Alcaldesa de la comedia, la tragedia y el musical

Joel del Río • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

El itinerario cinematográfico de María de los Ángeles Santana Soravilla merece ser contado, creo yo, solo a partir de los filmes que parecieran haber dejado una huella en la memoria de muchos, y de las imágenes que afortunadamente han llegado hasta nosotros, sobreviviendo los estropicios del tiempo y de la desidia. Por ello, el primer título digno de mención en su filmografía viene a ser Sucedió en La Habana, dirigida en 1938 por Ramón Peón como uno de los primeros filmes sonoros realizados en Cuba.

Sucedió en La Habana fue catalogada por la prensa de la época (Diario de la Marina) de “antología fílmica criolla, un florilegio de canciones, de bailes, de tipos populares del campo y de la ciudad, de la parlería gráfica y simpática de nuestros hombres de pueblo, de todos eso que constituye la parte más salediza y pintoresca del folclore nacional”. Y parte de los elogios se debían, sobre todo a la dirección musical de Gonzalo Roig, aunque muchos percibieron la revelación que constituyó María de los Ángeles Santana cantando Si me pudieras querer”, la canción más famosa y versionada de cuantas compuso Ignacio Villa, llamado Bolla de Nieve.

Aunque nunca he visto fragmentos de Sucedió en La Habana, queda claro que se trataba de otro intento, elemental y desprovisto de sorpresas notables, por generar un cine cubano en variante costumbrista y musical, un cine pensado en tanto satisfacción de la tendencia nacionalista que dominaba en aquellos años. El romance entre un ingeniero de un central azucarero y la hija del dueño del central sirve de pretexto para la sucesión de bailes y canciones cubanas compuestas, entre otros, por Ernesto Lecuona, Moisés Simons, Félix B. Caignet y Jorge Anckerman. Porque el ingeniero se ve obligado a frecuentar fiestas y salones donde asiste su objeto del deseo, y este es el pretexto para insertar los mencionados momentos musicales con las presencias no solo de María de los Ángeles Santana en un papel episódico, sino también de Rita Montaner, entre muchos otros artistas famosos de esta época.

Y fue precisamente Rita Montaner la protagonista de Romance del palmar, una de las más representativas películas sonoras hechas en Cuba antes de 1959. También dirigida por Ramón Peón, quien se empeñó en explotar el filón de los temas folclóricos y de revista musical, Romance del palmar incluye a María de los Ángeles también en un papel secundario, como cancionera de vos pequeña y aterciopelada, que pasea lánguidamente su escultural figura por aquel cabaret citadino, el nicho de todas las tentaciones para la insobornable guajirita que interpreta Rita Montaner.

De un corte más similar a Sucedió en La Habana que a Romance del palmar, pues el argumento sirve de pretexto al desfile de canciones elegidas para darle lucimiento sonoro y raigambre nacionalista al filme, se estrenó, en 1939, Cancionero cubano, de Jaime Salvador, concentrada en torno a la música de Ernesto Lecuona. De inmediato se filmaron otras dos, también dirigidas por Salvador y con la presencia de María de los Ángeles Santana: Mi tía de América y Estampas habaneras.  La primera, era una comedia que protagonizaban Juan José Martínez Casado, Federico Piñero, Alberto Garrido, María Pardo y Pituka de Foronda, entre otros. Contaba la historia de un sobrino de la rica dueña de un central azucarero que finge un matrimonio con la hija de un supuesto conde, para no perder la herencia de su tía, empeñada  en emparentar con la nobleza. (Nótese la insistencia del cine de esta época en la caña de azúcar, el café y el tabaco) Durante la trama, llena de enredos, aparecen los verdaderos condes. Todo termina felizmente con tres idilios. Tercera cinta producida por la compañía Películas Cubanas S. A., cuyos estudios se encontraban en una finca cerca de Bauta. El filme fue estrenado el 16 de febrero de 1939 en el Radiocine.  

También de 1939, año dorado en la producción de aquella época, dentro de los límites impuestos por aquel tipo de cine, se estrena Estampas habaneras, con Carlos López Chaflán, Blanquita Amaro, Federico Piñero y Alberto Garrido, la historia de un joven que mata a un borracho en una riña y huye a México. Su novia queda sola, asediada por varios pretendientes hasta que él regresa y todo termina felizmente.

Junto con las películas, la actriz se desempeñaba en la radio como pez en el agua, pues la crisis de la producción cinematográfica nacional la obligó a refugiarse en la CMQ, junto con el pianista y compositor Ernesto Lecuona, quien apenas podía ocultar que la Santana se estaba convirtiendo, junto con Esther Borja y Rita Montaner, en una de sus intérpretes favoritas.

A principios de los años 40 la cantante y actriz suma a su ya notable currículo las exitosas incursiones en el teatro y el cabaret, en géneros como la opereta, la zarzuela y las comedias musicales. En 1944 filma Conga bar, de Agustín P. Delgado y La culpable, de José Díaz Morales. Luego de triunfar en México, un país donde confirmó su aval cinematográfico, regresa a Cuba en 1947 y se vincula a las compañías teatrales de Garrido y Piñero, y de Mario Martínez Casado, y a principios de la siguiente década, se consagra como vedette internacional con el espectáculo Tentación en España, que se mantuvo durante cuatro años en cartelera en Madrid.

Imagen: La Jiribilla

A pesar de la trayectoria de María de los Ángeles Santana en el cine, el teatro, el cabaret y la radio nacionales, e internacionales, el ICAIC la ignoró por completo durante casi 30 años. Por lo visto alguien poderoso la juzgó demodé, y junto con Rosa Fornés padecieron cierta estigmatización o por lo menos subestimación de los cineastas. La Santana, acostumbrada a mejorar con su impronta cualquier registro artístico, esperó por su oportunidad haciendo teatro en los años 60. Y cuando la mayor parte de sus amigos dramaturgos y escritores fueron parametrados, durante el decenio gris, pues se concentró en la televisión, en el célebre San Nicolás del Peladero, y construyó la más eficiente caricatura de la mandamás con pretensiones de gran señora. Junto con Enrique Santiesteban y Germán Pinelli, la actriz se apoyaba en ciertas zonas del teatro vernáculo para reconquistar una popularidad sostenida durante veinte, treinta, cuarenta años.

Con el arribo de Julio García Espinosa a la dirección del ICAIC, en 1982, regresaron a la gran pantalla algunos de los artistas “de antes” que estaban en el ostracismo cinematográfico. La Fornés triunfa clamorosamente primero en teatro y luego en el cine con la comedia de enredos Se permuta, estrenada en 1983. En esos mismos años, la Santana describe un trayecto similar. Primero hace en teatro, con enorme éxito popular, Una casa colonial, una puesta en escena de Nelson Dorr, sobre el texto de su hermano Nicolás, estrenada en febrero de 1982 en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional y repuesta poco después en el Teatro Mella. Luego, en 1984, Miguel Torres dirige la versión cinematográfica.

Nadie se atreve a garantizar que Una casa colonial se encuentre entre las mejores películas cubanas de los años 80, pero garantizaba tres elementos de alto interés: la vis cómica de María y su habilidad para dotar de gracia cualquier situación, la certeza de que el gran tema del cine ochentero (el relevo generacional y las contradicciones entre jóvenes y mayores) podía resolverse con la generosidad y la comprensión de los más viejos (representados a través de su personaje con el simbólico nombre de Amparo), y por último, estaba el espléndido momento en que se escuchaba a María cantando, a capela, “Mariposa”, una bella canción de Lecuona. Este momento musical constituyó una suerte de reconciliación con el pasado, y de revalidación cultural, que le abrió el camino a las nostalgias agradecidas que marcaron el paso del ICAIC mediante Una novia para David, Clandestinos, y La bella del Alhambra.

En 1989 se realiza La vida en rosa, el filme más complejo hasta la fecha de Rolando Díaz, quien había triunfado con Los pájaros tirándole a la escopeta, concebida para mayor gloria de Reynaldo Miravalles y Consuelo Vidal. Y en 1994 hizo en televisión Entre mamparas, de Consuelo Elba, una de las telenovelas más profundas y singulares de cuantas pudieron verse en aquellos difíciles años de Periodo Especial. La década cierra en 1999, cuando María celebra más de medio siglo de sus primeros éxitos en el cine, con la breve participación como la madre de Bernarda en el clásico lorquiano puesto en pantalla por Belkis Vega. La adaptación le daba al personaje (ausente en el texto original) un carácter de graciosa y trágica locura, un registro dramático intermedio que María de los Ángeles Santana supo bordar como ninguna otra actriz en Cuba.

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