el subcampo específico de la animación, comprobé que, evidentemente, se trataba de exigüidades en la dirección y que voces inseparables de los muñes cubanos habían aparecido como resultado de un empecinamiento y empiria desarrolladores. Había pulsado muchísimo el interés personal.

Nombres repetían una y otra vez en la construcción del instrumento que lleva, en rigor, el ritmo humano de personajes, toda vez que aparecen por escindidos la imagen y el lenguaje extraverbal del actor. Un trabajo muy específico, como poco diversificado en el medio.

Meñique, el más reciente largometraje, coproducción gallego-cubana, parece retar la tradición vocal en los animados cubanos cuando al llamado de Ernesto Padrón son convocadas más de una decena de voces. Para regocijo de todos los espectadores no hay encasillamiento, pero menos saturación. La misma arquitectura vocal que solía desdoblarse —similarmente— para dar origen a “otras” voces —mecanizadas— se estira para tocar a un elenco cubano variopinto y así también uno gallego, de excelsa tesitura.

El doblaje, tanto en gallego como en castellano, se llevó a cabo en Galicia. Los actores María Castro (Tierra de Lobos, Vive Cantando); Javier Rey (Galerías Velvet, Hispania), María Pujalte (Los misterios de Laura), Antonio Mourelos (Imperium), Xosé A. Touriñán, Marcos Pereiro, Carlos Blanco, Tacho González, Luís Iglesia, Monti Castiñeiras, entre otros, fueron los encargados de poner voz a la historia del pequeño campesino que para sacar a su familia de la pobreza inicia, en versión libre, un largo camino lleno de aventuras que también le llevará a encontrar a la princesa de sus sueños.

Imagen: La Jiribilla

Sin registros físicos empieza el trabajo de un actor de doblaje. Así lo hizo saber Lieter Ledesma, quien asumió por los nacionales el diseño de este valioso instrumento para el protagonista del primer largometraje en 3D del cine cubano. Era contradictoria para Ledesma la idea de que se depositara en la persona de un gigante —tomando el porte de Meñique como referente— la misión de componer a un personaje desde una eficacia proverbial genuina y autóctona.

“No había tenido experiencias anteriores en esta especialidad, a pesar de contar con la suerte de haber trabajado mucho. Empecé a hacerlo en la televisión cuando tenía cinco años. Hice espacios desde Había una vez... hasta el de aventuras, las novelas… Trabajé con directores sólidos y esa variedad, desde tan temprano, como que fue creando en mí el sentido de estar abierto para enfrentar algo nuevo. Yo llego a la animación con todos los retos cubiertos, pero algo me daba confianza: el casting era a ciegas, es decir, fue con números y a cada voz que se presentó le correspondió un número. Eso me dio la certeza de que la selección no estaba condicionada por la imagen, ni siquiera por ningún gesto facial, y me parece que fue algo muy acertado, sobre todo porque es la esencia del trabajo: lograr la correspondencia entre la voz y la imagen que va a ser posterior, porque a partir de la voz es que se empieza a animar”.

“La primera vez que escuché de la tira leica, no me gustó el resultado. Estaba trabajando a ciegas porque era un medio totalmente desconocido para mí... Mas tuve la dicha de trabajar y estaba dirigiendo a los actores Juan Padrón, que es la institución en ese sentido, y la total confianza del director de animación, Ernesto Padrón, porque fue él, junto con su equipo de realización, quien decidió que yo hiciera la voz de Meñique”.

Imagen: La Jiribilla

Hubiera sido Hamlet en el teatro, o El Zorro en el cine. Sin embargo, la heroicidad para Ledesma había cambiado el empaque a un cuerpo más pequeño, como resultó la migración de Yoraisy Gómez, la princesa Denise en la historia, de actriz y cantante a señales tímbricas. De este proceso comentó a Cubacine, portal del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), lo siguiente:

“Nosotros pusimos las voces de personajes que no habíamos visto, ni sabíamos cómo iban a ser. En un momento de la película ella está hechizada por la bruja interpretada por Corina Mestre, y es muy simpático porque traté de engolar la voz y darle otro matiz”.

“Es un ejercicio de actuación difícil porque tienes que acudir a tu imaginación e ir buscando sentimientos, intenciones de otra persona que no eres tú físicamente, y eso es realmente un reto. Para mí, el doblaje de un animado es tan gratificante que la parte del dinero no me interesa. Y requiere un esfuerzo mayor porque hay que lograr un engranaje entre el diseñador del animado —a veces ni siquiera sabes quién es— y el actor. Tienes que ponerle todo el cariño para que nazca”.

Recuerdo que nos grabaron a todos los actores para que los personajes tuvieran rasgos parecidos a nosotros y descubrí un mundo maravilloso con el que me siento muy cómoda. Podría decir que viviría haciéndolo porque me encanta y lo disfruto muchísimo. Meñique fue el inicio —la primera vez que le puse voz a un personaje—,  me abrió las puertas de los Estudios de Animación del ICAIC”.

Mucho tenían que agradecer a los formadores de actores, Yory y Lieter. A propósito de las herramientas de las cuales echó mano Ledesma para vivificar a Meñique, comentó en una entrevista anterior a este periodista que: “Yo creo que de mi entrenamiento en el teatro... Yo soy, afortunadamente, graduado del ISA (Universidad de las Artes), de un buen curso. Uno de los pocos cursos que dio enteramente Corina Mestre, del primer año al último. Entonces tuve la fortuna y le doy gracias a Dios porque ella estuvo conmigo cuatro años de mis cinco en el ISA. Voz y dicción me la dio Carmen Fragoso, que me llevó tenso, pues fue precisamente una de las asignaturas que más trabajo me costó en la universidad porque soy muy acelerado, tiendo a atropellar... Tuve de niño un problema con las cuerdas vocales: yo abusé de mis cuerdas vocales en la infancia y estuve tratándome con una logopeda. Tenía que hacer ejercicios en la mañana, tenía que nadar, correr, buscando mejorar mi aparato fonatorio, aumentar mi capacidad respiratoria, apoyar la voz y colocarla —la tenía mal colocada”.

Imagen: La Jiribilla

Las voces protagonistas tenían el reto ante sí de ser en cuerpo, actores jóvenes y, aunque ya de probado recorrido, se medían con los experimentados Carlos Ruiz de la Tejera (edecán del soberano), Corina Mestre (la malvada bruja) y Aramís Delgado (soberano). Del proceso de Corina y Carlos Ruiz de la Tejera también obtuvimos criterios, respectivamente.

“Las voces de los personajes se pusieron sin haber visto los dibujos, pero Ernesto y Juan habían conversado considerablemente con nosotros. Mi personaje, la malvada bruja, decía al principio abundantes malas palabras porque se quería que hablara como muchas personas hoy día. La idea entonces era poner un beep para ocultar su chabacanería, aunque al final esto se desechó. Claro está, para bien de todos y mío propio que soy una persona a la que no le gustan las vulgaridades. La solución fue hacer cambios en los textos. La voz la venía guardando para un personaje como este… Ya había hecho doblaje en otras ocasiones pero siempre mirando el personaje a través de una pantalla. Este fue más complejo y también estaba la espera que fue de seis años. Tiempo en el que nunca Ernesto perdió la fe de ver su obra realizada. Era bien difícil por la envergadura tecnológica que requería la animación... No doblamos juntos para Meñique (con Lieter) y aunque ya había trabajado con él en Mucho ruido, siempre es una experiencia muy particular hacerlo con ex alumnos. Estoy muy feliz de que su pequeño bebé —que nacerá por estos días— pueda tener un regalo como Meñique con la voz de su padre”.

Por su parte Carlos Ruiz de la Tejera confesó: “Meñique significa un punto de giro en la animación cubana. La banda sonora es para un Oscar. Los niños cuando lo ven deliran y es que tiene un humanismo martiano y cubanía muy profundos. Mi personaje es el edecán del soberano y a diferencia de otros doblajes en los que había participado, como los Quinoscopios, aquí no tenía imagen delante. El edecán es bastante extraño. Tan ridículo y loco que hace reír. Las críticas han sido muchas y para nosotros ha sido un honor haber participado en este elenco porque ha sido de un esfuerzo y un trabajo exquisito”.

Imagen: La Jiribilla

Otro gran valor cultural de Meñique es la música, realista, que tiene en la historia el servicio y gesto de lo comunicativo. Los cantantes Anabel López y Joel Espinosa cedieron sus voces para los temas que interpretan estos personajes. Intervino además en la cinta la destacada cantante Miriam Ramos, quien interpretó a la Señora Arroyo, nuevo personaje incluido por Padrón. A lo largo de la película asimismo se incluyeron temas inéditos, compuestos por Silvio Rodríguez y adaptados por el músico gallego Manu Riveiro. Las canciones fueron interpretadas en gallego por Uxía Senlle  y en castellano e inglés por los artistas Roko y Xuso Jones.

Otros actores que trabajan en Meñique son: Manuel Marín, quien dio vida a a varios personajes en la película, como el gigante, el hacha, el capitán de la guardia, y Pablo, uno de los hermanos de Meñique; Enrique Molina, es Pedro, el otro hermano del protagonista; y Osvaldo Doimeadiós encarna la polvera mágica.

No caben dudas que el proceso de doblaje o dubbing, como también lo conocemos en su variante anglosajona, sella la calidad artística en cualquier cinta de animación. En Meñique se logra con amor y profesionalismo frente a todo lo que pudo significar novedad tecnológica. Por lo tanto no es festinada la afirmación de que el cine cubano de animación, aun cuando padeció cierto encogimiento, recibe con Meñique un importantísimo levante. Los actores de doblaje más jóvenes crecieron, como lo hace el pequeño héroe, ante los ojos de lectores y cinéfilos en una constelación de todos estrellas.

Se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, pero, ¿cuántas veces ha visto la frase? Es obvio que la ha escuchado. En reiterados ejemplos de la vida es el medio sonoro el que permite significar las experiencias visuales. Meñique prueba y no yerra.

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