Nota breve para contradecir a Gardel

Trabajan mucho y bien

Jaime Gómez Triana • La Habana, Cuba

La historia reciente del teatro cubano no podría contarse sin el aporte singularísimo del Teatro de Las Estaciones. El colectivo cubano, creado por Ruben Darío Salazar y Zenén Calero, no solo ha sido capaz de producir excelentes espectáculos, todos signados por el rigor y por una creatividad desbordante, sino que, más allá de ellos, ha sabido proponer al panorama cultural de la Isla, un espacio cierto de investigación y promoción que, desde el centro poderoso que es el títere, irradia hacia los más diversos ámbitos de lo artístico al tiempo que discute y redimensiona algunos de los más importantes valores de nuestra identidad.

A 20 años de creado, parecen estar lejos aquellos días en que se superponían la necesidad de hacer y la más terrible crisis que vivimos. Pendiente está aún la investigación que explique cómo en un momento tan tenso en lo político y con tantas carencias materiales, el teatro cubano fue capaz de dar al público obras tan notables como las que entonces levantaron Teatro Buendía, Teatro Obstáculo, Teatro El Público y otros muchos colectivos que sin duda sirvieron de inspiración al entonces naciente Teatro de Las Estaciones.

Fue, sin embargo, la historia personal, el vínculo directo con figuras claves de nuestra tradición titiritera, lo que activó el horizonte de expectativas a partir del cual se fue levantando un nuevo retablo. En el espacio de la cercanía no podrían dejar de mencionarse nombres como Freddy Artiles, Mayra Navarro, René Fernández, Armando Morales, Dora Alonso y Abelardo Estorino. A ellos debemos sumar los múltiples invitados de todo el mundo, llegados al Taller Internacional de Títeres y también, en la eternidad, Lorca, Villafañe, Carril y los Camejo. Pepe y Carucha, recuperados por ellos no ya para la historia, sino para el día a día del teatro, para la nación.

Listo nombres a riesgo de omitir otros, también imprescindibles, pero son los afectos los que guían mis palabras. Pienso en Rubén, en Zenén, en Fara, en Migdalia, en Freddy, en Lilita y en los actores más jóvenes que están hoy o han pasado por el grupo, y no puedo dejar de ver junto a ellos, esos rostros, esas otras luces. Y es que Teatro de Las Estaciones sabe rendir tributo. En su caso no ha sido la técnica, la necesidad de saber hacer, quien ha movido los hilos, sino un compromiso cultural muy profundo que ha sabido distinguir maestros, paradigmas.

Libros, publicaciones, exposiciones, talleres, tertulias…, también forman parte de esa trayectoria que, insisto, se dibuja bastante más allá del retablo. La idea del grupo de teatro como una apuesta colectiva en función de una identidad común, que se sustenta no solo en la práctica sino en la capacidad de investigar y teorizar en torno a ella, es absolutamente aplicable a la estrategia de producción artística que defienden. De modo que nada en su quehacer puede considerarse de extensión o ajeno a ese núcleo principal que articula todo y que no es otra cosa que “el títere”.

Imagen: La Jiribilla
El patico feo, Teatro de Las Estaciones, 2012.
Foto: René Hernández
 

Si a fines de los 50 e inicios de los 60, los Camejo, hicieron de la creación titiritera cubana un verdadero arte, reconocido a nivel mundial; hoy, Rubén y Zenén continúan demostrando con su labor cotidiana, y lo digo glosando al Martí que también ellos han homenajeado, que en títeres, como en todo, podemos crear en Cuba. El reconocimiento nacional e internacional acompaña al talento, pero también al trabajo y, sabiendo el valor de esa palabra en el contexto cubano actual, puedo decir que Teatro de Las Estaciones ha trabajado mucho y bien.

Tengo en mi cabeza muñecos y escenarios luminosos salidos de mano de Zenén. Quedan, también, las risas de Pelusín, Libélula, Cecilia y tantos otros personajes. Están la fiesta que significa siempre acercarse a cada obra nueva y algunas preguntas: ¿Qué magia guiará las manos de los artistas en el futuro? ¿Qué sueño? ¿Qué desafíos? Para saberlo habrá que ir al teatro. Allí estaremos entonces. Ahora: Felicidades.

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