Entrevista con Ernesto Parra, director artístico
y general del Teatro Tuyo, de Las Tunas.

Un niño que no ha parado de jugar

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del autor
 

Comedido, optimista, intuitivo.Todas estas particularidades podrían describir a Ernesto Parra, el director artístico y general del Teatro Tuyo, de Las Tunas, un grupo asentado muy lejos de la capital, pero cercano al mejor laboreo que en el terreno del teatro para niños se realiza en nuestro país. Hace unos cuantos años que lo conozco y no dejo de sorprenderme con sus propuestas escénicas, signadas por la técnica del payaso o clown, personajes siempre enfrentados a situaciones extremas, que luego resuelven con empeño y un candor especial. En gira por Matanzas con el espectáculo Gris, no quise perderme la oportunidad de entrevistar a este colega que no solo admiro, sino que también aprecio. Saber de sus obsesiones y sueños creativos es la posibilidad de conocer por dentro a Teatro Tuyo y al propio Parra. Comenzaremos hablando de Parque de sueños, la premiada puesta en escena que en 2006, los colocó entre las agrupaciones más prestigiosas de la isla.

Imagen: La Jiribilla

Puesta en escena de Parque de sueños
 

I

Un espectáculo sin pretensiones

Al principio Parque… se iba a llamar El circo de los payasos. Fue concebido como un sencillo e insignificante espectáculo de variedades para llevar a los municipios, tenía que ser bien cómico. Eran estas las únicas pretensiones. Sin darme cuenta, yo mismo estaba subvalorando y minimizando, como otros tantos hacen, el arte del clown. Por suerte, ese año participé en el evento Magdalena Sin Fronteras, en Santa Clara, y allí conocí a Ana Correa, actriz del grupo peruano Yuyachkani y al actor noruego Lars Vik. Luego vino el Festival Internacional de Teatro de La Habana, donde conocí a Sören, el director de Batida Teatro, de Dinamarca, y al actor chileno Álvaro Solar. Todos ellos, junto a Freddy Núñez ―mi hermano mayor, otra historia y otra entrevista, director del camagüeyano Teatro del Viento―, Argos Teatro, Buendía, Teatro de La Luna y Las Estaciones, se convirtieron en mis referentes, en mis paradigmas. Luego recordé que de niño no me perdía la comedia silente que narraba Armando Calderón, que me sabía las canciones del payaso Trompoloco. Evoqué cuando mis padres me llevaron a una función del circo soviético y allí estaba Popov. Todo despertó en mí, reapareció el inquieto niño que jugaba poniéndole voces a sus soldaditos,  que construía múltiples historias y las vivificaba con ellos. Desde entonces no he parado de jugar. En el parque que está situado frente al Centro Cultural Bertolt Brecht, en la capital, comencé a escribir Parque de sueños. A mi regreso del festival habanero ya lo tenía concebido todo, los sistemas de entrenamiento, la investigación, banda sonora, diseños, en resumen, toda la puesta en escena, enriquecida después con el aporte de los actores. Cuando ya estaba por estrenarse, recuerdo que alguien del Consejo de Artes Escénicas de mi provincia me preguntó ¿Qué es lo que le van a presentar al comité de selección del Festival Nacional de Teatro de Camagüey?... Juro que respondí sin dudas: Parque de Sueños, y luego añadí: ¡Sin ningún complejo! Esa expresión es la que ha signado todos estos años de trabajo. Es importante creer en lo que haces, ese compromiso, responsabilidad y entrega incondicional es lo que hace que otros crean en ti. 

II

Los premios solo muestran un camino

Recuerdo Parque…como una avalancha de elogios, comentarios favorables y como bien dices una cantidad de premios significativos. Ellos nos dieron la posibilidad de varias cosas, darnos a conocer en el contexto nacional, encontrar una línea de trabajo y volver a ubicar, después de muchos años de ausencia, a Las Tunas en el mapa escénico cubano. Pero sobre todo, fue un momento para comenzar a crecer y a madurar artísticamente, aunque no todos los integrantes del grupo comprendieron que un premio sirve para mostrar un camino, para consolidar que el que llevas no está errado o para muchas otras cosas, pero nunca para creer que un premio, aunque sea el Nobel, es la meta. Imagínate que el día que regresamos del festival de Camagüey y nos bajamos de la guagua al local donde teníamos la sede, nadie del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, ni de la Dirección Provincial de Cultura nos estaba esperando, de hecho, ni la llave para guardar nuestras cosas aparecía. Allí nos quedamos, en la acera, como tres horas, con nuestros trofeos y los baúles de la escenografía. Para colmo, como a los cuatro meses de aquel suceso nos cerraron el local. Nos quedamos durante un año sin sede, no teníamos ni siquiera un espacio para guardar las cosas. Pensé mucho en los premios obtenidos, se convirtieron solo en un punto de partida, en nuevo impulso, responsabilidad, mayor entrega a tu público y a tus colegas, y por consiguiente a ti mismo, pues en cada obra das una parte de tu vida y recibes mucho más.

III

La deuda de La gallina Turuleca

La gallina Turuleca es una deuda que aún tengo conmigo mismo. Es un texto de mi autoría, posteriormente lo he titulado Nido. Trata el tema del éxodo, pero desde la perspectiva de los que plantean que la única manera posible de triunfar es dejando tu tierra. A mí me duele mucho cuando algunos tuneros por las calles nos felicitan por nuestros resultados y nos preguntan que cuándo nos vamos a marchar para La Habana, que allí “nos irá mejor y triunfaremos de verdad”. Lo mismo siento cuando estamos en gira por otras provincias y creen que somos de La Habana. También nos ha sucedido que hemos estado en La Habana de temporada y creen que somos de otro país. Es una historia que creo no estar listo aún para contar. Como es un tema tan escabroso, prefiero dejarlo en el tintero y seguir siendo tunero… ¿rima no?

IV

¿Títeres o clown?

El teatro es una suma de experiencias artísticas y humanas. Cuando uno descubre, a partir de esas vivencias, cuáles son tus esencias artísticas, las herramientas que mejor utilizas, con las que te sientes más realizado y puedes soñar a todo color, entonces debes dejarte llevar por ese impulso. Eso es lo que ha pasado con el clown en mí. Al títere debo agradecerle haber llegado a través de él al teatro que quiero hacer, a tener un sistema de entrenamiento, a ir en pos del dominio de la técnica y buscar su virtuosismo. He tomado del títere sus esencias, como lo he hecho con la pantomima o la danza. La mezcla de esas artes es el producto artístico de los espectáculos de Teatro Tuyo. Aunque algunos no me entiendan y me lo tengan guardado, quiero reiterar que el títere ocupa un lugar sagrado en mí, y a él acudo como fuente de inspiración, aunque en vez de animar figuras me ponga una nariz roja.

Imagen: La Jiribilla

Obra La Estación
 

V

Una Estación necesaria

La Estación para mí es más que un espectáculo. Es autoanálisis y consolidación. Tras el éxito de Parque…, casi todos los actores, por diversas razones, abandonaron el grupo. Me quedé solo con Yani y Yaima. Luego entraron Leyder y Alejandro. Me pregunté: ¿Cómo guiar a esta nueva tropa, que mezcla a actores experimentados con novatos? Repasé entonces mis referentes teatrales. Llegué a la conclusión de que todos han sido y son todavía líderes de sus colectivos, del teatro que defienden. Ahí estaba la respuesta. Debía montarme en la carriola y enrumbar el nuevo destino desde las tablas. Me inspiré en la soledad que posee el actor, imaginé un ser sin más compañía que la de su público y muy pocos recursos escénicos. Si Parque… fue un hallazgo para mí, La Estación se tornó en camino y guía, pues aun con todos los contratiempos que implica viajar, aunque el tren no se detenga, muchos se bajen de él, o la carriola se rompa, nada impide que mi personaje Papote llegue a su destino.

VI

La vida y el destino son increíbles

Me gusta llegar al teatro y ver que todo el equipo se saluda de verdad, se interesa por el problema del otro. Me encanta que la gente se quiera, discuta, perdone y se acepte. Sin pretenderlo, cada espectáculo realizado, no solo cuenta desde su dramaturgia una historia, si no que como dice Omar Valiño, hace que nos vayamos contando como grupo. En Parque… los payasos soñaban con ser artistas, nosotros con tener una sede propia. En La Estación, Papote enrumbaba su camino y al mismo tiempo yo lo hacía con el grupo. En Narices, los payasos se quitan sus narices para convertirlas en semilla y hacer que germine un árbol lleno de estas. Nosotros nos hemos propuesto desde nuestra existencia teatral hacer que este género prolifere, pero a niveles superiores, tanto artísticos como profesionales. Un punto en común en Parque… y Narices fue el proceso, en toda su dimensión. Con ambos espectáculos crecimos humana y artísticamente. La gran diferencia está en el elenco. Te puedo asegurar que hoy tengo actores más comprometidos con mis ideas y mis verdades, que también han hecho suyas. El ejemplo mejor es que del elenco de Parque… casi ninguno esperó el próximo montaje, se fueron antes, en cambio, con el elenco actual hicimos Narices, luego Gris, La noche, Caminantes, y mira, retomaremos para fines de año Parque de sueños. La vida y el destino son increíbles ¿verdad?

Imagen: La Jiribilla

Puesta en escena de Gris
 

VII

Dramaturgia, música, diseño y actor

Yo parto siempre desde la dramaturgia, para mí ahí radica todo, o para decirlo de otra manera es la principal materia prima. Soy tan obsesivo, que tal vez por eso, hasta este momento, solo he montado lo que yo mismo he escrito. El gran reto de siempre es contar desde la extraverbalidad, y lo hago en primer lugar porque los temas y el desarrollo de mis historias no necesitan de la palabra para ser contadas. No es que niegue la importancia de la palabra, pero como el teatro es en primer lugar acción, ella me lleva al movimiento, de ahí al gesto limpio y preciso, como cualquier verbo o adjetivo dicho desde una perfecta dicción y proyección. La música viene a apoyar las imágenes que van pasando por mi mente, reordenan atmósferas, acciones, transiciones. Puedo decir que la música es un personaje importante dentro de mis historias, le da voz a los personajes. El diseño también llega en forma de imágenes. Cuando comienzo la escritura, van apareciendo las melodías, y por supuesto las formas de vestuario, color, texturas, materiales, la utilería y los “cacharros”, como cariñosamente denomino a los accesorios, junto a toda la aparatura escénica que inventamos para cada puesta. Y digo todo esto teniendo el inconveniente de no saber dibujar ni con los rasgos de un niño de primaria. No sé si es por mi condición de zurdo o porque no podemos ser “perfectos” (ja, ja, ja), por eso me auxilio de Yaima, y últimamente de Alejandro, son ellos los que van dibujando lo que tengo en la cabeza, como hacía Benny Moré con su arreglista musical. Y como colofón está el actor, centro de todo espectáculo teatral, quien tiene la importancia de vivificar en la escena, desde su cuerpo, su mente y sus emociones, las imágenes e ideas. Es por ello que poseemos una disciplina técnica, entrenada con nuestras propias herramientas, métodos, conceptos, preñados de aciertos y desaciertos que nos permiten movernos desde la práctica a la teoría y viceversa. Todo realizado desde mi intuición y empirismo, pues no soy graduado de otra cosa que no sea técnico medio en servicios gastronómicos, y a mucha honra, porque fui el título de oro de mi año de estudios.

VIII

Payasos y teatro para niños en Cuba

El arte del payaso en el teatro para niños de la Cuba actual, está lamentablemente muy maltratado, muy deshecho. En primer lugar, nos ha afectado la subvaloración de muchos que creen que solo basta con el disfraz. Algunas de estas personas pertenecen a las mismas instituciones que nosotros y para colmo tienen la misma evaluación artística y perciben el mismo salario. En segundo lugar, está el mercantilismo, el cual contribuye a que cualquiera sea “payaso”, pues dentro del listado de los oficios por cuenta propia, aparece el de animador de fiestas infantiles o payaso. Con un sello de cinco pesos y el pago de una cuota mensual, cualquiera obtiene un permiso para maquillarse. Lo que nos cuesta a nosotros horas, días, años, otros lo obtienen con solo hacer una pequeña cola. Para redondear el problema, la Escuela Nacional de Circo, sacó de su plan de estudios esta modalidad. Cuando presentamos nuestros espectáculos, muchos se acercan con curiosidad eufórica, locos por experimentar y te pronuncian la palabra clown con una convicción que hasta les llego a creer. Cuando les cuento un poco cómo trabajamos, los que se acercan se dividen en dos bandos, los que te dejan con la palabra en la boca porque se aterrorizan y quienes te dicen que el año que viene los verás con un espectáculo que va a llevarse todos los premios, como si el teatro fuera un deporte olímpico. Pero pasa el tiempo y nada, no los ves. Vuelvo a caer en la cuenta de cuán solos estamos en el noble empeño de dignificar el arte del clown. En estos años, hemos compartido con algunos colegas que han producido espectáculos con valores “clownescos”, pero lamentablemente eso no ha perdurado. Cada vez me convenzo más, y vuelvo a la analogía deportiva, que el teatro no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Muchos se inscriben, están quienes ni comienzan la carrera, algunos se cansan por el camino, y muy pocos llegan a la ansiada meta con fuerzas para levantar el trofeo. Dice el refrán popular que una o dos golondrinas no componen verano, por eso nosotros queremos volar bien alto, no cansarnos nunca, para que no se extinga eso en que tanto creo.

IX

Contando historias y tocando corazones

En los últimos años he notado una especie de “pereza artística” en el teatro para niños y de títeres cubano. Muchas agrupaciones no producen como antes, y no me refiero a la calidad de sus propuestas, sino también a la cantidad y continuidad. Solo algunas compañías mantienen un trabajo constante en la última década, labor que se ve reflejada en su participación en los festivales de La Habana y Camagüey, en el disfrute de sus puestas, validadas efusivamente por el respetable. Creo que al igual que el país cambia, el teatro y sus estructuras no debieran quedarse atrás, y no hablo solo en referencia a lo artístico, sino a lo organizativo y jerárquico. Es obligación y responsabilidad de todos, encontrar vías que protejan, promuevan y estimulen a los colectivos que en los últimos años, o desde su misma creación, han seguido contra viento y marea enfrentándose a los mismos problemas de otros, pero sin perder rigor, disciplina, un repertorio, la creación viva y auténtica. No es justo que todos estemos medidos por la misma vara, con los mismos presupuestos y dividiendo a partes iguales los pocos recursos con que cuentan las instituciones escénicas provinciales. Teatro Tuyo ha tenido la oportunidad, nacida de nuestros esfuerzos y de la seriedad con que asumimos cada proceso, de participar desde el 2006 hasta la fecha, en las citas más importantes del teatro nacional. Con modestia tunera, pero sin complejos orientales, irrumpimos en el panorama teatral con una propuesta diferente, aunque igual en la energía de quienes han hecho y hacen la historia del teatro cubano. ¿Cómo trabajar sin advertir la humildad de Fiffe y sus Andantes, o no constatar la pasión desbordada y pulcritud de Freddy Núñez y sus buenos Vientos, o el ingenio y talento de Christian Medina desde su Teatro Retablos o, sin alardes de adulonería con ustedes, el buen gusto y maestría del binomio Rubén Darío-Zenén Calero, inspirados desde sus Estaciones? El teatro es uno solo, hay quienes lo hacen con sus cuerpos, otros con máscaras, otros con figuras y nosotros con narices. Ahí estamos, contando historias y tocando corazones.

Imagen: La Jiribilla

Narices
 

X

Siempre falta más

A veces digo que me puedo morir tranquilo, feliz, satisfecho. Entonces me vienen a la mente tres o cuatro proyectos, ideas para nuevos espectáculos. Ahora mismo tengo muchas más obras por estrenar que las que he dado a luz. Un buen amigo, al que quiero mucho, me dijo un día que nunca estrenara sin tener pensado el próximo espectáculo.Y fíjate si he seguido al pie de la letra sus palabras, que las últimas veces que nos han avisado de que estamos seleccionados para el festival camagüeyano, nos ha sorprendido la grata noticia en la preparación del nuevo estreno. Lo hemos alcanzado todo, pero siempre falta más. Estoy ajustando los detalles para nuestro próximo trabajo. Reordenamos algunas cosas y espacios de nuestra sede, en el orden de lo constructivo y tecno-escénico. Nos preparamos para girar por algunas provincias del centro del país. Nos alistamos para el Festival Nacional de Teatro de Camagüey. Al regreso debo estar comenzando el remontaje de Parque…, y paralelo a eso, estaré montando la segunda parte de La Estación, que más bien viene siendo la primera parte, pues aquí narro lo que sucede antes de que Papote salga para la estación ferroviaria desde su casa. Cada nuevo proyecto me produce la misma sensación. Estoy frente a lo inesperado, lo desconocido. Siento que es mi primera obra y que nunca antes he hecho nada. Por eso me aventuro y le doy riendas sueltas a este juego, donde por un lado el niño que sigo siendo se divierte a plenitud, y por otra parte el artista sabe que este juego también comunica ideas, toca temas sensibles donde muchos se ven reflejados, y a la vez cargo la responsabilidad de que cada espectáculo sea diferente y auténtico, siempre desde el clown que amo y defiendo.

XI

Los sueños de Ernesto Parra

Ernesto Parra, el hombre, sueña con lo mismo que Ernesto Parra, el artista. Me resulta difícil dividir ambas cosas, pues vivo para hacer teatro y a la vez el teatro me hace vivir. Sueño que las personas seamos más tolerantes, que sepamos perdonar y olvidar. Sueño con la unidad de tantas familias separadas, con ver a mis hijos crecer y convertirse en personas útiles y de bien. Continúo con mi utopía de que alguna vez la técnica del clown forme parte de la enseñanza artística, y que aunque sigan pululando los mercantilistas disfrazados, el clown se erija con toda su grandeza en alguien que desde la humildad que implica provocar emociones, pueda tocar el corazón a través de una sonrisa.

 

 

 

 

 

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