Veinte estaciones de entrega artística, pasión y plenitud

Vivian Martínez Tabares • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de Teatro de Las Estaciones
 

En la escena cubana de ahora mismo hay un grupo teatral frente al cual siempre cada estreno sorprende nuestras expectativas, y el admirado regocijo es nuestra primera respuesta: el Teatro de Las Estaciones, de Matanzas. Fundado hace 20 años por el entonces muy joven actor y titiritero Rubén Darío Salazar, en compañía del experimentado diseñador Zenén Calero, el colectivo nacía como una suerte de hijo del Teatro Papalote y del magisterio indiscutible de René Fernández, y pronto fue capaz de trazar sus propios derroteros artísticos en un camino ascendente en el cual cada montaje ha traído aliada alguna búsqueda en el terreno del lenguaje.

Imagen: La Jiribilla
En un retablo viejo, 2001
 

Y si al inicio enuncié teatro, sin apellidos, debo aclarar que si bien la proyección inicial Teatro de Las Estaciones fue el trabajo para los niños, siempre los líderes de este grupo entendieron la infancia como una etapa esencial de aprendizaje y crecimiento integral, en la que ensanchar el espíritu y avivar el alma es tan importante como nutrir al cuerpo, para que no termine en pocos años adocenada por la rutina ni formalizada por los deberes. Así, el equipo liderado por Rubén y Zenén tiene muy claro que cada ser humano alberga una memoria de niño, que debe mantenerse viva, y a esa condición humana apelan con el arte en cada una de sus puestas en escena, nacidas desde una perspectiva de expresión de la que se han desterrado la ñoñería, la subestimación de la inteligencia y el paternalismo doctrinario, para dar paso al estímulo a la sensibilidad y al vuelo de la imaginación, que puede remontarse y transportar a los públicos de todas las edades a sensaciones y reflexiones de insospechado alcance. Pero también, muy pronto, el colectivo preocupado por estudiar la tradición teatral cubana y universal, se propuso trascender las fronteras de etiquetas y segmentaciones al uso, para explorar además en una línea perdida de nuestros escenarios: el guiñol e incluso más allá, el teatro de objetos concebido para adultos, con propuestas de cabaret ligadas al musical y deudoras de lo mejor de una bohemia nocturna de altos quilates, o el rescate del repertorio titiritero universal.

De José Martí a Dora Alonso, de Lorca a Villafañe, de Hans Christian Andersen o Lewis Carroll a René Fernández, de los Hermanos Camejo a los autores de hoy, de Villaverde y el legado del siglo XIX a Norge Espinosa con exploraciones contemporáneas, han recreado ideas y argumentos para traducirlos con imágenes visuales y sonoras de alto impacto estético, con la brújula orientada hacia la necesidad de defender el sentido de lo bello, el equilibrio de los lenguajes y el aliento humanista, con una escena animada de atmósferas y melodías que se apropian de Prokofiev o Debussy, hasta compositores contemporáneos, en diálogo con los trazos de innegable color cubano de Zenén y con las composiciones de ensueño que consiguen luz y la artesanía de la escena en manos de un director como Rubén, capaces de transportarnos a momentos de disfrute y epifanía.

Imagen: La Jiribilla
Burundanga, 2012
 

Teatro de Las Estaciones demuestra cómo el trabajo creador y la investigación son los mejores aliados para el talento, y cómo la cultura es la base más sólida para el buen gusto. De ahí que su indagación en las tradiciones  teatrales, no solo titiriteras, y del arte en general, revelen un amplísimo campo referencial detrás de cada uno de sus hallazgos.

Así se han acercado y han atraído a la escena de muñecos a artistas de otras expresiones, como la soprano Bárbara Llanes, la coreógrafa Liliam Padrón y la compositora Hilda Elvira Santiago; han estimulado a un joven actor como Freddy Maragotto a emprender el trabajo dramatúrgico en atractivos guiones que se han probado en las tablas; han formado a creadores integrales como Arneldy Cejas, capaz de crear una nueva agrupación, el Teatro La Proa, y han tendido puentes a otros colectivos titiriteros, con colaboraciones con Carlos González y otros. Pero sobre todo, se han erigido como un verdadero grupo de teatro, en el que cada miembro es parte activa y responsable del proceso y del resultado, con méritos compartidos por los líderes y por el equipo de actores que integran Fara Madrigal, Migdalia Seguí, Iván García, Luis Toledo, María Laura Germán y Karen Sotolongo, entre otros.

Sus búsquedas han resultado no sólo en la belleza y en la armonía de los escenarios, o en la poesía escénica —que no es lo mismo que la poesía literaria— de sus fábulas, de rica teatralidad. También han creado a su alrededor otros instrumentos de prueba y ensayo, y muchas maneras de proyección hacia los otros, como la galería El Retablo, que es una ventana abierta que muestra el trabajo propio y acoge colecciones diversas, convertida en un importante referente de la escena de muñecos; el boletín La Mojiganga y el anuario Manita en el suelo, que difunden material teórico y valorativo especializado en esas lides, y han impulsado numerosas ediciones de teoría y dramaturgia, hasta el Taller Internacional de Títeres que comparten con el magisterio de René insuflándole nuevos bríos, e incorporando una amplia y creciente red de relaciones. En buena medida, gracias a esas irradiaciones, Cuba fue la sede este año del Consejo Mundial de la UNIMA.

Imagen: La Jiribilla
Pinocho corazón madera
 

Por todo eso es común oírlos defender con pasión contagiosa un proyecto en ciernes, mientras renuevan la herencia, o saber de su presencia bien ganada en cada festival o evento escénico en la Isla y en diversas latitudes del orbe, donde se mueven a sus anchas y son referentes de lo mejor del teatro de muñecos cubano y latinoamericano.

Por eso no han dejado de encarar el riesgo, y de luchar, explícitamente, contra “el acomodamiento, el cansancio y la ausencia de ideas”.

Por eso cargan, con responsable orgullo, con varios premios y estímulos. Yo sé que el mayor para ellos es la felicidad de crear cada día, de levantarse con la energía y la necesidad de seguir haciendo y de construir con pasión, belleza y plenitud para los demás.

¡Felices 20 y que lleguen más estaciones para todos!

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