Remigia, la alcaldesa

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

Para los cubanos de uno a otro confín de la Isla, cuya medida de consumo cultural entre los 60 y los inicios de los 80 fue la televisión, el nombre de María de los Ángeles Santana se halla ineludiblemente asociado al personaje de Remigia, la alcaldesa de San Nicolás del Peladero.

Imagen: La Jiribilla

Cuando asumió por primera vez el papel en 1963, era una mujer en plena madurez y una artista que había destacado tanto por su belleza como por su versatilidad y sus cualidades histriónicas en la escena de variedades y en el cine.

Sin embargo, aunque contaba con vasta experiencia en el teatro y en la misma televisión, las características del personaje implicaban arduas exigencias para la vedette.

La alcaldesa respondía hasta cierto punto, en tono y perfil a los códigos del sainete vernáculo, pero el cariz satírico que el libretista imprimía a sus estampas, requería de un despliegue de habilidades que solo una comediante con un extraordinario control de su registro podía vencer, sin agotarse en las representaciones semanales en vivo.

A veces pudo parecer que a la Santana se le pedía quedar en mera contraparte del protagonista de aquellas estampas, el alcalde de un pueblo imaginario que resumía en clave de humor los vicios y desmanes de la ficción republicana de la época de generales y doctores, durante las primeras décadas del siglo XX cubano.

Pero en las mejores entregas del experimentado libretista José Manuel Carballido Rey, Plutarco Tuero, encarnado por el formidable Enrique Santiesteban, solo podía explicarse por la existencia a su lado de la alcaldesa de la Santana.

La relación entre el actor y la actriz era sencillamente magnética, como lo fue también el flujo empático que unió esas actuaciones con las del inefable Germán Pinelli en su Éufrates del Valle, gacetillero de frases rimbombantes y cultivado cinismo que ejercía la crónica social en el diario de la localidad, El Imparcial.

En la galería de San Nicolás del Peladero, la manía de grandeza, el falso refinamiento y los raptos de chusmería de Remigia, la alcaldesa, completaban un cuadro en el que figuraban también el guapo alardoso y el funerario avorazado (Enrique Arredondo en ambos personajes tipos), el politicastro opositor (primero Agustín Campos como Montelongo Cañón y luego Carlos Paulín como Pancho Majagua), el iletrado y abusador sargento de la Guardia Rural (Mario Limonta), la hijita de papá y mamá (Mariana Ramírez Corría), el estirado mayordomo (Frank Almeida), el pícaro tracatán (Carlos Moctezuma) y el hambreado infeliz (Carlos Más).

Fueron dos décadas de ininterrumpida entrega de María de los Ángeles Santana a un programa semanal en el que también cantó páginas de puro linaje criollo.

Imagen: La Jiribilla

La televisión, ya se sabe, cumple ciclos. San Nicolás del Peladero tuvo el suyo. No hacen falta ni tendrían sentido, a estas alturas, segundas partes, aunque para satisfacción de quienes estuvieron involucrados en su realización, le alegrará saber que en una encuesta realizada este mismo año, en todas las provincias del país, por encargo de la red de Joven Club de Computación sobre los programas que a personas entre 18 y 60 años les gustaría tener disponible en versión digital, San Nicolás del Peladero clasificó entre las 20 opciones preferidas.

El brillo de la alcaldesa Remigia de María de los Ángeles Santana es inapagable.   

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