El Carnaval de los animales

Personajes:

Van

Noé

La Paloma

 

Primera noche

Un laboratorio, muy blanco y pulcro.

Sobre la mesa blanquísima del laboratorio un paisaje de girasoles dorados y palpitantes a lo Van Gogh. Detrás un cielo, muy azul (nada que ver con el paisaje y el estilo con que fue pintado el campo de girasoles).

Noé, vestido de blanco, muy pulcro, con una barba muy larga. Experimenta, con unas manos muy grandes y temblorosas, uniendo cables, mezclando fórmulas hasta que una estalla.

Un hongo atómico, pero rojísimo, enceguecedor, cruza el azul del cielo y abre en él una brecha, hasta destruirlo. O quizá trazando una huella, muy roja en el azul. Noé lo observa conmovido.

El paisaje de girasoles dorados, ahora está calcinado. Noé, con una mano inmensa, sitúa a títere sobre la mesa de su laboratorio que después sabremos es  Van Gogh, pero niño. Lo sitúa entre los girasoles. Al Van Gogh ver lo que ha sucedido con sus girasoles se desespera.

Van: Destrozaste mis girasoles

Noé: Lo siento.

Van: No lo sientes, siempre haces lo mismo.

Noé: Si lo arreglas, prometo que no haré más experimentos. Era tan hermoso el campo de girasoles que no puedo vivir sin él.

Noé desesperado incita a pintar el gris de dorado, y pone la paleta, el pincel y la pintura en sus manos, pero el niño, lo intenta, pero solo logra girasoles horrendos y abandona la idea.

Van: No será el mismo. (Noé molesto, lo sienta en una silla de penitencia).

Noé: Tienes que arreglarlo, Van.

Van: ¿Yo, abuelo?

Noé: Eres el pintor.

Van: Nada vuelve a ser lo mismo.

Noé: Es lo que dices cada vez que jugamos…

Van: No jugaré nunca más contigo. Está decidido.

Noé: Es tan divertido jugar. Solo ansío que llegue la noche.

Van: Pero siempre lo rompes todo.

Noé: Jugaremos a otra cosa.

Van: ¿A qué?

Noé: No sé. ¿Se te ocurre algo?

Una paloma que viene de lejos, se posa en un girasol. Es un adefesio de una paloma, con las marcas de la explosión atómica. Ellos lo ven. Se miran, se les ocurre algo. La paloma saca de su pico una rama de olivo (sin serlo) y la pone ante Van. Este al descubrirla (dorada, palpitante, viva, como un corazón que late ante tanta desolación) se recupera, la admira, la toma en sus manos, la planta, echa tierra, la aprisiona, pero el girasol vuelve a caer de nuevo, calcinado. Discuten. Discuten.

Noé: Lo siento.

Van: Quiero que arregles mi campo de girasoles o diré qué sucede contigo cada noche.

Noé: No sé arreglarlo.

Van: Pero supiste romperlo.

Noé: No es lo mismo…

Van: Es lo que siempre haces.

Noé: Porque…. Porque… Las manos le tiemblan.

Van: Le diré a mamá lo de tu laboratorio.

Noé: Le diré que te orinas en la cama.

Noé: De acuerdo. Siempre ganas.

La paloma lo incita a buscar un lugar en la lejanía.

Noé: Se me ocurrió una idea. Noé saca de alguna parte, como si descendiera lentamente un arca (el de Noé, pero con cierto estilo reconocible de Van Gogh y con cierta modernidad, que recuerda más a un aerostato, que a otra cosa) con muchos animales.

Noé: Nos vamos de viaje….

Van: ¿De viaje?

Noé: Buscaremos otro lugar donde existan girasoles.

La paloma se monta en él e invita a Van Gogh a que lo haga. La paloma malformada les enseña un camino, con un canto, tan musical, tan hermoso…

Llueve. Primero, una gota, luego dos. Tres gotas. Todos ven las gotas. Incluidos los terrícolas-público que ven el espectáculo. Un diluvio.

El agua crece de abajo hacía arriba y se va uniendo, con la que cae del cielo. Entre las dos franjas va quedando el arca, que avanza, entre tanta agua que lo aprisiona, guiado por la paloma, que parece conocer un lugar distinto… muy lejos. Un lugar que parece penetrar la imagen, como un haz de un color extrañísimo. Noé hala el arca aeróstato.

Van va en la proa.

Hay una mano: un dedo que sigue guiándolos…

Segunda noche

Van duerme. Noé, cauteloso entra con una gallina bajo el brazo y la sitúa en un lugar del cuarto laboratorio. La paloma amordazada, intenta despertar a Van; pero Noé, lo manda a callar, la amenaza. Noé arrastra ahora una caja de maderas con una inscripción: Animales Tropicales, y saca un huevo, mucho más grande que uno de gallina. Trata de apartar la gallina, pero esta no se deja, se defiende, le pica las manos. Van se mueve inquieto en su cama, dice algo como pesadillas, levita en la habitación. Noé amarra con un trapo el pico, las patas, las alas de las gallinas. Logra quitar el auténtico huevo y pone el otro. Luego lo lanza con desprecio hacia afuera. Como no se rompe lo patea. Como no se rompe lo estrella. Como no se rompe lo lanza lejos. Entonces queda satisfecho.

El nuevo huevo tiene pintas negras. Noé está muy contento de lo que va a hacer y lo observa admirado, incluso lo acaricia. Van, levitando llega hasta él, que lo aparta. La paloma, sigue intentando despertarlo. Van saca una especie de telescopio (o microscopio) y se detiene a observar la gestación.

En una pantalla se ve lo que el Noé observa, como una radiografía: una especie de evolución, hasta el nacimiento. Pero es lo que él imagina.

Una raza de gallinas inmensas.

La gallina empieza a crecer sobre el huevo, que rompe su cascarón.

Del huevo nace una víbora inmensa que crece y crece. La víbora devora a la gallina, al telescopio, al palo (o caja). Luego avanza hacia Noé que retrocede asustado. Tembloroso. La paloma, deforme, intenta avisar a Van. La víbora, más grande que lo normal, casi tan grande como un árbol, lo devora todo, con un hambre fenomenal. La paloma cae sobre Van que se despierta. Al Van ver lo que sucede se espanta, retrocede, va a huir pero la víbora no lo deja. Va a devorárselo. La paloma sin saber que hacer busca en algún lugar una espada que recuerda a la de San Jorge al enfrentar al dragón. Lo incita a enfrentársele, pero el niño Van tiene muchos deseos de huir. Se orina en los pantalones con un chorro potente.

Van: Me prometiste…

Noé: Los científicos no se rinden.

La sombra de la víbora cubre a Van, a Noé… La paloma intenta abrir un agujero en el techo. 

Se prepara a engullirlos con su boca hambrienta, mortal. La paloma, vuela sin saber qué hacer. Van lanzas algunas estocadas, pero nada contundentes. Van vuelve a orinar con otro chorro potente.

La víbora le atrapa la espada, la mano, el brazo…

Noé: Lo siento, Van. Prometo que nunca más…  La víbora eructa. La paloma logra abrir un agujero. Una ráfaga de viento.

Una nevada intensa. La nieve cae y cae…

La víbora parece asustarse del frío y la nieve. Tiembla por el frío y la nieve. Se retuerce por el frío y la nieve…

Las víbora empiezan a desmoronarse, mientras Van va saliendo de su boca inmensa, desmadejado.

Noé lo abraza. La paloma lo abraza.

Noé: De verdad que lo siento.

La nieve sigue cayendo sobre ellos.

Tercera noche

Noé amasa la tierra, como Dios hizo en siete días. Hace una tortuguita con sus manos. Admirado, la ve vivir. Luego trae a Van y la paloma con los ojos cubiertos por un pañuelo. Se los descubre para darle la sorpresa. Quiere sorprenderlos. Noé les muestra cómo la tortuguita intenta andar sobre sus pies, que caen y vuelven a levantarse como todo ser que nace. Busca el azul del mar, que recuerda las marinas de Van Gogh. Cuando logra cierta estabilidad baila un Cancán. Noé baila. Se divierte. Es feliz bailando. Los incita a ellos a bailar. Bailan. El ritmo se hace tan intenso, que no pueden con su propia dinámica de movimiento. Es como si el ritmo las trastocara, desarmara. El primero en caer es Noé, luego Van, luego la paloma y por último la tortuguita que se hace polvo. Noé desfallecido y siguiendo el juego amasa la tierra y hace un elefante. Insatisfecho, le inventa al elefante unas patas de asno, un cuerpo de cebra. Los muestra contento a Van. Van lo amonesta con la cabeza. La paloma lo amonesta con la cabeza. Noé invita a bailar, pero el extraño animal no obedece, y solo mira a la paloma. Ha ideado algo. Se lanza sobre La paloma y la golpea como si fuera un balón de fútbol: con las patas, la cabeza, la trompa, el cuerpo. La paloma intenta pedir auxilio, pero no puede. Es un balón en juego.

Van: ¿Qué está pasando?

Noé no sabe qué responder, va a intervenir, pero el extraño animal lo golpea con la trompa. Noé cae dando vueltas. Van va a intervenir, pero el elefante lo golpea. El elefante juega dando cabezazos a Van y a la paloma. Se la pasa de una pata a otra. De una trompa a otra. Por la cabeza, con un ritmo trepidante. Noé saca un pito, como un árbitro y lo amonesta. Pero  l extraño animal no obedece. Noé saca una tarjeta amarilla, pero tampoco obedece. Da un fuerte golpe y Van y la paloma, vuelan, dando giros impresionantes hasta caer en el piso. La paloma ha perdido un ala. Van tiene un chichón. Van llora desconsoladamente. La paloma llora desconsoladamente. Noé no sabe qué hacer con la situación. Se prepara a embestir al extraño animal. Chocan. Se empujan. Noé lo intenta sacar de la habitación. Se hace tensa la lucha. La paloma logra remontar el vuelo, sin poder. Se posa en el extraño animal, lo pica constantemente. Lo hace perder el equilibrio. El extraño animal resbala, cae en la marinas de Van. Trata de salir de allí, pero se va haciendo pedazos. Se disuelve en las aguas del mar, que se tornan oscuras, grises.

Noé: Disculpen…

Van y la paloma le vuelven la espalda, dispuestos a no hablarle.

Apagan la luz.

En las penumbras se ve a Noé, que conmovido se lamenta.

Después hay una oscuridad.

Esa misma noche (una pesadilla con un girasol y guerra)

Se escucha una música que hace danzar una humareda en el aire. La humareda de polvo gira y gira. Después se ve a Van, retrocediendo de espaldas hacia un abismo con un girasol, su girasol en la mano, en alto, por algo que se acerca y que él, intenta detener. Está aterrorizado. Choca con la paloma que también huye aterrorizada en sentido contrario. Gritan horrorizados. Se miran. Vuelven a gritar. Van orina un chorro potente. La paloma orina un chorro potente.

Van: ¿Dónde estamos?

La paloma: No sé.

Noé que anima a Hitler, con cuerpo de canguro, que salta como un canguro y guía a un ejército de canguro con cascos militares.

Van: Abuelo, soy yo, tu nieto.

La paloma: Y yo soy Luz, la paloma. 

Noé: Soy el Emperador del mundo. Apártate…

La paloma  toma el girasol de la mano de Van y le exige se detenga.

Noé le arrebata el girasol y lo pisotea. Luego decapita a la paloma de un golpe certero y preciso. Van, muy angustiado recoge el girasol magullado y la cabeza la paloma, los pone juntos, en el piso. Enfurecido, amenaza a Noé con su puño de niño.

El cuerpo de la paloma, le trae un arma de fuego y se lo pone en una mano. Van no sabe que hacer. No se decide a disparar. Es aún un niño que le asusta tener un arma en las manos. Van baja el arma y orina un chorro potente.

Noé hace danzar en una especie de marcha militar a Hitler y a su ejército de canguros. Avanzan, se repliegan, presentan armas…

Van: ¿Qué te sucede abuelo?

Noé: Transformaré este cuarto.

Van: Pero es mío.

Noé: Es un cuarto ocupado.

Noé hace a Hitler y su ejército de canguros avanzar hacia Van y la paloma. La paloma huye y se mantiene en lo alto, sin dejar de volar. Sin embargo, Van, no puede hacerlo. El ejército de canguros sube por sus brazos. Suben por su cuerpo, lo ocupan, plantan en la cabeza de Van, una bandera. Lo han conquistado. Van intenta quitársela, pero no puede.

Noé: Ahora somos tus dueños.

Van se desespera, llora, patalea tratando de quitarse la bandera. Pide ayuda a la paloma. El cuerpo de la paloma, en una especie de ataque, arranca la bandera y se la lleva volando. Los canguros le disparan, pero ella se escabulle, dando vueltas en círculos.

Noé saca un arma potente y ultramoderna: persigue al espíritu de la paloma con un Global Hawk, que tiene figura de canguro. Noé hace disparar al Global Hawk con figura de canguro, pero la paloma se le escabulle, gira, da vueltas, se le escapa y con audacia lo hace chocar contra el propio Noé. Estalla, cae, y cae Noé que se retuerce del dolor. Empiezan a caer Hitler y sus canguros, resbalando del cuerpo de Van. Cuando caen todos, los gritos y pataleos de Noé son muy grandes.

Noé: ¿Qué me pasó? ¿Qué? Esto hace que Van despierte de la pesadilla, que la paloma despierte de la pesadilla y se junten la cabeza y el cuerpo.

La paloma: ¡Ay, mi cabeza!

Noé: ¿Qué sucedió? ¿Qué?

Van y la paloma le vuelven la espalda.

Noé intenta que lo acepten, pero ellos no le hacen caso.

Ambos miran para Van que le nace en la cabeza un girasol. El girasol cada vez es más grande. Van se lo intenta quitar y cuando lo hace lo admira maravillado. Todos lo miran maravillado, incluso Noé.

Van lo planta en la tierra. La paloma le echa tierra. Noé, se acerca con duda y le echa tierra. Le echa agua.

El girasol crece, crece y ellos aplauden.

Noé, aun con cierto recelo, busca algo en su caja. Saca a Lennon que canta “Imagine”. Saca a Martín Luther King y a Gandhi.

Es un coro gigante, que se funde en el horizonte, para dejar la imagen del girasol, como un trazo que ondea como ciertas banderas cuando las mueve el viento…

Sexta noche (con acuario)

Noé trae una pecera en sus manos y un pez. Bajo el brazo arrastra una manguera. Llama a Van, para que vea el pez, que salta, se agita, se mueve y parece hablar. Un pez que más bien parece una paloma. Van la observa con detenimiento. El pez, grita algo así como auxilio, que confunde a Van, que pregunta a Noé. Noé deja la manguera en el suelo y saca una bolsa y echa un polvo. Mueve la pecera y el pez se convierte en paloma. La paloma nada, hace acrobacias, salta y definitivamente sale de la pecera y vuela. Noé trata de atraparla, pero la paloma escapa, librándose de cualquier experimento. Van regaña al abuelo. Pero el abuelo abre la manguera. Entra mucha agua, demasiado. El agua empieza a subir y Van trata de nadar. Lo hace, incluso se divierte. Juega en el agua que se va llenando de peces, que nadan a su alrededor, le acarician el cuerpo, le muerden los pies. Él disfruta el mundo submarino, donde puede haber incluso un girasol que parezca un abanico de mar.

Van se da cuenta: los peces, se parecen demasiados a animales de la tierra. Hay una vaca con aletas; una gallina, con escamas; una chiva, con cola de pescado. Son peces–animales, que anima el propio Noé.

Los animales intentan danzar en armonía con él. Pero Van, ya no quiere, grita asustado. Quiere escapar nadando, pero no puede. Los peces no lo dejan, quieren seguir jugando con él. Como si fueran niños. Van se defiende, logra apartarse y llegar hasta la manguera. La cierra. El agua empieza a descender. Los peces empiezan a desfallecer, a irse al fondo, a quedarse allí, sucumbiendo. Ahora Van ve que de nuevo son peces normales. Van se pregunta qué está sucediendo, qué ha hecho. Noé intenta abrir la manguera, pero no sale agua de ella. Lo intenta de nuevo. Los peces se lamentan, se quejan. Quedan sobre el polvo seco. Noé busca un poco de agua, pero encuentra muy poco, casi una gota. Miran al cielo, a ver si va a llover. Pero todo empieza a tornarse de un amarillo desértico. Los peces ahora giran en la tierra amarilla. 

Un sol abrasador. El sol los hace sudar, los hace desfallecer. Ellos se arrastran hacia alguna parte, un horizonte, desde donde se ve una luz verde, esperanzadora. Llevan consigo a los peces. Llegan a una parte donde no puede avanzar. No pueden avanzar. Piden agua, al cielo. La piden desesperados. Y empiezan a caer, de rodillas.

Inesperadamente aparece la paloma, con escafandra, como una aeronauta en un platillo volador, vuela a su alrededor. Trae un girasol, que les lanza y ellos toman, miran. La paloma les tira una cuerda para que ellos suban. No saben qué van a hacer, pero al fin se deciden. Primero suben los peces con su ritmo vivo de peces. Y después suben ellos. Suben por una luz verde, que contrasta con el amarillo. Están subiendo. No sabemos a dónde van, pero están subiendo, subiendo…

En lo alto hay un girasol, muy verde, inmenso, como un sol.

Quizá es Dios….

La misma noche con largas orejas y hasta un cucú

El platillo llega a un lugar muy extraño, casi azul, aunque a veces es verde y por instantes, rojo. Noé admira el lugar, luego saca a Van y a la paloma del artefacto volador. El los guía a ambos por el lugar desconocido, es quien los anima a explorar. Caminan muy asustados, temblando, especialmente Van que no puede contenerse y orina un chorro potente.

Un cucú aparece volando, como un explorador, los descubre, los olfatea, los registra, especialmente a la paloma, con la que es más cruel, pues la pica cada vez que puede. Descubre el girasol en un bolsillo de Van. Luego avisa a alguien con su alarma de cucú. Un edificio avanza hacia ellos demasiado frío, demasiado moderno, pero con orejas inmensas. El cucú lo incita a que revise a los que han llegado. El edificio da una orden a la oreja, se desprende, vuela, ladra y revisa, verifica, descubre al girasol y se lo lleva al edificio.

El edificio: (Por el girasol) ¿Y esto qué es?

Noé señala a Van. Van saca un pincel, pinta y nace un girasol. El cucú aplaude, pero el edificio lo golpea. El cucú se calla. El edificio mira con detenimiento el girasol que tiene un brillo especial y empieza a trastocarse. Se desarma. Se rearma. Se desarma. Se rearma. Agarra al girasol y lo estrangula. Van trata de detenerlo, pero el cucú lo pica., amenazante.

El edificio agarra a Van. Va a estrangularlo; pero se detiene. Se le ha ocurrido una idea malévola.

El edificio lo inyecta, con una extraña jeringuilla.

Van empieza a trasformarse en un pequeño edificio con cara de Van. El cucú aplaude. La oreja también aplaude. Noé y la paloma retroceden, pero el edificio los atrapa con sus brazos gigantescos. Va a inyectar a la paloma, que se defiende, pero el cucú la golpea con saña. La inyecta. La paloma se trasforma en un pequeño edificio que vuela torpemente y se posa en el hombro del edificio. El cucú aplaude y corre a posarse en el hombro del edificio, apartando a la paloma.

Están complacidos. El edificio avanza hacia Noé. El cucú avanza hacia Noé, pero antes le da un picotazo a la paloma edificio. La oreja se apresura a avanzar hacia Noé, tratando de ser más eficiente que el cucú. Noé no sabe qué hacer. Retrocede asustado. Cada vez están más cerca de él. Los colores del planeta cambian incesantemente, bruscamente, estridentemente. El cucú y la oreja suben por el cuerpo de Noé, con ritmos diferentes. Lo lamen, lo huelen, lo apabullan bailando. Noé los aparta de un empellón. Reacciona, se le ha ocurrido algo.

Noé saca una de alguna parte de su cuerpo una bolsa. Es una bolsa palpitante como un corazón, luminosa como una estrella.

Saca una semilla dorada.

La siembra sobre la superficie del planeta.

Nace un girasol fuerte y vigoroso.

La oreja retrocede. El cucú retrocede. El edificio retrocede ante la visión deslumbrante del girasol.

El girasol es cada vez más grande y cubre el cuerpo del edificio. Se adueña de él, del cucú, de la oreja.

Van vuelve a ser Van. La paloma vuelve a ser la paloma. El edificio moderno, frío y de orejas muy grandes es un girasol.

Un campo de girasoles a lo Van Gogh lo ilumina todo.

Un platillo volador surca el aire, se pierde a lo lejos.

Aviarios sin dormir en una larga, muy larga noche

Una inmensidad celestial de constelaciones. Levitando aparece Noé, aparece la paloma y Van. Vuelan retozones, entre un aeróstato con melena de león, un zeppelín con muelas de cangrejo, un globo con alas de cuervo y un avión con cuello de jirafa. La vida está en la atmósfera: libre y alegre. Giran y giran, cada uno de los artefactos animales. Giran y juegan todos con las constelaciones.

De pronto Noé se detiene, porque se le ha ocurrido algo, que no se sabe qué es. Van lo llama, la paloma lo llama para que continúe. Lo arrastran al juego, pero Noé no hace caso. No quiere que lo interrumpan, porque está pensando. Incluso se molesta, pelea.

Noé empieza a horadar el espacio. Los otros se le acercan. Preguntan. Pero él no responde, sigue horadando: se estremece, se dobla, suda hasta que logra lo que quiere. Un pozo de petróleo en el cosmos. El petróleo surge y él se siente contento. Se vanagloria de su éxito. Se siente un conquistador y hasta un millonario. Pero el petróleo también levita. Se expande por el espacio. Él intenta detenerlo, pero no puede. Cubre el hueco con su mano; pero no puede. La belleza celestial se va tornando cada vez más gris, cada vez más negra. Todos huyen espantados, como artefactos animales. Solo Van y la paloma intentan ayudar a Noé, pero la marea negra es devoradora, lo va cubriendo todo como un gran manto. Luchan por evitarlo, pero no pueden. Los domina, los encierra.

Noé va a llamar a alguien, pero no se comunica.

La marea negra, es cada vez más negra.

Ellos casi no pueden vivir porque se ahogan…

Noé vuelve a decir, como siempre, lo siento, pero ellos no lo miran, como siempre…

Están cubiertos de la masa viscosa del petróleo

Un negro total.

Se escucha el timbre de un reloj.

Se enciende una luz. Los tres despiertan como de una pesadilla. Se miran, descubren las manchas del petróleo en sus rostros. Intentan quitárselas, pero no pueden. Van orina en un orinal amarillo. La paloma orina en un orinal amarillo, mientras en una pantalla, varios voluntarios, intentan limpiar el mar, la arena, las aves de la marea negra…

Ellos se tocan de nuevo las manchas.

Noé mira la pantalla–televisor, llora desconsoladoramente. Busca en alguna parte un arca. 

Se despide de Van y la paloma. Avanza hacia la luz de la pantalla, guiando el arca y penetra en las imágenes de la catástrofe. Se pierde en ella…

Van levanta la cabeza sentado en su orinal.

La paloma levanta la cabeza en su orinal.

Saludan con la mano al que parte…

Quizá lo extrañan, pero siguen orinando, mientras en la pantalla continúa la alarma por la catástrofe que amenaza.

Pianistas de día (o utopía)

Van ante un piano toca muy mal, porque no es un pianista, pero al menos lo intenta. La paloma lo supervisa. Se parece en algo a Camilo, pero es porque está disfrazada de Camilo. La paloma, con rostro de Camilo lo desafía, pero Van solo logra malos ejercicios. La paloma se molesta y le pega a Van con el ala. Van se rebela, pero la paloma vuelve a golpearlo. Noé entra en el cuarto, viene muy cansado y con una taza de café. Aún le queda una mancha de petróleo en el rostro. La paloma Camilo lo incita a que toque y él lo hace, sin dejar de tomar café, pero el resultado es pésimo. Entonces la paloma con rostro de Camilo, lo aparta con un aletazo y empieza a tocar ella, emotiva y fugaz.

Noé, sin dejar la taza de café baila con Van.

Se divierten.

Van se siente inspirado y corre a pintar obsesionado.

Noé baila solo.

Van pinta animales en vías de extinción, con un girasol como motivo (en la cola, las patas o la cabeza): Un onagro de las Indias, un ciervo de Eld, un tigre de Siberia.

Los animales, libres, felices, corren por la habitación, saltan sobre las cabezas de ellos.

Van pinta un cartel donde se lee: Reserva Natural.

Luego salta sobre los animales, los monta, los domina, hace varias piruetas.

La vida salvaje.

Truenos. Todos se espantan, creyendo que son disparos pero descubren que es el cielo, que es la lluvia, la naturaleza.

Llueve y ellos disfrutan mojarse.

Llueve y los girasoles florecen en los cuerpos de los animales salvajes.

Bailan una especie de danza de la fecundidad…

Todo es fecundo, armónico, bello.

La mancha en el rostro de Noé ha desaparecido, y él se da cuenta y Van y la paloma y el público.

Fósiles y máquina del tiempo en la octava noche

Van y la paloma, sentados en una especie de máquina del tiempo, que a la vez recuerda un arca. Noé maneja una palanca, la hace girar en el sentido del reloj. Lo hace como si fuera Dios. La paloma quiere salir, atemorizada, pero Van la contiene. Se escucha un raro sonido, una numeración hasta llegar a cero. Un estallido y Van y la paloma vuelan, giran en el aire y cuando caen están en la tierra o lo que quedó de ella. Es como un desierto, vacío y estéril. Rojísimo. Un cartel indica: Siglo XXII. Van y la paloma, que se ha transformado en el viaje, ahora tiene cuerpo y cara de la niña Frida Khalo, miran el lugar extrañados y asustados. Quieren regresar, pero no pueden. Se agarran fuertemente. Solo se oye el viento, que no los deja avanzar. Están desnudos y tienen la blancura de las obras de Fidelio Ponce de León. Sacan un libro, muy dorado y antiguo: quizá un mapa, quizá un texto sagrado. Parecen querer llegar hasta el fósil de una planta de girasol, del que pende una manzana, también fosilizada, pero que se mueve y emite destellos. Una luz amarilla e intensa llega de alguna parte como un destino que persiguen.

Una iguana fosilizada los sigue de cerca. La paloma, con cara de Frida Khalo se asusta y se aprieta a Van, al ver a la iguana. Van la protege, pero él está aún más asustado y orina un chorro potente. Le piden a Noé en otro espacio para que los saque de allí, pero este se niega. Los conmina a seguir y toma notas de su experimento. Siguen avanzando hacía la mata de girasol. Es demasiado sofocante la travesía, van quedando sin fuerza. El niño se desmaya y ella lo ayuda.

El niño se desmadeja y ella lo ayuda. Lo arrastra hasta el fósil del girasol, del que pende la manzana, seguidos de cerca por la iguana.

La iguana incita a la niña a que tome la manzana. Ella duda, pero lo hace. La iguana la incita a que coma de la manzana. La incita a que le dé de comer a Van. Ella duda, pero se la da. La iguana la incita a que lo bese. Ella duda, pero se prepara a hacerlo. La iguana se vira de (cola) maliciosa.

Ella lo besa y él niño se reanima.

Ella lo acaricia. Él la acaricia, en un juego tierno.

Hacen el amor de niños bajo el fósil de girasol, ante la mirada atenta de la iguana, que hace un gesto, que quiere decir “es tan normal que los niños se amen o algo parecido”.

Cuando caen desfallecidos por el sexo, los fósiles se iluminan. Se ilumina el libro y ellos pierden la blancura.

Adquieren vida…

Como se describe fue el comienzo de la creación de la tierra.

Noé afuera apunta en su agenda y se vanagloria de su éxito.

Entonces Noé empieza a mover de nuevo la palanca de la máquina del tiempo, a la inversa, y los colores son más intensos y vivos, y la numeración es distinta y el vuelo de Van y de la niña, que de nuevo vuelve a ser la paloma, es como el movimiento de las galaxias.

Paisaje con cisne

Un campo desolado, con un girasol, tal vez doblado sobre la tierra. Un cisne remonta vuelo. Vuela, guía a otros cisnes que lo siguen en un hermoso aletear hacia el infinito. Un disparo, que no se sabe de dónde salió, pero que hiere al cisne, que aun así, sangrando, desfallecido intenta seguir volando. Los otros lo ayudan, pero cada vez pierde más fuerzas.

Empieza a caer, a caer.

Cae sobre la tierra.

Aún así los otros se lo llevan, lejos de todo, volando.

Debe ser muy hermosa la visión de los que ayudan a otro, huyendo...

El sonido de las alas.

Las alas…

Abajo, en la tierra, Noé camina con un fusil humeante, como si hubiera disparado hace poco. Cada vez va más pegado a la tierra, hundido en ella. Se pierde en la lejanía, avergonzado. Se hunde en la lejanía.

Final

Van toca un clarinete, sobre una ciudad surreal que se expande en la atmósfera. Él toca al ritmo de la música y baila sobre los techos que parecen constelaciones. Se oye el batir de las alas y después la llegada de los cisnes que traen al herido. Lo dejan sobre los techos y Van lo recibe, mientras desde alguna parte la paloma, lo observa…  Van lo introduce en una cápsula de cristal, que semeja un girasol y el cisne empieza a vivir. Van y la paloma aplauden. Noé llega con su fusil humeante, tambaleante, hasta caer frente a ellos. Pone el fusil en el piso, aún humeante y se arrodilla.

Una alarma (de un reloj, pero que imaginamos otra alarma)

Algo sucede.

Van deja de tocar y se pone una escafandra. Incita a que Noé y la paloma lo hagan. Todo se mueve, como en un terremoto.

Corren. Se esconden en el piso. Es como si todo se moviera.

Una mujer entra como un torbellino. Señala el reloj y el paso del tiempo. Empieza a recogerlo todo, a sacarlo todo del cuarto, delimitando límites. Se quiere llevar a Noé, que antes recoge su arca. Incluso al cisne en su capsula. Noé antes de salir se despide de Van y la paloma. Van le da un girasol de los suyos y él los guarda. Noé le da su arca. La mujer, muy apurada, muy estresada, los apura y se lleva a Noé, al que le ha puesto una especie de levin, como si se lo llevará al médico.

Van y la paloma se quedan solos. Muy solos. Aburridos.

Entonces la paloma saca la manguera de agua. Está decidida a seguir jugando.

Una lluvia: casi un diluvio.

Sube de abajo hacia arriba.

De arriba hacia abajo.

El sol se funde con la lluvia y se expande un arcoíris.

Es hermosa la visión de todo fundiéndose a las líneas de colores. Mientras Van con el arca avanza hacia el infinito.

La paloma lo guía con un girasol en el pico.

Es probable que se escuche la ambulancia en la que se llevan a Noé.

Incluso que se vean las luces…

Pero Van y la paloma siguen jugando…

 

Poema dramático inspirado en El Carnaval de los animales, de Camilo Saint Saëns
Inspirado en una idea de Rubén Darío Salazar para Teatro de Las Estaciones
Matanzas, 30 de agosto de 2010

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