Sobre ciertos niños...

Ulises Rodríguez Febles • Matanzas, Cuba
Fotos: Cortesía Teatro de Las Estaciones
 

Escribir y hacer teatro para niños  es procrear  hijos y luego darles vida sobre el escenario. Existe una empatía creadora hacia ellos desde el momento  en que  se seleccionan de una fuente original, para luego ser fecundados para la escena, con sensibilidades afines y a la vez contradictorias.

Imagen: La Jiribilla

El  repertorio de Teatro de Las Estaciones, desde sus primeras propuestas, muestra una lectura del presente hacia el pasado, que hace vivos en la contemporaneidad a  ciertos personajes y textos. Hay varios personajes-niños en la trayectoria veinteañera de la agrupación. Todos provienen del canon y son revalorizados para crear un niño contemporáneo y universal. No todos tienen la particularidad de acercarse al universo de los infantes, desde zonas a veces obviadas —por lacerantes—  en nuestro teatro, ni parten de rasgos complejos en su concepción escritural y escénica,  con un lenguaje textual y visual que se aparta de ciertos paradigmas estéticos en el teatro para niños.

En algunas de las obras de ese repertorio, encontraremos escenas inolvidables y estremecedoras desde lo humano; actos que dejan un punctum en nuestro ánimo para siempre y en  nuestra memoria de espectador. Quizá por estas razones, entre otras,  quisiera detenerme en cuatro puestas en escena de Teatro de Las Estaciones. Los zapaticos de rosa y Alicia en busca del conejo blanco, versiones de Rubén Darío Salazar sobre las obras de José Martí y Lewis Carroll, junto a Federico de noche y Pinocho corazón madera, de Norge Espinosa Mendoza; la primera  inspirada en textos juveniles de Federico García Lorca y la que sigue en la clásica narración de Carlo Collodi.

Pilar, Alicia, Federico y Pinocho, son personajes/niños en que el trío creativo de Rubén Darío Salazar, Zenén Calero y Norge Espinosa, ponen de manifiesto sus individualidades artísticas en función de la poética de la agrupación, y  en la que destacan diferentes usos de las técnicas titiriteras o del propio actor como personaje dramático, que es el caso de Alicia.

Imagen: La Jiribilla

La niña de la playa

En el poema dramático Los zapaticos de rosa, los personajes son recreados a partir de las antiguas muñecas cubanas Lilí. Es sugestiva  la connotación dramática que adquiere la crueldad infantil, a través de la niña Magdalena, que arranca brazos y entierra en la arena a su muñeca. Lo mismo sucede con la exposición de  las diferencias sociales que hacen víctimas a los infantes. Se  recrean espacios de connotaciones simbólicas, como el que muestra la barranca, el lugar “donde se sientan los pobres, donde se sientan los viejos”, en contraposición al otro, en que se mueven los ricos. Especialmente destaca el simbolismo del personaje de la niña  enferma, cuya imagen visual, recreada en la muñeca, es reelaborada como signo por Zenén Calero Medina.

Las sutilezas emotivas que provoca el texto de la madre, cuando caracteriza a su hija, desde el lirismo del poema martiano, remarcan su tristeza,  necesidades  y la presencia  de una sombría enfermedad.  La misma connotación, adquiere  la escena donde  la pequeña Pilar regala sus zapatos de rosa, y despide a la niña con un beso. No será un beso cualquiera, sino el roce tierno con otra mejilla, un acto que conmueve, porque  se dramatiza el hecho desde un profundo conocimiento del alma humana; acción trasmitida en imágenes, animación titiritera, interpretación actoral y una delicada atmósfera de generosidad, bondad, compasión y piedad por el otro. Definitivamente Los zapaticos de rosa,  es un texto que se aparta de ciertos ideales acerca  de lo que debe ser el teatro para los infantes.

Imagen: La Jiribilla

El niño de la noche

Federico de noche nos habla, entre otras cosas,  de la soledad del niño y  sus traumas en la oscura noche. Dialoga, desde las tablas, con otros niños que  se enfrentan a sus miedos, a interrogantes a veces sin respuesta, contestaciones que quizás solo encontrarán en la juventud o la adultez, mientras crecen sobre el difícil camino  que los acerca al  futuro.

Siempre  veo la creación del pequeño Federico, como un hermoso personaje dramático que desanda bajo la luz de la luna.  Es una visión que parte en esencia de la iconografía lorquiana, pero también de la fusión de los imaginarios y  vivencias de sus creadores.

Es el niño que después será el gran poeta, desprotegido en el aparente silencio de las noches de su infancia, en busca de su propia libertad y a la vez lanzado a los peligros  que esta le entrega, azares como presagios del horizonte y alimento para los anhelos que van naciendo.

Federico de noche, es una manera metafórica y teatral para hablar del desamparo del infante en su búsqueda incesante de la verdad. Realidad a la que se enfrenta desafiante y retador, a pesar de los riesgos, de las voces y de la gente que llega en torbellino a una vida que se forma de experiencias disímiles,  en un universo que dramatúrgicamente, se anticipa al tiempo real del protagonista.

Lo mismo sucede con el descubrimiento del día que el niño persigue. A pesar del intento de algunos personajes por impedírselo o la incitación de otros para que lo haga, el niño encuentra una manera de crear, pintando. Se funde en un abrazo con el otro Federico, cuya imagen sutil y transgresora muestra su propia vida, con alegrías y tragedias, siempre desde  una deslumbrante y afiebrada belleza poética, esa que el propio Lorca nos legó y que ahora Espinosa nos entrega.

Imagen: La Jiribilla

El niño de madera

Pinocho corazón madera, nos transmite una visión muy personal de la revisitación y desmantelamiento del canon que, desde su fundación, ha ido trazando Teatro de Las Estaciones.

Es hermoso y eficaz el diseño del personaje que concibe Zenén Calero, así como la interpretación que del títere de madera hace Iván García. Es dramático el conflicto de un muñeco de pino que quiere ser niño, que se enfrenta a los retos de serlo.

Con Carlo Collodi de la mano, crean en escena un Pinocho de nuestro tiempo, con los problemas, situaciones,  personajes y el caos que lo contemporáneo ofrece a una generación que vive en la era tecnológica. Lo original está en lo novedoso de ser fiel al canon y apartarse a la vez de él. Buscar en la modernidad el dialogo eficaz con un clásico, ese fervor y misteriosa lealtad, a la que se refiere en sus obras el  escritor argentino Jorge Luis Borges.

Este personaje, de pino y carne, se construye con una serie de atributos que lo caracterizan de una manera veraz, transgresora e irreverente. Se eleva  sobre sus errores para volver a caer, y es esa tentación trágica, la que lo hace especialmente atractivo, pues es el reflejo del infante de hoy y de siempre, asumido  por los titiriteros desde la tradición y la vanguardia.

Imagen: La Jiribilla

La niña de los sueños

En Alicia en busca del conejo blanco, la protagonista será el único personaje asumido por una actriz y no por un títere. Por ser el último estreno del colectivo cierra un ciclo significativo de dos décadas.

Es una obra que transcurre en un mundo onírico, absurdo, como metáfora de una realidad que entrega la visión otra de un infante, alejada de los personajes/niños que hemos analizado antes. En Alicia…  está la búsqueda incesante de algo que se escapa y que, sin embargo, se persigue siempre.

Rubén Darío Salazar, crea  a partir de la paradigmática pequeña de Lewis Carroll,  un conflicto cuya contemporaneidad es aplastante, latente, viva, y tan sutil como lírica. La niña Alicia es muy suya  y a la vez  nuestra.

Es un rasgo de esta Alicia, la autenticidad en la recreación de sugerentes  atributos caracterológicos, particularidades que se conectan con los traumas de una generación, enlaces establecidos  desde todo lo complejo, lacerante  y  hostil a que puede enfrentarse un infante.

En sus primeros 20 años y con una profunda vocación creadora, el útero palpitante de Teatro de Las Estaciones, ha procreado a ciertos niños que nacieron sobre el escenario para entregarnos no solo una atractiva e inteligente mirada al universo infantil, sino también sus inmensos deseos de caminar , seguir, tropezar y levantarse para buscar, siempre buscar…

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