Entrevista con Ramón Fajardo

Yo seré la tentación: páginas de amor a la vida, al arte y a Cuba

Ana Lidia García • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Fueron la sencillez, inteligencia, honestidad y pureza de espíritu de María de los Ángeles Santana, los valores que motivaron al periodista Ramón Fajardo Estrada a comenzar una extensa investigación sobre su vida, empeño del cual surgió Yo seré la tentación: María de los Ángeles Santana, un libro de más de 800 páginas que recorre los diferentes periodos de su existencia. Entrevistas realizadas por el autor a esta Premio Nacional de Teatro y Televisión, crónicas y reseñas sobre sus presentaciones aparecidas en la prensa nacional y extranjera de la época, fotografías y opiniones de personalidades de la cultura en Cuba y el mundo sobre su talento, se amalgaman con exquisita coherencia para dar vida a la biografía testimonial de la gran actriz, cantante y vedette cubana.

La historia de este volumen, que fue publicado en 2004 por la Editorial Plaza Mayor de Puerto Rico y este 2014 tuvo su primera edición en la Isla a cargo de Letras Cubanas, comenzó según cuenta Fajardo a La Jiribilla en el año 1998: “Yo trabajaba en Radio Habana Cuba y cité a María para una entrevista muy extensa que sería incluida en un programa de una hora de duración. Ella era una conversadora extraordinaria y una mujer muy culta que devoraba libros. En esa ocasión comprendí que tanto su carrera artística como sus vivencias personales eran muy interesantes. La combinación de ambos elementos me resultó atractiva para llevarla a un libro”.

Sin embargo, precisa Fajardo, fue difícil convencerla de la necesidad de grabar en letra impresa la historia de su vida, “ella pensaba que no tenía nada extraordinario que contar”. Repetía que lo valioso de su trayectoria habían sido las personas con las que le había tocado trabajar. Finalmente, tras una larga y profunda conversación, este investigador con una valiosa obra dedicada al rescate de figuras emblemáticas de la cultura cubana como Rita Montaner, Bola de Nieve y Ernesto Lecuona, logró persuadirla. En ello, afirma, pudiera residir su mayor mérito: “hacerla comprender que su negativa constituía un acto de egoísmo”.

Corrían los últimos meses de 1999 y la Santana tenía 85 años cuando comenzaron a hacerse las entrevistas. Fueron más de 40 sesiones a lo largo de todo un año, explica Fajardo a nuestra revista y añade: “Generalmente grabábamos cerca de tres horas semanalmente, siempre en la sala de su casa. Allí, como trasfondo, teníamos toda una pared tapizada con cuadros que evocaban los mejores momentos de su vida: fotos muy hermosas hechas por artistas como Armand (Armando Hernández López), el fotógrafo de las estrellas en Cuba que captó con su lente también a casi la totalidad de famosos que visitaron el país en las décadas del 40 y el 50 del siglo XX”. Muchas de estas imágenes, precisamente, fueron utilizadas como separadores de los capítulos de la obra, cuya edición y corrección fue realizada por Zoila Portuondo.

Imagen: La Jiribilla

Sobre el proceso de grabación, el también artífice de Rita Montaner: testimonio de una época (Premio Casa de las Américas y Premio de la Crítica Literaria) comenta que en las entrevistas, María de los Ángeles iba recordando cronológicamente los acontecimientos que había protagonizado. Luego, leía la transcripción para completar los elementos que debían ser agregados. Muchas veces, relata, incluso por teléfono aclaró aspectos que habían quedado confusos durante el intercambio personal. En ocasiones, la llamaba para corregir cuestiones de estilo: “Me gustan los libros en los que se aprecie una dramaturgia, donde los capítulos tengan inicio, conflicto y desenlace. Entonces, para lograrlo, le pedía que completara o ampliara las frases, que intentara dar un cierre a sus ideas”.

Terminadas las entrevistas, llegó el momento de organizar de manera coherente seis décadas de dedicación al arte. Para ello, Fajardo se ocupó primero de su monumental archivo: “eran cajas y cajas con recortes de prensa, fotografías”, recuerda. Por otro lado, estaban las entrevistas, las opiniones sobre su personalidad. Debía dar forma a ese amplio conjunto de documentos. ¿Cómo hizo?, le pregunto intrigada. “Decidí convertirme en el conductor de la historia y recurro a marcos contextuales y valoraciones para insertar los testimonios”, responde.

“Así, antes de que la Santana empiece a narrar su nacimiento, me refiero a la situación socioeconómica, política y cultural del año 1914 hasta llegar a Cuba y al día de su natalicio, 2 de agosto. Luego se encuentra el testimonio de ella, aunque se hacen acotaciones muy precisas como, por ejemplo, las circunstancias de su bautizo. En ese caso hubo que hacer una profunda investigación ya que no coincidían las fechas de la tarjeta bautismal que conservaba con la del registro de la Iglesia de la Caridad donde tuvo lugar el suceso. Además de estos marcos contextuales, también son de mi autoría diversas valoraciones que apoyan la visión que ella ofrece sobre determinados aspectos abordados en el texto como, por ejemplo, el teatro vernáculo.

“Es un texto con muchas entradas y salidas, y eso exigió un estudio exhaustivo de las tipologías en cada caso. Están por un lado mis intervenciones; por otro, las declaraciones de María, los registros de la prensa nacional e internacional que fue muy rica en todos esos años y los testimonios de personas que la conocieron. Era como un gran rompecabezas; por eso también hubo que trabajar muy de conjunto con el director artístico del volumen y diseñador de cubierta (Alfredo Montoto) para que el lector tuviera una clara comprensión de cada una de las partes. Fue una ardua labor, pero al final valió la pena y esa mezcla dio un fruto muy hermoso”.

Otro de los valores que resalta Fajardo de la obra es el excelente estilo con el que la actriz y cantante va describiendo todos los ambientes. En las páginas de la publicación se aprecia la locuacidad que la caracterizaba y su capacidad para recordar escenas. Todo logrado, acota, “con oraciones cortas, con un espíritu azoriniano y con un gran sentimiento de amor impregnado en sus palabras”. Asimismo, destaca la confiabilidad de sus testimonios, pues además de que como investigador respetable se dio a la tarea de comprobar los hechos narrados y cotejarlos con otras fuentes, la gran vedette, aún al filo de su vida, conservaba una extraordinaria memoria, entrenada con el ejercicio de aprender extensos libretos durante su carrera.

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María coronada con el éxito en Cuba y México

En Yo seré la tentación: María de los Ángeles Santana el lector se acerca a la artista que debutó en 1938 en la empresa cinematográfica Películas Cubanas S.A. De ese periodo relata su biógrafo: “Participa en una película titulada Sucedió en La Habana y dirigida por Ramón Peón. Después, integró el elenco de El romance del palmar, del mismo director. Otras dos cintas contaron con su actuación en esos años: Cancionero cubano y La última melodía, del cineasta español Jaime Salvador, en las cuales la música de Ernesto Lecuona era predominante. Estas intervenciones fílmicas significaron la consagración primaria de María de los Ángeles en el arte cubano”.

La amistad con el maestro Lecuona también se evidencia en las líneas del volumen. La relación de ambos se extendería hasta la muerte del emblemático intérprete y compositor. Tal unidad queda demostrada en el epistolario Ernesto Lecuona: cartas —también de la autoría de Ramón Fajardo― “pues entre las últimas cartas que él escribe se hallan las dirigidas a María. Era una unidad caracterizada por la admiración mutua, el afecto y el amor. En la dedicatoria de una fotografía, Lecuona escribió «Gran amiga y orgullo nuestro». En esa frase se aprecian todos estos sentimientos”.

Gracias a los testimonios que conforman el texto se descubre que la Santana llegó a la radio en 1940, específicamente a CMQ, guiada por el autor de “La Comparsa” y “Damisela encantadora”. Luego, comienza a trabajar en otra emisora también importante de la época: la COCO-CMCK; ambas dirigidas por Luis Casas Romero. En ellas desarrolló una intensa actividad profesional.

En 1943, agrega Fajardo, tras su boda con Julio Vega, que se convierte en su empresario artístico, la actriz viaja a México donde la esperaba el maestro Eliseo Grenet. Allí hace cine, cabaret y tiene sus primeras presentaciones como vedette en el Teatro Lírico de México: “Las vivencias de María en el país azteca son fundamentales también para su crecimiento profesional. Son muy interesantes las valoraciones que hace sobre la compañía fundada por Grenet, los espectáculos que se exhibían y sobre el gran entrenamiento que exigían los cambios de la cartelera, en los cuales se pasaba de un género al otro con mucha rapidez. En esa nación tiene la posibilidad de compartir con figuras muy importantes del arte mexicano como Cantinflas, Jorge Negrete, Gloria Marín, etc. En el año 1945, después de obtener el reconocimiento del pueblo mexicano, decide regresar a Cuba”.

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De la radio a la pequeña pantalla

En la década de 1940, recuerda Fajardo, ocurren también los primeros contactos de María de los Ángeles con la televisión. Conoce de ella en Nueva York y se fascina con este medio tan novedoso. Decide entonces, junto a Julio Vega, comenzar las gestiones para implementarla en Cuba. Apoyados por hombres de negocios, traen la empresa norteamericana y ella aparece como cantante y animadora en esas primeras evidencias televisivas. “Hay quienes consideran que es el primer rostro femenino que aparece en la pequeña pantalla”, señala el autor. En estas páginas se narran también los detalles del fracaso del intento tecnológico.

Durante todo ese período la actriz no abandona la radio. En tal sentido, son muy interesantes las valoraciones que aparecen en el texto sobre el medio y la trascendencia que tuvo en su vida. Además, “ella explica en el libro la importancia de entrenar la voz en la radio para luego asumir otros proyectos. Algo relevante que aprendió fue a respetar las pausas. Todos esos conocimientos fueron útiles luego para su desempeño en el teatro”, especifica el creador de otro texto imprescindible para la historia de la música cubana: Déjame que te cuente de Bola.

Uno de los acontecimientos más relevantes en esos años y en relación con ese medio de comunicación, fue la proclamación de Reina Nacional de la Radio en 1947. Ya en esa fecha trabajaba en RHC: Cadena azul como cantante y animadora. El título, según explicó el investigador, lo otorgaba el pueblo y era resultado de un concurso que auspiciaba desde principios de la década el periódico Mañana. Ese lauro lo habían obtenido antes: Rita Montaner, Zoraida Marrero, entre otros. Al respecto expresa Fajardo: “Siempre me decía que ese reconocimiento dejó en ella una huella muy profunda porque le permitió ponerse en contacto con los más encumbrados personajes de nuestro país y también con las personas más humildes como los linotipistas del Mañana”.

El Teatro Martí le abre sus puertas

Otro de los pasajes de la vida de María de los Ángeles Santana que devela Yo seré la tentación… es su paso por el Teatro Martí, cuando decide aceptar la propuesta de trabajar con dos de los actores cómicos más notables que ha tenido Cuba: Alberto Garrido y Federico Piñero. “Ambos —destaca Fajardo— desde hacía algunos años habían iniciado temporadas allí. Se uniría al elenco formado por otros reconocidos artistas de la escena cubana como Alicia Rico, Candita Quintana, el Chino Wong, Alvarito Suárez, etc. Todos trabajaban el conocido género vernáculo”.

Es una etapa que al decir del entrevistado, María recuerda con mucho amor y ternura en el libro, porque a pesar de haber sido un teatro muy censurado por especialistas de la Isla, ella consideraba que tenía muchos méritos: “Habla con la profundidad de análisis que la caracterizaba de los valores de los papeles de la trilogía emblemática: el negrito, el gallego y la mulata. De este teatro resaltaba la escenografía, las maravillosas piezas musicales compuestas para las puestas en escena. Allí no solo incursionó en un campo desconocido para ella hasta el momento sino que tuvo el privilegio de compartir con un director artístico muy conocido como Agustín Rodríguez, el autor de libretos de zarzuelas tan famosas como Cecilia Valdés, y con el director musical Rodrigo Prats, ubicado entre los grandes maestros del arte lírico cubano.

En estas páginas, la Santana narra cómo se pule en las tablas del Teatro Martí, de cuyo escenario llegó a conocer hasta las más pequeñas irregularidades, y lo importante que fue este periodo para aprender el arte de proyectar la voz ante un gran auditórium.

Con Tentación conquista almas en España

Luego de su incursión en el teatro vernáculo, se convierte en primera figura de la Compañía de Vodevil Francés, fundada por Mario Martínez-Casado. Estas escenas también son narradas con locuacidad en el texto. Esa experiencia fue también una escuela para ella porque este género “tiene un ritmo trepidante y el artista no puede perder ni un segundo en la acción dramática”. Desarrollando ese trabajo, relata Fajardo, María de los Ángeles recibe “la propuesta más notable de toda su trayectoria profesional”: integrar la compañía de Antonio Paso y su hijo Manolo Paso, “musicalmente dirigida por Daniel Montorio, en cuyo aval figuran más de 100 bandas sonoras para el cine español”.

La Santana refiere en el volumen que el mayor de los Paso se había fascinado con una fotografía suya que había visto en un dossier de Lecuona; decide, entonces, venir a verla a Cuba para contratarla. “Cuando se encuentran ella le dice que no podía abandonar su compromiso con Martínez-Casado porque siempre fue una mujer muy respetuosa. Finalmente, acepta esa propuesta en el año 1951 y su contrato se extiende hasta 1954. El debut de María en España pudiéramos decir que es el clímax de su carrera artística. Los Pasos y Montorio escriben para ella dos revistas que hicieron época: Tentación y ¡Conquístame! Con esas obras recorre el territorio español. Una de las experiencias más relevantes de ese periodo fueron las actuaciones en el Teatro Madrid, con capacidad para cinco mil espectadores. Allí se hacían tres funciones diarias: por la tarde, en las primeras horas de la noche y al filo de la medianoche. Como dice María, había que tener tremendas energías para poder hacer aquellas obras y lograr hacerlas con la misma calidad porque incluso el público podía percibir si te saltabas bocadillos o si ya no tenías igual ímpetu en la última función”.

“Cuando decide regresar a Cuba en 1954, se inserta en el medio televisivo sin descuidar el teatro. En esa fecha, trabajó muy cerca de Ernesto Lecuona quien la lleva al Canal 2 Telemundo para hacer con ella, como cantante y animadora, tres programas semanales: Melodías de ayer, Melodías de hoy y Melodías de siempre. Todo el año 1956 actuaron juntos hasta que en el 57 se enrolan en una nueva experiencia por España. Recorren la península ibérica con la revista Tropicana y en la travesía recibe varias propuestas de trabajo, las cuales rechaza porque sentía que aún le quedaba mucho por darle a su patria”, así resume el autor estas importantes facetas de la vida de la protagonista.

Una obra dedicada al pueblo cubano

Tras su regreso de Europa continúa robando aplausos en el teatro. De esta forma recibe el triunfo de la Revolución Cubana. A partir de entonces comienza a trabajar en el Teatro Lírico, en el Dramático, en el Musical; descuella como actriz cómica. Todos recuerdan a la famosa alcaldesa Remigia, del programa televisivo San Nicolás del Peladero. También tuvo una participación activa en el espacio Teatro ICRT “donde muestra su capacidad para transitar por diferentes personajes”. Su versatilidad es otra de las cualidades que admiró siempre en ella Ramón Fajardo.

Además comenta a nuestra revista que nunca conoció a nadie en el medio artístico tan humilde: “Los artistas en muchas ocasiones hablan de sus méritos y logros, pero nunca escuché a María en esa posición. Tampoco era dada a hablar mal de un colega, algo tan común en los medios artísticos. Varias personas resaltaron la discreción como uno de sus máximos atributos. Siempre fue un ángel en ese sentido. La vi besar con afecto a quien de veras estimaba y saludar con reserva a aquellos sobre los cuales no tenía los mejores criterios. Este testimonio nos ayudará a descubrir a la gran artista y también al gran ser humano que fue”.

Yo seré la tentación: María de los Ángeles Santana “es un canto de amor a la vida, al arte, a la amistad y a su país. Cuando un artista, esté donde esté, nunca olvida a Cuba y se convierte en un instrumento para dignificar el arte nacional, puede decirse que realmente ama a su patria. Aún cuando la Santana triunfa en España, exclama «Viva Cuba». Me conmueve que ella no haya podido ver esta edición de su libro porque siempre trabajó para su pueblo y supo que muy pocos ejemplares pudieron distribuirse en la edición de Plaza Mayor. Ella albergaba la esperanza de que muchas otras personas pudieran leerlo”.

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