Titiritero: Dios y Diablo

Ana Valdés Portillo • La Habana, Cuba
Imagen: La Jiribilla
Con los títeres de La niña que riega la albahaca, 1996. Foto: Ramón Pacheco

¿El Instituto Superior de Arte?

El tiempo más feliz de mi vida.

¿Teatro Papalote?

La casa paterna.

¿Okin, pájaro que no vive en jaula?

El espectáculo que me abrió las puertas desde Teatro Papalote al escenario internacional del títere.

¿El Teatro de Las Estaciones?

Mi huella en el mundo.

¿La niña que riega la albahaca?

El primer fruto auténtico de mi cosecha estacionera

¿Los hermanos Camejo y Carril?

El reto y la mayor inspiración en mi trabajo.

¿Pelusín del Monte?

Un feliz sobreviviente de algunas inolvidables aventuras y de otras batallas inútiles.

¿Zenén Calero?

El mejor hombre del mundo.

¿Norge Espinosa?

Un hermano peliagudo e imprescindible.

¿Dora Alonso?

La amiga inolvidable.

¿Los actores de Las Estaciones?

Mi familia cotidiana.

¿El Centro Cultural Pelusín del Monte?

La casa propia.

¿Los niños?

Inocencia e interrogación.

¿Los premios?

Mucha subjetividad humana que de vez en vez acierta.

¿Escribir e investigar?

Otra manera de hacer teatro de títeres

¿Matanzas?

El lugar ideal para la creación.

¿Charleville-Mezieres?

Un festival en Francia,  al que hemos ido varias veces, que contiene por nueve días a casi todos los títeres del planeta.

¿Santiago de Cuba?

El reflejo de mi familia y de mi madre, que desde su herencia mambisa y rebelde me ayuda todavía a ser mejor.

¿El futuro?

Una luz que se aleja y se acerca, tan titilante como las estrellas, pero una luz al fin y al cabo.

¿Titiritero?

Un ser con algo de Dios y algo de Diablo, alguien que crea paraísos e infiernos con lo mejor y lo peor de sí mismo.

Imagen: La Jiribilla
Con Dora Alonso, 1999

Comentarios

Desde una luneta he sido seducida por tu talento como actor y director, pero lo que me subyuga es tu inquietud, tu hablar en semicorchea, en ocasiones casi inentendible si no estas prestando la máxima atención, eres todo movimiento y pasión, no hay límites para quien se incubó en Santiago de Cuba y ha llegado hasta la Atenas para solazarse entre sus rios bebiendo y haciendo de la mas rancia tradición titiritera un camino único y plural. Tú eres Dios o su mitad.

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