Entrevista con el profesor y arquitecto italiano Giuseppe Martino

“En La Habana se concentra y potencia el alma cubana”

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Hace apenas unas horas el profesor y arquitecto italiano Giuseppe Martino —quien mantiene lazos de colaboración con el Colegio de San Gerónimo de La Habana— regresó a su patria no sin antes cumplimentar una apretada agenda de trabajo que, en esta oportunidad, tuvo entre sus objetivos esenciales establecer contacto con Roberto Gottardi, arquitecto veneciano coautor, junto al cubano Ricardo Porro y al milanés Vittorio Garatti, del proyecto de construcción de las Escuelas de Arte de Cubanacán, obra que ha sido considerada como una de las experiencias arquitectónicas más singulares de la segunda mitad del siglo XX cubano.

Imagen: La Jiribilla

Entre los temas fundamentales —dijo el profesor Martino en entrevista exclusiva a La Jiribilla— fue “empaparse” de cómo marchan las obras de restauración que acomete el estado cubano desde el 2004 para rescatar ese valioso patrimonio arquitectónico; sin olvidar que los tres arquitectos —todos vivos— se mantienen en estrecho contacto, pero solamente Gottardi ha permanecido viviendo en la Isla.

“En muchas partes del mundo y, sobre todo el gremio de arquitectos italianos, no sabe que Roberto Gottardi vive aquí, en La Habana, junto a su esposa desde hace casi medio siglo. Recientemente, acompañado de Gottardi, realicé un largo recorrido por todas las áreas del Instituto Superior de Arte (ISA), que es hoy una importante Universidad de las Artes con reconocimiento internacional y que anteriormente cobijó a la Escuelas de Arte de Cubanacán; es una construcción fantástica y representativa de todo el pueblo de Cuba porque es una mezcla perfecta de diversas arquitecturas: tiene elementos de la arquitectura catalana, de la africana y también de la italiana. Es justo recordar que junto al arquitecto Porro, trabajaron en aquel entonces dos jóvenes arquitectos italianos —Gottardi y Garatti— quienes fueron convocados en 1961 por las máximas autoridades de Cuba —Fidel y el Che Guevara, puntualmente— para hacer una escuela que reflejara fielmente la época en que fueron gestadas: una obra única e irrepetible. “Gottardi trabajaba en Milán y luego se va a Venezuela y en diciembre de 1960 es que arriba a Cuba contratado por el Ministerio de Obras Públicas y la Facultad de Arquitectura de La Habana.

Imagen: La Jiribilla

“Realizar este proyecto en tan poco tiempo y, además, hacerlo con las tecnología con la que se contaba en aquel momento —muy retrasada en relación con la actualidad— fue una proeza, algo francamente impresionante.  

“Conversando con Roberto me contaba el tremendo entusiasmo que poseían en aquellos años juveniles y que durante meses estuvieron trabajando de conjunto —noche y día prácticamente sin interrupción— para poder proyectar una edificación que encerrara en sus raíces el alma de Cuba.

“Como arquitecto, sugiero y exhorto a todas las personas que viajen a La Habana que visiten el ISA, que es algo maravilloso, fantástico y único por muchas razones, entre ellas, por el uso de materiales, por las formas, por las curvas que fueron muy usadas en el llamado modernismo catalán que con gran trascendencia explotó y cultivó Antonio Gaudí.

“Pienso, además, que todo el mundo —amantes del arte o no— deben ofrecer una contribución para que esta escuela vuelva a tener una nueva vida y una nueva oportunidad y que se logre completar el proyecto tal y como lo concibieron sus gestores. Como se sabe, el proyecto no llegó a concluirse totalmente por un asunto meramente económico, pero una construcción como esa —es mi opinión— tiene que ser considerada como patrimonio mundial y todos debemos voltear la cara hacia ella. En lo personal ha sido fascinante estrechar vínculos con Gottardi y con su esposa, María Luz Collazo, ¡50 años de amor!, con una mujer que fue primera bailarina de Danza Contemporánea de Cuba”.

Imagen: La Jiribilla

Tengo entendido que este viaje a La Habana también ha tenido el propósito de comenzar a reunir información sobre la presencia y la huella de arquitectos italianos en Cuba, ¿es así?

Entre 1660 hasta finales 1800, definiría a La Habana como un gran teatro italiano porque en ese período trabajaron en Cuba o para Cuba un número elevadísimo de arquitectos y artistas italianos de las más diversas manifestaciones. Solamente mencionaré la familia Antonelli que laboró en la concepción y realización de la Fortaleza del Morro y también hay muchos escultores famosos que han realizado con sus manos obras maravillosas como la Fuente de la India —situada muy cerca del Capitolio Nacional— o la Fuente de los Leones —en la céntrica Plaza de San Francisco de Asís—; son piezas realizadas a partir del mármol blanco de Carrara, esculpidas en Italia y, posteriormente, trasladadas a La Habana.

También la majestuosa escultura en bronce La República emplazada en el Capitolio Nacional —que hoy enfrenta una restauración profunda a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad; por su gran dimensión, la escultura de La República fue realizada en Italia en tres partes y traída desde el puerto de Génova al de La Habana y aquí se ensambló. Es también importante recordar que en la Catedral de La Habana, hay una pintura neoclásica —que representa tres historias de la religión católica— realizada por manos italianas.

Imagen: La Jiribilla

En Cuba, la arquitectura  de mi país está presente y amerita un estudio y, sobre todo, un encuentro más cercano entre la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Habana y alguna de sus homólogas  de Italia para que la semilla que una vez depositamos en esta Isla pueda renovarse en el tiempo.

Como arquitecto, ¿cómo valora La Habana?

La veo como una fantástica mujer que, como todas, con el paso del tiempo presenta algún problema estético, pero con una adecuada cirugía plástica se puede poner, nuevamente, fascinante.

La Habana posee una mezcla de estilos que es, francamente, impresionante; por ejemplo, hay iglesias de estilo neo románico, otras neo góticas, otras barrocas, algunas construcciones tienen una presencia o unos detalles que se le deben a la arquitectura árabe porque no se puede olvidar que en Cuba la presencia española fue profunda y decisiva. Pero, también aquí se puede encontrar —como por ejemplo en la Plaza de Armas— alguna presencia neoclásica. Conversando con Gottardi me decía que aquí hay presencia de una arquitectura imperial con marcados detalles dóricos.

¿Ha visitado otras provincias cubanas o su andar se ha concretado a La Habana

En varias oportunidades he visitado las ciudades de Trinidad, Cienfuegos y Pinar del Río, pero La Habana es un complejo, un sitio donde se concentra y potencia el alma cubana.

Como investigador, ¿está inmerso en algún tema puntual?

Deseo investigar a profundidad qué se ha hecho en el terreno de la arquitectura, luego del triunfo de la Revolución en 1959 y dar a conocer ese proceso evolutivo y, sobre todo, ahondar en la manera en que trabajaron Porro, Gottardi y Garatti en la concepción de las Escuelas de Arte, que repito, es un ejemplo único en el mundo: ellos —con el impulso de la juventud— dejaron una huella muy honda.

Me decía Gottardi —mientras caminábamos juntos por todo el ISA— “Martino, ya tengo 77 años de edad y cuando miro esta arquitectura estoy proyectando a través de la fantasía una nueva forma… a través de mis ojos todo lo veo de una manera diferente. Pero, a la misma vez, me meto dentro de esta arquitectura y me observo joven, revolucionario y lleno del mismo entusiasmo: esta fuerza, me da la fuerza para continuar peleando, luchando, proyectando y viviendo”.

Imagen: La Jiribilla

La gente debe saber que Roberto Gottardi en este mismo momento está proyectando y trabajando igual que un joven de 20 años, con un entusiasmo increíble. Mientras hablábamos, estaba muy interesado en conocer a profundidad cómo una nueva tecnología puede contribuir a restaurar lo proyectado en 1961, momento en que la economía, la tecnología y la mano de obra cubana empleó, fundamentalmente, el  ladrillo para levantar tan hermosa escuela. Actualmente, lo que se ha destruido y perdido definitivamente, se pude levantar con otros materiales, pero siempre teniendo presente el respeto a lo hecho.

En lo personal, haré todo lo que esté a mi alcance y sea posible para que los arquitectos italianos se relacionen mejor con los cubanos e intentaré organizar un encuentro que tendrá el objetivo de conocer las necesidades económicas: el ISA merece una nueva vida.

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