Renovación y búsqueda:

Los programas de mano
en Teatro de Las Estaciones

Marvelis Díaz Betancourt • Matanzas, Cuba
Fotos: Cortesía de Teatro de Las Estaciones
 

Los 20 años de Teatro de Las Estaciones representan la ocasión especial para celebrar su estética trascendental en el arte del teatro de figuras en nuestro país. Un teatro de títeres que fiel a su nomenclatura, de “posicionamiento” artístico, reconoce todas “las estaciones”del ser humano: para niños y adultos; así también ha explorado-retomado zonas temáticas imprescindibles de la historia del teatro de títeres y de la cultura cubana y universal.

Imagen: La Jiribilla

En otras ocasiones he elogiado su teatro inteligente, de vanguardia (desde todos los ámbitos), pleno en soluciones “originales” escénicas, el asombro dinamitado, la renovación del diseño escénico sobre la obra plástica esencial de Zenén Calero; siempre plagado de nuevas búsquedas desde el empeño visual de la escena (escenografía, vestuario, maquillaje, iluminación), hasta el discurso dramatúrgico integrado a las técnicas de manipulación y que se devuelve al espectador —tras cada puesta— como un resultado que ha transitado por la interdisciplinariedad artística, diálogo magistral que se ejerce entre el teatro, la música, la danza, la literatura, las artes visuales; donde los intertextos son depuestos en la obra encomiable del espectáculo y fuera de este, sea cual sea el repertorio.

Desde la fundación del grupo, la dirección artística de Rubén Darío Salazar ha tomado como punto de partida la investigación continua, reflejada también en el diseño gráfico, con énfasis en el acabado de los programas de mano. Ciertamente, Teatro de Las Estaciones ha sido consciente del valor implícito de la puesta en escena, que estos documentos hacen trascender. Los programas de mano de cada estreno de la agrupación no solo representan el exordio-epílogo de la puesta en escena, sino que comunican en sentido amplio. Su valor pedagógico conduce a una auténtica instrucción desde la promoción de la cultura universal. En los programas de los espectáculos iniciales hallamos el espíritu inquieto de quien desea aprovechar al máximo estos soportes de papel —que citan y dialogan con las voces de quienes han sido más tiernos con los niños en nuestras letras: José Martí, Dora Alonso, Mirta Aguirre, Eliseo Diego—. Se aprecia el homenaje fiel y la necesidad de mostrar la historia del teatro de títeres desarrollado en Cuba y protagonizado por los hermanos Camejo y Pepe Carril, antes y después de integrar el Teatro Nacional de Guiñol. Así como devolver al escenario a figuras trascendentales del arte de los títeres, Javier Villafañe; o de la cultura universal ligadas a los títeres como Federico García Lorca: la poesía inusitada presente en el primer programa de mano para la obra La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón realizado hermosamente en blanco y negro, con impresión serigráfica; un segundo diseño después de las 100 funciones resume la labor pedagógica y de búsqueda insaciable del colectivo, cuando en 2003 se incluyen fotos de García Lorca niño, imágenes originales de los telones y del títere La niña, para la obra estrenada en 1923, fotos de la familia García Lorca, y una imagen emblemática del poeta en 1930, en el Valle del Yumurí de Matanzas. Una auténtica obra de arte este programa con bocetos realizados por el propio poeta andaluz. Así mismo para el 2009 en el programa de Federico de noche, encontramos nuevamente un producto artístico elegantemente cuidado, donde se juega con la caligrafía de Lorca para el diseño, un color azul predominante que entrevé el mundo nostálgico del niño Lorca soñador.

Imagen: La Jiribilla

Pueden considerarse más didácticos los programas de mano de obras como El Guiñol de los Matamoros (la imagen gráfica promociona y hace convivir las figuras trascendentales de la música popular cubana con las “estampas” musicales titiriteras); por su parte en Un gato con botas, está presente el homenaje a la puesta de Pepe Carril en 1965; en el caso de Pelusín y los pájaros, también herencia de los Camejo y Carril, padres del títere nacional (quienes lo animaron y dieron voz), está presente la imagen de su creadora, Dora Alonso, así como una foto del Guiñol Nacional de Cuba en 1956. Esta obra tuvo un segundo diseño después de las 100 funciones, donde se expone todo lo alcanzado en materia de historia de la puesta de Las Estaciones (2001). Con ella se legitima la imagen original del Títere Nacional que Zenén Calero recupera respetando el diseño de Pepe Camejo. El mismo concepto hallamos en la puesta En un retablo viejo, espectáculo memoria dedicado al Guiñol Nacional de Cuba y en honor a la visita y cumpleaños 74 de Carucha Camejo; en el diseño gráfico realizado por Pedro Luis Díaz Dávila, se reconoce la presencia de la gran familia de titiriteros, la nueva hornada de Las Estaciones junto a los emblemáticos muñecos Mascuello, Libélula y el Payaso del acordeón.

Ya para el 2002 el grupo estrena Pedro y el lobo, también puesta conocida del titiritero Pedro Valdés Piña, cuyo programa de mano y diseño escénico se inscriben dentro de la plástica de Alfredo Sosabravo, detrás de la obra de este artista se entrevé el mundo de la vanguardia europea pictórica, la obra de Sosabravo encarama, visualiza la música programática de Prokofiev. Una nueva etapa de creación para la agrupación que sin perder su esencia asoma en su propuesta de programa de mano una postal donde música y plástica aciertan en un espectáculo inolvidable de altos vuelos.

Imagen: La Jiribilla

En 2003 el grupo prepara nuevamente inspirados en la obra revolucionaria de los Camejo y Carril, un hermoso diseño gráfico para La caja de los juguetes, ballet para actores y muñecos con música de Claude Debussy y libreto de André Hellé, con ilustraciones de este último e imágenes del genial compositor francés, así como fotos históricas de la puesta por el Teatro de Títeres de Zurich, Suiza, en 1918; Nacional de Guiñol en 1964, y el Teatro Gioco Vita, Italia, en 1986. Un elegante producto artístico en el que se invita nuevamente a un teatro de títeres de alta cultura en Cuba después de más de tres décadas.

Dos obras que reflejan la labor promocional (con empleo de códigos de marketing cultural), la intención educativa, instructiva y de respeto por la cultura cubana y salvaguarda de su patrimonio intangible y tangible, es el caso de La virgencita de bronce y Los zapaticos de rosa. En el programa de La virgencita… además de reflejar grabados de época, la imagen del autor de la novela Cecilia Valdés, Villaverde, así como los creadores de la zarzuela (Rodríguez, Gonzalo Roing, Sánchez Arcilla), o los protagonistas de esta obra llevada a la danza, al teatro musical, al cine, al teatro dramático, posee como colofón el diseño para su Cecilia de Pepe Camejo en 1971, una obra que no vio la luz en Cuba, hasta que en 2005 con la dramaturgia de Norge Espinosa, el diseño de Zenén y dirección artística de Rubén, se presentara esta obra monumental del teatro de títeres para adultos en nuestro país, que revela aportes esenciales de este arte a la cultura cubana toda. En el caso de Los zapaticos… la obra se estrenó acompañada del Salón La esperanza del mundo, una exposición homenaje a José Martí y que posee en el propio programa de mano una relación curatorial de obras, desarrollada por Rubén Darío.

Otros son los ejemplos de puestas en escena que también incorporan elementos diversos en la conformación de la imagen gráfica trascendente aunque sencilla; son los casos de El Patico Feo y Por el Monte Carulé, una referida a uno de los narradores para los niños por excelencia, Andersen y la otra inspirada en una de las figuras más aclamadas de la música cubana de la pasado siglo, Ignacio Villa o Bola de Nieve. En ambas obras es la música la mayor protagonista, por lo tanto el concepto visual gráfico no es lo que más se explota, así sucede también en Canción para estar contigo; en los tres es el concepto del diseño escénico el que se potencia algo válido también. Así en su última obra Alicia en busca del conejo blanco el diseño gráfico asiste a una variante distinta, vinculada a las múltiples renovaciones de que goza este colectivo.

Imagen: La Jiribilla

Teatro de Las Estaciones convoca en su diseño gráfico también a transgredir lo fácil, lo acomodado, inspira la búsqueda de lo novedoso, de lo contemporáneo y vanguardista siempre con respeto de sus maestros. En sus programas de mano encontramos un elogio a la memoria escénica, histórica y patrimonial. Sus obras multipremiadas todas, provocan en el espectador el respeto por la cultura cubana y universal. Ha sido apremiante su misión de convocar las voces representativas del origen del teatro de figuras en Cuba desde Modesto Centeno, los alumnos de la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL), así como Pepe Carril, Dora Alonso, Armando Morales, Pedro Valdés Piña, René Fernández Santana, quienes han demostrado que el teatro de títeres es vital, y ha aportado verdaderamente y lo sigue haciendo a la cultura cubana y universal.

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